domingo, 8 de noviembre de 2020

Confiabilidad del Nuevo Testamento o La exclusividad del Cristianismo II



En un artículo anterior, demostramos que la idea muy difundida pero infundada de que el cristianismo es la única religión exclusivista e intolerante, es un mito moderno. Probamos que todas las religiones, en mayor o menor grado, son también intolerantes y exclusivistas respecto de las demás. Expusimos también que dos ideas contradictorias entre sí (como dos diferentes religiones, por ejemplo), no pueden ser verdad al mismo tiempo. Por ende, la verdad es exclusivista por naturaleza. Terminamos nuestra intervención mencionando: «...o Jesús es el único camino a Dios o no lo es. Ambas posturas no pueden ser ciertas a la vez. Espero en un próximo artículo demostrar por qué es razonable tomarle la palabra a Jesús.»

Pues bien, mi intención hoy es demostrar, que creer en las palabras de Jesús es razonable. Para tal efecto me permitiré responder a tres preguntas: 1) ¿Se preservaron fielmente las palabras de Jesús? 2) ¿Qué dijo Jesús de sí mismo? 3) ¿Es verdad lo que dijo Jesús de sí mismo? Veamos.

¿SE PRESERVARON FIELMENTE LAS PALABRAS DE JESÚS?

Una de las abismales diferencias entre los registros de las palabras de Jesús y los registros de las palabras de cualquier otro líder religioso, es que las primeras fueron redactadas por testigos oculares de los hechos y en un lapso de tiempo muy corto después de los mismos.

El registro de las supuestas enseñanzas de Zoroastro -"Los Ghatas" del Avesta-, quien se cree vivió en el siglo VII a.C., no fue escrito sino hasta después del siglo III d.C. es decir, alrededor de 800 años después de la vida de su autor. Las enseñanzas y acciones de Buda (siglo VI a.C.), se escribieron también ya en la era cristiana. Más de 500 años después de haber sido pronunciadas y realizadas. ¿Quién nos asegura que son en realidad verídicas? En cambio, los registros de las palabras y hechos de Jesús, fueron redactados en un lapso de 25 a 30 años después de su ministerio terrenal y por personas que lo vieron, escucharon y palparon (Juan 1;14. 2 Pedro 1;16. 1 Juan 1;1, etc.).

Lo que brinda seguridad a nuestra creencia de que en los evangelios tenemos sustancialmente las mismas palabras que Jesús pronunció, es la llamada “prueba bibliográfica”. Esta prueba consiste en considerar el total de copias manuscritas de los evangelios, que pueden ayudarnos a reconstruir los escritos originales. En este sentido, contamos con alrededor de 25,000 copias completas y en partes del Nuevo Testamento (entre manuscritos griegos y versiones o traducciones a diversos idiomas). El número de copias escritas a mano de cualquiera de las obras de Aristóteles no es más de 5. En el caso de "La Guerra de las Galias" de Julio César, es escasamente de 8.

Otro de los aspectos de la prueba bibliográfica, es el lapso de tiempo que hay entre la escritura de la obra original y la copia escrita a mano más antigua que poseemos. En el caso de Aristóteles, quien vivió alrededor de 300 años a.C., el lapso es de 1300 años puesto que la copia manuscrita más antigua que existe en la actualidad, data del siglo XI de nuestra era. ¿Qué posibilidad tenemos de reconstruir el texto original de estos autores, a partir de estas pocas y tardías copias realizadas a mano? En el caso de los evangelios, poseemos fragmentos tan cercanos a los escritos originales con tan solo una diferencia de 30 años. No hay un ejemplo en la literatura antigua que pueda compararse con las biografías de Jesús.

Por otro lado, al someter las historias de los escritores de los evangelios a las mismas pruebas a que se someten los testigos en un tribunal, nos encontramos con que superan todas y cada una de éstas evaluaciones. Las pruebas, entre otras, según los expertos son: carácter, consistencia, corroboración, prejuicio, encubrimiento y testigo en contra.

Los evangelistas poseían autoridad moral, es decir el carácter, como para ser veraces; sus relatos de la vida de Jesús contienen las suficientes variaciones en los detalles, como para asegurarnos que no se pusieron de acuerdo para inventar sus historias. Sin embargo poseen consistencia. Es decir, concuerdan casi exactamente en los asuntos centrales. La arqueología nos proporciona corroboración de los marcos cultural y geográfico que son descritos por los evangelios, al haber descubierto inscripciones, recintos, personajes y lugares detallados en dichos relatos. Los escritores sagrados tenían absolutamente nada que ganar al mostrar a Jesús como Dios encarnado y Salvador del mundo. En cambio, tenían todo que perder al hacer tales afirmaciones en una cultura tan estrictamente monoteísta como lo era la judía. Por tanto, no tenían prejuicios para engañar. No había ganancia en ello. Lo único que obtuvieron por sus enseñanzas fueron azotes, cárcel, tortura y por fin, la muerte. Al confesarse envidiosos, conflictivos, faltos de fe en los relatos que ellos mismos redactaron, nos comunican la idea que no encubrían información valiosa a pesar de que ellos quedaran mal parados en su propia reputación. Los testigos adversos que escucharon y leyeron la enseñanza de los apóstoles, hubiesen pronto refutado las historias narradas en caso de que hubieran sido exageraciones o inexactitudes. Sin embargo, no hay absolutamente ejemplo alguno que trate de rebatir lo que ellos predicaron. Por tanto, podemos concluir que en los evangelios contamos con la enseñanza sustancialmente completa de Jesús. Sus palabras fueron preservadas con un alto grado de exactitud. No se puede decir esto de las palabras de ningún otro líder religioso, puesto que sus registros no rebasan las pruebas superadas por los evangelios.

¿QUÉ DIJO JESÚS DE SÍ MISMO?

Si bien es cierto que Jesús, sobre todo en la primera etapa de su ministerio, no se dio a conocer como el Mesías y Dios encarnado a quienes lo escuchaban Él, en buena medida, sugirió que lo era. Es entendible esta forma sutil de darse a conocer puesto que si hubiese sido más claro al respecto, no habría durado tanto tiempo con vida y por tanto no hubiese podido preparar a sus inmediatos seguidores.

En los registros evangélicos encontramos afirmaciones de Jesús que lo identifican como Dios: se iguala a Dios (Juan 10;33); se nombra Señor (Juan 13;13); se erige como juez de vivos y muertos, y recibe la misma honra que Dios (Juan 5;22-23). También perdona pecados, da vida y recibe adoración que sólo Dios podía recibir (Marcos 2;7. Juan 5;21 y Juan 20;28). Además, Jesús se nombra poseedor de los atributos que sólo la divinidad posee. Omnisciencia (Juan 21;17), omnipresencia (Mateo 28;20) y omnipotencia (Mateo 28;18). En forma muy resumida, son éstas las atribuciones que Jesús se apropia.

Jesús dijo de sí mismo que era el medio exclusivo de Salvación y único Dios verdadero, el Salvador del mundo, y sostuvo que la condición eterna de los hombres (la suya, gentil lector y la mía), depende de la aceptación o rechazo de su persona y sacrificio.

¿ES VERDAD LO QUE DIJO JESÚS DE SÍ MISMO?

Hemos demostrado que sustancialmente contamos con las enseñanzas de Jesús en un alto nivel de exactitud y también, que Jesús se iguala a Dios. Pero, al enseñar esto, ¿Jesús hablaba con la verdad?

Solo existen dos respuestas alternativas a la anterior interrogante (y sus respectivas derivaciones), un dilema. O las afirmaciones de Jesús eran verdaderas, o bien eran falsas. Si eran falsas, Jesús lo sabía o no lo sabía. Si lo sabía, no solo era un maestro mentiroso, sino que también era hipócrita (por enseñar a vivir a otros en la verdad sin hacerlo él mismo). Además su maldad era extrema, ya que dijo a los hombres que su condición eterna dependía de su fe en Él. Pero también fue un necio, ya que murió por afirmar que era Dios sin serlo.

Ahora, si sus afirmaciones eran falsas y Jesús no lo sabía, estaba sinceramente engañado en cuanto a su identidad y lo único que podemos asumir es que era un demente. Creo que ninguna de estas alternativas –mentiroso o demente- se ajusta a lo que sabemos de Jesús. Él no solo enseñó, sino que también vivió en el más alto nivel de moralidad, y su carácter y palabras nos dicen que era una persona mentalmente sana (compare el “Sermón del Monte” con lo mejor de los consejos psicológicos).

Convencido estoy que la única alternativa lógica a este dilema, es que lo que dijo Jesús acerca de su identidad es verdadero. Él es Dios, Salvador, Señor y Rey y reclama para sí nuestro arrepentimiento, fe y lealtad. Se presentará al final de los tiempos también como Juez. Es pues razonable tomarle la palabra a Jesús. ¿Querrás tu hacerlo?

Recuerden: Creer es también pensar.

sábado, 7 de noviembre de 2020

La exclusividad del cristianismo I

 Vivimos en un mundo tolerante. «La tolerancia es buena», se dice. La tolerancia antaño quería decir: "Ser paciente y cortés con aquel con quien no estamos de acuerdo". Hoy quiere decir: "Aceptar que todos los puntos de vista son igualmente verdaderos y correctos"

Les invito en esta ocasión, en la que me permiten la gentileza de su atención, a reflexionar por unos breves instantes en ese concepto tan de moda hoy día. Con mucha frecuencia, a los cristianos se nos tilda de intolerantes y exclusivistas, pues sostenemos inflexiblemente la posición de que Cristo es el único camino a Dios, el único medio de Salvación. Mi argumento es, que todas las religiones son exclusivistas en menor o mayor grado. Y no solo exclusivistas, sino intolerantes con otros credos. Veamos. 

  El budismo es exclusivista e intolerante. El budismo fue un movimiento originado en una reacción de Siddartha Gautama contra algunos elementos del Brahamanismo (Hinduísmo clásico). Específicamente contra el sistema de castas y la autoridad de "Los Vedas" (sus Escrituras Sagradas). Gautama no aceptaba (no toleraba) la autoridad de "Los Vedas" como escritos sagrados y la única autoridad en materia de guía en cuanto a la religión, así que forjó su propia filosofía para obtener la iluminación. 



  El Hinduismo clásico es exclusivista e intolerante. El hinduismo o brahamanismo es de credo panteísta (todo es dios). Esta cosmovisión excluye y no tolera aquella creencia que considera que este mundo es algo distinto de, y creado por, un Dios trascendente (Cristianismo). Tampoco tolera la creencia en la resurrección (el alma de los creyentes mora en un único cuerpo, y éste será vivificado después de la muerte), ya que es totalmente opuesta a la creencia en la reencarnación. Esta última dice que el "atman" (la parte inmaterial del hombre), se presenta en más de un cuerpo después de experimentar la muerte en cada vez, debido al karma. De ahí la palabra re-encarnar (volver en la carne). 

  El Islamismo es exclusivista e intolerante. Para que la lectura del Corán tenga efectos, deberá leerse en Arabe y no en alguna otra lengua. No en cualquier tipo de Arabe, sino en el clásico. De otra manera no se está leyendo “la palabra de Alá” y por tanto no se puede tener el conocimiento de la verdadera religión. Así pues, el Islam excluye otros idiomas y formas de leer su libro sagrado. Por otro lado, este credo excluye también a aquellos que creemos que Jesús es El Hijo de Dios en un sentido especial, ya que Alá no puede tener hijos. Los cristianos creemos que Jesús es El Mesías, Dios encarnado, pero para los musulmanes esta creencia es blasfema. Adicional a ello, todos sabemos las trágicas consecuencias de profesar una religión diferente a la islámica, pues recordamos la catástrofe del 11 de Septiembre. Aquel día en que Nueva York se tiñó de sangre como resultado de los crudos ataques a las torres del World Trade Center, perpetrados por fundamentalistas cuyo credo no tolera a la mentalidad estadounidense. Esta religión no acepta la creencia en la reencarnación, ni la pluralidad de dioses, ambas sostenidas por el Hinduismo clásico. 


  El ateísmo es exclusivista e intolerante. Esta visión del mundo no tolera creencia en divinidad alguna, ni credo basado en libro sagrado. Es decir, nos excluye no solo a los teístas cristianos, sino a todo aquél que sostenga la creencia en alguna revelación considerada “La palabra de Dios”. 

  El postmodernismo es exclusivista e intolerante. Para esta cosmovisión o filosofía (que no religión), toda persona tiene su "verdad". Y la verdad de cada individuo es igual de válida o "verdadera" que cualquier otra. No importa si esas verdades son completamente opuestas y contradictorias. Por ejemplo: según el postmodernismo, la filosofía atea (creencia en la no existencia de Dios) es igualmente "verdadera" que la creencia en el dios Alá del Islam, o la creencia en varios dioses como el Brahamanismo. ¿Le parece lógico? 

Ahora, el postmodernismo y aquellas filosofías que alardean de incluyentes y tolerantes, en realidad no lo son, ya que no toleran y por ende excluyen, a los exclusivistas como nosotros los cristianos, que creemos que Jesús es el único camino a la salvación. Así pues esta filosofía, como otras que comparten ese concepto de “tolerancia”, como la Nueva Era por ejemplo, en realidad se estrangula a sí misma al no tolerar nuestra visión exclusivista. De modo que hasta los “tolerantes” son intolerantes con nosotros los cristianos. ¿Qué le parece? 

 Estoy completamente convencido que si le preguntáramos a Zoroastro si estaría dispuesto a aceptar y tolerar el politeísmo Hindú, su respuesta sería una negativa -ya que él abogó por un monoteísmo incipiente-. Seguro estoy que si le preguntáramos a Buda si admitiría que Jesús es “La Luz del mundo” y el único camino a Dios, en primer término nos preguntaría: «¿Qué Dios?» (pues el budismo es técnicamente ateo) y en segundo lugar nos diría que es él, “El iluminado”, el que proporciona la iluminación, y no Jesús. No le recomendaría a usted en manera alguna decirle a un musulmán que su credo es igual de verdadero y válido que el del ateísta (que cree que no hay Dios, y no cree en libro sagrado alguno), ya que estaría despreciando a su dios Alá y a su libro sagrado, El Corán. 

 He leído algunos escritos muy interesantes de personas que se precian de ser incluyentes y tolerantes, y que sin embargo critican agriamente el cristianismo y la Biblia. Si fueran consecuentes con su propia filosofía, no tendrían por qué hacerlo ya que según su cosmovisión, el cristianismo sería verdadero también y no tendrían por qué creer que la Biblia no es La Palabra de Dios. Estoy convencido por lo antedicho que la postura posmoderna que presume de incluyente y tolerante, en realidad es imposible de vivirse en la práctica. Por cierto, la practicidad (la posibilidad de vivir lo que se predica), es una de las pruebas de que una filosofía o religión es posiblemente verdadera, y el posmodernismo no pasa esta prueba. Es irrazonable aceptar el concepto posmoderno de “tolerancia” si este significa que todas las creencias son igualmente verdaderas y válidas, ya que la gran mayoría de ellas se oponen en sus bases mismas. 

 Por otro lado, la verdad (en el sentido clásico del término) es exclusivista. Si yo digo «Llueve en este momento y lugar» y usted dice «No llueve en este momento y lugar», ambas observaciones no pueden ser ciertas al mismo tiempo. Una de las dos es verdad y la otra no. Lo es la que corresponde a la realidad. Si yo digo que Jesús es el único camino a Dios y usted dice que no, que sólo es uno de muchos caminos, ambas posiciones no pueden ser verdad al mismo tiempo. Sólo una puede ser verdad. Esta forma de razonar es uno de los fundamentos básicos de las leyes del pensamiento, la lógica, conocida comúnmente como la “Ley de no contradicción” -formulada por Aristóteles -. 

 Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida…Nadie viene al Padre sino por mí.» (Juan 14:6). Por tanto, o Jesús es el único camino a Dios o no lo es. Ambas posturas no pueden ser ciertas a la vez. Espero en un próximo artículo demostrar por qué es razonable tomarle la palabra a Jesús. Bueno, si es que toleran que continúe escribiendo para esta columna “Agua Fresca para El Espíritu” y no me excluyen de ella por ser exclusivista.

PARA VER LA SEGUNDA PARTE DE ESTE ARTÍCULO, OPRIMA AQUÍ. "Creer es también pensar" Saludos.

sábado, 17 de octubre de 2020

Una cuestión de vida o muerte


Devoción popular
En unos días seremos testigos de una de las devociones más importantes de la cultura mexicana, la celebración del día de muertos. Por esta ocasión será distinta por cuestiones de salud, pero anteriormente, familias completas asistían muy temprano a visitar los cementerios. Escoba en mano, plegaria en labios, lágrimas en los ojos, se recordaba una vez más a los seres queridos que se adelantaron en el camino a la eternidad.

Un misterio
La muerte, considero, es hoy para muchas personas una gran desconocida. Se percibe de muy distintas maneras. Encontramos en la cultura popular el concepto de la muerte desde un ser encarnado en la figura de un galán de Hollywood como Brad Pitt (en la película "¿Quién conoce a Joe Black?", al lado de Anthony Hopkins), hasta el concepto de un ente casi divino, "digno" de culto, en la figura de "La santísima muerte". Devoción muy arraigada por acá, en el centro de mi país. Y, por supuesto, tenemos la idea de la muerte como un gran misterio. Hace pocos días leí nuevamente "La apología de Sócrates". Esta describe la defensa que hizo de sí mismo el filósofo ateniense ante el Areópago, el tribunal de Atenas, después de ser acusado de un cargo doble: no creer en los dioses de Grecia y corromper a la juventud. No dejó de sorprenderme una vez más, que lo mejor de la inteligencia griega, tomando la palabra a través de este tan importante personaje de la filosofía como lo ha sido siempre Sócrates, haya reconocido sus límites ante, y la ignorancia respecto a, la muerte. Consideren por favor las palabras del maestro de Platón:

viernes, 16 de octubre de 2020

«¿Qué es la verdad?»




El gobernador de Judea, Poncio Pilato, le arrojó a Jesús esta misma pregunta cuando éste le fue presentado para ser juzgado como un malhechor. No obstante, Pilato no se quedó a oír la respuesta de Cristo (Juan 18;38).


En cierta ocasión, Stephen Covey (autor del éxito de librería Siete hábitos de la gente altamente efectiva), se presentó en un show televisivo. Pidió al auditorio que se encontraba en el set que realizara el siguiente ejercicio. Les dijo algo como esto: -Voy a pedirles que cierren sus ojos. Con sus ojos así y cuando yo les indique, cada uno de ustedes va a señalar hacia el norte. Van a mantener su dedo índice apuntando hacia el norte y conservarán los ojos cerrados. Cuando yo les indique, sin dejar de señalar, ustedes abrirán sus ojos. ¿Listos? ¡Ahora!-. 

Cuando los asistentes abrieron sus ojos y miraron a su alrededor, se dieron cuenta que cada persona presente estaba señalando hacia un lugar distinto. Hacia lo que cada uno de ellos creía, sentía, imaginaba o consideraba que era el norte. Es decir, cada quien eligió su «norte».


sábado, 10 de octubre de 2020

«¿Quién eres tú para juzgar?» (breve crítica al relativismo)

"Hay una cosa de la que un profesor puede estar absolutamente seguro: casi todos los estudiantes que entran en la universidad creen, o dicen creer, que la verdad es relativa (...) Los estudiantes no pueden, por supuesto, defender su opinión. Es algo con lo que han sido adoctrinados"

(Allan Bloom. El cierre de la mente moderna.)

La frase «¿Quién eres tú para juzgar?» (y similares o derivadas, como por ejemplo «vive y deja vivir») es el caballo de batalla de la «nueva tolerancia». Se utiliza para acallar a las personas y evitar que pronuncien juicios (en el sentido de análisis, no de condenación) morales. Es decir, con ella se busca evitar que las personas expresen su opinión cuando ven en la conducta de otros algo que no debe hacerse, con el objetivo de solicitar que se corrija.

Por «nueva tolerancia» no me refiero a la tolerancia como hasta hace poco la entendió mi generación, Para ésta significaba reconocer y respetar las creencias y conductas de otros, aunque no se estuviera de acuerdo con ellas ni se compartieran. La «nueva tolerancia» para la generación presente significa, que todas las creencias y estilos de vida son iguales. Todos son verdaderos y correctos. No hay ideas ni estilos de vida incorrectos. Pero va más allá de todo esto. Nos fuerza (¿es tolerante?) a pensar que todas las creencias y conductas son correctas -aunque se contradigan entre sí-, y estamos por ello obligados (¿es tolerante?) a no sólo darles nuestra aprobación, sino también nuestro respaldo y en última instancia hasta nuestra participación. De otra manera seremos considerados como intolerantes (¿es tolerante?).

La «nueva tolerancia» tiene por cimiento al relativismo. El relativismo (o subjetivismo) moral no es otra cosa que la idea de que las personas deciden lo que está bien y lo que está mal. Que lo bueno y lo malo cambian de persona a persona dependiendo de la época o del país. Después de todo «¿Quién eres tú para juzgar?» nos dicen. Por el contrario, la creencia en los absolutos morales considera que hay principios de comportamiento que son válidos para toda persona en todo tiempo y lugar.

Cuán a propósito aplican en este contexto, las palabras pronunciadas por el profeta Isaías en 5.20: «¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!».

Pero, ¿es razonable que nuestra cultura adopte el relativismo moral? Como lo hicimos hace algún tiempo en este blog con la doctrina de la reencarnación para demostrar su falsedad y por tanto su indignidad para merecer nuestra confianza, en esta ocasión haremos lo mismo con el relativismo. Vamos a someterlo a análisis (juicio) para ver si pasa la prueba. Aplicaremos el triple filtro de la verdad: el de la coherencia, el de la practicidad y el de la relevancia. Iniciemos:

sábado, 5 de septiembre de 2020

Homosexualidad, un tema de actualidad



Desde el retiro del mercado de una aplicación para el iphone de Apple, que ofrecía ayuda para las personas que desearan dejar el estilo de vida homosexual, hasta la penalización a tres meses de libertad condicional para un prelado católico en Croacia (quien publicó un comentario en su blog acerca de una manifestación gay en Belgrado), el tema de la homosexualidad sigue estando vigente.

Surgen preguntas sobre el asunto. ¿Es válida la distinción entre atracción y acción homosexual?; ¿El homosexual, nace o se hace?, ¿qué dice la ciencia?; ¿Qué dice la teología al respecto de este tema? Para aquellas personas que así lo deseen, ¿hay posibilidad de cambiar su orientación sexual?, ¿qué proceso hay que seguir en caso de ser posible?

Tiempo atrás, tuve la ocasión de ser entrevistado en la radio respecto a este tema de la homosexualidad. Procurar responder a las preguntas antes enlistadas y a algunas otras, fue el objeto de dicho programa radial.

A continuación, les invito a oprimir el reproductor que aparece enseguida, para que escuchen la grabación del programa en formato mp3.

También disponible para su descarga aquí.

Recuerden: “Creer es también pensar”.

Enrique.

domingo, 22 de diciembre de 2019

Lecciones de Navidad


Dejando de lado, por un momento, la controversia relacionada a la fecha precisa del nacimiento de Cristo (ambas posturas, a favor y en contra del 25 de diciembre, tienen mérito. Véanse los artículos debajo del presente), considero que la iglesia es inteligente si aprovecha estos días para hablar de la Encarnación y del Evangelio. Esto, a semejanza del punto de apoyo que el apóstol Pablo encontró en los altares de los griegos en Atenas, para publicar las buenas nuevas a ellos, en vez de negarse a hacerlo debido a las divinidades paganas de los filósofos a quienes se dirigió en aquella ocasión (Hechos 17.22).

De manera que, aprovechemos esta ocasión para compartir con nuestros hermanos en la fe y amigos, las lecciones que la Navidad (Nati Vita, que quiere decir «Nacimiento que da Vida») tiene para nosotros. La Navidad nos enseña, que…