martes, 30 de diciembre de 2008

Confiabilidad del Nuevo Testamento o La exclusividad del Cristianismo (segunda parte)



Este artículo será publicado la tercera semana del mes de Enero de 2009, en la columna "Agua Fresca para el Espíritu" en el semanario "Expediente Público" de la ciudad de Tijuana, B.C.
----------------------------------------------------------------------------
En un artículo anterior, "La exclusividad del cristianismo", publicado en la semana del 10 al 16 de Noviembre pasado (y disponible en este blog), demostramos que la idea muy difundida pero infundada de que el cristianismo es la única religión exclusivista e intolerante, es un mito moderno. Probamos que todas las religiones, en mayor o menor grado, son también intolerantes y exclusivistas respecto de las demás. Expusimos también que dos ideas contradictorias entre sí (como dos diferentes religiones, por ejemplo), no pueden ser verdad al mismo tiempo. Por ende, la verdad es exclusivista por naturaleza. Terminamos nuestra intervención mencionando: «...o Jesús es el único camino a Dios o no lo es. Ambas posturas no pueden ser ciertas a la vez. Espero en un próximo artículo demostrar por qué es razonable tomarle la palabra a Jesús.»

Pues bien, mi intención hoy es demostrar, que creer en las palabras de Jesús es razonable. Para tal efecto me permitiré responder a tres preguntas: 1) ¿Se preservaron fielmente las palabras de Jesús? 2) ¿Qué dijo Jesús de sí mismo? 3) ¿Es verdad lo que dijo Jesús de sí mismo? Veamos.

¿SE PRESERVARON FIELMENTE LAS PALABRAS DE JESÚS?

Una de las abismales diferencias entre los registros de las palabras de Jesús y los registros de las palabras de cualquier otro líder religioso, es que las primeras fueron redactadas por testigos oculares de los hechos y en un lapso de tiempo muy corto después de los mismos.

El registro de las supuestas enseñanzas de Zoroastro -"Los Ghatas" del Avesta-, quien se cree vivió en el siglo VII a.C., no fue escrito sino hasta después del siglo III d.C. es decir, alrededor de 800 años después de la vida de su autor. Las enseñanzas y acciones de Buda (siglo VI a.C.), se escribieron también ya en la era cristiana. Más de 500 años después de haber sido pronunciadas y realizadas. ¿Quién nos asegura que son en realidad verídicas? En cambio, los registros de las palabras y hechos de Jesús, fueron redactados en un lapso de 25 a 30 años después de su ministerio terrenal y por personas que lo vieron, escucharon y palparon (Juan 1;14. 2 Pedro 1;16. 1 Juan 1;1, etc.).

Lo que brinda seguridad a nuestra creencia de que en los evangelios tenemos sustancialmente las mismas palabras que Jesús pronunció, es la llamada “prueba bibliográfica”. Esta prueba consiste en considerar el total de copias manuscritas de los evangelios, que pueden ayudarnos a reconstruir los escritos originales. En este sentido, contamos con alrededor de 25,000 copias completas y en partes del Nuevo Testamento (entre manuscritos griegos y versiones o traducciones a diversos idiomas). El número de copias escritas a mano de cualquiera de las obras de Aristóteles no es más de 5. En el caso de "La Guerra de las Galias" de Julio César, es escasamente de 8.

Otro de los aspectos de la prueba bibliográfica, es el lapso de tiempo que hay entre la escritura de la obra original y la copia escrita a mano más antigua que poseemos. En el caso de Aristóteles, quien vivió alrededor de 300 años a.C., el lapso es de 1300 años puesto que la copia manuscrita más antigua que existe en la actualidad, data del siglo XI de nuestra era. ¿Qué posibilidad tenemos de reconstruir el texto original de estos autores, a partir de estas pocas y tardías copias realizadas a mano? En el caso de los evangelios, poseemos fragmentos tan cercanos a los escritos originales con tan solo una diferencia de 30 años. No hay un ejemplo en la literatura antigua que pueda compararse con las biografías de Jesús.

Por otro lado, al someter las historias de los escritores de los evangelios a las mismas pruebas a que se someten los testigos en un tribunal, nos encontramos con que superan todas y cada una de éstas evaluaciones. Las pruebas, entre otras, según los expertos son: carácter, consistencia, corroboración, prejuicio, encubrimiento y testigo en contra.

Los evangelistas poseían autoridad moral, es decir el carácter, como para ser veraces; sus relatos de la vida de Jesús contienen las suficientes variaciones en los detalles, como para asegurarnos que no se pusieron de acuerdo para inventar sus historias. Sin embargo poseen consistencia. Es decir, concuerdan casi exactamente en los asuntos centrales. La arqueología nos proporciona corroboración de los marcos cultural y geográfico que son descritos por los evangelios, al haber descubierto inscripciones, recintos, personajes y lugares detallados en dichos relatos. Los escritores sagrados tenían absolutamente nada que ganar al mostrar a Jesús como Dios encarnado y Salvador del mundo. En cambio, tenían todo que perder al hacer tales afirmaciones en una cultura tan estrictamente monoteísta como lo era la judía. Por tanto, no tenían prejuicios para engañar. No había ganancia en ello. Lo único que obtuvieron por sus enseñanzas fueron azotes, cárcel, tortura y por fin, la muerte. Al confesarse envidiosos, conflictivos, faltos de fe en los relatos que ellos mismos redactaron, nos comunican la idea que no encubrían información valiosa a pesar de que ellos quedaran mal parados en su propia reputación. Los testigos adversos que escucharon y leyeron la enseñanza de los apóstoles, hubiesen pronto refutado las historias narradas en caso de que hubieran sido exageraciones o inexactitudes. Sin embargo, no hay absolutamente ejemplo alguno que trate de rebatir lo que ellos predicaron. Por tanto, podemos concluir que en los evangelios contamos con la enseñanza sustancialmente completa de Jesús. Sus palabras fueron preservadas con un alto grado de exactitud. No se puede decir esto de las palabras de ningún otro líder religioso, puesto que sus registros no rebasan las pruebas superadas por los evangelios.

¿QUÉ DIJO JESÚS DE SÍ MISMO?

Si bien es cierto que Jesús, sobre todo en la primera etapa de su ministerio, no se dio a conocer como el Mesías y Dios encarnado a quienes lo escuchaban Él, en buena medida, sugirió que lo era. Es entendible esta forma sutil de darse a conocer puesto que si hubiese sido más claro al respecto, no habría durado tanto tiempo con vida y por tanto no hubiese podido preparar a sus inmediatos seguidores.

En los registros evangélicos encontramos afirmaciones de Jesús que lo identifican como Dios: se iguala a Dios (Juan 10;33); se nombra Señor (Juan 13;13); se erige como juez de vivos y muertos, y recibe la misma honra que Dios (Juan 5;22-23). También perdona pecados, da vida y recibe adoración que sólo Dios podía recibir (Marcos 2;7. Juan 5;21 y Juan 20;28). Además, Jesús se nombra poseedor de los atributos que sólo la divinidad posee. Omnisciencia (Juan 21;17), omnipresencia (Mateo 28;20) y omnipotencia (Mateo 28;18). En forma muy resumida, son éstas las atribuciones que Jesús se apropia.

Jesús dijo de sí mismo que era el medio exclusivo de Salvación y único Dios verdadero, el Salvador del mundo, y sostuvo que la condición eterna de los hombres (la suya, gentil lector y la mía), depende de la aceptación o rechazo de su persona y sacrificio.

¿ES VERDAD LO QUE DIJO JESÚS DE SÍ MISMO?

Hemos demostrado que sustancialmente contamos con las enseñanzas de Jesús en un alto nivel de exactitud y también, que Jesús se iguala a Dios. Pero, al enseñar esto, ¿Jesús hablaba con la verdad?

Solo existen dos respuestas alternativas a la anterior interrogante (y sus respectivas derivaciones), un dilema. O las afirmaciones de Jesús eran verdaderas, o bien eran falsas. Si eran falsas, Jesús lo sabía o no lo sabía. Si lo sabía, no solo era un maestro mentiroso, sino que también era hipócrita (por enseñar a vivir a otros en la verdad sin hacerlo él mismo). Además su maldad era extrema, ya que dijo a los hombres que su condición eterna dependía de su fe en Él. Pero también fue un necio, ya que murió por afirmar que era Dios sin serlo.

Ahora, si sus afirmaciones eran falsas y Jesús no lo sabía, estaba sinceramente engañado en cuanto a su identidad y lo único que podemos asumir es que era un demente. Creo que ninguna de estas alternativas –mentiroso o demente- se ajusta a lo que sabemos de Jesús. Él no solo enseñó, sino que también vivió en el más alto nivel de moralidad, y su carácter y palabras nos dicen que era una persona mentalmente sana (compare el “Sermón del Monte” con lo mejor de los consejos psicológicos).

Convencido estoy que la única alternativa lógica a este dilema, es que lo que dijo Jesús acerca de su identidad es verdadero. Él es Dios, Salvador, Señor y Rey y reclama para sí nuestro arrepentimiento, fe y lealtad. Se presentará al final de los tiempos también como Juez. Es pues razonable tomarle la palabra a Jesús. ¿Querrás tu hacerlo?



Recuerden: Creer es también pensar.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Dios,... ¿existe o no?



«El científico está poseído por el sentido de la causalidad universal...Su sentimiento religioso se transforma en arrobado asombro ante la armonía de la ley natural, que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparados con ella, el sistematizado pensar y actuar de los seres humanos no son más que un insignificante reflejo».
Albert Einstein.

Bienvenidos. Formo parte de un foro de discusión en la web, y hace algun tiempo encontré esta consulta a la que procuré dar respuesta. La comparto con ustedes hoy.

«La verdad yo tengo la fe en que Dios sí existe, pero resulta que mis compañeros de la preparatoria me cuestionan por eso y me gustaria demostrarles que Dios sí existe y que gobierna mi corazon.

Por favor, si pueden ayudarme se los agradezco mucho.

Dios los bendiga.

C…»


Estimado C… te saludo.

Qué bien que tienes una fe fuerte en Dios. Sin embargo, a veces se hace necesario presentar evidencias o pruebas de su existencia cuando te las solicitan.

Casi siempre se han presentado los siguientes argumentos para demostrar la existencia de Dios:

PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS A PARTIR DEL ORIGEN

Este argumento trata de dar respuesta a la pregunta: ¿Porqué hay algo en vez de nada? ¿De dónde surgió la vida?
  • Todo lo que tiene un principio fue causado por algo.
  • El universo tuvo un principio (comprobado por Albert Einstein con su teoría de la relatividad y por Edwin Hubble con su telescopio).
  • Por lo tanto, el universo fue causado por algo y ese algo es Dios.
La vida solo puede provenir de la vida. Que la vida surgió por accidente, idea enseñada por la teoría de la evolución, es un concepto anticientífico (pulsa aquí para ver el artículo “biogénesis”).

Esto concuerda con lo que escribiera San Pablo a los Romanos en 1;19-20.

PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS A PARTIR DEL DISEÑO
  • Todo diseño exige un diseñador (como un cuadro impresionante no pudo haberse pintado solo, o un reloj no pudo haberse armado por "casualidad").
  • El universo y la vida son complejos, muestran un diseño.
  • Por lo tanto, el universo y la vida implican un diseñador superinteligente. Ese diseñador es Dios.
Esto concuerda con el Salmo 19;1



PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS A PARTIR DE LA MORALIDAD

«No es justo, yo llegué primero». «¿Por qué lo molestas, si no te hizo nada?». «Vamos, lo prometiste». «Dame una mordida de tu manzana, yo te di una mordida de la mía». Todas estas son pruebas de la ley moral escrita en nuestros corazones, aunque a veces no la cumplamos y por ello sentimos culpa. El argumento va así:
  • Toda ley exige la existencia de un legislador (dador de la ley).
  • El hombre tiene en su conciencia la ley moral (lo que es bueno y lo que es malo).
  • Por lo tanto, ese legislador es Dios.
Esto concuerda con Romanos 2;15-16.

Los ateos (quienes creen que Dios no existe) no pueden explicar, si no hay un Dios...

¿Por qué existe el universo?
¿Por qué hay un diseño tan complejo en el universo, en la vida animal y en el ser humano?
¿Por qué tenemos un sentido del bien y del mal?

En cuanto a demostrarles a tus amigos que Dios gobierna tu corazón, eso no es cosa de argumentos, sino de testimonio (o tu buena conducta). Eso depende plenamente de tí.

«Hacer preguntas es señal de que se piensa». Saludos.

*******************

Estimado C… te saludo.

Además de los argumentos que compartí contigo en mi anterior intervención, hay uno más que me parece muy poderoso a la hora de testificar a nuestros amigos que nos preguntan por una razón de nuestra fe (1 Pedro 3;15). Se trata del argumento de la teoría de la información.

Lleva a tus amigos a imaginar la siguiente situación. Supongan que caminan por la orilla del mar. Y en la arena húmeda se encuentran dibujadas varias líneas onduladas. Seguramente que ustedes concluirán que esas líneas fueron trazadas por las olas (el azar o la casualidad) con poca fuerza que bañan la arena a la orilla. Esas líneas onduladas tienen una especie de patrón repetitivo.

Ahora supongan que al caminar un día diferente a la orilla de la playa, encuentran en la arena húmeda la frase: «Te amo». Si ustedes se preguntan qué causó la escritura de ese mensaje (esta información), de ninguna manera podrán concluir que fueron las olas (las fuerzas ciegas de la naturaleza, o el azar) las que lo escribieron. ¿Por qué? Porque esa frase nos muestra información algo mas complejo e inteligible (que se entiende). Esta información en ninguna manera se puede explicar por la casualidad. La información siempre tiene como origen un ser inteligente, no el azar (la suerte).



Un ejemplo más. Supongan que en un día precioso. Ustedes miran hacia el cielo y tratan de encontrar formas definidas en las nubes. Repentinamente, uno de ustedes mira en una de ellas algo que parece tener la forma de una vaca o un conejo. Ustedes se preguntan ¿qué causó esa apariencia? Y llegarían a la conclusión de que una combinación de elementos tales como la temperatura, el viento, los gases, la altura en la atmósfera, etc. fueron los causantes, aleatoriamente (al azar, por la suerte), de esa…silueta en particular.

Ahora consideren que miran al cielo y observan la frase: «Felicidades Ana». Inmediatamente se preguntarían si esa frase inteligente pudo haber sido ocasionada por el azar o bien, algún piloto experimentado en su avioneta la produjo. Por supuesto que ustedes concluirían que sólo la última alternativa es la que explica adecuadamente la expresión en el aire. ¿Por qué? Porque la información sólo puede tener como origen la inteligencia, no el azar.

Ahora viene el argumento: cuando miramos hacia el núcleo de nuestras células, encontramos la molécula de ADN (ácido desoxirribonucleico). Este ácido contiene todas las instrucciones genéticas para el desarrollo de los seres vivos. Es el mapa de la vida. En él encontramos todos los datos necesarios para la producción de las células de nuestro cuerpo y las características que tendremos. Es decir, proporciona las órdenes que estimularán nuestro crecimiento, la digestión, los latidos del corazón, el pensamiento, el sentimiento, etc. Lo asombroso pues, acerca del ADN, es que contiene una gran cantidad de información. Un mensaje, se ha dicho, tan amplio como los 30 tomos de la enciclopedia británica, ¡pero multiplicado por cuatro!

¿Quién colocó tanta información dentro del núcleo de la célula? ¿El azar (evolución) o la inteligencia (el Dios Creador)? Si en nuestros dos ejemplos anteriores, la frase escrita en la arena y la frase escrita en el aire, concluimos que solamente un agente inteligente pudo haberlos producido, ¿a qué conclusión llegaremos respecto de la gran cantidad y complejidad de la información del ADN?



La única conclusión lógica es que el ser que colocó la información dentro de la célula, debe ser superinteligente. Ese ser coincide con la descripción del Dios de la Biblia, el Dios del cristianismo. ¡Cada una de nuestras células grita el mensaje: «¡Hay un Dios!».

Espero que esta infomación te haya servido.

Para escuchar el programa de radio "Diálogos de vida abundante" relativo a este tema, pulsen el reproductor a continuación:




Para visualizar documento en PDF con contenido más amplio sobre la teoría de la información, oprime aquí.

--------------------------------

"Para el científico que se ha aferrado a su fe en el poder de la razón, todo el asunto termina como una pesadilla. Ha escalado las montañas de la ignorancia, está a punto de alcanzar la cumbre más alta, trepa por la roca final, y se topa con un grupo de teólogos que están sentados allí desde hace siglos".
Robert Jastrow.

Recuerden: "Creer es también pensar"

Saludos.

sábado, 27 de diciembre de 2008

¿Estaba Jesús casado?



Sí, es verdad. Pudiera parecer tema ya pasado de moda y debatido hasta el cansancio. Sin embargo, en virtud de que hace algunas semanas, una sobrina terminó de leer la novela de Dan Brown, "El Código Da Vinci" -la cual hace de esta idea su tema principal-, me ha parecido bien poner a disposición de ustedes un ensayo que escribí por allá por el año 2005. Máxime porque me han dicho que recientemente, algunos estudiantes universitarios estaban dando por hecho que la novela es verídica históricamente (sin analizarla detenidamente. Es una pena).

En ese documento analizo las principales tesis de la novela, como: ¿Es verdad que Jesús estaba relacionado sentimentalmente con María Magdalena? ¿Son los evangelios gnósticos más confiables que los canónicos, para darnos un cuadro exacto de la persona de Jesús? La doctrina de la divinidad de Cristo, ¿se decidió en el concilio de Nicea, en el s.IV d.C., por una votación muy cerrada? ¿En verdad se ocultaron los evangelios que mostraban los atributos humanos de Jesús (gnósticos), en aras de publicitar solo aquellos que mostraban su divinidad?

No tengo problema alguno si Jesús se hubiese casado (el ejercicio de la sexualidad es parte del plan de Dios para el ser humano, siempre y cuando se viva en el marco de la unión matrimonial), incluso, si Jesús se hubiese casado con María Magdalena. Y esto debido a que, al ser redimida por Dios, todo su pasado habría quedado plenamente borrado. La idea de que ella fue anteriormente una prostituta, no es correcta si se consideran adecuadamente los evangelios canónicos. Esa noción errada se debe a una incorrecta interpretación por parte de un pontífice católico (Gregorio I) en el s. VI d.C. No obstante, la base que presenta la novela para afirmar tal relación es sumamente endeble, si no es que inexistente.

Bienvenidos, para leer el artículo se los presento a continuación. El asunto de María Magdalena a partir de la página 13, y el resumen de todo el escrito,  a partir de la página 31.

Recuerden: “Creer es también pensar”.

Opriman sobre la frase "Haz click para leer":

viernes, 26 de diciembre de 2008

Por qué es Jesús tan especial


En cierta ocasión, me encontraba hablando de Cristo con mis compañeros de labores durante un descanso. Una de las personas que se encontraban cerca, con cierta molestia, me interrumpió diciendo: -«¿Por qué Cristo y Cristo? ¿Por qué no Buda, por ejemplo, si enseñaron lo mismo?»-. «Qué interesante comentario». -Le respondí–. «¿Podrías por favor compartirnos algunas de las principales enseñanzas de Buda, para compararlas con las de Cristo y confirmar así lo que nos dices?»-. Quien me arrojó la pregunta hizo un silencio prolongado, se encogió de hombros y se fue.

¿Que Buda, Mahoma, Confucio, Krishna o cualquier otro líder religioso y Jesús, fueron iguales? ¿Que enseñaron lo mismo? Esa es una idea muy difundida, pero infundada. Eso solo puede decirse desconociendo totalmente lo que cada uno de ellos enseñaron. Estoy completamente seguro que si a ellos mismos les dijéramos que sus enseñanzas son iguales a las del resto, con toda seguridad nos reprobarían.

Bienvenidos. ¿Por qué es Jesús tan especial respecto a otros líderes religiosos? Acompánenme a responder esta pregunta. Opriman el reproductor a continuación para que puedan escuchar el tema: "Por qué es Jesús tan especial”. Es la grabación del programa de radio En frecuencia con Jesús, transmitido en vivo aquí en San Luis Potosí. En él compartimos cuatro grandes diferencias (abismales diferencias), entre Jesús y algunos de los líderes religiosos mas prominentes del mundo. Después de escuchar, no podrán decir ya más que enseñaron lo mismo.



Si desean tener en formato PDF el artículo que fue publicado en el periódico "Expediente Público" en la columna "Agua Fresca para el Espíritu", pulsen aquí.

Ahora, si desean escuchar en mp3 otro programa de radio en el que Jesús es comparado con otros grandes pensadores de todos los tiempos, presionen aquí:



Recuerden: “Creer es también pensar”.

Saludos.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Dos clases de adoradores en Navidad


“Después de nacer Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, he aquí llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo.... Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Les envió a Belén y les dijo:—Id e informaros bien acerca de ese niño y, tan pronto como le encontreis, informadme a mí para que también vaya yo y le adore.” (Mt.2;1-8)


Las calles, centros comerciales, oficinas, casas, se adornan con motivos navideños. Arboles, esferas, listones. Los colores blanco y rojo se ven dondequiera. Se compran y se dan regalos. Largas filas para las tiendas departamentales. Posadas, canciones de la época, brindis. Todo mundo está preparado para celebrar un mismo acontecimiento: navidad. Pero, en esas multitudes encontramos dos clases de celebrantes navideños.

EL ADORADOR FINGIDO (vv.7,8) “...tan pronto como le encontreis, informadme a mí para que también vaya yo y le adore”

Obviamente sabemos que Herodes no quería adorar verdaderamente a Jesús, porque él era el rey de Judea y temía que Jesús le quitara el reino. Lo que deseaba verdaderamente al decir que “quería adorarle”, era deshacerse de Él, porque no quería que reinara en su lugar (Mt.2;13-18).

Esta es la esencia de la falsa adoración en Navidad: pretender celebrar el nacimiento del Señor y Rey del mundo; pretender buscarle para “adorarle”, pero no desear que reine en nuestro lugar.

Conviene que nos preguntemos este día: ¿Quién reina en mi corazón? ¿Cristo o yo? ¿Cómo podemos saber si no deseamos que Jesús reine sobre nosotros? Muy fácil. Respondiendo a la pregunta: ¿Guardamos su mandamientos?

Por otro lado tenemos...

EL ADORADOR VERDADERO (vv.1,2) “...unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

La verdadera adoración está representada por los magos o sabios de oriente. Se cree que pertenecían a una casta sagrada de sacerdotes de Media, que aparentemente se ajustaban a la religión de Persia en tanto que retenían sus viejas creencias.

No se sabe mucho de estos magos (sabios). La tradición dice que eran hombres de alta posición de cerca de la antigua Babilonia. Quizás eran judíos de los que permanecieron en Babilonia después del exilio, y por eso conocían las profecías del Antiguo Testamento acerca de la venida del Mesías. Debido al exilio judío de siglos anteriores, seguramente había ejemplares del Antiguo Testamento en su tierra. O quizás eran astrólogos orientales que estudiaban manuscritos antiguos de todo el mundo. El hecho es, que estos sabios viajaron miles de kilómetros en busca de un Rey, y lo hallaron.

La verdadera adoración de estos sabios consistió en no escatimar esfuerzo en el traslado desde oriente para encontrarse y adorar a Jesús. No escatimar tiempo tampoco. ¿Cuánto tiempo debieron invertir en el traslado? ¡Meses! Traer presentes a Jesús. No venían vacías sus manos. Buscar a Jesús por lo que El era, y no por lo que podían conseguir de El.

El verdadero adorador del Rey, en esta navidad, es aquél que no ha escatimado esfuerzo alguno en servirle; quien ha dado de su tiempo al Rey. Quien no espera que Dios venga a buscarle, que se dé a conocer, que demuestre quién es y que le dé regalos. Sino que él busca a Dios, y le dá a Dios de sí. Quien no busca a Jesús por lo que puede conseguir de El, sino que le adora por lo que El es: un Rey. Quien en esta ocasión no se presenta a El con las manos vacías. Jesús es digno de lo mejor que uno puede dar. Quien busca oír su voz cada día. Quien ha perdonado a sus ofensores, y amado al perdido. Ese es el verdadero adorador en esta navidad. Puesto que eso nos ordenó el Rey que hiciéramos.

En esta noche habrá dos clases de personas que celebran navidad. Quienes no quieren que Jesús reine en sus vidas, y quienes sí lo desean como soberano en su diario vivir. ¿De qué clase soy yo? ¿Y tu?

lunes, 22 de diciembre de 2008

¿Se contradicen Ciencia y Biblia?



Hace poco, un amigo y yo hicimos un viaje de misiones a una población del estado de Veracruz. Debido a la falla de un lejano transformador, nos quedamos sin energía eléctrica. Yo llevaba conmigo mi lap top en la que tengo instaladas mis Biblias y demás libros de estudio así como cualquier cantidad de software. Me lamenté mucho ya que no la podría usar. Pero al llegar la noche, pensé que no sobreviviría sin el ventilador que nos refrescaba al dormir. “Los moscos van a tener un festín”, me dije. ¡Cuánto dependo de la tecnología! (que no es otra cosa que ciencia aplicada).

Hará un par de años, mientras tomaba un diplomado en telecomunicaciones, una frase de nuestro profesor de comunicaciones inalámbricas me sorprendió. Mientras trataba de explicarnos el funcionamiento del espectro radioeléctrico, que conduce las señales de comunicación a través del aire (por ejemplo, en la telefonía celular), él dijo algo como esto: “Así es como funcionan (las comunicaciones inalámbricas). No me pregunten por qué funcionan así, porque no lo sé. Así las hizo Diosito”. Las palabras como y por qué, se me quedaron muy grabadas.

Cuán maravillosa es la ciencia. A ella debemos el celular (que nos esclaviza), nuestra computadora, el correo electrónico (sin el cual nuestro trabajo se paraliza), la batidora que nos prepara los licuados por la mañana, el televisor que nos entretiene e informa, el avión donde volamos, el coche con el que nos desplazamos, la agenda que nos organiza, el teléfono que nos comunica, etc. Sin embargo, la ciencia no lo explica todo. La ciencia no lo es todo. Lejos de mí el tratar de satanizar a la ciencia. Le debo muchos beneficios (la medicina de mis hijos durante sus enfermedades, por ejemplo) y dependo de ella (quizá demasiado). Sin embargo, creo necesario hacer algunas aclaraciones, sobre todo en su relación con la Biblia.

La ciencia y la Biblia, ¿se contradicen? La ciencia ha sido considerada como una “vaca sagrada” (algo intocable) durante mucho tiempo. No obstante, ella explica el cómo, pero no el por qué de muchas cosas. De ahí la frase en que nuestro profesor reconocía sus limitaciones para explicar las comunciaciones inalámbricas: “Así es como funcionan. No me pregunten por qué funcionan así, porque no lo sé. Así las hizo Diosito”. Ahí es donde vemos las limitaciones de la ciencia para explicar muchas cosas.

La ciencia no explica ¿cuál fue el origen del universo?; ¿de dónde proviene la vida? (la teoría de la evolución no lo hace); ¿qué propósito la rige?; ¿por qué existimos?; ¿cuál es nuestro propósito en esta tierra?; ¿de dónde venimos?; ¿hacia dónde vamos después de la muerte?; ¿cómo podemos relacionarnos correctamente con nuestro Creador?

La ciencia describe (explica “cómo”) la naturaleza cognocible, pero no la puede interpretar (no puede explicar “por qué”). La ciencia no puede responder a muchas grandes interrogantes relacionadas con el hombre. No es su culpa. Simplemente no es su campo de acción. No es su objetivo.

Pero, qué tal si recibimos una revelación desde fuera, que nos responda a esas interrogantes que la ciencia no puede responder. Si Dios existe (y es más que demostrable creerlo), es por demás razonable que haya hablado. La Biblia pretende ser esa revelación de Dios. No se puede rechazar la Biblia sin más ni más diciendo: “¡Un momento! En nuestro siglo, la ciencia lo ha explicado todo. No me venga usted con la Biblia y esos cuentos”. El que dice “rechaza sin analizar” es igual de dogmático que el que dice “cree sin preguntar”. ¿Por qué no analizar un poco la relación entre la ciencia y la Biblia? Quizá nos sorprendamos de saber que no se contradicen, sino que se complementan.

Bienvenidos. Pulsen el reproductor a continuación para oír el mp3 titulado “Ciencia y Biblia, ¿son incompatibles?”, escúchenlo y creen su propio criterio. A fin de cuentas: “Creer es también pensar”.



Saludos.

Por qué creer en la creación y no en la evolución


Uriel, mi segundo hijo, me mostró recientemente su guía de estudio de sexto año. Al revisarla junto con él, me encontré con esta frase: “Los hombres y los simios tuvieron un antepasado común...a esta teoría de Charles Darwin se le llamó 'Evolutiva'”.

Definitivamente que nuestros hijos deben aplicarse con ahínco al estudio, respetando sus planes pedagógicos. Sin embargo, estoy convencido que una parte importante de la labor docente de los profesores así como de la labor formativa de nosotros los padres hacia nuestros hijos, debe comprender el enseñarles a pensar por sí mismos.

¿Sabía usted que la ciencia apoya con mayor fuerza la teoría de la creación que la de la evolución? ¿Que la teoría darwinista está plagada de errores desde sus primeros pasos? La teoría de la evolución no puede ser cierta ya que viola varias leyes de la ciencia, entre las que se encuentran la de la biogénesis y la ley de la entropía (segunda ley de la termodinámica).

Por otro lado, la “Teoría del Big Bang”, “El principio antrópico” y la “Teoría de la información”, dan su apoyo de manera muy sólida a la creencia en un Creador sobrenatural, tal como lo enseña la Biblia.

Bienvenidos. Recientemente tuvimos la oportunidad de presentar el tema “Por qué creer en la creación y no en la evolución”, en la transmisión en vivo del programa radial “En frecuencia con Jesús” en su edición juvenil. Les invito para que pulsen el reproductor a continuación , lo escuchen y formen su opinión propia.



Recuerden: “Creer es también pensar”.

Saludos.

sábado, 20 de diciembre de 2008

La exclusividad del cristianismo



Este artículo fué publicado el pasado mes de Noviembre, en la columna “Agua fresca para el espíritu” en el semanario “Expediente público” de la ciudad de Tijuana.
----------------------------------

LA EXCLUSIVIDAD DEL CRISTIANISMO

Vivimos en un mundo tolerante. «La tolerancia es buena», se dice. La tolerancia antaño quería decir: "Ser paciente y cortés con aquel que consideramos equivocado". Hoy quiere decir: "Aceptar que todos los puntos de vista son igualmente verdaderos y correctos". Les invito en esta ocasión, en la que me permiten la gentileza de su atención, a reflexionar por unos breves instantes en ese concepto tan de moda hoy día.

Con mucha frecuencia, a los cristianos se nos tilda de intolerantes y exclusivistas, pues sostenemos inflexiblemente la posición de que Cristo es el único camino a Dios, el único medio de Salvación. Mi argumento es, que todas las religiones son exclusivistas en menor o mayor grado. Y no solo exclusivistas, sino intolerantes con otros credos. Veamos.

El budismo es exclusivista e intolerante. El budismo fue un movimiento originado en una reacción de Siddartha Gautama contra algunos elementos del Brahamanismo (Hinduísmo clásico). Específicamente contra el sistema de castas y la autoridad de "Los Vedas" (sus Escrituras Sagradas). Gautama no aceptaba (no toleraba) la autoridad de "Los Vedas" como escritos sagrados y la única autoridad en materia de guía en cuanto a la religión, así que forjó su propia filosofía para obtener la iluminación.

El Hinduismo clásico es exclusivista e intolerante. El hinduismo o brahamanismo es de credo panteísta (todo es dios). Esta cosmovisión excluye y no tolera aquella creencia que considera que este mundo es algo distinto de, y creado por, un Dios trascendente (Cristianismo). Tampoco tolera la creencia en la resurrección (el alma de los creyentes mora en un único cuerpo, y éste será vivificado después de la muerte), ya que es totalmente opuesta a la creencia en la reencarnación. Esta última dice que el "atman" (la parte inmaterial del hombre), se presenta en más de un cuerpo después de experimentar la muerte en cada vez, debido al karma. De ahí la palabra re-encarnar (volver en la carne).

El Islamismo es exclusivista e intolerante. Para que la lectura del Corán tenga efectos, deberá leerse en Arabe y no en alguna otra lengua. No en cualquier tipo de Arabe, sino en el clásico. De otra manera no se está leyendo “la palabra de Alá” y por tanto no se puede tener el conocimiento de la verdadera religión. Así pues, el Islam excluye otros idiomas y formas de leer su libro sagrado. Por otro lado, este credo excluye también a aquellos que creemos que Jesús es El Hijo de Dios en un sentido especial, ya que Alá no puede tener hijos. Los cristianos creemos que Jesús es El Mesías, Dios encarnado, pero para los musulmanes esta creencia es blasfema. Adicional a ello, todos sabemos las trágicas consecuencias de profesar una religión diferente a la islámica, pues recordamos la catástrofe del 11 de Septiembre. Aquel día en que Nueva York se tiñó de sangre como resultado de los crudos ataques a las torres del World Trade Center, perpetrados por fundamentalistas cuyo credo no tolera a la mentalidad estadounidense. Esta religión no acepta la creencia en la reencarnación, ni la pluralidad de dioses, ambas sostenidas por el Hinduismo clásico.

El ateísmo es exclusivista e intolerante. Esta visión del mundo no tolera creencia en divinidad alguna, ni credo basado en libro sagrado. Es decir, nos excluye no solo a los teístas cristianos, sino a todo aquél que sostenga la creencia en alguna revelación considerada “La palabra de Dios”.

El postmodernismo es exclusivista e intolerante. Para esta cosmovisión o filosofía (que no religión), toda persona tiene su "verdad". Y la verdad de cada individuo es igual de válida o "verdadera" que cualquier otra. No importa si esas verdades son completamente opuestas y contradictorias. Por ejemplo: según el postmodernismo, la filosofía atea (creencia en la no existencia de Dios) es igualmente "verdadera" que la creencia en el dios Alá del Islam, o la creencia en varios dioses como el Brahamanismo. ¿Le parece lógico? Ahora, el postmodernismo y aquellas filosofías que alardean de incluyentes y tolerantes, en realidad no lo son, ya que no toleran y por ende excluyen, a los exclusivistas como nosotros los cristianos, que creemos que Jesús es el único camino a la salvación. Así pues esta filosofía, como otras que comparten ese concepto de “tolerancia”, como la Nueva Era por ejemplo, en realidad se estrangula a sí misma al no tolerar nuestra visión exclusivista. De modo que hasta los “tolerantes” son intolerantes con nosotros los cristianos. ¿Qué le parece?

Estoy completamente convencido que si le preguntáramos a Zoroastro si estaría dispuesto a aceptar y tolerar el politeísmo Hindú, su respuesta sería una negativa -ya que él abogó por un monoteísmo incipiente-. Seguro estoy que si le preguntáramos a Buda si admitiría que Jesús es “La Luz del mundo” y el único camino a Dios, en primer término nos preguntaría: «¿Qué Dios?» (pues el budismo es técnicamente ateo) y en segundo lugar nos diría que es él, “El iluminado”, el que proporciona la iluminación, y no Jesús. No le recomendaría a usted en manera alguna decirle a un musulmán que su credo es igual de verdadero y válido que el del ateísta (que cree que no hay Dios, y no cree en libro sagrado alguno), ya que estaría despreciando a su dios Alá y a su libro sagrado, El Corán.

He leído algunos escritos muy interesantes de personas que se precian de ser incluyentes y tolerantes, y que sin embargo critican agriamente el cristianismo y la Biblia. Si fueran consecuentes con su propia filosofía, no tendrían por qué hacerlo ya que según su cosmovisión, el cristianismo sería verdadero también y no tendrían por qué creer que la Biblia no es La Palabra de Dios. Estoy convencido por lo antedicho que la postura posmoderna que presume de incluyente y tolerante, en realidad es imposible de vivirse en la práctica. Por cierto, la practicidad (la posibilidad de vivir lo que se predica), es una de las pruebas de que una filosofía o religión es posiblemente verdadera, y el posmodernismo no pasa esta prueba.

Es irrazonable aceptar el concepto posmoderno de “tolerancia” si este significa que todas las creencias son igualmente verdaderas y válidas, ya que la gran mayoría de ellas se oponen en sus bases mismas. Por otro lado, la verdad (en el sentido clásico del término) es exclusivista. Si yo digo «Llueve en este momento y lugar» y usted dice «No llueve en este momento y lugar», ambas observaciones no pueden ser ciertas al mismo tiempo. Una de las dos es verdad y la otra no. Lo es la que corresponde a la realidad. Si yo digo que Jesús es el único camino a Dios y usted dice que nó, que solo es uno de muchos caminos, ambas posiciones no pueden ser verdad al mismo tiempo. Solo una puede ser verdad. Esta forma de razonar es uno de los fundamentos más básicos de las leyes del pensamiento, la lógica, conocida comúnmente como la “Ley de no contradicción” -formulada por Aristóteles -.

Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida…Nadie viene al Padre sino por mí.» (Juan 14:6). Por tanto, o Jesús es el único camino a Dios o no lo es. Ambas posturas no pueden ser ciertas a la vez. Espero en un próximo artículo demostrar por qué es razonable tomarle la palabra a Jesús. Bueno, si es que toleran que continúe escribiendo para esta columna “Agua Fresca para El Espíritu” y no me excluyen de ella por ser exclusivista.

PARA VER LA SEGUNDA PARTE DE ESTE ARTÍCULO, OPRIMA AQUÍ.

"Creer es también pensar"

Saludos.