jueves, 26 de octubre de 2017

Una cuestión de vida o muerte


Devoción popular
En un par de días seremos testigos de una de las devociones más importantes de nuestra cultura, la celebración del día de muertos. Será ésta una ocasión en que, como cada año, familias completas asistirán muy temprano a visitar los cementerios. Escoba en mano, plegaria en labios, lágrimas en los ojos, se recordará una vez más a los seres queridos que se nos han adelantado en el camino a la eternidad.

Un misterio
La muerte, considero, es hoy para muchas personas una gran desconocida. Se percibe de muy distintas maneras. Encontramos en la cultura popular el concepto de la muerte desde un ser encarnado en la figura de un galán de Hollywood como Brad Pitt (en la película "¿Quién conoce a Joe Black?", al lado de Anthony Hopkins), hasta el concepto de un ente casi divino, "digno" de culto, en la figura de "La santísima muerte". Devoción muy arraigada por acá, en el centro de mi país. Y, por supuesto, tenemos la idea de la muerte como un gran misterio. Hace pocos días leí nuevamente "La apología de Sócrates". Esta describe la defensa que hizo de sí mismo el filósofo ateniense (mi favorito) ante el Areópago, el tribunal de Atenas, después de ser acusado de un cargo doble: no creer en los dioses de Grecia y corromper a la juventud. No dejó de sorprenderme una vez más, que lo mejor de la inteligencia griega, tomando la palabra a través de este tan importante personaje de la filosofía como lo ha sido siempre Sócrates, haya reconocido sus límites ante, y la ignorancia respecto a, la muerte. Consideren por favor las palabras del maestro de Platón:



Porque temer la muerte, atenienses, no es otra cosa que creerse sabio sin serlo y creer conocer lo que no se sabe. En efecto, nadie conoce la muerte ni sabe si es el mayor de los bienes para el hombre. Sin embargo, se la teme, como si se supiese con seguridad que es el mayor de todos los males. ¡Ah! ¿No es una ignorancia vergonzosa creer conocer una cosa que no se conoce? Respecto a mí, atenienses, quizás soy en esto muy diferente de todos los demás hombres y si en algo parezco más sabio que ellos, es porque no sabiendo lo que nos espera más allá de la muerte, digo y sostengo que no lo sé.

¿Qué le parece? El exponente más sabio del mundo antiguo, reconoce no saber qué es la muerte ni lo que a uno le espera después de ella.

Qué es la muerte
Cuando requerimos conocer algo, acudimos a aquellos que ya lo saben. Sea por haber estudiado el tema, bien por haber consultado a los que han tenido alguna experiencia con la materia que estamos estudiando o mejor aún, por haberla experimentado personalmente. En el caso del tema de la muerte... ¿será de alguna manera posible consultar a alguien que la conozca y además sea confiable? ¿Es posible?

Los cristianos creemos que es razonable considerar a la Biblia como palabra de Dios (para evidencias acerca de esto opriman aquí y aquí). Creemos también que Jesús es Dios encarnado (para evidencias, opriman aquí y aquí). Además de ello creemos que Jesús padeció la muerte por los pecados del género humano, pero después de tres días resucitó venciéndola (para evidencia histórica acerca de la resurrección de Jesús, opriman aquí y en el reproductor mp3 a continuación). Por tanto en Jesús encontramos a una persona, no que ha estudiado el tema de la muerte, ni preguntado a otros que lo conocen, sino a alguien que ha tenido una experiencia propia al respecto. No encuentro a alguien más confiable que Él a quien pudiera yo preguntar qué es la muerte.

Opriman el reproductor a continuación para escuchar el tema en mp3: "La resurrección de Jesús, ¿evento histórico o mito?":



En la Biblia, la muerte es la separación del espíritu -hálito de vida que Dios infunde en el ser humano, Génesis 2;7- y el cuerpo (Santiago 2;26). La muerte es descrita en la revelación de Dios como el resultado del juicio divino por la desobediencia del hombre (Génesis 2;17). La muerte ingresa al mundo debido a la desobediencia de Adán -lo que es conceptualizado como Pecado (Romanos 5;12)- y es vista como un enemigo a vencer en un futuro cercano (1 Corintios 15;26).

Si pues la muerte es descrita en la palabra de Dios como la pérdida de la vida física que el Creador nos dio, el resultado del juicio divino por el pecado y un enemigo a vencer, nos es muy difícil entender cómo es que algunas personas puedan vestir una imagen macabra que representa todo esto con atuendos finos, construirle altares, presentarle ofrendas, dirigirle plegarias, pedirle beneficios o perjuicios para otros. En una palabra, rendirle culto a la muerte.

En la creencia popular actual (que es una derivación de la prehispánica) el día de muertos es un momento en que, por alguna razón desconocida, los muertos regresan al mundo de los vivos temporalmente para convivir con sus deudos, gustar de los manjares que en vida disfrutaran y participar de un momento de esparcimiento con sus seres queridos aún vivos. Sin embargo la Biblia nos dice que los muertos nada saben ya del mundo de los vivos (Eclesiastés 9;4-6). Es más, los muertos ya no regresan a este mundo (Job 7;9-10). No sólo el sabio profeta Job enseñó esto, sino el mismo Jesucristo en aquella memorable historia del rico y Lázaro, la cual se encuentra consignada en el evangelio de Lucas 16;19-31. Específicamente en el versículo 31, nuestro Señor es enfático al decirnos que el retorno del "más allá" es denegado y se recomienda conocer y obedecer lo que Dios dice a través de sus profetas (en La Escritura) para evitar ir al lugar de castigo más allá de la muerte. En una palabra, los muertos ya no tienen conciencia de lo que sucede en nuestro mundo, no pueden interactuar con los vivos ni retornar a convivir con nosotros. Lo mejor que podemos hacer es honrar su memoria, atesorar su recuerdo, imitar sus virtudes y evitar sus defectos.

Había una vez un hombre muy rico, que vestía ropas muy lujosas. Hacía fiestas todos los días, y servía las comidas más caras. En cambio, junto a la entrada de su casa había un hombre pobre, llamado Lázaro, que tenía la piel llena de llagas. Unas personas lo sentaban siempre allí, y los perros venían a lamerle las llagas. Este pobre hombre tenía tanta hambre que deseaba comer, por lo menos, las sobras que caían de la mesa del hombre rico. "Un día, el hombre pobre murió y los ángeles lo pusieron en el sitio de honor, junto a su antepasado Abraham. Después murió también el hombre rico. Lo enterraron y se fue al infierno, donde sufría muchísimo. Desde allí vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro sentado junto a él. "Entonces el rico llamó a Abraham y le dijo: "¡Abraham, antepasado mío, compadécete de mí! Manda a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua. Sufro muchísimo con este fuego". Pero Abraham le respondió: "Tú eres mi descendiente, pero recuerda que cuando ustedes vivían, a ti te iba muy bien, y a Lázaro, muy mal. Ahora, él es feliz aquí, mientras que a ti te toca sufrir. Además, a ustedes y a nosotros nos separa un gran abismo, y nadie puede pasar de un lado a otro". El hombre rico dijo: "Abraham, te ruego entonces que mandes a Lázaro a la casa de mi familia. Que avise a mis cinco hermanos que, si no dejan de hacer lo malo, vendrán a este horrible lugar". Pero Abraham le contestó: "Tus hermanos tienen la Biblia. ¿Por qué no la leen? ¿Por qué no la obedecen?" El hombre rico respondió: "Abraham, querido antepasado, ¡eso no basta! Pero si alguno de los muertos va y habla con ellos, te aseguro que se volverán a Dios". Abraham le dijo: "Si no hacen caso de lo que dice la Biblia, tampoco le harán caso a un muerto que vuelva a vivir.
(Lucas 16:19-31).
Este pasaje, insisto, nos enseña que el retorno de los muertos al mundo de los vivos es denegado. Pero además es claro al mostrarnos que la condición de los muertos en el más allá, no puede ser modificada. No importa lo que los vivos traten de hacer desde este mundo "a favor" de ellos.

Pregunte al que sabe

Antes he dicho que para conocer acerca de algún tema, hemos de acercarnos a aquel que sabe. Sea por haber estudiado, preguntado a los que conocen o bien experimentado en carne propia el tema que estamos investigando. Señalé la figura de Jesús como aquel que es Dios, conoce la muerte y la ha vencido. ¿Por qué no ir a Él y preguntarle acerca del tema que nos ocupa en esta ocasión?

Jesús sufrió la muerte y tuvo que experimentarla en lugar, en representación de todos nosotros (Hebreos 2;9). La escritura es muy clara al decir que el resultado de una vida en pecado es la muerte (Romanos 6;23). Fue necesario (para que nosotros no experimentáramos la muerte eterna) que alguien sin pecado, a la vez divino y humano, tomara nuestro lugar en el madero y diera la vida por nosotros. Se produjo ahí una sustitución (2 Corintios 5;21). La culpabilidad nuestra fue cargada sobre Jesús, y la justicia de Él fue imputada a nosotros. Debido a esta gran necesidad en la que estábamos sumidos todos los seres humanos, Jesús muere. Pero, por medio de su muerte, derrota al que tenía el imperio de la muerte, al Diablo (Hebreos 2;14). Y no sólo derrota al emperador de la muerte, sino que derrota a la muerte misma (Hechos 2;22-24).

Con la muerte de Jesús tenemos un único sacrificio por nuestros pecados. Tal sacrificio no es necesario repetirlo (Hebreos 10;12-14), ya que es suficiente por haberlo hecho el Dios-hombre (Hebreos 10;17-18). Creer esto y aceptarlo, vivir para Jesús, es pasar de muerte a vida (Juan 5;24). Jesús es la resurrección y la vida. Al creer en Él (esto significa confiar únicamente en los méritos de su persona y no en los nuestros, para poder llevarnos a la vida eterna), pasamos de la muerte espiritual a la vida espiritual. Y el día en que la muerte física nos sorprenda, cuando Dios lo determine, nos levantaremos victoriosos de la tumba para vivir eternamente con Nuestro Redentor, a semejanza de la victoria que Él tuvo sobre la muerte (Juan 11;25-26).



Un dia Jesús acude a la casa de su mejor amigo, Lázaro. Se encuentra con sus hermanas Marta y María, transidas de dolor. Lázaro ha muerto. Marta sale al encuentro de Jesús. Jesús le dice: "Tu hermano resucitará". Ella le expresa su fe en el día de la resurrección futura. Él la corrige. Está hablando de una resurrección inminente, inmediata, del cuerpo de Lázaro. El Cristo expresa: "...y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente". Enseguida Él le extiende la pregunta a Marta: "¿Crees esto?".

Estimado lector, es necesario extenderle a usted la misma pregunta: "¿Crees esto?". ¿Cree usted que todo aquel que vive y cree en Jesús no morirá eternamente? Es ésta una pregunta, una cuestión de vida o muerte. Todo aquel que cree y vive en Jesús no morirá eternamente.
El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Jesús, en el evangelio de Juan 10:10).

Recuerden: Creer es también pensar.