sábado, 29 de mayo de 2010

Prohibido pensar


Quiero agradecer los comentarios (favorables y adversos) que he recibido de los lectores del blog. Ningún otro post ha despertado tantos en uno u otro sentido como el titulado «Criterios equivocados al decidir la verdad religiosa». Hay quien me ha invitado a ser su amigo, quien me ha dicho que lo ha leído más de una vez y que lo recomendará, pero también hay quien ha reaccionado de manera áspera (casi agresiva). Y es de entenderse y esperarse, puesto que el tema que aquí se trata es el religioso. Agradezco todas estas reacciones puesto que me dicen que están leyendo lo que escribimos.

Hoy deseo centrarme en comentar brevemente y con el mayor de los respetos, la reacción adversa que uno de nuestros lectores nos hizo saber a través de correo electrónico (aún seguimos intercambiando correspondencia vía e-mail respecto al tema). Uno de sus muchos y valiosos comentarios me servirá para el presente post.

Nuestro amigo (miembro de la iglesia popular) me escribía, entre otras cosas, lo siguiente en uno de sus comunicados:

«...Como tú dices, el diagnóstico y la cura estan ahí. Perfecto, eso quiere decir que tienes que seguir las indicaciones al pie de la letra, ok? Entonces no puedes reflexionar el asunto por tí mismo porque el diagnóstico ya está hecho y es una herencia y está en nuestra religión. No tienes por qué desviarte a tu antojo». (Énfasis añadido).

Deseo compartir con ustedes parte de la respuesta que ofrecí al comentario que he descrito anteriormente, y ampliarla un poco más. Veamos.

«...Ese es un gran problema con el hombre,...: No pensar por sí mismo..., eso es causa de muchos males en nuestra sociedad en todos los niveles, especialmente el religioso... Y es precisamente el pedirle a sus feligreses que NO PIENSEN POR SI MISMOS la principal característica de una secta (nuestro amigo me acusaba de ser sectario). Mira lo que dice La Biblia sobre el pensar por sí mismo y no hacer caso de todo lo que se nos enseña en: 1 Corintios 14.29, 1 Tesalonicenses 5.19 y 20. Incluso la enseñanza de un apóstol era comparada con La Escritura en Hechos 17.10 y 11…».

Por fortuna, la Biblia no prohíbe a los cristianos pensar por sí mismos cuando se les presenta y propone para su práctica, alguna enseñanza religiosa. Antes bien, comunica con carácter de mandato el escuchar y analizar para decidir. Voy a citar a continuación los tres pasajes que usé en mi respuesta a nuestro lector. Utilizaré en las citas a continuación únicamente versiones católicas:

En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y los demás hagan un discernimiento. (1 Corintios 14:29. Biblia latinoamericana 95).

La palabra griega que se usa aquí para «discernimiento» (diakrino) significa «discriminar, separar, examinar, interrogar, dudar». Y todo ello para decidir. Esto es, el apóstol Pablo mandaba a los creyentes que cuando oyesen a uno que se decía profeta y que traía mensajes de parte de Dios, fueran capaces de oirle (no prohibía el oirle) con una actitud de análisis. Y para poder hacer esto es necesario pensar por sí mismo.

No apaguen el Espíritu, no desprecien lo que dicen los profetas. Examínenlo todo y quédense con lo bueno. (1 Tesalonicenses 5:19-21 Biblia latinoamericana 95).

Casi no es necesario ampliarme sobre el significado de la palabra «Examínenlo». Me parece ser muy clara para todos nosotros. Sin embargo, comento brevemente. La palabra «dokimazo» significa probar, someter a prueba, con la expectación de aprobar. También implica ejercer la capacidad de pensar por uno mismo. San Pablo no rechaza el acto de escuchar a los que se dicen profetas ni su mensaje. Lo que pide es probar, someter a prueba con la expectación de aprobar si es que esto es correcto.

Como quiera, los hermanos, sin perder tiempo aquella noche, hicieron partir a Pablo y a Silas para Berea. Los cuales luego que llegaron, entraron en la sinagoga de los judíos. Eran éstos de mejor índole que los de Tesalónica, y así recibieron la palabra de Dios con gran ansia y ardor, examinando atentamente todo el día las Escrituras, para ver si era cierto lo que se les decía. (Hechos 17.10-11. Biblia de Félix Torres Amat).



En este pasaje, escrito por san Lucas el evangelista, se utiliza nuevamente la palabra «Examinar» cuya descripción griega ya he presentado al comentar 1 Tesalonicenses 5.19-21 («dokimazo»). Sin embargo quiero llamar su atención al conjunto de la frase que describe Lucas. Habla de personas que aceptan con gran deseo el mensaje del apóstol y que sin embargo, filtran las palabras de éste a través del estudio concienzudo de las Escrituras. No oyen y aceptan sin análisis. Todo lo contrario, examinan, interrogan, prueban, y deciden en base a lo anterior. Y por ello son alabados por el evangelista al decirles que fueron «de mejor índole». No aceptan todo lo que se les pone por delante sin más.

Lo que deseaba explicar en el post bajo análisis, es que la herencia religiosa que hemos recibido debemos examinarla, probarla a la luz de lo que los apóstoles enseñaron. El antídoto a nuestro gran mal (el pecado) está dado en las palabras y enseñanzas de los apóstoles y sobre todo, de Jesús. Resta que comparemos lo que se nos ha enseñado y hemos aceptado como herencia religiosa, con lo que se explica claramente en el Nuevo Testamento. Conviene pues que nos preguntemos ¿corresponde lo que he creído y he estado practicando, con lo que enseñaron los apóstoles en el Nuevo Testamento? ¿He probado, examinado, analizado con el ánimo de decidir si es correcto (como lo recomiendan los apóstoles), lo que me han enseñado y he creído toda mi vida? El decidir después de analizar no sólo evitará que tengamos una fe y práctica equivocadas, sino incluso, cuando estemos seguros de seguir el credo correcto, evitará que seamos objeto de abusos por parte de líderes que no se ajustan al perfil bíblico (cosa muy común en América Latina y especialmente en nuestro amado México, sin excluir otras localidades).

Creo que es precisamente el aceptar de manera ciega y sin una comparación previa con la enseñanza apostólica lo que supuestos líderes religiosos enseñan, lo que conduce al sectarismo y también al fanatismo religioso. Por todo lo antes expuesto considero que no se prohibe pensar.

De ahí que la propuesta del blog sea CREER ES TAMBIEN PENSAR.

TEMAS RELACIONADOS, OPRIMAN AQUI Y AQUI.

domingo, 2 de mayo de 2010

Criterios equivocados al decidir la verdad religiosa


«Imagine que se encuentra en la sala de emergencias de un hospital y que está gravemente enfermo. El médico le explica que la enfermedad es mortal en el 100% de los casos si no se administra un antídoto específico, y agrega que el tratamiento con el antídoto es 100% efectivo y asegura una inmediata recuperación.

Al presentar los hechos de este modo, el médico deja en claro que sus preferencias (de usted, no del médico) no cuentan en absoluto ni están en discusión. No importa cuánto le agrade o le desagraden las inyecciones o las píldoras correctas; esta enfermedad requiere una cura específica que debe administrarse de una manera específica. Si no sigue el tratamiento correcto, morirá.

Dado el tipo de enfermedad y el tratamiento requerido, un error en el diagnóstico puede ser fatal. A ningún paciente que está sufriendo un infarto le gustaría ser atendido por un médico convencido de que necesita un yeso en la pierna. Es necesario aplicar el tratamiento correcto sin importar cuán desagradable, incómodo, doloroso, o incluso ofensivo pueda resultar. No existe la posibilidad de ... elegir el tratamiento que más le gusta. Hay una sola cura, y punto. El paciente debe tomar conciencia de que la opción es aceptar el tratamiento o enfrentar las consecuencias».

Cuando se trata de diagnosticar el mal del ser humano y de recetar la medicina, muchas personas creen que se puede dar el diagnóstico que más nos guste personalmente, así como recetar el tratamiento que más nos agrade o que otros elijan por nosotros. Estoy hablando del tema religioso. Hay varios criterios (diagnósticos) que las personas usan para «recetarse» (decidir) el remedio (la religión). Entre varios otros se encuentran el criterio de «la mayoría» (no creo que la mayoría esté equivocada de religión); el criterio de «la herencia» (esta es la fe que me herederon mis padres y con ella me quedo); y el de «la permanencia» (siempre se ha creído así). Pero considero que, tanto en materia de salud y mucho más, en materia de religión (pues involucra cuestiones eternas), el diagnóstico importa y el antídoto aún más.

Hoy comparto con ustedes una reflexión sobre el criterio de «la herencia». Más adelante compartiré sobre los criterios de «la mayoría» y de «la permanencia», a la hora de elegir su religión.

EL CRITERIO DE «LA HERENCIA»
Este significa que el buscador de la verdad religiosa piensa de la siguiente manera: «Esta es la fe que han tenido mis antepasados y que me han inculcado, por tanto debe ser la verdadera». Veamos.

Esos hábitos y creencias antiguos cuyo origen pocos pueden recordar, y frecuentemente se aceptan sin cuestionar o sin siquiera pensar en ellos, constituyen las tradiciones religiosas. «¿Por qué desafiar dichas creencias y hábitos?», parece ser el razonamiento. Este es el punto de vista más común que la gente utiliza para «seleccionar su fe». Aunque de ninguna manera puede a este proceso llamársele «elegir», ya que se nace y crece con dichas creencias. Se aceptan de manera pasiva, pues nunca han sido examinadas de manera crítica. Por lo general, cuando a las personas que sostienen alguna creencia de manera «tradicional» o «hereditaria» se les pregunta por qué creen lo que creen, no saben dar razón de su fe (1 Pedro 3.15). O responden dando una razón del tipo «Así hemos creído siempre en nuestra familia», o bien con un sencillo «Porque sí». Si hemos de ser sinceros, no puede llamarse a dichas doctrinas, sus «propias creencias».

Si usted no ha analizado por sí mismo las creencias que sostiene, entonces está confiando en que alguien entre sus antepasados haya examinado «la fe» (en lugar suyo) y haya llegado a la conclusión de que es la correcta. La fe adecuada en cuanto a si hay un Dios, qué carácter tiene, cómo relacionarse con Él, cómo vivir para agradarle, si hay un «más allá» y cómo asegurar una buena estancia en él, etc. ¿No le parece un gran riesgo depender de otra persona para su propia seguridad religiosa y eterna? Seamos honestos con nosotros mismos, hemos sido muy ágiles para aceptar como verdad indiscutible lo que nuestros antepasados nos han inculcado (¿o debería decir…impuesto?).

Bajo el criterio anterior, si usted hubiese nacido en la India sería hindú por herencia no por convencimiento propio (ya que sus padres serían hindúes casi seguramente). Por tanto, usted creería que es verdad la doctrina de la reencarnación (opuesta totalmente a la doctrina de la resurrección, por ejemplo), también creería que hay cientos o miles de dioses y que debe pagar su «karma» sin ayuda de nadie. Pero si usted compara su fe actual con la fe de un hindú, se dará cuenta que son totalmente distintas -a menos que usted también sea hindú, por supuesto- y que ambas no pueden ser verdad al mismo tiempo. Por tanto, o usted está equivocado o los hindúes lo están. En el último análisis: sus padres estuvieron equivocados o los padres de nuestro hipotético amigo hindú lo estuvieron. ¿Y..si ambos lo estuvieron? ¿Cabe esa posibilidad? Si somos francos deberemos responder que sí. Y así es también con las distintas religiones que existen, sea usted Mormón, Testigo de Jehová, Católico o, incluso, ateo.

Cuando alguien le hace pensar en que existe la posibilidad de que en materia de religión pueda estar equivocado, puede reaccionar con agresividad y molestia: «¡Arrogante! ¡¿quién eres tú para decirme que es posible que me haya equivocado de religión!?». O incluso puede tratar de ignorar o evitar de ahí en adelante a esa persona. O puede detenerse a pensar por un instante: «¿Existe la posibilidad de que esté equivocado? ¿en verdad estoy completamente seguro de tener la religión correcta? ¿sobre qué base estoy seguro? ¿he examinado mi creencia por mí mismo o es solo que la he aceptado pasivamente sin pensarlo?». ¿Cómo le gustaría visualizarse a sí mismo? ¿Cómo alguien que busca la verdad o como alguien que apoya una creencia heredada sin haber pensado en ella? ¿No le gustaría tener la seguridad de haber investigado su fe y haberla también aceptado sobre una base sólida de reflexión?



El hecho de que alguna creeencia haya sido enseñada por nuestros padres o antepasados de la manera más sincera y con la mejor de las voluntades, no lo hace verdad. Ejemplo de esto podría ser... la creencia de nuestros antepasados en «la tierra plana». Estamos de acuerdo en que en un tiempo la mayoría de las personas, si es que no todas, creyeron que la tierra era plana y así lo enseñaron de generación tras generación. Los historiadores no estan de acuerdo, es cierto, en la fecha en que algunos estrafalarios por ahí empezaron a pensar que la tierra era redonda. Algunos dicen que la redondez de nuestro planeta fue descubierta antes de la era cristiana. Algunos otros dicen que esto fue descubierto ya bien entrada la edad media. Pero todos están de acuerdo en que hubo un tiempo en que se creyó por la totalidad de las personas, que el mundo era plano y se creyó en ello porque «Así nos lo enseñaron nuestros padres». Y sin embargo, estaban equivocados.

Cuando se es niño, se acepta la autoridad de nuestros mayores, especialmente de nuestros padres (Éxodo 20.12), aunque no todo lo que nuestros padres dijeron e hicieron es correcto, (¿o sí?) 1 Pedro 1.18-19. Es parte del crecimiento y la madurez pensar por uno mismo, reflexionar y decidir. Recuerde: el diagnóstico y el antídoto adecuados para nuestra necesidad, no dependen de nuestras preferencias ni de las preferencias de otros en nuestro lugar. La verdad del diagnóstico y de la cura están ahí, esperando ser descubiertos por nosotros tras haber reflexionado en el asunto. Le invitamos a que visite algunos de los diversos temas que ofrece el cristianismo evangélico en las diferentes páginas del presente blog al navegar en el «Archivo del blog» o en los diversos temas de «Etiquetas» y a través de otros muchos medios que hay en internet, de los que recomendamos algunos en las «Páginas de interés».

Creer es también pensar.

Temas relacionados:
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domingo, 4 de abril de 2010

¿Cuál es la diferencia? 2da. parte

Hola, bienvenidos. Comparto con ustedes la segunda parte de la respuesta a la pregunta «¿Cuál es la diferencia entre católicos y evangélicos?».

Y continuaremos desarrollando el tema. La siguiente entrega, en breve.

Recuerden: Creer es también pensar.

Saludos.


sábado, 27 de febrero de 2010

En busca de una historia de amor


«Nosotros ponemos la boda y tú pones la historia de amor. Nosotros ponemos la boda, lo demás es tu bronca. Cásate con Martha Debayle en W». Estaba atareado en mi escritorio, cuando escuché estas palabras a través del aparato receptor sintonizado en la oficina. Y no fueron solo estas palabras las que me llamaron la atención, sino las que siguieron.

Resulta que W Radio a través del programa de Martha Debayle –que se transmite por internet de Lunes a Viernes en mi país, y que tiene una gran audiencia también en Estados Unidos y Sudamérica-, están ofreciendo el anillo y vestido de novia, la ceremonia y cena nupcial en un elegantísimo y fino restaurante, la estancia en un hotel de lujo y varias cosas más. Todo ello a cambio de una extraordinaria (pero extraordinaria) historia de amor. ¡Wow, qué gran oportunidad para quienes desean ahorrarse todos los gastos de su enlace matrimonial!

Bien. Ese día que llamó mi atención dicho concurso, había ya cerca de 800 historias de amor que los participantes habían subido al sitio Web de la W. De este número de relatos que habían llegado, se leyeron al aire los que tenían mayor votación. Dos o tres de ellos. Pero sucede que ninguno de éstos fue del agrado de la titular del programa. Así que sus compañeros en cabina, intrigados porque ninguna narración le había gustado, le preguntaron: «¡Bueno, Martha! Para ti entonces,… ¿cuál sería una buena historia de amor?». Ella respondió: «Para mí, una de las más grandes historias de amor es la de…».
¿Quieren saber qué respondió ella? De acuerdo, opriman el reproductor mp3 a continuación. Su respuesta (2 minutos) me servirá como base para el comentario de hoy.



Seguro estoy que se percataron del doble énfasis que Martha Debayle hizo en la historia de amor que presentó. Básicamente recalcó: 1) la abdicación al trono de Inglaterra que Eduardo VIII hizo por amor, y 2) por amor a una mujer divorciada (Wallis Simpson).

«Una de la más grandes historias de amor es la de Wallis Simpson, que era una norteamericana divorciada de la cual se enamoró el que habría de ser rey de Inglaterra…». Este es el primer énfasis que hizo la conductora del programa. Enfatizo la palabra divorciada, ya que si bien es cierto que en nuestra sociedad actual el divorcio ya no es extraño ni objeto de estigma alguno, para la realeza de aquél tiempo (1936) era escandaloso que una mujer de tal estado civil y además plebeya, llegase a ser la reina de Inglaterra.

«¿Saben lo que es dejar… el trono de un reino…por amor? », dijo la conductora. Este fue el segundo énfasis. Sí, sucede que debido al rechazo que los reyes (padres de Eduardo), el parlamento inglés y la prensa tenían hacia Wallis, el ahora rey inglés decide renunciar al trono y a todos los privilegios y responsabilidades que ello implicaba. Se casa con su amada pese a todo y le es asignado solo el título de Duque de Windsor.

Si esta historia de amor sorprende a algunos, hay otra historia, de amor también, que tuvo lugar hace dos milenios. Sí, un historia muy parecida pero con implicaciones más profundas y alcances eternos. Es también la historia de un rey, pero no de un reino como el de Inglaterra (tan importante como pudiera ser o parecer). Sino de un soberano que tenía Su Reino sobre toda la tierra. Uno que es Rey sobre los reyes y es Señor sobre los señores. El Creador de todo cuanto existe. El Hacedor del universo, tan vasto como es. Con sus incontables galaxias, soles y planetas. El Orquestador asombrosamente inteligente que sintonizó el cosmos de manera tan delicada que fue posible la existencia de todo lo que rodea, maravilla y asombra nuestro ser. El Diseñador de este cerebro tan complejo (que funciona gracias a sus entre 100 y 500 millones de conexiones o sinapsis, que jamás podrá emular la computadora más sofisticada) y de nuestros ojos (con el cristalino que permite el enfoque de objetos a diferentes distancias, la pupila que regula la cantidad de luz que recibe la retina y que nunca podrán imitar las cámaras más complicadas hechas por la inteligencia humana).

El Autor de esta gran obra, El Eterno, dejó temporalmente Su trono de Gloria. “Abdicó”, por decirlo en términos de la historia de amor que da pie a estas líneas, su trono universal. En palabras del Apóstol:

[Cristo Jesús] quien, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y mostrándose en figura humana se humilló,... (Filipenses 2;6-8a)

Notemos que Cristo, siendo Dios (eso significa tener “condición divina” y “ser igual a Dios”) se vació de Sí mismo. Eduardo VIII dejó el trono de Inglaterra. Ya era rey y abdicó. Sin embargo no tomó el carácter de plebeyo. Le fue dado el título de Duque de Windsor y conservó prerrogativas, privilegios de la realeza. Cristo “se hizo plebeyo”. Se hizo hombre, asumió la naturaleza humana siendo Dios. Estuvo sujeto a todas las limitaciones físicas a que estamos sujetos nosotros todos. Nació en el seno de una familia humilde, en el lugar propio de animales de carga y labor agrícola. Hijo de una joven de clase baja, criado por un carpintero por padre. Sin educación excepcional ni los privilegios de las clases acomodadas; mucho menos delicadezas de las familias reales. Al nacimiento del cual, el que se tenía por su padre aquí en la tierra, debió ofrecer en sacrificio dos tórtolas por la purificación ritual de su madre, ya que sus ingresos eran insuficientes para comprar un cordero. Así pues, presentaron la conocida como “ofrenda de los pobres”. No hubo sábanas de seda, ni atuendos de lino delicado, ni alfombras que acariciasen los pies de Aquél que dijo de sí Mismo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.» (Mateo 8:20). Sí, « …se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y mostrándose en figura humana se humilló,... »

Pero Dios en Cristo, no solo renunció a Su Gloria celestial para intervenir personalmente en la historia. Renunció también a Su Vida misma. Hizo más que “abdicar” (note el énfasis de Jesús en dar su vida):

Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y dar su vida… (Marcos 10:45)


Quiso El Señor destrozarlo (triturarlo) con padecimientos, y él ofreció su vida...(Isaías 53:10a)


El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. (Juan 10:17-18a)

Hasta aquí me he referido al segundo hincapié que Debayle hizo en su historia de amor, como una pálida analogía de la “abdicación” de Dios. Ahora centrémonos en el primer acento que hace respecto a su narración: «¿Saben lo que es dejar… el trono de un reino…por amor?...[a] una norteamericana divorciada...».

He dicho ya que en la realeza, parlamento y prensa inglesas, hubo rechazo hacia la persona de Wallis Simpson no solo por ser divorciada, sino también por ser plebeya. Veamos ahora el motivo de Eduardo VIII y la condición civil y social de su amada. Un plebeyo es alguien perteneciente a la plebe. Significa en su raíz etimológica alguien que no es patricio o noble. Entonces aquí la amada no es social ni moralmente digna de que un rey se fije, y mucho menos se case con ella. Sin embargo, el amor motiva al rey a la renuncia al trono para unirse a su amor y elevarla socialmente, por lo menos, haciéndola duquesa de Windsor (como en realidad sucedió).

El motivo de Cristo fue también el amor. El amor hacia nosotros, indigna e inmoralmente “no aptos” para recibir su atención y sacrificio. Indignos e inmorales como nos describe con detalle el apóstol:

No se dejen engañar. Ustedes bien saben que los que hacen lo malo no participarán en el reino de Dios. Me refiero a los que tienen relaciones sexuales prohibidas, a los que adoran a los ídolos, a los que son infieles en el matrimonio, a los hombres que se comportan como mujeres, a los homosexuales, a los ladrones, a los que siempre quieren más de lo que tienen, a los borrachos, a los que hablan mal de los demás, y a los tramposos. Ninguno de ellos participará del reino de Dios. Y algunos de ustedes eran así. Pero Dios les perdonó esos pecados, los limpió y los hizo parte de su pueblo. Todo esto fue posible por el poder del Señor Jesucristo y del Espíritu de nuestro Dios. (1 Corintios 6:9-11)


Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)


Pero Dios es tan misericordioso y nos amó con un amor tan grande, que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados…(Efesios 2:4-5)


...el hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí. (Gálatas 2:20)


Amable lector, sigue siendo para mí motivo de asombro el que Dios, siendo Puro y Santo, se haya fijado en nosotros al grado de tomar nuestro lugar en la cruz con el objeto de lavarnos completamente de nuestras culpas. Y en adición a ello cambiar nuestro interior para que le busquemos de corazón. Si busca usted una gran y extraordinaria (pero extraordinaria) historia de amor, creo que no hay una más grande que esta. Una en la que el Rey “abdica” Su trono y se inclina a nosotros “plebeyos” para levantarnos de nuestra miseria y darnos un lugar junto a Él en la eternidad. ¿Querrá usted creer y aceptar lo que hizo El Rey por usted? Si desea saber cómo acercarse a Dios, oprima aquí.

Recuerden: “Creer es también pensar”.

domingo, 24 de enero de 2010

¿La historia la escriben los vencedores?


¿Puede usted imaginar a un grupo compuesto por un mormón, un judío mesiánico, un testigo de Jehová, un ateo y un cristiano evangélico desayunando juntos? ¿Puede usted imaginar el nivel de temperatura de una conversación de tal grupo, cuyo tema es la religión? Pues por difícil que pueda parecer reunir a tal conjunto de personas con opiniones religiosas tan dispares, en un tiempo fue posible. De hecho yo formé parte de dicho conjunto tan singular, representando la parte del cristianismo evangélico.

En una ocasión que tocábamos el tema de la autoridad de nuestros particulares libros sagrados (el libro de Mormón, la Torá, la traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, la Biblia versión Reina-Valera y para el ateo pues,... ninguno), se suscitó el siguiente comentario: "La historia la escriben los vencedores". Este provenía, por supuesto, de la parte atea y el sentido de dichas palabras era: ¿cómo puedes confiar en el relato o libro escrito por un grupo de personas, cuyas ideas religiosas prevalecieron por encima de las demás una vez ganada la guerra? ¿No te parecería dicho relato manipulado por la parte vencedora?

"La historia la escriben los vencedores" es una frase muy popular y se utiliza para dar a entender que, en nuestro caso, la Biblia ha sido manipulada por un grupo victorioso en el ámbito militar y por ende, en el mundo de las ideas. Pero, ¿es esto así? En el caso del cristianismo, ¿está justificada? ¿la historia la escribieron los cristianos vencedores? Pongamos a prueba esta afirmación.

El regalo más preciado que aún conservo de mi padre, es una colección de nueve tomos de Los Clásicos Grecolatinos (Platón, Virgilio, Séneca, Plutarco, Cicerón, Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio, etc.). Me fue obsequiada por allá del año 1995. Me ha sido en muchas ocasiones de mucha utilidad, ya que en sus tomos encuentro -entre otras muchas cosas- las palabras de autores no cristianos que de manera incidental mencionan a Cristo y también a los cristianos de las primeras generaciones, así como su forma de vida y costumbres.



Bien. En el tomo dedicado a los historiadores griegos, encontramos la obra titulada Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides. Dicha obra cubre veinte de los veintisiete años que duró la guerra (431 a.C. a 404 a.C.), en la cual participó dicho autor griego, como comandante de una flota ateniense en la guerra contra Esparta. La guerra fue perdida por los griegos (entre los cuales se encontraba Tucídides) contra los espartanos. El autor mencionado es considerado aún hoy día como uno de los padres de la historiografía (ciencia histórica). Respecto a dicha obra, la Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2002. (1993-2001 Microsoft Corporation), nos dice:

...es una muestra indudable del alto valor historiográfico de los escritos de su autor, hábil mezcla de conocimientos directos —no en vano, participó en la contienda— y de investigaciones analizadas a la luz de profundas comparaciones documentales. Su método, en palabras del propio Tucídides, sirve para buscar la verdad y la exactitud, con el fin de que la historia tenga utilidad, aceptando la tradición oral sólo si es comprobada y haciendo especial énfasis en el correcto uso de la observación directa de los hechos, a la que añade lo que él denomina verosimilitud de los mismos.



Si bien es cierto que Grecia perdió la guerra, Tucídides, aunque vencido, escribió la historia de dicho conflicto con un muy alto nivel de objetividad, según la opinión de historiadores modernos. Así pues, la historia no es siempre escrita por los vencedores. De manera que una de las ideas implícitas en el cliché "La historia la escriben los vencedores", queda eliminada.

Ahora veamos la implicación de si el cristianismo obtuvo la victoria militar en el tiempo de la redacción de sus escritos sagrados, el Nuevo Testamento. Me permitiré ahora citar de la misma colección de clásicos grecolatinos, una obra titulada Anales del autor Cornelio Tácito. En el libro XV párrafo 44 leemos, con referencia al incendio de Roma en el año 64 de nuestra era aproximadamente, del cual fueron acusados los cristianos para desviar las sospechas de sobre la persona del emperador Nerón:

Y así Nerón, para divertir esta voz y descargarse dio por culpados de él, y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos, a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilatos, procurador de Judea [...] fueron, pues, castigados al principio los que profesaban públicamente esta religión, y después, por indicios de aquéllos, una multitud infinita, no tanto por el delito del incendio que se les imputaba, como por haberles convencido de general aborrecimiento al género humano. Se añadió a la justicia que se hizo de estos la burla y escarnio con que se les daba la muerte. A unos vestían de pellejos de fieras, para que de esta manera los despedazasen los perros; a otros ponían en cruces; a otros echaban sobre grandes rimeros de leña, a los cuales, en faltando el día, pegaban fuego para que, ardiendo con ellos, sirviesen de luminarias en las tinieblas de la noche.


¿Le parecen los cristianos descritos en este relato -proveniente de una fuente pagana, adversa a la iglesia y por ello mismo confiable-, un grupo vencedor militarmente? Por supuesto que no. La iglesia en sus inicios, mientras los escritos del Nuevo Testamento eran redactados, era un grupo que, si bien es cierto estaba en constante crecimiento (por el poder divino, el testimonio de vidas cambiadas, y varios factores socioculturales), no tenía milicia alguna. El cristianismo, una vez identificado como un grupo independiente del judaísmo, fue una religión proscrita, prohibida, digna de muerte. No poseían armas. Por lo menos no armas de este mundo. Leamos lo que dice San Pablo al respecto en 2 Corintios 10:4-5:

Las armas que usamos no son las del mundo, sino que son poder de Dios capaz de destruir fortalezas y toda altanería que pretenda impedir que se conozca a Dios. Todo pensamiento humano lo sometemos a Cristo, para que lo obedezca a él.


Veamos ahora esta otra fuente grecolatina, pagana, adversa al cristianismo también. Esta cita a continuación, proviene de Plinio el joven, gobernador de la provincia de Bitinia bajo el emperador Trajano. Escribió alrededor del año 111 d.C. lo siguiente:


...Nunca he asistido al proceso y sentencia de ningún cristiano... ¿deben ser castigados todos sin distinción de jóvenes y ancianos? ¿Debe perdonarse al que se arrepiente? ¿O es inútil renunciar al cristianismo una vez abrazado? ¿Es el nombre sólo lo que se castiga en ellos? ¿Qué crimenes están unidos a este nombre? He aquí las reglas que he seguido en las acusaciones presentadas ante mi contra los cristianos. A los que lo han confesado, les he interrogado por segunda y tercera vez, y les he amenazado con la tortura, y a ella les he enviado si han persistido. Porque, fuera de lo que hicieran y lo que confesasen, he creído que debía castigarse su desobediencia e invencible obstinación. Otros hay dominados por la misma locura, que he reservado para enviarlos a Roma, porque son ciudadanos romanos. Se ha propagado hace poco este delito, como sucede ordinariamente, se ha presentado bajo diferentes aspectos. Me han entregado una Memoria sin nombre de autor, en la que se acusa de ser cristianas a diferentes personas que niegan serlo y haberlo sido nunca. En presencia mía y según los términos que les he dictado, han invocado a los dioses y ofrecido incienso y vino a tu imagen, que había hecho llevar expresamente con las estatuas de nuestra divinidades, y hasta han lanzado maldiciones contra Cristo, a lo que, según dicen, no es posible obligar jamás a los que son verdaderamente cristianos [...] Decían que todo su error o falta se limitaba a estos puntos: que en determinado día se reunían antes de salir el sol y cantaban sucesivamente himnos en honor de Cristo, como si fuese Dios; que se obligaban bajo juramento, no para crímenes, sino a no cometer robo ni adulterio; a no faltar a la promesa, a no negar el depósito...


Podemos deducir muchísimas cosas de los primeros cristianos a partir del texto anterior. Pero sólo reiteraré que el cristianismo era un delito, una religión prohibida por el gobierno romano. De hecho el serlo implicaba persecución, tortura y muerte de la forma más horrenda. Derivado de ello sólo pasaban a formar parte de la iglesia los que estaban verdaderamente convencidos y convertidos. Entregados en cuerpo y alma a Cristo. Por ello la iglesia gozaba de un alto grado de pureza moral, de santidad. La ética de los primeros cristianos era de lo más elevada. La mentira era un pecado. La segunda idea implícita en el cliché "La historia la escriben los vencedores" se derrumba con estos argumentos.



He presentado solamente un par de referencias paganas (Anales de Tácito y Carta XCVII de Plinio) con relación a la situación del cristianismo en el primer siglo, mientras sus escritos sagrados estaban siendo redactados e inmediatamente después de esto. Estas son evidencias externas de la vida de la iglesia. Ahora vamos a pasar a considerar algunos pasajes del Nuevo Testamento que fueron escritos durante estos periodos de persecución hacia los cristianos, tanto por la parte del pueblo judío como por la parte del gobierno romano. Esto reforzará la conclusión a la que hemos llegado:

Ustedes tuvieron compasión de los que estaban en la cárcel, y hasta con alegría se dejaron quitar lo que poseían, sabiendo que en el cielo tienen algo que es mucho mejor y que permanece para siempre. (Hebreos 10:34)



Es cierto que todos los que quieren llevar una vida piadosa en unión con Cristo Jesús sufrirán persecución; (2 Timoteo 3:12)



Queridos hermanos en Cristo, no se sorprendan de tener que afrontar problemas que ponen a prueba su confianza en Dios. Eso no es nada extraño. Al contrario, alégrense de poder sufrir como Cristo sufrió, para que también se alegren cuando Cristo regrese y muestre su gloria y su poder. Si alguien los insulta por confiar en Cristo, consideren ese insulto como una bendición de Dios. Eso significa que el maravilloso Espíritu de Dios está siempre con ustedes. Si alguno de ustedes sufre, que no sea por ser asesino, ladrón o bandido, ni por meterse en asuntos ajenos. Si alguno sufre por ser cristiano, no debe sentir vergüenza, sino darle gracias a Dios por ser cristiano. (1 Pedro 4:12-16)




La iglesia cristiana, nos dicen los historiadores, no dejó de ser perseguida tanto por la población pagana como por el gobierno romano, hasta la primera mitad del siglo cuarto de nuestra era. Para entonces, los escritos del Nuevo Testamento tenían más de doscientos años de haberse redactado y ya circulaban por todo el imperio. El Nuevo Testamento es confiable (para más evidencias de esto opriman aquí). Este nos narra el nuevo pacto que ha hecho Dios con la humanidad, el cual ha sellado con la sangre de Jesucristo. En él se nos pide arrepentirnos y confiar únicamente en los méritos de Jesús y en su sangre derramada en la Cruz para limpiarnos de todos nuestros pecados. Amable lector, le invito a que confíe y se entregue al Salvador que este documento digno de confianza nos presenta. Para saber cómo acercarse a Dios, oprima aquí.

¿Qué le parece? Después de considerar la evidencia, ¿cree usted que la frase tan difundida "La historia la escriben los vencedores" puede aplicarse a los escritos a cristianos?

Recuerden: Creer es también pensar.

sábado, 9 de enero de 2010

Sobre los milagros



"Con frecuencia, la gente nos pregunta hoy en día si sería posible un cristianismo desprovisto...o 'liberado' de sus elementos milagrosos,...A mi modo de ver, la única religión del mundo...que no admite esa posibilidad es el cristianismo". C.S. Lewis (ex ateo).

Hace algunas semanas salí con mis hijos varones a un centro de diversiones ubicado en una popular plaza comercial aquí en la ciudad. Mientras los niños brincaban en un inflable enorme con forma de avión militar, y debido a que no podía entrar a hacer lo mismo con ellos, me entretuve jugando billar. La mesa estaba colocada frente al inflable donde mis hijos se divertían, así que tuve la oportunidad de, a la vez que los cuidaba, recordar las habilidades practicadas en mis tiempos de secundaria y preparatoria (mientras el resto de mis condiscípulos tomaba clases en la escuela). Mientras golpeaba una bola y otra para tratar de hacerlas entrar en las buchacas, decidí elaborar este post acerca de los milagros. "Pero, -pensarán ustedes-, ¿qué tiene que ver el billar con los milagros?". Lo veremos más adelante.

Soy cristiano. Creo en los milagros. Los he visto, experimentado. Quizá no con tanta frecuencia como desearía, pero a través de dos décadas me he topado de vez en vez con lo portentoso. Nada menos, hace unos pocos domingos, en una parte de nuestra reunión masiva hicimos oración a favor de los enfermos. Al terminar el evento pudimos ver a un pequeñito caminar -es verdad, de la mano de su madre- con regular seguridad. Este niño de aproximadamente unos cuatro años de edad, hasta antes de esa oración no se levantaba de su carreola debido a una enfermedad que le debilitaba y encorvaba las piernas. Minutos después, lo vimos flexionarlas rítmicamente al compás de los cantos de gratitud dirigidos a Dios por el grupo musical.

Me llama la atención el relato del evangelio de Juan respecto a Tomás, el apóstol. Cuando Jesús resucita, se aparece a todos los discípulos excepto a él. Cuando Tomás se reúne con sus compañeros, éstos le dan testimonio acerca del milagro, de la resurrección de Jesús. Sin embargo, nos dice el Nuevo Testamento, no recibe el testimonio de sus compañeros sino que solicita evidencia... ¿cómo podemos llamarla? ¿empírica? El caso es que el escéptico expresa: "...Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer." (Juan 20:25). Es sorprendente ver que Jesús, si bien es cierto que le llama la atención, accede a brindarle al dubitativo apóstol las evidencias que solicitaba.

Cuando leemos los diversos relatos de la resurrección en los distintos evangelios, notamos que la gran mayoría de los discípulos fueron escépticos en primera instancia al testimonio de otros - aunque estos otros hayan sido amigos muy cercanos y confiables- acerca de este gran milagro de Nuestro Señor. Hubo necesidad de apariciones personales del Jesús resucitado, para confirmar las narraciones testimoniales. El evangelio de Marcos 16;10-11 nos dice: "Ella [María Magdalena] fue y avisó a los que habían andado con Jesús, que estaban tristes y llorando. Estos, al oír que Jesús vivía y que ella lo había visto, no lo creyeron". (Corchetes y énfasis añadidos).

No sé cómo habríamos reaccionado usted y yo de haber estado en el lugar de estos discípulos que anduvieron con Jesús, escucharon de El la profecía acerca de Su resurrección y además escucharon el testimonio de labios de María Magdalena y no creyeron. Quizá usted estaría en una altura espiritual más elevada que ellos y no habría necesitado de evidencia adicional. Sencillamente le hubiese creído a María y a otros. Respecto mí, creo, hubiese actuado igual que ellos. En el versículo 13 del mismo capítulo que estoy citando, leemos: "Estos [los hombres dudosos del versículo 11, una vez que Jesús les hubo aparecido] fueron y avisaron a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron". (Corchetes añadidos).

No publico este post para aquellos que hubiesen creído sólo por el testimonio. Lo dedico a aquellos que cual Tomás y algunos otros, requieren de evidencia adicional a la información testimonial. San Juan apóstol escribió: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida...eso les anunciamos". (1 Juan 1:1-3). Me hago eco pues hoy nuevamente, de las palabras de C.S. Lewis: "No pretendo atenuar el caráter milagroso de los milagros,...procuro dar respuesta a quienes los consideran arbitrarios, teatrales, indignos de Dios o violaciones sin sentido del orden natural".



Para nuestros amigos e invitados que sólo requieren del testimonio - bienaventurados ellos, de acuerdo a Jesús en Juan 20;29- proporciono en un post futuro una grabación acerca de este precioso tema de los milagros.

Bien. Respecto a este asunto surgen varias preguntas. Por ejemplo, ¿qué es un milagro? Filósofos como Baruc Spinoza, David Hume y Anthony Flew, han definido el milagro como una violación de las leyes naturales. Pero, ¿es esta una definición correcta? También surge la pregunta de si los milagros contradicen la ciencia o pueden demostrarse científicamente (hay personas que creen que si algo no puede ser demostrado científicamente, no es cierto. Me pregunto si pueden demostrar científicamente la existencia de Benito Juárez o Miguel Hidalgo, por ejemplo). Otras interrogantes relacionadas con el tema son, si los cristianos contamos con buenas razones para creer en los milagros y qué significado tienen éstos en la creencia cristiana.

Con objeto de procurar responder a estas preguntas, pongo a disposición de ustedes la siguiente entrevista en audio, en mp3 (en ella explico la relación con el billar).



Recuerden: "Creer es también pensar".

lunes, 28 de diciembre de 2009

Año nuevo, vida nueva


Hola, bienvenidos. Hoy por la mañana mientras me preparaba para ir al trabajo, estaba viendo la sección dirigida por Nicolás Alvarado Primero Cultura en el noticiario Primero Noticias. En ella nos invitaba a ver una de tres películas (o todas) que, en su opinión, bien pudieran inspirar nuestros propósitos y metas que para el año nuevo estemos ya diseñando. Estas son: Una historia violenta (2005), de David Cronenberg (New Line); Seconds (1966), de John Frankenheimer (Paramount); El día de la marmota (1993), de Harold Ramis (Sony).

Una de las cintas narra, nos decía Nicolás, la historia de un gatillero que deseando cambiar de vida cambia su nombre, lugar de residencia y profesión. Procura dedicarse de ahí en adelante a atender un negocio de comida. Sin embargo, su pasado lo persigue en la figura de un antiguo enemigo que le busca hasta encontrarle y le obliga a desplegar nuevamente sus habilidades homicidas, para sorpresa de todos sus clientes en el pequeño restaurante de su propiedad.

El segundo filme narra la historia de otro hombre que desea también cambiar de modo de vivir. Pero él no solo cambia su nombre, residencia y profesión. Cambia también de rostro.

La tercera película nos presenta la historia de un hombre que a diario vuelve a vivir la historia del día de ayer. Vez tras vez, este hombre se despierta viviendo nuevamente el día anterior y por supuesto, sabe ya qué evento sigue a cada cual en el transcurso de las horas. Resulta interesante ver, decía Nicolás, cómo este individuo primero se aprovecha para benificio personal del "conocimiento" que tiene sobre el decurso del día. Pero después considera la posibilidad de usarlo para tratar de enmendar sus errores.

Bien. El fin de un año e inicio de otro siempre nos inspiran al análisis y a los buenos propósitos. Es casi seguro que ustedes que leen estas líneas, ya hayan estado meditando en los aciertos y fallos que tuvieron en este año que termina; en aquellas cosas que pudieron (pudimos) hacer de una mejor manera.

¿Qué necesitamos para cumplir los buenos propósitos para este año que se avecina; para hacer mejor las cosas esta vez? ¿necesitamos acaso un nuevo nombre? ¿quizá una nueva ciudad donde vivir, o bien un nuevo rostro o un mismo día que se repita interminablemente hasta que logremos realizar de una mejor forma las cosas? No lo creo. Considero que lo que requerimos es...un nuevo corazón. Si nos mudáramos de ciudad, cambiáramos de nombre y profesión, o si fuera posible, gozáramos de un renovado mismo día cada vez, estoy seguro que, tarde o temprano, haríamos las cosas igual que como las hemos hecho en el pasado. ¿Por qué tanto pesimismo (dirán)? Bueno, es que si modificamos todas esas cosas, pero no cambiamos nuestras inclinaciones más profundas, nuestra forma de pensar, de sentir; nuestros objetivos y prioridades, nuestras metas y visiones; nuestra (en una palabra) personalidad toda, repetiremos a fin de cuentas los mismos fallos. Se requiere, creo, un cambio más profundo que uno de rostro (o apariencia), profesión o domicilio para hacer las cosas mejor esta vez. Se requiere un cambio de corazón. Un corazón nuevo. Una nueva personalidad. Una nueva vida, vida de lo alto.

Pero, ¿es posible? Sí, es posible. Es precisamente de eso de lo que se trata el cristianismo. De un cambio tan grande realizado por el poder de Dios, por el encuentro de nuestro espíritu con el Espíritu divino, que se considera a la persona transformada de tal manera por el amor y perdón celestiales como "una nueva criatura" en Cristo (2 Corintios 5;17-19).

Les invito respetuosamente a escuchar el mensaje en mp3: "La necesidad de un nuevo corazón", esperando les sea útil para este nuevo año. Solo opriman en el reproductor a continuación.



"Creer es también pensar".

Con aprecio, Enrique.