martes, 28 de diciembre de 2010

En el mundo, más no del mundo



Hola, bienvenidos. Comparto con ustedes el tema que fue presentado por Arturo Delgado el pasado Lunes 20 de Diciembre en el programa En Frecuencia con Jesús.

Opriman el reproductor a continuación para escucharlo en mp3:



Espero sea de utilidad para sus vidas.

Enrique.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Sorprendente transformación obrada por Dios



Hola amigos, bienvenidos.

Tengo el gusto de compartir con ustedes el testimonio de transformación que Dios obró en la vida de Gerardo, un hermano en la fe y ahora buen amigo también.

Sin mayor comentario, solo opriman el reproductor mp3 a continuación para que puedan escucharlo.



Para descargarlo, opriman el siguiente enlace (estará sólo temporalmente disponible):

SORPRENDENTE TRANSFORMACIÓN OBRADA POR DIOS (DESCARGUE AQUÍ)

Saludos afectuosos.

Enrique.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La Jornada

Aún recuerdo cuando joven, quizá adolescente, mi padre me dio a leer un grueso tomo de fina pasta de color rojo, con vivas ilustraciones de Gustavo Doré en sus páginas. Era La Divina Comedia, de Dante Alighieri. No sólo él, sino otros poetas como John Bunyan (con su El Progreso del Peregrino) y por supuesto, el Maestro por excelencia, Jesús, han usado con éxito el camino como una metáfora de la vida.

Pues bien, el Lunes 6 de Diciembre tuve el gran gusto de conocer a Efraín Sánchez, profesor de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien compartió con la audiencia de En Frecuencia con Jesús el tema La Jornada, en el cual utilizó una vez más de manera grata, como metáfora de la vida, al camino. Estuve muy gustoso de escuchar el tema y colaborar en la conducción del programa de esa noche.

Para poder escuchar La Jornada, opriman el reproductor a continuación:



Saludos.

EL CAMINO DE LA PROSPERIDAD

Hola, bienvenidos.

El día de ayer fui invitado a conducir el programa de radio Más allá de tus fuerzas, y tuve el gusto de conocer al pastor David Rodríguez quien nos presentó el tema El camino de la prosperidad.

Para escuchar el programa pulsen en el reproductor a continuación.



Saludos.

martes, 27 de julio de 2010

El Nuevo Nacimiento

Resulta muy interesante el proceso en que las serpientes cambian o mudan de piel. Algunas de estas serpientes son especies venenosas. Aunque realicen el cambio a una piel más brillante, joven y bella, el riesgo de sufrir daño al ser mordido por alguna de ellas, sigue siendo el mismo. Esto es, su naturaleza interior permanece, pese al cambio exterior que resulta muy bello. Vean esta bonita y detallada foto del proceso.

Por otro lado, existe un cambio o metamorfosis en la naturaleza, que no deja de sorprender, incluso a los estudiosos de ése fenómeno. Es el cambio desde el gusano hasta la mariposa monarca. En su primera fase puede resultar repugnante, pero cuando el cambio finaliza, el resultado es maravilloso. Una de las mariposas más bellas del mundo.



Si bien en ambos casos ha habido un cambio, en el primero ha sido sólo un cambio exterior. En contraste, el segundo ha sido una transformación desde el interior. De dentro hacia afuera.

Este bonito y corto video del proceso de cambio de crisálida a mariposa monarca, me es útil para ejemplificar y compartir con ustedes el siguiente tema. Tema que tuvimos oportunidad de presentar el día viernes 23 de Julio de 2010, en el programa de radio En Frecuencia con Jesús. En él abordamos el asunto del Nuevo Nacimiento o Regeneración Espiritual de que habló Jesús a un hombre altamente moral, gran conocedor de La Biblia y maestro de otros, Nicodemo (Juan 3.7). Opriman en el reproductor a continuación para escuchar el mp3 del programa.



Saludos.

Enrique.

sábado, 17 de julio de 2010

Qué es el arrepentimiento


Hola. Este jueves 15 del presente tuvimos nuevamente el privilegio de participar en el programa de radio "En frecuencia con Jesús". Esta vez presentando uno de los temas que creo debe quedar claro a la hora de presentar el evangelio ante nuestros amigos y/o familiares. Esperamos haber contribuido con esta presentación. Deseando les sea útil al compartir La Palabra con aquellos a quienes desean hacer bien.

Sin mayor comentario,

Enrique.

(Opriman el reproductor a continuación para escuchar el mp3):


jueves, 8 de julio de 2010

¿Cuál es la diferencia? 4ta. parte

En la última oportunidad que tuve de viajar a la Ciudad de México, aproveché para visitar algunas de las amplias y bien surtidas librerías de la capital del país. Entre los libros que tuve ocasión de adquirir, se encuentra el que contiene los documentos completos del Concilio Vaticano II. Aquella reunión universal de obispos católicos iniciada por el Papa Juan XXIII en el año de 1962, y concluida, después de varias fases, por su sucesor Pablo VI. (Para obtener copia gratuita del expediente en la web del vaticano, oprima aquí).

El documento es muy interesante, pero especialmente el capítulo XII que se refiere al Decreto sobre el Ecumenismo. A continuación me permito, brevemente, transcribir algunos de los pasajes que más llamaron mi atención:



Efectivamente, por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos (todos los que no son católicos) y la Iglesia católica,… se interponen a la plena comunión eclesiástica no pocos obstáculos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar. Sin embargo, justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho y justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica. (Sobre el Ecumenismo. Relación de los hermanos separados con la iglesia católica. Párrafo 4, página 300)


Esto es, la Iglesia Católica nos considera a nosotros los protestantes/evangélicos, como cristianos legítimos.


Los fieles católicos han de ser, sin duda, solícitos de los hermanos separados en la acción ecumenista, orando por ellos, hablándoles de las cosas de la Iglesia, dando los primeros pasos hacia ellos. (Sobre el Ecumenismo. Relación de los hermanos separados con la iglesia católica. Párrafo 4, p. 301)


El concilio Vaticano, con la autoridad del Papa Pablo VI, recomienda a todos los católicos un acercamiento con nosotros, los así llamados hermanos separados. Es más, invita a sus miembros a que den el primer paso hacia nosotros los protestantes, para hablarnos de las cosas de la iglesia.


Por otra parte, es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados…Ni hay que olvidar tampoco que todo lo que obra el Espíritu Santo en los corazones de los hermanos separados puede conducir también a nuestra edificación. (Sobre el Ecumenismo. Relación de los hermanos separados con la iglesia católica. Párrafo 4, p. 302)


Adicional a lo anterior, el colegio de obispos de la iglesia popular considera incluso, que algunas cosas provenientes de nosotros los hermanos separados, pueden contribuir al crecimiento (es eso lo que quiere decir edificación) espiritual y religioso de los creyentes católicos.

Me permito recomendar a mis amigos y familiares católicos que lean cuidadosamente el decreto acerca del ecumenismo que concluyó el concilio al que he hecho mención. No sólo prohíbe que los católicos se conduzcan ante los hermanos separados con palabras duras (Sobre el Ecumenismo. Relación de los hermanos separados con la iglesia católica. Punto 4, párrafo 3, p. 301), sino trata de promover un acercamiento y aprendizaje cuyo paso inicial deben darlo los católicos.

Por lo anterior, así como por haber sido cuestionado por algunos amigos y compañeros de trabajo acerca de mi creencia evangélica, es que continuamos esta serie dando respuesta respetuosamente a la pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre católicos y protestantes?, ahora en su cuarta parte.



Recuerden: Creer es también pensar.

sábado, 26 de junio de 2010

Parábolas para creyentes, ateos y agnósticos


Sí, ese es el título de la revista Conozca Más del mes de Abril, «Parábolas para creyentes, ateos y agnósticos». Y ya desde la introducción, el autor del artículo central de la revista pasa a comparar a Jesús con alguien que, curiosamente, nunca usó parábolas para comunicar sus enseñanzas, sino más bien se valió del aforismo y la mayéutica, Sócrates. Nos dice un párrafo del artículo: «Todos estos aspectos lo conectan (a Jesús), desde una perspectiva contemporánea, con el filósofo griego Sócrates, quien cuatro siglos antes de él desarrolló un esfuerzo semejante -aunque desprovisto de contenido religioso-y sufrió una condena igual de arbitraria». (Bueno, el esfuerzo pedagógico de Sócrates sí tenía como móvil lo religioso, pero lo dejo para después).

Acostumbro comprar de vez en vez algunas revistas con temas como telecomunicaciones y sistemas, análisis histórico, arqueología. También, naturalmente, me interesan algunas que tratan el tema religioso. Pero sobre todo en época de semana santa me gusta comprar estas últimas, ya que los editores procuran elevar las ventas con portadas y títulos que aluden a Jesús. Y aunque tengo el número de Abril de CM desde entonces, por haberme concentrado en otros temas, no había podido poner por escrito esta idea que me vino a la mente desde que leí el artículo y comparto hoy con ustedes.

Algunas de mis amistades se han empeñado a lo largo de los años en comparar a Jesús con algunos maestros antiguos importantes. Desde su punto de vista, Jesús no es más que otro gran sabio que supo presentar su enseñanza de manera atractiva para las grandes multitudes. Pero no más. Libros como el titulado «Los Grandes Iniciados» de Eduardo Schure, con el que más o menos me familiaricé desde mi adolescencia, son muestra de esta ya antigua tendencia. Incluso alguien ha dicho que Él no fue el único que comunicó su doctrina a través de parábolas.

Si bien es cierto que ya antes publicamos en otra parte de este blog una comparación entre Jesús y algunos otros grandes líderes religiosos de la historia, incluído Sócrates (opriman aquí), en la que considero que quedó claramente demostrado que no hay parecido alguno, en esta ocasión quiero centrarme en dos aspectos de las parábolas de Cristo. Dos aspectos que lo hacen totalmente diferente a cualquier otro personaje que haya enseñado valiéndose de esta figura del lenguaje.

SU AUTORIDAD
Es verdad, Jesús no fue el único sabio en utilizar la figura de la parábola en su enseñanza. Hay registros que nos indican que algunos otros rabinos la utilizaron en buena cantidad. Sin embargo, hay una gran diferencia que marca distancia entre estos y Jesús. El lugar que Él dio a su propia persona en dichas narraciones. Notémoslo en el siguiente par de ejemplos:


Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores que le paguen el fruto a su tiempo. Jesús les dijo: leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, ¿Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre ESTA piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. (Mateo 21:33-45).



En esta parábola el dueño de la viña es Dios, la viña es el pueblo de Israel y los labradores o cuidadores de la viña son los maestros religiosos, incluídos los fariseos (vea el verso 45). El hijo del dueño de la viña (la piedra en la que se cimenta la construcción del Reino divino y está siendo desechada) es Jesús (vea los versos 37 y 42). Jesús se presenta en ésta parábola como el Hijo de Dios, el dueño de Israel, que será sacrificado por instigación de los guardianes religiosos. Y por decisión del propietario, el Reino de Dios les será quitado y será dado a otras personas que lleven fruto, puesto que ellos no lo hicieron. Es clara la autoridad que Jesús se adjudica a Sí mismo como el representante, el Hijo de Dios en la tierra, en base a cuyo trato la divinidad determina retirar de los labradores el Reino de Dios.



Cualquiera, pues, que ME oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. (Mateo 7:24-29).



Lo que es nuevo, sorprendente y exclusivo en la forma en la que Jesús muestra las parábolas, es la manera en que se presentaba a Sí mismo en ellas. Se presenta como el punto de referencia, como la autoridad sobre la que se construye el Reino de Dios y funciona la vida toda de sus oyentes y seguidores. «Cualquiera que ME oye estas palabras». No conozco enseñanza de maestro alguno que haya utilizado parábolas en sus enseñanzas poniéndose a sí mismo como punto de referencia autoritativo, pero sobre todo, con carácter divino.



Más allá del hecho de que las parábolas sean un elemento muy importante para demostrar la historicidad de la figura y enseñanza de Jesús -en base a los elementos semíticos contenidos en ellas que corresponden a la forma en que los rabinos del primer siglo de la era cristiana enseñaban-, apreciamos que contienen este elemento que, no obstante lo anterior, muestran al nazareno con una autoridad que pertenece solo a Dios. Nadie, nadie enseñó de esa manera. Estimados amigos, en Jesús tenemos a Dios buscándonos con el ánimo de encontrarnos y salvarnos (oprima y lea las tres parábolas de Lucas 15 y considérese especialmente el verso 2). Pero es del todo necesario que nos volvamos a Dios con verdadero arrepentimiento (léanse los versos 7, 10 y 20-24). ¿Querrá usted hacerlo?

Ayuda para volverse a Dios, oprima aquí.

Continuará.

Recuerden: Creer es también pensar.

sábado, 5 de junio de 2010

¿Cuál es la diferencia? 3 era. parte


Hola, bienvenidos. Hoy presentamos la tercera parte de la serie «Católicos y protestantes, ¿Cuál es la diferencia?». Esta serie busca dar respuesta a dicha pregunta, realizada recientemente por algunos compañeros de trabajo y un tiempo atrás por un buen amigo y compañero de estudios.

Una vez habiendo establecido que la principal diferencia entre ambos sistemas de creencias es la cuestión de la autoridad (véanse la primera y segunda partes), avanzamos en el análisis comparativo de ambos credos. Una de las principales creencias del catolicismo, es aquella que dice que Jesús estableció a Pedro el apóstol como jefe del resto de los apóstoles (instituyendo así el Papado) y haciéndolo la piedra sobre la que se levanta la iglesia. En el presente material presentamos un análisis detallado, aunque breve, acerca del pasaje bíblico Mateo 16.18 y se realiza un estudio cronológico e histórico del ministerio del apóstol Pedro, para esclarecer si fue obispo de obispos desde Roma durante 25 años. Le invitamos a que llegue a sus propias conclusiones después de pensar en el asunto por usted mismo.



Recuerden, CREER ES TAMBIÉN PENSAR.

sábado, 29 de mayo de 2010

Prohibido pensar


Quiero agradecer los comentarios (favorables y adversos) que he recibido de los lectores del blog. Ningún otro post ha despertado tantos en uno u otro sentido como el titulado «Criterios equivocados al decidir la verdad religiosa». Hay quien me ha invitado a ser su amigo, quien me ha dicho que lo ha leído más de una vez y que lo recomendará, pero también hay quien ha reaccionado de manera áspera (casi agresiva). Y es de entenderse y esperarse, puesto que el tema que aquí se trata es el religioso. Agradezco todas estas reacciones puesto que me dicen que están leyendo lo que escribimos.

Hoy deseo centrarme en comentar brevemente y con el mayor de los respetos, la reacción adversa que uno de nuestros lectores nos hizo saber a través de correo electrónico (aún seguimos intercambiando correspondencia vía e-mail respecto al tema). Uno de sus muchos y valiosos comentarios me servirá para el presente post.

Nuestro amigo (miembro de la iglesia popular) me escribía, entre otras cosas, lo siguiente en uno de sus comunicados:

«...Como tú dices, el diagnóstico y la cura estan ahí. Perfecto, eso quiere decir que tienes que seguir las indicaciones al pie de la letra, ok? Entonces no puedes reflexionar el asunto por tí mismo porque el diagnóstico ya está hecho y es una herencia y está en nuestra religión. No tienes por qué desviarte a tu antojo». (Énfasis añadido).

Deseo compartir con ustedes parte de la respuesta que ofrecí al comentario que he descrito anteriormente, y ampliarla un poco más. Veamos.

«...Ese es un gran problema con el hombre,...: No pensar por sí mismo..., eso es causa de muchos males en nuestra sociedad en todos los niveles, especialmente el religioso... Y es precisamente el pedirle a sus feligreses que NO PIENSEN POR SI MISMOS la principal característica de una secta (nuestro amigo me acusaba de ser sectario). Mira lo que dice La Biblia sobre el pensar por sí mismo y no hacer caso de todo lo que se nos enseña en: 1 Corintios 14.29, 1 Tesalonicenses 5.19 y 20. Incluso la enseñanza de un apóstol era comparada con La Escritura en Hechos 17.10 y 11…».

Por fortuna, la Biblia no prohíbe a los cristianos pensar por sí mismos cuando se les presenta y propone para su práctica, alguna enseñanza religiosa. Antes bien, comunica con carácter de mandato el escuchar y analizar para decidir. Voy a citar a continuación los tres pasajes que usé en mi respuesta a nuestro lector. Utilizaré en las citas a continuación únicamente versiones católicas:

En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y los demás hagan un discernimiento. (1 Corintios 14:29. Biblia latinoamericana 95).

La palabra griega que se usa aquí para «discernimiento» (diakrino) significa «discriminar, separar, examinar, interrogar, dudar». Y todo ello para decidir. Esto es, el apóstol Pablo mandaba a los creyentes que cuando oyesen a uno que se decía profeta y que traía mensajes de parte de Dios, fueran capaces de oirle (no prohibía el oirle) con una actitud de análisis. Y para poder hacer esto es necesario pensar por sí mismo.

No apaguen el Espíritu, no desprecien lo que dicen los profetas. Examínenlo todo y quédense con lo bueno. (1 Tesalonicenses 5:19-21 Biblia latinoamericana 95).

Casi no es necesario ampliarme sobre el significado de la palabra «Examínenlo». Me parece ser muy clara para todos nosotros. Sin embargo, comento brevemente. La palabra «dokimazo» significa probar, someter a prueba, con la expectación de aprobar. También implica ejercer la capacidad de pensar por uno mismo. San Pablo no rechaza el acto de escuchar a los que se dicen profetas ni su mensaje. Lo que pide es probar, someter a prueba con la expectación de aprobar si es que esto es correcto.

Como quiera, los hermanos, sin perder tiempo aquella noche, hicieron partir a Pablo y a Silas para Berea. Los cuales luego que llegaron, entraron en la sinagoga de los judíos. Eran éstos de mejor índole que los de Tesalónica, y así recibieron la palabra de Dios con gran ansia y ardor, examinando atentamente todo el día las Escrituras, para ver si era cierto lo que se les decía. (Hechos 17.10-11. Biblia de Félix Torres Amat).



En este pasaje, escrito por san Lucas el evangelista, se utiliza nuevamente la palabra «Examinar» cuya descripción griega ya he presentado al comentar 1 Tesalonicenses 5.19-21 («dokimazo»). Sin embargo quiero llamar su atención al conjunto de la frase que describe Lucas. Habla de personas que aceptan con gran deseo el mensaje del apóstol y que sin embargo, filtran las palabras de éste a través del estudio concienzudo de las Escrituras. No oyen y aceptan sin análisis. Todo lo contrario, examinan, interrogan, prueban, y deciden en base a lo anterior. Y por ello son alabados por el evangelista al decirles que fueron «de mejor índole». No aceptan todo lo que se les pone por delante sin más.

Lo que deseaba explicar en el post bajo análisis, es que la herencia religiosa que hemos recibido debemos examinarla, probarla a la luz de lo que los apóstoles enseñaron. El antídoto a nuestro gran mal (el pecado) está dado en las palabras y enseñanzas de los apóstoles y sobre todo, de Jesús. Resta que comparemos lo que se nos ha enseñado y hemos aceptado como herencia religiosa, con lo que se explica claramente en el Nuevo Testamento. Conviene pues que nos preguntemos ¿corresponde lo que he creído y he estado practicando, con lo que enseñaron los apóstoles en el Nuevo Testamento? ¿He probado, examinado, analizado con el ánimo de decidir si es correcto (como lo recomiendan los apóstoles), lo que me han enseñado y he creído toda mi vida? El decidir después de analizar no sólo evitará que tengamos una fe y práctica equivocadas, sino incluso, cuando estemos seguros de seguir el credo correcto, evitará que seamos objeto de abusos por parte de líderes que no se ajustan al perfil bíblico (cosa muy común en América Latina y especialmente en nuestro amado México, sin excluir otras localidades).

Creo que es precisamente el aceptar de manera ciega y sin una comparación previa con la enseñanza apostólica lo que supuestos líderes religiosos enseñan, lo que conduce al sectarismo y también al fanatismo religioso. Por todo lo antes expuesto considero que no se prohibe pensar.

De ahí que la propuesta del blog sea CREER ES TAMBIEN PENSAR.

TEMAS RELACIONADOS, OPRIMAN AQUI Y AQUI.

domingo, 2 de mayo de 2010

Criterios equivocados al decidir la verdad religiosa


«Imagine que se encuentra en la sala de emergencias de un hospital y que está gravemente enfermo. El médico le explica que la enfermedad es mortal en el 100% de los casos si no se administra un antídoto específico, y agrega que el tratamiento con el antídoto es 100% efectivo y asegura una inmediata recuperación.

Al presentar los hechos de este modo, el médico deja en claro que sus preferencias (de usted, no del médico) no cuentan en absoluto ni están en discusión. No importa cuánto le agrade o le desagraden las inyecciones o las píldoras correctas; esta enfermedad requiere una cura específica que debe administrarse de una manera específica. Si no sigue el tratamiento correcto, morirá.

Dado el tipo de enfermedad y el tratamiento requerido, un error en el diagnóstico puede ser fatal. A ningún paciente que está sufriendo un infarto le gustaría ser atendido por un médico convencido de que necesita un yeso en la pierna. Es necesario aplicar el tratamiento correcto sin importar cuán desagradable, incómodo, doloroso, o incluso ofensivo pueda resultar. No existe la posibilidad de ... elegir el tratamiento que más le gusta. Hay una sola cura, y punto. El paciente debe tomar conciencia de que la opción es aceptar el tratamiento o enfrentar las consecuencias».

Cuando se trata de diagnosticar el mal del ser humano y de recetar la medicina, muchas personas creen que se puede dar el diagnóstico que más nos guste personalmente, así como recetar el tratamiento que más nos agrade o que otros elijan por nosotros. Estoy hablando del tema religioso. Hay varios criterios (diagnósticos) que las personas usan para «recetarse» (decidir) el remedio (la religión). Entre varios otros se encuentran el criterio de «la mayoría» (no creo que la mayoría esté equivocada de religión); el criterio de «la herencia» (esta es la fe que me herederon mis padres y con ella me quedo); y el de «la permanencia» (siempre se ha creído así). Pero considero que, tanto en materia de salud y mucho más, en materia de religión (pues involucra cuestiones eternas), el diagnóstico importa y el antídoto aún más.

Hoy comparto con ustedes una reflexión sobre el criterio de «la herencia». Más adelante compartiré sobre los criterios de «la mayoría» y de «la permanencia», a la hora de elegir su religión.

EL CRITERIO DE «LA HERENCIA»
Este significa que el buscador de la verdad religiosa piensa de la siguiente manera: «Esta es la fe que han tenido mis antepasados y que me han inculcado, por tanto debe ser la verdadera». Veamos.

Esos hábitos y creencias antiguos cuyo origen pocos pueden recordar, y frecuentemente se aceptan sin cuestionar o sin siquiera pensar en ellos, constituyen las tradiciones religiosas. «¿Por qué desafiar dichas creencias y hábitos?», parece ser el razonamiento. Este es el punto de vista más común que la gente utiliza para «seleccionar su fe». Aunque de ninguna manera puede a este proceso llamársele «elegir», ya que se nace y crece con dichas creencias. Se aceptan de manera pasiva, pues nunca han sido examinadas de manera crítica. Por lo general, cuando a las personas que sostienen alguna creencia de manera «tradicional» o «hereditaria» se les pregunta por qué creen lo que creen, no saben dar razón de su fe (1 Pedro 3.15). O responden dando una razón del tipo «Así hemos creído siempre en nuestra familia», o bien con un sencillo «Porque sí». Si hemos de ser sinceros, no puede llamarse a dichas doctrinas, sus «propias creencias».

Si usted no ha analizado por sí mismo las creencias que sostiene, entonces está confiando en que alguien entre sus antepasados haya examinado «la fe» (en lugar suyo) y haya llegado a la conclusión de que es la correcta. La fe adecuada en cuanto a si hay un Dios, qué carácter tiene, cómo relacionarse con Él, cómo vivir para agradarle, si hay un «más allá» y cómo asegurar una buena estancia en él, etc. ¿No le parece un gran riesgo depender de otra persona para su propia seguridad religiosa y eterna? Seamos honestos con nosotros mismos, hemos sido muy ágiles para aceptar como verdad indiscutible lo que nuestros antepasados nos han inculcado (¿o debería decir…impuesto?).

Bajo el criterio anterior, si usted hubiese nacido en la India sería hindú por herencia no por convencimiento propio (ya que sus padres serían hindúes casi seguramente). Por tanto, usted creería que es verdad la doctrina de la reencarnación (opuesta totalmente a la doctrina de la resurrección, por ejemplo), también creería que hay cientos o miles de dioses y que debe pagar su «karma» sin ayuda de nadie. Pero si usted compara su fe actual con la fe de un hindú, se dará cuenta que son totalmente distintas -a menos que usted también sea hindú, por supuesto- y que ambas no pueden ser verdad al mismo tiempo. Por tanto, o usted está equivocado o los hindúes lo están. En el último análisis: sus padres estuvieron equivocados o los padres de nuestro hipotético amigo hindú lo estuvieron. ¿Y..si ambos lo estuvieron? ¿Cabe esa posibilidad? Si somos francos deberemos responder que sí. Y así es también con las distintas religiones que existen, sea usted Mormón, Testigo de Jehová, Católico o, incluso, ateo.

Cuando alguien le hace pensar en que existe la posibilidad de que en materia de religión pueda estar equivocado, puede reaccionar con agresividad y molestia: «¡Arrogante! ¡¿quién eres tú para decirme que es posible que me haya equivocado de religión!?». O incluso puede tratar de ignorar o evitar de ahí en adelante a esa persona. O puede detenerse a pensar por un instante: «¿Existe la posibilidad de que esté equivocado? ¿en verdad estoy completamente seguro de tener la religión correcta? ¿sobre qué base estoy seguro? ¿he examinado mi creencia por mí mismo o es solo que la he aceptado pasivamente sin pensarlo?». ¿Cómo le gustaría visualizarse a sí mismo? ¿Cómo alguien que busca la verdad o como alguien que apoya una creencia heredada sin haber pensado en ella? ¿No le gustaría tener la seguridad de haber investigado su fe y haberla también aceptado sobre una base sólida de reflexión?



El hecho de que alguna creeencia haya sido enseñada por nuestros padres o antepasados de la manera más sincera y con la mejor de las voluntades, no lo hace verdad. Ejemplo de esto podría ser... la creencia de nuestros antepasados en «la tierra plana». Estamos de acuerdo en que en un tiempo la mayoría de las personas, si es que no todas, creyeron que la tierra era plana y así lo enseñaron de generación tras generación. Los historiadores no estan de acuerdo, es cierto, en la fecha en que algunos estrafalarios por ahí empezaron a pensar que la tierra era redonda. Algunos dicen que la redondez de nuestro planeta fue descubierta antes de la era cristiana. Algunos otros dicen que esto fue descubierto ya bien entrada la edad media. Pero todos están de acuerdo en que hubo un tiempo en que se creyó por la totalidad de las personas, que el mundo era plano y se creyó en ello porque «Así nos lo enseñaron nuestros padres». Y sin embargo, estaban equivocados.

Cuando se es niño, se acepta la autoridad de nuestros mayores, especialmente de nuestros padres (Éxodo 20.12), aunque no todo lo que nuestros padres dijeron e hicieron es correcto, (¿o sí?) 1 Pedro 1.18-19. Es parte del crecimiento y la madurez pensar por uno mismo, reflexionar y decidir. Recuerde: el diagnóstico y el antídoto adecuados para nuestra necesidad, no dependen de nuestras preferencias ni de las preferencias de otros en nuestro lugar. La verdad del diagnóstico y de la cura están ahí, esperando ser descubiertos por nosotros tras haber reflexionado en el asunto. Le invitamos a que visite algunos de los diversos temas que ofrece el cristianismo evangélico en las diferentes páginas del presente blog al navegar en el «Archivo del blog» o en los diversos temas de «Etiquetas» y a través de otros muchos medios que hay en internet, de los que recomendamos algunos en las «Páginas de interés».

Creer es también pensar.

Temas relacionados:
Oprima aquí, aquí y aquí.

domingo, 4 de abril de 2010

¿Cuál es la diferencia? 2da. parte

Hola, bienvenidos. Comparto con ustedes la segunda parte de la respuesta a la pregunta «¿Cuál es la diferencia entre católicos y evangélicos?».

Y continuaremos desarrollando el tema. La siguiente entrega, en breve.

Recuerden: Creer es también pensar.

Saludos.


jueves, 1 de abril de 2010

¿Qué pensaba Jesús de su propia muerte?

Hola. Bienvenidos. Hoy se celebra, tradicionalmente, la última cena de Jesús con sus discípulos. Importantísimo acto previo a su entrega por parte de Judas, su prendimiento por las autoridades judías, y posterior entrega al poder romano para su crucifixión y muerte.

Días atrás recordé que hace ya varios años, después de predicar en el programa de radio «Vida abundante» y comparar a Jesús con otros líderes religiosos (opriman aquí), recibí varios correos electrónicos de un radioescucha, el señor V.S.

Entre las muchas e interesantes preguntas que nos hacía, se encontraron los comentarios que comparto con ustedes a continuación (editados, por cuestión de espacio). Se centran en el significado que Jesús le dio a su propia muerte -a propósito de semana santa-, ya que esta era una cuestión que nuestro (aún hoy) buen amigo, tocó en aquella ocasión (opriman sobre las citas bíblicas para leerlas completas).
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From: V.S.
Date: Fri, 03 Dec 2004 13:35:34 -0800
To: ENRIQUE CHAVEZ
Subject: "El cristal con que se mire"

[…]Aclarado que debemos empezar por ahí, ahora vayamos al corazón de tu programa de ayer[…] He leído la Biblia mucho menos que tu, y no recuerdo que haya frase de los 4 evangelistas que diga TEXTUALMENTE que Jesús haya dicho: «Por mi muerte serán salvados los pecados del hombre». Insisto, algo textual,[…]

To: V.S.
Subject: FW: "El cristal con que se mire"
Date: Mon, 6 Dec 2004 15:02:28 -0800

Bueno, V., ¡aquí vamos! (antes que nada, gracias por tu comunicación).

Salvación básicamente es «liberación». Liberación de las culpas del pecado, liberación del poder del pecado y liberación (en un futuro) de la presencia del pecado. Como podrás observar, la salvación a la que nos hemos referido, tiene tres tiempos: pasado, presente y futuro. Te recomiendo las lecturas para estos tres estadios: Romanos 8;24, 1 Corintios 15;2 y Romanos 5;9,10. Así que, cuando me refiero a este concepto, no estoy hablando de esperar a morirme, sino de un perdón presente, y una victoria sobre el poder del pecado que antes dominaba.

[…]Bien, hay que leer los siguientes pasajes respecto al significado redentor que el mismo Jesucristo le dio a su muerte: Juan 6;51, 54, 58. Mateo 20;28, Marcos 10;45, Lucas 24;44 al 47, y algunos otros […]

From: V.S.
Sent: Tuesday, December 07, 2004 10:32 AM
To: ENRIQUE CHAVEZ
Subject: RE: FW: "El cristal con que se mire"

Hola Enrique:

Te saludo desde la casa del cimarrón (Universidad Autónoma de Bajacalifornia), gracias por tu respuesta. De las mismas (la #1 en especial) que me das, las citas que señalas del apóstol Pablo (Romanos 8;24, 1 Corintios 15;2 y Romanos 5;9,10): me llama la atención que para hablar de salvación lo citen a él, quien como te he comentado merece un buen agarrón, y esto no dicho por mi, sino por grandes filósofos, gentes mas instruidas que yo. Si con ese mismo énfasis hablara Juan, quien es el mas místico de los 4 evangelistas, créeme que serían más válidas las referencias de la salvación, como la entienden ustedes[…]

From: Enrique Chávez
Sent: Tuesday, December 07, 2004 2:33 PM
To: V.S.
Subject: RE: FW: "El cristal con que se mire"

Hola V., te saludo cordialmente.

Espero que no caigamos en el juego de la esgrima otra vez (aunque me gusta afilar mi acero y creo que a ti también).

¿Ya leíste las citas que te envié sobre el concepto que Jesús atribuía a su muerte? (Juan 6;51,54,58. Mateo 20;28, Marcos 10;45, Lucas 24;44 al 47). Recuerda que esto (y varias otras cosas) lo separan del resto de los maestros religiosos y lo pone en una categoría aparte de los «iluminados».

From: V.S.
Date: Thu, 09 Dec 2004 16:47:46 -0800
To: ENRIQUE CHAVEZ
Subject: "El cristal con que se mire"(2)

Hola Enrique. Le seguimos al juego del esgrima...

He leído las citas que dices y te tengo la mala noticia de que no dicen como te dije en mi primera carta (TEXTUALMENTE): «(de los labios de Jesús, y no de la de los apóstoles a través de las epístolas) “Yo moriré por la salvación de los pecados del hombre”». En honor a la verdad, la única referencia que solamente se acerca algo, es Mateo 20;28, pero con la observación de que dice que «El servirá dando su vida». Dar la vida no necesariamente (lo dejo abierto a la posibilidad de interpretación) implica la manera y por qué vas a morir. Es decir, yo, V., trabajo dando mi vida por mantener a mis hijos y a mí mismo, pero esto no quiere decir que me voy a morir defendiéndolos a ellos, ¿comprendes? Por otro lado no se especifica el por qué del rescate y los «muchos» no están especificados como pecadores…

From: Enrique Chávez
Sent: Monday, December 20, 2004 12:59 PM
To: V.S.
Subject: "El cristal con que se mire"

Hola V., seguimos:

Al parecer no has leído cuidadosamente los pasajes. En Mateo 20;28 y Marcos 10;45 aparece la palabra «rescate». Esto hace referencia a la liberación de un esclavo a través de un pago. Espero que no estés leyendo un libro sagrado redactado en oriente en el siglo I, con una óptica occidental del s.XXI, ya que te llaman tanto la atención las cosas de oriente.

Ahora, la palabra «en [rescate]», es en griego «anti» que quiere decir «en lugar de». Es decir, el carácter de la entrega de Jesús es sustitutiva, y hace referencia al mercado de esclavos de la Roma del primer siglo. Por otro lado, ¿qué me dices de los pasajes del evangelio según San Juan capítulo 6;48-58? Ve especialmente los versículos 35 y 63 en donde se explica el sentido espiritual de las palabras de Jesús (donde «comer su carne» significa ir a Él, y «beber su sangre» significa creer en Él).

Lee Juan 10;10-11 y 14-18 (se habla de poner la vida y retomarla, es decir, su muerte [y resurrección]). En Juan 8;31-36 (aparece la imagen del esclavo [el pecador] que es liberado por el hijo a través de un pago).

Juan 19;30 usa «consumado» («tetélestai» en griego) al morir, y hace alusión al acto de cancelar un pagaré adquirido por una deuda, y significa: «Nada queda ya por pagar».

Ahora bien, en Mateo 26;28, Marcos 14;24, Lucas 22;15-20 Jesús habla de derramar su sangre por los pecados e inaugura un nuevo pacto con ella. Aquí está mas claro[…] Ahora, compáralos con Éxodo 24;3-8 y Levítico 5;8-9, en donde se instituyó el Antiguo Testamento (o mejor dicho, Pacto) con sangre. Considera también 1 Corintios 5;7 (Jesús es el cordero pascual sacrificado para la liberación de los esclavos). Ve también Juan 1;29 comparándolo con 1 Timoteo 2;6.

V., es claro el significado que Jesús dio a su muerte. Es sacrificial y en favor nuestro, tuyo también. Lo que hicieron posteriormente los apóstoles fue dar continuidad y predicar lo que El enseñó, no inventarlo.
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Recuerden: Creer es también pensar.

Saludos.

sábado, 20 de marzo de 2010

¿Cuál es la diferencia?

Recientemente, durante una comida para celebrar el cumpleaños de un miembro del equipo de trabajo en la oficina, el tema de conversación derivó en la religión. «Todo problema tiene solución, excepto la muerte» dijo alguien, a lo que repliqué: «Y aún la muerte tiene solución, la resurrección». Y a partir de ahí nos adentramos en el tema. Mis compañeros de trabajo saben que soy evangélico, así que una de las más importantes preguntas de esa ocasión (la cual agradezco) fué: «¿Por qué te hiciste evangélico, Enrique; cuál es la diferencia?». Si bien respondí a esa pregunta de manera resumida en aquella oportunidad, me decidí a compartirla parcialmente con ustedes en esta ocasión. Y digo parcialmente ya que estaremos desarrollando la respuesta a lo largo de varios posts aquí en el blog.

Nací católico. Lo fui durante veinte años. Un día experimenté una profunda transformación espiritual como resultado de la influencia de la Biblia y de un milagro del cielo. A partir de ahí he tenido el privilegio de conversar con creyentes de varias religiones sin haber caído aún en el error de alzar la voz o faltarle al respeto a alguien. Ni alguien lo ha hecho conmigo (aún). Budistas, testigos de Jehová, mormones, novoeristas (partidarios de la nueva era), reencarnacionistas, ateos y por supuesto, católicos. Me interesa profundamente aprender más de sus credos y compararlos (ante esos diversos creyentes) con el evangelio que me transformó.

La gran mayoría de mis amigos y familiares son católicos aún. Sin embargo, creo que nos encontramos en la mayoría de edad que nos permita intercambiar opiniones y escucharnos sin ofendernos.

Las estadísticas oficiales nos dicen que aproximadamente el 80% de los mexicanos profesan la religión católica. Sin embargo, el catolicismo es una religión heredada, transferida de padres a hijos de generación en generación, más que una religión elegida voluntariamente. La mayoría de personas que practican el catolicismo, lo hacen sencillamente «porque siempre ha sido así», pero no porque lo hayan reflexionado y decidido por sí mismos.

El siguiente video tiene el propósito de promover la reflexión entre nuestros amigos católicos que desean conocer las diferencias entre ellos y los creyentes evangélicos, a través de la presentación de datos de manera seria y respetuosa sobre el tema.



La Biblia recomienda que las enseñanzas recibidas por los creyentes, vengan de quien vengan (aún si se trata de un apóstol) sean examinadas a las luz de Las Escrituras (Hechos 17;11). Le invito a hacer lo mismo con este material presentado, así como también con lo que escuche de sus líderes espirituales acerca de este tema.

Una vez hemos reflexionado acerca de la cuestión de la máxima autoridad en cuestión de creencia y conducta, es necesario que usted tome una decisión. Una decisión entre la Palabra Escrita, la cual es suficiente para nuestra salvación y crecimiento espiritual, o la tradición.
Próximamente examinaremos algunas de las más grandes doctrinas del catolicismo y las compararemos con Las Escrituras. En base a esa comparación, usted tendrá mejores y más claros fundamentos para realmente tomar una decisión que sea fruto de la reflexión.

Recuerden: Creer es también pensar

sábado, 27 de febrero de 2010

En busca de una historia de amor


«Nosotros ponemos la boda y tú pones la historia de amor. Nosotros ponemos la boda, lo demás es tu bronca. Cásate con Martha Debayle en W». Estaba atareado en mi escritorio, cuando escuché estas palabras a través del aparato receptor sintonizado en la oficina. Y no fueron solo estas palabras las que me llamaron la atención, sino las que siguieron.

Resulta que W Radio a través del programa de Martha Debayle –que se transmite por internet de Lunes a Viernes en mi país, y que tiene una gran audiencia también en Estados Unidos y Sudamérica-, están ofreciendo el anillo y vestido de novia, la ceremonia y cena nupcial en un elegantísimo y fino restaurante, la estancia en un hotel de lujo y varias cosas más. Todo ello a cambio de una extraordinaria (pero extraordinaria) historia de amor. ¡Wow, qué gran oportunidad para quienes desean ahorrarse todos los gastos de su enlace matrimonial!

Bien. Ese día que llamó mi atención dicho concurso, había ya cerca de 800 historias de amor que los participantes habían subido al sitio Web de la W. De este número de relatos que habían llegado, se leyeron al aire los que tenían mayor votación. Dos o tres de ellos. Pero sucede que ninguno de éstos fue del agrado de la titular del programa. Así que sus compañeros en cabina, intrigados porque ninguna narración le había gustado, le preguntaron: «¡Bueno, Martha! Para ti entonces,… ¿cuál sería una buena historia de amor?». Ella respondió: «Para mí, una de las más grandes historias de amor es la de…».
¿Quieren saber qué respondió ella? De acuerdo, opriman el reproductor mp3 a continuación. Su respuesta (2 minutos) me servirá como base para el comentario de hoy.



Seguro estoy que se percataron del doble énfasis que Martha Debayle hizo en la historia de amor que presentó. Básicamente recalcó: 1) la abdicación al trono de Inglaterra que Eduardo VIII hizo por amor, y 2) por amor a una mujer divorciada (Wallis Simpson).

«Una de la más grandes historias de amor es la de Wallis Simpson, que era una norteamericana divorciada de la cual se enamoró el que habría de ser rey de Inglaterra…». Este es el primer énfasis que hizo la conductora del programa. Enfatizo la palabra divorciada, ya que si bien es cierto que en nuestra sociedad actual el divorcio ya no es extraño ni objeto de estigma alguno, para la realeza de aquél tiempo (1936) era escandaloso que una mujer de tal estado civil y además plebeya, llegase a ser la reina de Inglaterra.

«¿Saben lo que es dejar… el trono de un reino…por amor? », dijo la conductora. Este fue el segundo énfasis. Sí, sucede que debido al rechazo que los reyes (padres de Eduardo), el parlamento inglés y la prensa tenían hacia Wallis, el ahora rey inglés decide renunciar al trono y a todos los privilegios y responsabilidades que ello implicaba. Se casa con su amada pese a todo y le es asignado solo el título de Duque de Windsor.

Si esta historia de amor sorprende a algunos, hay otra historia, de amor también, que tuvo lugar hace dos milenios. Sí, un historia muy parecida pero con implicaciones más profundas y alcances eternos. Es también la historia de un rey, pero no de un reino como el de Inglaterra (tan importante como pudiera ser o parecer). Sino de un soberano que tenía Su Reino sobre toda la tierra. Uno que es Rey sobre los reyes y es Señor sobre los señores. El Creador de todo cuanto existe. El Hacedor del universo, tan vasto como es. Con sus incontables galaxias, soles y planetas. El Orquestador asombrosamente inteligente que sintonizó el cosmos de manera tan delicada que fue posible la existencia de todo lo que rodea, maravilla y asombra nuestro ser. El Diseñador de este cerebro tan complejo (que funciona gracias a sus entre 100 y 500 millones de conexiones o sinapsis, que jamás podrá emular la computadora más sofisticada) y de nuestros ojos (con el cristalino que permite el enfoque de objetos a diferentes distancias, la pupila que regula la cantidad de luz que recibe la retina y que nunca podrán imitar las cámaras más complicadas hechas por la inteligencia humana).

El Autor de esta gran obra, El Eterno, dejó temporalmente Su trono de Gloria. “Abdicó”, por decirlo en términos de la historia de amor que da pie a estas líneas, su trono universal. En palabras del Apóstol:

[Cristo Jesús] quien, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y mostrándose en figura humana se humilló,... (Filipenses 2;6-8a)

Notemos que Cristo, siendo Dios (eso significa tener “condición divina” y “ser igual a Dios”) se vació de Sí mismo. Eduardo VIII dejó el trono de Inglaterra. Ya era rey y abdicó. Sin embargo no tomó el carácter de plebeyo. Le fue dado el título de Duque de Windsor y conservó prerrogativas, privilegios de la realeza. Cristo “se hizo plebeyo”. Se hizo hombre, asumió la naturaleza humana siendo Dios. Estuvo sujeto a todas las limitaciones físicas a que estamos sujetos nosotros todos. Nació en el seno de una familia humilde, en el lugar propio de animales de carga y labor agrícola. Hijo de una joven de clase baja, criado por un carpintero por padre. Sin educación excepcional ni los privilegios de las clases acomodadas; mucho menos delicadezas de las familias reales. Al nacimiento del cual, el que se tenía por su padre aquí en la tierra, debió ofrecer en sacrificio dos tórtolas por la purificación ritual de su madre, ya que sus ingresos eran insuficientes para comprar un cordero. Así pues, presentaron la conocida como “ofrenda de los pobres”. No hubo sábanas de seda, ni atuendos de lino delicado, ni alfombras que acariciasen los pies de Aquél que dijo de sí Mismo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.» (Mateo 8:20). Sí, « …se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y mostrándose en figura humana se humilló,... »

Pero Dios en Cristo, no solo renunció a Su Gloria celestial para intervenir personalmente en la historia. Renunció también a Su Vida misma. Hizo más que “abdicar” (note el énfasis de Jesús en dar su vida):

Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y dar su vida… (Marcos 10:45)


Quiso El Señor destrozarlo (triturarlo) con padecimientos, y él ofreció su vida...(Isaías 53:10a)


El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. (Juan 10:17-18a)

Hasta aquí me he referido al segundo hincapié que Debayle hizo en su historia de amor, como una pálida analogía de la “abdicación” de Dios. Ahora centrémonos en el primer acento que hace respecto a su narración: «¿Saben lo que es dejar… el trono de un reino…por amor?...[a] una norteamericana divorciada...».

He dicho ya que en la realeza, parlamento y prensa inglesas, hubo rechazo hacia la persona de Wallis Simpson no solo por ser divorciada, sino también por ser plebeya. Veamos ahora el motivo de Eduardo VIII y la condición civil y social de su amada. Un plebeyo es alguien perteneciente a la plebe. Significa en su raíz etimológica alguien que no es patricio o noble. Entonces aquí la amada no es social ni moralmente digna de que un rey se fije, y mucho menos se case con ella. Sin embargo, el amor motiva al rey a la renuncia al trono para unirse a su amor y elevarla socialmente, por lo menos, haciéndola duquesa de Windsor (como en realidad sucedió).

El motivo de Cristo fue también el amor. El amor hacia nosotros, indigna e inmoralmente “no aptos” para recibir su atención y sacrificio. Indignos e inmorales como nos describe con detalle el apóstol:

No se dejen engañar. Ustedes bien saben que los que hacen lo malo no participarán en el reino de Dios. Me refiero a los que tienen relaciones sexuales prohibidas, a los que adoran a los ídolos, a los que son infieles en el matrimonio, a los hombres que se comportan como mujeres, a los homosexuales, a los ladrones, a los que siempre quieren más de lo que tienen, a los borrachos, a los que hablan mal de los demás, y a los tramposos. Ninguno de ellos participará del reino de Dios. Y algunos de ustedes eran así. Pero Dios les perdonó esos pecados, los limpió y los hizo parte de su pueblo. Todo esto fue posible por el poder del Señor Jesucristo y del Espíritu de nuestro Dios. (1 Corintios 6:9-11)


Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)


Pero Dios es tan misericordioso y nos amó con un amor tan grande, que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados…(Efesios 2:4-5)


...el hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí. (Gálatas 2:20)


Amable lector, sigue siendo para mí motivo de asombro el que Dios, siendo Puro y Santo, se haya fijado en nosotros al grado de tomar nuestro lugar en la cruz con el objeto de lavarnos completamente de nuestras culpas. Y en adición a ello cambiar nuestro interior para que le busquemos de corazón. Si busca usted una gran y extraordinaria (pero extraordinaria) historia de amor, creo que no hay una más grande que esta. Una en la que el Rey “abdica” Su trono y se inclina a nosotros “plebeyos” para levantarnos de nuestra miseria y darnos un lugar junto a Él en la eternidad. ¿Querrá usted creer y aceptar lo que hizo El Rey por usted? Si desea saber cómo acercarse a Dios, oprima aquí.

Recuerden: “Creer es también pensar”.

sábado, 13 de febrero de 2010

Beneficios del sufrimiento


Es muy fácil tratar el tema del sufrimiento cuando no se sufre. Pero cuando alguien cerca de nosotros está siendo sometido a cualquier padecimiento, sobre todo si es profundo, tratar el tema es… casi blasfemo. Si yo estuviese en estos momentos experimentando cualquier especie de angustia, seguramente no estaría redactando esta entrada del blog.

Ahora que soy consciente de lo poco que he hecho económica y espiritualmente por aliviar el sufrimiento del pueblo de Haití, mejor haría –quizá– en guardar silencio a semejanza de los amigos de Job cuando éste se encontraba en agonía: «Luego se sentaron en el suelo con él, y durante siete días y siete noches estuvieron allí, sin decir una sola palabra, pues veían que el dolor de Job era muy grande.» (Job 2:13)

Cierto ateo llegó a la fe en Dios precisamente a través de la reflexión en dicho tema. Se preguntaba: «¿Cómo es posible que un universo tan malo, incluso si sólo fuera la mitad de lo que parece, haya sido atribuido constantemente por los seres humanos a la actividad de un sabio y bondadoso creador?» Y concluía que la respuesta a tal pregunta debía ser que la idea de religión, tan arraigada en la humanidad, debería tener su origen en el mismo Dios. Además de esta reflexión, el hecho mismo de saber que algo es malo se debía a que también sabemos lo que es bueno. Y si sabemos lo que es bueno, es porque ese sentido de lo moral ha sido puesto en nuestro interior por Dios. Otra vez Dios. En parte debido a estas reflexiones y a muchas y prolongadas charlas con amigos profesores en la universidad donde él también enseñaba, llegó al teísmo (la creencia en un Dios que creó todo lo que existe) y después al cristianismo (la creencia de que ese Dios se humanó en Cristo para redimir a la humanidad).

¡Ah!, pero cuán diferente escribió acerca del sufrimiento y la fe en Dios cuando, una vez cristiano, se vió sumido en un profundo dolor: «Cuando eres feliz, tan feliz que pierdes la sensación de necesitarlo a El, tan feliz que estás a punto de considerar que las exigencias que te hace son interrupciones, si te acuerdas de ti mismo y a El te vuelves agradecido y alabándolo, serás acogido –o así parece– con los brazos abiertos. Pero acércate a El cuando tu necesidad es desesperada, cuando toda otra ayuda es vana, ¿y qué te encuentras? Una puerta que te cierran en las narices, el sonido de una cerradura, de una cerradura doble, al otro lado. Y después, silencio». Y de sus reflexiones en medio de un dolor insoportable, surgió un libro (“Una pena observada”) del que se ha escrito: «Este libro, por otra parte, es el escueto relato de los intentos de un hombre por dominar y finalmente derrotar la parálisis emocional de la más estremecedora pena de su vida». La tragedia que le embargó quedó dramatizada -con algunas pocas inexactitudes- en la película “Tierra de sombras” con Anthony Hopkins en el papel protagónico.



Cuán distinto es hablar acerca de algo y experimentar ese algo. Por ello, con el mayor de los respetos y consideración, me permito presentarles en audio este tema acerca del sufrimiento, en la intervención del pastor Matías Jiménez. En primer término se presenta una explicación general acerca de la cuestión. La mayor parte del sufrimiento que hay en la humanidad es causado precisamente por nosotros, los seres humanos, al ejercitar nuestra libre voluntad. A esto se le conoce como mal moral. Otra parte del padecimiento es ocasionado por el mal natural. Este es debido a las leyes de la naturaleza, por una parte, pero por otra es originado por la situación caída de nuestro planeta tierra. Somo conscientes de que hemos explotado a esta, nuestra casa, la tierra, de una manera abusiva y descontrolada, y muchos de los desequilibrios ambientales han sido producidos por nosotros mismos.

En la segunda parte del audio, se trata el asunto de los beneficios del sufrimiento. Entre estos se incluye el de ser un llamado de Dios en alta voz, para un mundo que no le escucha. El mismo autor antes citado, dijo acerca de este asunto: «Dios susurra y habla a la conciencia a través del placer, pero le grita mediante el dolor: es su megáfono para despertar a un mundo sordo». Otro de los beneficios del dolor es la formación del carácter y uno más es, el de producir sed por las cosas eternas.

Opriman en el reproductor a continuación, para acceder al audio en mp3:



Me permito ceder la palabra al teólogo John Stott, respecto a este mismo tema del dolor:

Yo mismo no podría creer en Dios si no fuera por la cruz. El único Dios en el cual creo es Aquel que Nietzsche ridiculizó como 'Dios en la cruz'. En el mundo real del dolor, ¿cómo podría alguien adorar a un Dios que fuese inmune al dolor? He tenido la oportunidad de entrar en muchos templos budistas en diferentes países asiáticos; me he detenido respetuosamente ante la estatuas de Buda, que aparece con las piernas cruzadas, los brazos cruzados, los ojos cerrados, una leve sonrisa alrededor de la boca, una mirada remota en el rostro, totalmente apartado de las agonías del mundo. Pero vez tras vez, después de un rato, he tenido que alejarme del lugar. Y en la imaginación me he vuelto, en cambio, a esa figura solitaria en la cruz, retorcida y torturada, con clavos que le atraviesan las manos y los pies; con la espalda lacerada, las extremidades dislocadas, la frente ensangrentada por acción de las espinas, la boca seca, sintiéndose intolerablemente sediento, sumido en las tinieblas del abandono... ¡Ese es el Dios que quiero yo! El hizo a un lado su inmunidad al dolor. Ingresó en nuestro mundo de carne y sangre, de lágrimas y muerte. Sufrió por nosotros. Nuestros sufrimientos se vuelven más manejables a la luz de los suyos.


Amable lector, Dios en la persona de Cristo, no fue ajeno a nuestro dolor, el dolor causado por todas las formas de pecado. Lo padeció de la manera más cruenta, y lo hizo para poder otorgarnos su sublime perdón. Nadie podemos decirle a Dios "Tú no entiendes lo que duele". Volvámonos a El en sinceridad. Prometió darnos descanso al alma si nos volvemos a El de corazón (Mateo 11;28-30). Para saber cómo acercarse a Dios, oprima aquí.

Recuerden: “Creer es también pensar”.

domingo, 24 de enero de 2010

¿La historia la escriben los vencedores?


¿Puede usted imaginar a un grupo compuesto por un mormón, un judío mesiánico, un testigo de Jehová, un ateo y un cristiano evangélico desayunando juntos? ¿Puede usted imaginar el nivel de temperatura de una conversación de tal grupo, cuyo tema es la religión? Pues por difícil que pueda parecer reunir a tal conjunto de personas con opiniones religiosas tan dispares, en un tiempo fue posible. De hecho yo formé parte de dicho conjunto tan singular, representando la parte del cristianismo evangélico.

En una ocasión que tocábamos el tema de la autoridad de nuestros particulares libros sagrados (el libro de Mormón, la Torá, la traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, la Biblia versión Reina-Valera y para el ateo pues,... ninguno), se suscitó el siguiente comentario: "La historia la escriben los vencedores". Este provenía, por supuesto, de la parte atea y el sentido de dichas palabras era: ¿cómo puedes confiar en el relato o libro escrito por un grupo de personas, cuyas ideas religiosas prevalecieron por encima de las demás una vez ganada la guerra? ¿No te parecería dicho relato manipulado por la parte vencedora?

"La historia la escriben los vencedores" es una frase muy popular y se utiliza para dar a entender que, en nuestro caso, la Biblia ha sido manipulada por un grupo victorioso en el ámbito militar y por ende, en el mundo de las ideas. Pero, ¿es esto así? En el caso del cristianismo, ¿está justificada? ¿la historia la escribieron los cristianos vencedores? Pongamos a prueba esta afirmación.

El regalo más preciado que aún conservo de mi padre, es una colección de nueve tomos de Los Clásicos Grecolatinos (Platón, Virgilio, Séneca, Plutarco, Cicerón, Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio, etc.). Me fue obsequiada por allá del año 1995. Me ha sido en muchas ocasiones de mucha utilidad, ya que en sus tomos encuentro -entre otras muchas cosas- las palabras de autores no cristianos que de manera incidental mencionan a Cristo y también a los cristianos de las primeras generaciones, así como su forma de vida y costumbres.



Bien. En el tomo dedicado a los historiadores griegos, encontramos la obra titulada Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides. Dicha obra cubre veinte de los veintisiete años que duró la guerra (431 a.C. a 404 a.C.), en la cual participó dicho autor griego, como comandante de una flota ateniense en la guerra contra Esparta. La guerra fue perdida por los griegos (entre los cuales se encontraba Tucídides) contra los espartanos. El autor mencionado es considerado aún hoy día como uno de los padres de la historiografía (ciencia histórica). Respecto a dicha obra, la Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2002. (1993-2001 Microsoft Corporation), nos dice:

...es una muestra indudable del alto valor historiográfico de los escritos de su autor, hábil mezcla de conocimientos directos —no en vano, participó en la contienda— y de investigaciones analizadas a la luz de profundas comparaciones documentales. Su método, en palabras del propio Tucídides, sirve para buscar la verdad y la exactitud, con el fin de que la historia tenga utilidad, aceptando la tradición oral sólo si es comprobada y haciendo especial énfasis en el correcto uso de la observación directa de los hechos, a la que añade lo que él denomina verosimilitud de los mismos.



Si bien es cierto que Grecia perdió la guerra, Tucídides, aunque vencido, escribió la historia de dicho conflicto con un muy alto nivel de objetividad, según la opinión de historiadores modernos. Así pues, la historia no es siempre escrita por los vencedores. De manera que una de las ideas implícitas en el cliché "La historia la escriben los vencedores", queda eliminada.

Ahora veamos la implicación de si el cristianismo obtuvo la victoria militar en el tiempo de la redacción de sus escritos sagrados, el Nuevo Testamento. Me permitiré ahora citar de la misma colección de clásicos grecolatinos, una obra titulada Anales del autor Cornelio Tácito. En el libro XV párrafo 44 leemos, con referencia al incendio de Roma en el año 64 de nuestra era aproximadamente, del cual fueron acusados los cristianos para desviar las sospechas de sobre la persona del emperador Nerón:

Y así Nerón, para divertir esta voz y descargarse dio por culpados de él, y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos, a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilatos, procurador de Judea [...] fueron, pues, castigados al principio los que profesaban públicamente esta religión, y después, por indicios de aquéllos, una multitud infinita, no tanto por el delito del incendio que se les imputaba, como por haberles convencido de general aborrecimiento al género humano. Se añadió a la justicia que se hizo de estos la burla y escarnio con que se les daba la muerte. A unos vestían de pellejos de fieras, para que de esta manera los despedazasen los perros; a otros ponían en cruces; a otros echaban sobre grandes rimeros de leña, a los cuales, en faltando el día, pegaban fuego para que, ardiendo con ellos, sirviesen de luminarias en las tinieblas de la noche.


¿Le parecen los cristianos descritos en este relato -proveniente de una fuente pagana, adversa a la iglesia y por ello mismo confiable-, un grupo vencedor militarmente? Por supuesto que no. La iglesia en sus inicios, mientras los escritos del Nuevo Testamento eran redactados, era un grupo que, si bien es cierto estaba en constante crecimiento (por el poder divino, el testimonio de vidas cambiadas, y varios factores socioculturales), no tenía milicia alguna. El cristianismo, una vez identificado como un grupo independiente del judaísmo, fue una religión proscrita, prohibida, digna de muerte. No poseían armas. Por lo menos no armas de este mundo. Leamos lo que dice San Pablo al respecto en 2 Corintios 10:4-5:

Las armas que usamos no son las del mundo, sino que son poder de Dios capaz de destruir fortalezas y toda altanería que pretenda impedir que se conozca a Dios. Todo pensamiento humano lo sometemos a Cristo, para que lo obedezca a él.


Veamos ahora esta otra fuente grecolatina, pagana, adversa al cristianismo también. Esta cita a continuación, proviene de Plinio el joven, gobernador de la provincia de Bitinia bajo el emperador Trajano. Escribió alrededor del año 111 d.C. lo siguiente:


...Nunca he asistido al proceso y sentencia de ningún cristiano... ¿deben ser castigados todos sin distinción de jóvenes y ancianos? ¿Debe perdonarse al que se arrepiente? ¿O es inútil renunciar al cristianismo una vez abrazado? ¿Es el nombre sólo lo que se castiga en ellos? ¿Qué crimenes están unidos a este nombre? He aquí las reglas que he seguido en las acusaciones presentadas ante mi contra los cristianos. A los que lo han confesado, les he interrogado por segunda y tercera vez, y les he amenazado con la tortura, y a ella les he enviado si han persistido. Porque, fuera de lo que hicieran y lo que confesasen, he creído que debía castigarse su desobediencia e invencible obstinación. Otros hay dominados por la misma locura, que he reservado para enviarlos a Roma, porque son ciudadanos romanos. Se ha propagado hace poco este delito, como sucede ordinariamente, se ha presentado bajo diferentes aspectos. Me han entregado una Memoria sin nombre de autor, en la que se acusa de ser cristianas a diferentes personas que niegan serlo y haberlo sido nunca. En presencia mía y según los términos que les he dictado, han invocado a los dioses y ofrecido incienso y vino a tu imagen, que había hecho llevar expresamente con las estatuas de nuestra divinidades, y hasta han lanzado maldiciones contra Cristo, a lo que, según dicen, no es posible obligar jamás a los que son verdaderamente cristianos [...] Decían que todo su error o falta se limitaba a estos puntos: que en determinado día se reunían antes de salir el sol y cantaban sucesivamente himnos en honor de Cristo, como si fuese Dios; que se obligaban bajo juramento, no para crímenes, sino a no cometer robo ni adulterio; a no faltar a la promesa, a no negar el depósito...


Podemos deducir muchísimas cosas de los primeros cristianos a partir del texto anterior. Pero sólo reiteraré que el cristianismo era un delito, una religión prohibida por el gobierno romano. De hecho el serlo implicaba persecución, tortura y muerte de la forma más horrenda. Derivado de ello sólo pasaban a formar parte de la iglesia los que estaban verdaderamente convencidos y convertidos. Entregados en cuerpo y alma a Cristo. Por ello la iglesia gozaba de un alto grado de pureza moral, de santidad. La ética de los primeros cristianos era de lo más elevada. La mentira era un pecado. La segunda idea implícita en el cliché "La historia la escriben los vencedores" se derrumba con estos argumentos.



He presentado solamente un par de referencias paganas (Anales de Tácito y Carta XCVII de Plinio) con relación a la situación del cristianismo en el primer siglo, mientras sus escritos sagrados estaban siendo redactados e inmediatamente después de esto. Estas son evidencias externas de la vida de la iglesia. Ahora vamos a pasar a considerar algunos pasajes del Nuevo Testamento que fueron escritos durante estos periodos de persecución hacia los cristianos, tanto por la parte del pueblo judío como por la parte del gobierno romano. Esto reforzará la conclusión a la que hemos llegado:

Ustedes tuvieron compasión de los que estaban en la cárcel, y hasta con alegría se dejaron quitar lo que poseían, sabiendo que en el cielo tienen algo que es mucho mejor y que permanece para siempre. (Hebreos 10:34)



Es cierto que todos los que quieren llevar una vida piadosa en unión con Cristo Jesús sufrirán persecución; (2 Timoteo 3:12)



Queridos hermanos en Cristo, no se sorprendan de tener que afrontar problemas que ponen a prueba su confianza en Dios. Eso no es nada extraño. Al contrario, alégrense de poder sufrir como Cristo sufrió, para que también se alegren cuando Cristo regrese y muestre su gloria y su poder. Si alguien los insulta por confiar en Cristo, consideren ese insulto como una bendición de Dios. Eso significa que el maravilloso Espíritu de Dios está siempre con ustedes. Si alguno de ustedes sufre, que no sea por ser asesino, ladrón o bandido, ni por meterse en asuntos ajenos. Si alguno sufre por ser cristiano, no debe sentir vergüenza, sino darle gracias a Dios por ser cristiano. (1 Pedro 4:12-16)




La iglesia cristiana, nos dicen los historiadores, no dejó de ser perseguida tanto por la población pagana como por el gobierno romano, hasta la primera mitad del siglo cuarto de nuestra era. Para entonces, los escritos del Nuevo Testamento tenían más de doscientos años de haberse redactado y ya circulaban por todo el imperio. El Nuevo Testamento es confiable (para más evidencias de esto opriman aquí). Este nos narra el nuevo pacto que ha hecho Dios con la humanidad, el cual ha sellado con la sangre de Jesucristo. En él se nos pide arrepentirnos y confiar únicamente en los méritos de Jesús y en su sangre derramada en la Cruz para limpiarnos de todos nuestros pecados. Amable lector, le invito a que confíe y se entregue al Salvador que este documento digno de confianza nos presenta. Para saber cómo acercarse a Dios, oprima aquí.

¿Qué le parece? Después de considerar la evidencia, ¿cree usted que la frase tan difundida "La historia la escriben los vencedores" puede aplicarse a los escritos a cristianos?

Recuerden: Creer es también pensar.

sábado, 9 de enero de 2010

Sobre los milagros



"Con frecuencia, la gente nos pregunta hoy en día si sería posible un cristianismo desprovisto...o 'liberado' de sus elementos milagrosos,...A mi modo de ver, la única religión del mundo...que no admite esa posibilidad es el cristianismo". C.S. Lewis (ex ateo).

Hace algunas semanas salí con mis hijos varones a un centro de diversiones ubicado en una popular plaza comercial aquí en la ciudad. Mientras los niños brincaban en un inflable enorme con forma de avión militar, y debido a que no podía entrar a hacer lo mismo con ellos, me entretuve jugando billar. La mesa estaba colocada frente al inflable donde mis hijos se divertían, así que tuve la oportunidad de, a la vez que los cuidaba, recordar las habilidades practicadas en mis tiempos de secundaria y preparatoria (mientras el resto de mis condiscípulos tomaba clases en la escuela). Mientras golpeaba una bola y otra para tratar de hacerlas entrar en las buchacas, decidí elaborar este post acerca de los milagros. "Pero, -pensarán ustedes-, ¿qué tiene que ver el billar con los milagros?". Lo veremos más adelante.

Soy cristiano. Creo en los milagros. Los he visto, experimentado. Quizá no con tanta frecuencia como desearía, pero a través de dos décadas me he topado de vez en vez con lo portentoso. Nada menos, hace unos pocos domingos, en una parte de nuestra reunión masiva hicimos oración a favor de los enfermos. Al terminar el evento pudimos ver a un pequeñito caminar -es verdad, de la mano de su madre- con regular seguridad. Este niño de aproximadamente unos cuatro años de edad, hasta antes de esa oración no se levantaba de su carreola debido a una enfermedad que le debilitaba y encorvaba las piernas. Minutos después, lo vimos flexionarlas rítmicamente al compás de los cantos de gratitud dirigidos a Dios por el grupo musical.

Me llama la atención el relato del evangelio de Juan respecto a Tomás, el apóstol. Cuando Jesús resucita, se aparece a todos los discípulos excepto a él. Cuando Tomás se reúne con sus compañeros, éstos le dan testimonio acerca del milagro, de la resurrección de Jesús. Sin embargo, nos dice el Nuevo Testamento, no recibe el testimonio de sus compañeros sino que solicita evidencia... ¿cómo podemos llamarla? ¿empírica? El caso es que el escéptico expresa: "...Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer." (Juan 20:25). Es sorprendente ver que Jesús, si bien es cierto que le llama la atención, accede a brindarle al dubitativo apóstol las evidencias que solicitaba.

Cuando leemos los diversos relatos de la resurrección en los distintos evangelios, notamos que la gran mayoría de los discípulos fueron escépticos en primera instancia al testimonio de otros - aunque estos otros hayan sido amigos muy cercanos y confiables- acerca de este gran milagro de Nuestro Señor. Hubo necesidad de apariciones personales del Jesús resucitado, para confirmar las narraciones testimoniales. El evangelio de Marcos 16;10-11 nos dice: "Ella [María Magdalena] fue y avisó a los que habían andado con Jesús, que estaban tristes y llorando. Estos, al oír que Jesús vivía y que ella lo había visto, no lo creyeron". (Corchetes y énfasis añadidos).

No sé cómo habríamos reaccionado usted y yo de haber estado en el lugar de estos discípulos que anduvieron con Jesús, escucharon de El la profecía acerca de Su resurrección y además escucharon el testimonio de labios de María Magdalena y no creyeron. Quizá usted estaría en una altura espiritual más elevada que ellos y no habría necesitado de evidencia adicional. Sencillamente le hubiese creído a María y a otros. Respecto mí, creo, hubiese actuado igual que ellos. En el versículo 13 del mismo capítulo que estoy citando, leemos: "Estos [los hombres dudosos del versículo 11, una vez que Jesús les hubo aparecido] fueron y avisaron a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron". (Corchetes añadidos).

No publico este post para aquellos que hubiesen creído sólo por el testimonio. Lo dedico a aquellos que cual Tomás y algunos otros, requieren de evidencia adicional a la información testimonial. San Juan apóstol escribió: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida...eso les anunciamos". (1 Juan 1:1-3). Me hago eco pues hoy nuevamente, de las palabras de C.S. Lewis: "No pretendo atenuar el caráter milagroso de los milagros,...procuro dar respuesta a quienes los consideran arbitrarios, teatrales, indignos de Dios o violaciones sin sentido del orden natural".



Para nuestros amigos e invitados que sólo requieren del testimonio - bienaventurados ellos, de acuerdo a Jesús en Juan 20;29- proporciono en un post futuro una grabación acerca de este precioso tema de los milagros.

Bien. Respecto a este asunto surgen varias preguntas. Por ejemplo, ¿qué es un milagro? Filósofos como Baruc Spinoza, David Hume y Anthony Flew, han definido el milagro como una violación de las leyes naturales. Pero, ¿es esta una definición correcta? También surge la pregunta de si los milagros contradicen la ciencia o pueden demostrarse científicamente (hay personas que creen que si algo no puede ser demostrado científicamente, no es cierto. Me pregunto si pueden demostrar científicamente la existencia de Benito Juárez o Miguel Hidalgo, por ejemplo). Otras interrogantes relacionadas con el tema son, si los cristianos contamos con buenas razones para creer en los milagros y qué significado tienen éstos en la creencia cristiana.

Con objeto de procurar responder a estas preguntas, pongo a disposición de ustedes la siguiente entrevista en audio, en mp3 (en ella explico la relación con el billar).



Recuerden: "Creer es también pensar".