sábado, 27 de diciembre de 2008

¿Estaba Jesús casado?



Sí, es verdad. Pudiera parecer tema ya pasado de moda y debatido hasta el cansancio. Sin embargo, en virtud de que hace algunas semanas, una sobrina terminó de leer la novela de Dan Brown, "El Código Da Vinci" -la cual hace de esta idea su tema principal-, me ha parecido bien poner a disposición de ustedes un ensayo que escribí por allá por el año 2005. Máxime porque me han dicho que recientemente, algunos estudiantes universitarios estaban dando por hecho que la novela es verídica históricamente (sin analizarla detenidamente. Es una pena).

En ese documento analizo las principales tesis de la novela, como: ¿Es verdad que Jesús estaba relacionado sentimentalmente con María Magdalena? ¿Son los evangelios gnósticos más confiables que los canónicos, para darnos un cuadro exacto de la persona de Jesús? La doctrina de la divinidad de Cristo, ¿se decidió en el concilio de Nicea, en el s.IV d.C., por una votación muy cerrada? ¿En verdad se ocultaron los evangelios que mostraban los atributos humanos de Jesús (gnósticos), en aras de publicitar solo aquellos que mostraban su divinidad?

No tengo problema alguno si Jesús se hubiese casado (el ejercicio de la sexualidad es parte del plan de Dios para el ser humano, siempre y cuando se viva en el marco de la unión matrimonial), incluso, si Jesús se hubiese casado con María Magdalena. Y esto debido a que, al ser redimida por Dios, todo su pasado habría quedado plenamente borrado. La idea de que ella fue anteriormente una prostituta, no es correcta si se consideran adecuadamente los evangelios canónicos. Esa noción errada se debe a una incorrecta interpretación por parte de un pontífice católico (Gregorio I) en el s. VI d.C. No obstante, la base que presenta la novela para afirmar tal relación es sumamente endeble, si no es que inexistente.

Bienvenidos, para leer el artículo se los presento a continuación. El asunto de María Magdalena a partir de la página 13, y el resumen de todo el escrito,  a partir de la página 31.

Recuerden: “Creer es también pensar”.

Opriman sobre la frase "Haz click para leer":

viernes, 26 de diciembre de 2008

Por qué es Jesús tan especial


En cierta ocasión, me encontraba hablando de Cristo con mis compañeros de labores durante un descanso. Una de las personas que se encontraban cerca, con cierta molestia, me interrumpió diciendo: -«¿Por qué Cristo y Cristo? ¿Por qué no Buda, por ejemplo, si enseñaron lo mismo?»-. «Qué interesante comentario». -Le respondí–. «¿Podrías por favor compartirnos algunas de las principales enseñanzas de Buda, para compararlas con las de Cristo y confirmar así lo que nos dices?»-. Quien me arrojó la pregunta hizo un silencio prolongado, se encogió de hombros y se fue.

¿Que Buda, Mahoma, Confucio, Krishna o cualquier otro líder religioso y Jesús, fueron iguales? ¿Que enseñaron lo mismo? Esa es una idea muy difundida, pero infundada. Eso solo puede decirse desconociendo totalmente lo que cada uno de ellos enseñaron. Estoy completamente seguro que si a ellos mismos les dijéramos que sus enseñanzas son iguales a las del resto, con toda seguridad nos reprobarían.

Bienvenidos. ¿Por qué es Jesús tan especial respecto a otros líderes religiosos? Acompánenme a responder esta pregunta. Opriman el reproductor a continuación para que puedan escuchar el tema: "Por qué es Jesús tan especial”. Es la grabación del programa de radio En frecuencia con Jesús, transmitido en vivo aquí en San Luis Potosí. En él compartimos cuatro grandes diferencias (abismales diferencias), entre Jesús y algunos de los líderes religiosos mas prominentes del mundo. Después de escuchar, no podrán decir ya más que enseñaron lo mismo.



Si desean tener en formato PDF el artículo que fue publicado en el periódico "Expediente Público" en la columna "Agua Fresca para el Espíritu", pulsen aquí.

Ahora, si desean escuchar en mp3 otro programa de radio en el que Jesús es comparado con otros grandes pensadores de todos los tiempos, presionen aquí:



Recuerden: “Creer es también pensar”.

Saludos.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Dos clases de adoradores en Navidad


“Después de nacer Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, he aquí llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo.... Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Les envió a Belén y les dijo:—Id e informaros bien acerca de ese niño y, tan pronto como le encontreis, informadme a mí para que también vaya yo y le adore.” (Mt.2;1-8)


Las calles, centros comerciales, oficinas, casas, se adornan con motivos navideños. Arboles, esferas, listones. Los colores blanco y rojo se ven dondequiera. Se compran y se dan regalos. Largas filas para las tiendas departamentales. Posadas, canciones de la época, brindis. Todo mundo está preparado para celebrar un mismo acontecimiento: navidad. Pero, en esas multitudes encontramos dos clases de celebrantes navideños.

EL ADORADOR FINGIDO (vv.7,8) “...tan pronto como le encontreis, informadme a mí para que también vaya yo y le adore”

Obviamente sabemos que Herodes no quería adorar verdaderamente a Jesús, porque él era el rey de Judea y temía que Jesús le quitara el reino. Lo que deseaba verdaderamente al decir que “quería adorarle”, era deshacerse de Él, porque no quería que reinara en su lugar (Mt.2;13-18).

Esta es la esencia de la falsa adoración en Navidad: pretender celebrar el nacimiento del Señor y Rey del mundo; pretender buscarle para “adorarle”, pero no desear que reine en nuestro lugar.

Conviene que nos preguntemos este día: ¿Quién reina en mi corazón? ¿Cristo o yo? ¿Cómo podemos saber si no deseamos que Jesús reine sobre nosotros? Muy fácil. Respondiendo a la pregunta: ¿Guardamos su mandamientos?

Por otro lado tenemos...

EL ADORADOR VERDADERO (vv.1,2) “...unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

La verdadera adoración está representada por los magos o sabios de oriente. Se cree que pertenecían a una casta sagrada de sacerdotes de Media, que aparentemente se ajustaban a la religión de Persia en tanto que retenían sus viejas creencias.

No se sabe mucho de estos magos (sabios). La tradición dice que eran hombres de alta posición de cerca de la antigua Babilonia. Quizás eran judíos de los que permanecieron en Babilonia después del exilio, y por eso conocían las profecías del Antiguo Testamento acerca de la venida del Mesías. Debido al exilio judío de siglos anteriores, seguramente había ejemplares del Antiguo Testamento en su tierra. O quizás eran astrólogos orientales que estudiaban manuscritos antiguos de todo el mundo. El hecho es, que estos sabios viajaron miles de kilómetros en busca de un Rey, y lo hallaron.

La verdadera adoración de estos sabios consistió en no escatimar esfuerzo en el traslado desde oriente para encontrarse y adorar a Jesús. No escatimar tiempo tampoco. ¿Cuánto tiempo debieron invertir en el traslado? ¡Meses! Traer presentes a Jesús. No venían vacías sus manos. Buscar a Jesús por lo que El era, y no por lo que podían conseguir de El.

El verdadero adorador del Rey, en esta navidad, es aquél que no ha escatimado esfuerzo alguno en servirle; quien ha dado de su tiempo al Rey. Quien no espera que Dios venga a buscarle, que se dé a conocer, que demuestre quién es y que le dé regalos. Sino que él busca a Dios, y le dá a Dios de sí. Quien no busca a Jesús por lo que puede conseguir de El, sino que le adora por lo que El es: un Rey. Quien en esta ocasión no se presenta a El con las manos vacías. Jesús es digno de lo mejor que uno puede dar. Quien busca oír su voz cada día. Quien ha perdonado a sus ofensores, y amado al perdido. Ese es el verdadero adorador en esta navidad. Puesto que eso nos ordenó el Rey que hiciéramos.

En esta noche habrá dos clases de personas que celebran navidad. Quienes no quieren que Jesús reine en sus vidas, y quienes sí lo desean como soberano en su diario vivir. ¿De qué clase soy yo? ¿Y tu?

lunes, 22 de diciembre de 2008

¿Se contradicen Ciencia y Biblia?



Hace poco, un amigo y yo hicimos un viaje de misiones a una población del estado de Veracruz. Debido a la falla de un lejano transformador, nos quedamos sin energía eléctrica. Yo llevaba conmigo mi lap top en la que tengo instaladas mis Biblias y demás libros de estudio así como cualquier cantidad de software. Me lamenté mucho ya que no la podría usar. Pero al llegar la noche, pensé que no sobreviviría sin el ventilador que nos refrescaba al dormir. “Los moscos van a tener un festín”, me dije. ¡Cuánto dependo de la tecnología! (que no es otra cosa que ciencia aplicada).

Hará un par de años, mientras tomaba un diplomado en telecomunicaciones, una frase de nuestro profesor de comunicaciones inalámbricas me sorprendió. Mientras trataba de explicarnos el funcionamiento del espectro radioeléctrico, que conduce las señales de comunicación a través del aire (por ejemplo, en la telefonía celular), él dijo algo como esto: “Así es como funcionan (las comunicaciones inalámbricas). No me pregunten por qué funcionan así, porque no lo sé. Así las hizo Diosito”. Las palabras como y por qué, se me quedaron muy grabadas.

Cuán maravillosa es la ciencia. A ella debemos el celular (que nos esclaviza), nuestra computadora, el correo electrónico (sin el cual nuestro trabajo se paraliza), la batidora que nos prepara los licuados por la mañana, el televisor que nos entretiene e informa, el avión donde volamos, el coche con el que nos desplazamos, la agenda que nos organiza, el teléfono que nos comunica, etc. Sin embargo, la ciencia no lo explica todo. La ciencia no lo es todo. Lejos de mí el tratar de satanizar a la ciencia. Le debo muchos beneficios (la medicina de mis hijos durante sus enfermedades, por ejemplo) y dependo de ella (quizá demasiado). Sin embargo, creo necesario hacer algunas aclaraciones, sobre todo en su relación con la Biblia.

La ciencia y la Biblia, ¿se contradicen? La ciencia ha sido considerada como una “vaca sagrada” (algo intocable) durante mucho tiempo. No obstante, ella explica el cómo, pero no el por qué de muchas cosas. De ahí la frase en que nuestro profesor reconocía sus limitaciones para explicar las comunciaciones inalámbricas: “Así es como funcionan. No me pregunten por qué funcionan así, porque no lo sé. Así las hizo Diosito”. Ahí es donde vemos las limitaciones de la ciencia para explicar muchas cosas.

La ciencia no explica ¿cuál fue el origen del universo?; ¿de dónde proviene la vida? (la teoría de la evolución no lo hace); ¿qué propósito la rige?; ¿por qué existimos?; ¿cuál es nuestro propósito en esta tierra?; ¿de dónde venimos?; ¿hacia dónde vamos después de la muerte?; ¿cómo podemos relacionarnos correctamente con nuestro Creador?

La ciencia describe (explica “cómo”) la naturaleza cognocible, pero no la puede interpretar (no puede explicar “por qué”). La ciencia no puede responder a muchas grandes interrogantes relacionadas con el hombre. No es su culpa. Simplemente no es su campo de acción. No es su objetivo.

Pero, qué tal si recibimos una revelación desde fuera, que nos responda a esas interrogantes que la ciencia no puede responder. Si Dios existe (y es más que demostrable creerlo), es por demás razonable que haya hablado. La Biblia pretende ser esa revelación de Dios. No se puede rechazar la Biblia sin más ni más diciendo: “¡Un momento! En nuestro siglo, la ciencia lo ha explicado todo. No me venga usted con la Biblia y esos cuentos”. El que dice “rechaza sin analizar” es igual de dogmático que el que dice “cree sin preguntar”. ¿Por qué no analizar un poco la relación entre la ciencia y la Biblia? Quizá nos sorprendamos de saber que no se contradicen, sino que se complementan.

Bienvenidos. Pulsen el reproductor a continuación para oír el mp3 titulado “Ciencia y Biblia, ¿son incompatibles?”, escúchenlo y creen su propio criterio. A fin de cuentas: “Creer es también pensar”.



Saludos.

Por qué creer en la creación y no en la evolución


Uriel, mi segundo hijo, me mostró recientemente su guía de estudio de sexto año. Al revisarla junto con él, me encontré con esta frase: “Los hombres y los simios tuvieron un antepasado común...a esta teoría de Charles Darwin se le llamó 'Evolutiva'”.

Definitivamente que nuestros hijos deben aplicarse con ahínco al estudio, respetando sus planes pedagógicos. Sin embargo, estoy convencido que una parte importante de la labor docente de los profesores así como de la labor formativa de nosotros los padres hacia nuestros hijos, debe comprender el enseñarles a pensar por sí mismos.

¿Sabía usted que la ciencia apoya con mayor fuerza la teoría de la creación que la de la evolución? ¿Que la teoría darwinista está plagada de errores desde sus primeros pasos? La teoría de la evolución no puede ser cierta ya que viola varias leyes de la ciencia, entre las que se encuentran la de la biogénesis y la ley de la entropía (segunda ley de la termodinámica).

Por otro lado, la “Teoría del Big Bang”, “El principio antrópico” y la “Teoría de la información”, dan su apoyo de manera muy sólida a la creencia en un Creador sobrenatural, tal como lo enseña la Biblia.

Bienvenidos. Recientemente tuvimos la oportunidad de presentar el tema “Por qué creer en la creación y no en la evolución”, en la transmisión en vivo del programa radial “En frecuencia con Jesús” en su edición juvenil. Les invito para que pulsen el reproductor a continuación , lo escuchen y formen su opinión propia.



Recuerden: “Creer es también pensar”.

Saludos.