domingo, 13 de diciembre de 2015

¿Tiene un origen pagano la celebración de Navidad el 25 de diciembre?

Nota: (Traducción del inglés por Enrique Chávez, desde el libro "El nacimiento virginal" de John G. Weldon, capítulo 14. Se publica íntegro a partir del escrito original, pero con las debidas reservas en cuanto a algunos elementos del contenido doctrinal, especialmente La Trinidad).

Algunos argumentan que el origen del festejo de la navidad, puede trazarse hasta una festividad pagana romana conocida como Saturnalia y otros festivales solares paganos. Se alega que, en algún momento entre 325-350 d.C., por medio de la influencia de la iglesia, el 25 de diciembre (el final de las festividades paganas), se asoció con el nacimiento de Jesús.  

Este origen pagano de la Navidad es dudoso, ya que dicha asociación no puede ser encontrada en ninguno de los escritos cristianos tempranos. Los cristianos primitivos, así como los judíos post-exílicos, serían extremadamente reacios a tener nada que ver con el paganismo. Mucho menos adoptarían proactivamente costumbres paganas.




La primera mención de una fecha específica para la Navidad,  entre la segunda mitad del siglo I y el año 220 de nuestra Era, así como las celebraciones más tempranas de la Navidad actualmente conocidas, (250-300 d.C.) no revelan asociaciones paganas. Tan temprano como el siglo II, Hipólito (170-235) argumentó que el 25 de diciembre era la fecha del nacimiento de Cristo. De acuerdo con el Dr. Daniel Wallace, profesor asociado de estudios del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, 
La tradición de diciembre 25, en realidad es muy antigua. Hipólito, en el segundo siglo, argumentó que este era el nacimiento de Cristo. Mientras tanto, en la iglesia oriental, el 6 de enero era la fecha observada. Pero, en el siglo IV, Juan Crisóstomo adujo que el 25 de diciembre era la fecha correcta. Y desde aquél día hasta hoy, la iglesia oriental tanto como la iglesia occidental, han observado esa fecha como la oficial acerca del nacimiento de Cristo. 
Adicionalmente, en algún momento entre la segunda parte del siglo segundo, alrededor del año 200 d.C., Clemente de Alejandría (150-215) menciona que diferentes fechas fueron propuestas para el nacimiento de Cristo, y desde mediados del siglo primero y hasta el segundo, tanto el evangelio apócrifo de Tomás como el proto-evangelio de Santiago, discuten el nacimiento virginal de Jesús y su infancia, aunque obviamente, no con la autoridad de La Escritura. 

Además, todos los primeros cristianos eran judíos que estaban muy conscientes de las consecuencias tan evidentes en el Antiguo Testamento, sobre la mezcla de prácticas paganas con la adoración al verdadero Dios (idolatría). Adicionalmente, los genuinos convertidos al cristianismo que eran no judíos, también se habrían separado de cualquier cosa que se relacionara con prácticas y creencias paganas oficialmente aceptadas por la iglesia. Lo cierto es que, a lo largo de la historia de la iglesia, diversos elementos paganos se han añadido a la celebración de la Navidad. En esencia adoptándolos pero "cristianizándolos", no mezclándolos como sucede en el sincretismo. Por ejemplo, en el año 600 d.C., el Papa Gregorio El Grande argumentó que los festivales paganos debían convertirse en festividades conmemorativas de los mártires cristianos. Pero no fue sino hasta el siglo XII, al parecer, que se argumentó que la celebración del nacimiento de Jesús fue colocada intencionalmente por la iglesia, en relación con las fiestas paganas. Y no fue sino hasta los 1700's-1800's que algunos eruditos de la Biblia, interesados en la nueva disciplina de la religiones comparadas, se sintieron atraídos por la idea.  

Tal vez por eso,  un número desconocido de los primeros Peregrinos y Puritanos, se negó a celebrar la Navidad debido a sus supuestos orígenes y/o conexiones paganas, incluso aparentemente haciendo la celebración de la Navidad ilegal en Boston Massachusetts entre 1659 y 1681, cuya violación requería una multa de cinco chelines. Por el contrario, en el primer asentamiento permanente Inglés, Jamestown (fundado en 1607), los ciudadanos aparentemente celebraban la Navidad de manera universal y tranquila, felices y sin incidentes. 

El punto es, que los primeros cristianos no sostuvieron que la fecha del 25 de diciembre era correcta sobre la base de ningún tipo de asociación pagana, sino por razones específicamente bíblicas. En lugar de un origen pagano, la fecha para la Navidad fue con toda probabilidad determinada en relación con la datación de la muerte de Cristo en la Pascua, y por la estimación de la fecha de su concepción; o, menos probablemente, por medio de la tradición judía de realizar la circuncisión una semana después del nacimiento del bebé. Tenga en cuenta los siguientes comentarios en la Revista de Arqueología Bíblica: 
Alrededor del 200 d.C., Tertuliano de Cartago informó el cálculo de que, el 14 de Nisán (el día de la crucifixión, según el Evangelio de Juan) en el año en que Jesús murió, fue el equivalente al 25 de marzo en el calendario romano (solar). El 25 de marzo, es por supuesto [en el calendario solar romano], nueve meses antes del 25 de diciembre; más tarde esa fecha fue reconocida como la Fiesta de la Anunciación (la conmemoración de la concepción de Jesús). Por lo tanto, Jesús se creía haber sido concebido y crucificado en el mismo día del año. Exactamente nueve meses más tarde, Jesús nació, el 25 de diciembre.
En el sermón 202, "Sobre La Trinidad" (alrededor del año 400 d.C.), el gran padre de la Iglesia Agustín, declarando claramente el nacimiento virginal y su celebración, dice más o menos lo mismo, concluyendo "...que nació, según la tradición, en el 25 de diciembre". (Utilizando el calendario griego local, la Iglesia de Oriente inicialmente designó el 6 de enero, según lo observado por el notable apologista Epifanio, obispo de Salamina).  

En resumen, parece que la fecha actual del 25 de diciembre fue una decisión cristiana, ya que la teoría de un origen pagano simplemente tiene muy poca evidencia en su favor. El 25 de diciembre se ajusta a los hechos de la tradición cristiana, las consideraciones bíblicas, consideraciones históricas e incluso la cría de animales. (Los críticos han argumentado que las ovejas no habrían estado al aire libre en invierno, pero "fuentes judías tempranas sugieren que las ovejas alrededor de Belén estaban fuera durante todo el año"); además, las ovejas cuidadas por los pastores en las narraciones evangélicas (pastores a quienes Dios, muy apropiadamente y hablando en sentido teológico, reveló primeramente el nacimiento del Mesías) no eran ovejas ordinarias, sino corderos para el sacrificio (que habían prefigurado o simbolizado a Cristo por 1800 años) y que habían sido inmolados  en la Pascua según la práctica judía para cubrir el pecado, a principios de la primavera.  



Como se ha señalado, es cierto que algunos elementos paganos se infiltraron de diversas formas en la celebración de la Navidad a lo largo de los siglos pero, obviamente, estas prácticas se "cristianizaron" (árboles de Navidad, etc.). Por lo tanto, si el emperador romano Constantino declaró oficialmente el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo, fue para "cristianizar" una fiesta pagana que había pasado a ser simultánea con la del nacimiento de Cristo: "Era el deseo de Constantino 'cristianizar' el 25 de diciembre para que la gente no tuviera que perder un día de fiesta y pudieran honrar a Cristo, la Luz del Mundo, en vez de al dios pagano Saturno y al Sol". (Por cierto, a pesar de la creencia común de que la Iglesia adoptó La Pascua a partir de un origen pagano, también ésta se basa en la Biblia: "La Pascua, un desarrollo muy anterior a la Navidad, era simplemente la gradual reinterpretación cristiana de la Pascua judía, en términos de la Pasión de Jesús. Su práctica, incluso, podría estar implícita en el Nuevo Testamento (1 Corintios 5:7-8: "Nuestro cordero pascual, Cristo, ya fue sacrificado por lo tanto vamos a celebrar la fiesta...."); sin duda era una fiesta característicamente cristiana a mediados del segundo siglo, cuando el texto apócrifo conocido como la Epístola de los Apóstoles ("La Didaché", IX y X) hace a Jesús instruir a sus discípulos a "hacer conmemoración de [su] muerte, es decir, la Pascua." 

Sin embargo, parece evidente que la propia Iglesia primitiva no celebraba la Navidad como el nacimiento de Cristo, porque su muerte y resurrección, establecidos como hechos históricos ampliamente observables, fueron considerados más importantes. Por supuesto, mi punto es que el nacimiento virginal es al menos igual de importante, si no es que más. Apologéticamente, sin embargo, la muerte expiatoria y resurrección física de Jesucristo son de manera objetiva más amenazantes (espiritualmente hablando) para los pecadores, que un invisible e "improbable" nacimiento virginal, porque incluso un verdadero nacimiento virginal, no implica ninguna amenaza de este tipo para los pecadores que se le pueda atribuir, aparte de quién era Cristo y lo que hizo, su persona y obra. Así que, a pesar de que el nacimiento virginal hace posible la expiación con el valor redentor infinito que tenía, sin la muerte y resurrección de Jesucristo el nacimiento virginal en sí mismo no tiene sentido. Como resultado de esto, la falta de interés en la celebración de la Navidad como la fecha del nacimiento de Cristo en la Iglesia apostólica, sería entendible.  

El rasgo dominante de la Navidad, la entrega de regalos (transformado en una empresa materialista global de miles de millones de dólares) puede, muy probablemente y de manera histórica, ser trazada e identificada con la donación simbólica que los Reyes Magos hicieron al niño Jesús: oro, incienso y mirra. De acuerdo con el padre de la iglesia del siglo segundo, Ireneo de Lyon, el oro porque Jesús era el rey de un reino eterno; incienso, porque él era Dios (el incienso era quemado en los altares, como ofrendas divinas) y la mirra, un perfume utilizado para ungir cadáveres, lo que indica que iba a experimentar una muerte sacrificial. El cadáver de Jesús fue ungido con mirra (Juan 19:39). 

Además, los Reyes Magos no eran astrólogos, sino probablemente creyentes en el verdadero Dios, que aprendieron de los dos, de Él y del profetizado nacimiento de Jesús El Mesías, Rey de los Judíos, a partir de la influencia histórica de Daniel e Isaías, transmitida a través de la tradición. En parte, los dos primeros regalos específicos pueden haber estado relacionados con Isaías 60:6: "La gente de Sabá traerá oro e incienso y vendrá a alabar al Señor." 



La conexión más obvia para hacer regalos, sin embargo, es el regalo de valor infinito que Dios ha dado a cada persona desde Adán a través del nacimiento de su Hijo. Algo que el apóstol Pablo describe como "¡su don inefable!" (2 Corintios 9:15). Algo de tan incomprensible valor, que es indescriptible e inexpresable. Según las notas Barnes de la Biblia, la palabra usada para "indecible" no aparece en ningún otro lugar en el Nuevo Testamento y "significa, lo que no se puede relatar o describir", ya que es imposible que las palabras expresen adecuadamente la magnitud del regalo otorgado. El regalo es más elevado que lo que cualquier mente jamás podría concebir o lenguaje humano podría expresar. El regalo en sí tiene un valor infinito ya que los sufrimientos de Jesús fueron infinitos, el amor por ellos expresado fue ilimitado y su valor para nosotros es eterno. Por tanto, es de hecho una cosa buena celebrar el nacimiento de Jesús y, en agradecimiento simbólico, dar regalos unos a otros. ¿Qué podría ser más apropiado a la luz de Lucas 2:9-15?: 
Sucedió que un ángel del Señor se les apareció. La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad.» Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer.»

Tal vez debería mencionar un punto final. El hecho de que las implicaciones teológicas del nacimiento virginal no se traten en el Nuevo Testamento por el apóstol Pablo, difícilmente sugiere su falta de importancia. Para ilustrar esto: pocas cosas son más importantes que la doctrina de la Trinidad, pero Dios en su soberanía, dejó las necesarias formulaciones teológicas específicas, para ser resueltas por la iglesia a partir de las Escrituras, en lugar de colocarlas en las mismas Escrituras. Lo mismo es cierto para el nacimiento virginal. Aunque los críticos pueden tirar un montón de heno sobre el hecho de que el apóstol Pablo nunca discute directamente el nacimiento virginal, nadie puede lógicamente negar dos hechos: En primer lugar, que la totalidad de la teología de Pablo asume el nacimiento virginal. En segundo lugar, que fue el médico Lucas quien, después de todo, escribió más ampliamente acerca del nacimiento virginal, y Lucas fue compañero personal de viaje de este apóstol. Incluso, en el caso casi imposible de que Pablo no hubiera conocido y aceptado ya el nacimiento virginal (probablemente de María), Lucas claramente le habría hablado a Pablo al respecto y Pablo habría aceptado las conclusiones lógicas. Además, Romanos 1:3; Filipenses 2:7-8; Gálatas 4:4 y 2 Corintios 5:21, son sólo cuatro de los puntos de las Escrituras redactados por Pablo, que requieren o implican el nacimiento virginal. 

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