sábado, 22 de septiembre de 2012

Por qué creer en la creación y no en la evolución



Este tema en audio:




El día de ayer por la noche disfrutamos del capítulo 14 de la serie. Algunas de las personas con poderes especiales se encuentran en el proceso de descubrirlos. Pero también advierten que hay alguien interesado en las capacidades que poseen y quieren manipularlas para el mal. Algunos de estos individuos extraordinarios vuelan, otros se hacen invisibles. Algunos más pintan el futuro o manipulan el tiempo y el espacio. ¿Quiénes son? Los Héroes. Un grupo de personas que son herederos de un legado de mutaciones genéticas desarrolladas a través del tiempo, que los hacen beneficiarios de grandes facultades, las cuales pueden usar para salvar al mundo. Se trata de una serie televisiva de Universal Channel, ahora transmitida por un popular servicio de paga a través de la Web.

Por otro lado tenemos a Wolverine, Tormenta, Cíclope, Gambito, el profesor Charles Xavier. Todos estos son nombres por la mayoría de nosotros conocidos, puesto que crecimos leyendo sus historietas y ahora hemos visto las superproducciones millonarias en las salas de cine. Se trata de los X-Men. Seres favorecidos también por las mutaciones, la selección natural y el tiempo (los elementos que componen la ahora conocida teoría Neodarwiniana), los cuales los hacen seres súper dotados y capaces también de salvar al mundo varias veces al día.

Podría extenderme describiendo la gran cantidad de programas que plantean como un hecho la teoría de la evolución. Las Tortugas Ninja, series de los canales como Animal Planet, Discovery Channel y History Channel, por solo citar algunos ejemplos. Pero la teoría de Darwin, con las modificaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo, no se limita a las producciones cinematográficas o televisivas. También está dentro de las aulas y libros de texto de nuestros hijos. Hace algunos años, al revisar el libro de Ciencias Naturales de mi segundo hijo, me topé con la lección de biología titulada «El camino hacia la humanidad». El párrafo que más llamó mi atención decía: «La tierra que habitamos tiene millones de años de antigüedad. Al principio nuestro planeta era un gigante solitario. Luego, aparecieron los primeros habitantes que fueron microscópicos y poco a poco fueron evolucionando hasta transformarse en seres más complejos»…«a esta teoría se le llamó evolutiva»… «La teoría de la evolución, del inglés Carlos Darwin, explica que los seres humanos y los grandes simios tiene un ancestro común». Es por esto último, especialmente, que vale la pena analizar la teoría.



Nuestros jóvenes están siendo bombardeados con esta información, con el propósito de que den por hecho que todo cuanto vemos es producto del azar, el tiempo y la materia.



Solo hay dos posibles explicaciones para la vida en la tierra. La evolución tal como se explica a nuestros hijos y se le impone al público por los medios de comunicación, o bien la enseñanza de la creación sostenida por la Biblia. El presente breve ensayo tiene por objeto analizar ambas creencias, para ayudarnos a arribar a una conclusión sólida respecto a cuál de ellas dos daremos nuestra confianza.

En la primera parte del escrito abordaremos la cuestión por qué no creer en la evolución (en orden inverso al título del tratado). Se explica que esta teoría no merece nuestra confianza debido a que viola leyes de la ciencia muy conocidas y por tanto no puede ser cierta. Planteamos además la cuestión de los «hombres-simio» y el experimento de Stanley Miller de la «sopa primitiva» de la que supuestamente se obtuvo vida en el laboratorio, y demostramos que también son fraudes con los cuales se ha pretendido legitimar la teoría Darwiniana.

En la segunda sección del trabajo emprendemos la consideración por qué creer en la creación. Se ofrecen algunas líneas de evidencia que, una vez consideradas, nos llevan a deducir que tras todo cuanto existe se advierte la existencia de un Creador, lo cual coincide con la narración bíblica. Estas líneas de evidencia son: la teoría del Big Bang, el principio antrópico y la teoría del diseño inteligente. Estos elementos nos ayudan a producir certeza en el creyente respecto a la fe que ha mostrado en el relato bíblico, que es la Palabra de Dios para nosotros.

POR QUÉ NO CREER EN LA EVOLUCIÓN

PORQUE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN VIOLA LA LEY DE LA BIOGENESIS
La teoría de la evolución se describe en términos muy sencillos, como la creencia en que todos los seres vivos provenimos de un antepasado común. Que ese antepasado común fue cambiando, transformándose, haciéndose más complejo con el paso del tiempo y sin intervención de ninguna inteligencia que guiara este proceso. Ese antepasado común, una especie de bacteria, se originó por casualidad en un caldo primitivo que recibió energía del cosmos y a partir de ahí evolucionó (cambió) hasta llegar a ser todos los animales, plantas y seres humanos presentes hoy en actualidad, con toda su complejidad. Insisto, se cree que todo este proceso se dio sin que interviniera ninguna inteligencia (entiéndase, Dios).

La teoría de la evolución necesita que la vida provenga de cosas muertas, de la materia. Pero esto simplemente no puede ser. Está demostrado científicamente. Hasta el siglo XIX, se creía popularmente que la vida podía surgir con frecuencia de la materia sin vida bajo ciertas circunstancias, en un proceso conocido como «generación espontánea». Esta idea se debía a la creencia común pero incorrecta, de que los gusanos parecían brotar naturalmente cuando algo se dejaba al aire libre. Durante muchos años se pensó que los organismos vivos podían surgir espontáneamente formándose a partir de materia orgánica e inorgánica en descomposición. El desarrollo de gusanos en la carne putrefacta, la supuesta aparición de ratones en la ropa vieja, fueron creencias muy populares, pero equivocadas.

Más tarde se descubriría que en todos estos sucesos observados, la vida sólo se presentaba a partir de la vida. Esto es precisamente la ley de la biogénesis. La palabra «biogénesis» está compuesta de dos vocablos: «bio», que significa vida, y «génesis», que significa principio. Esto significa que la vida solo se presenta a partir de la vida ya existente de su propio género. Nosotros vemos que esta ley se realiza cada día alrededor de todo el mundo. Todos sabemos que los gatitos vienen solamente de los gatos, las vacas producen solamente becerritos, y los perritos vienen solamente de los perros. Un cerdo nunca engendra un caballo, y una oveja nunca produce una gallina. Lo anteriormente explicado contradice directamente a la teoría de la evolución. Ahora sabemos esto por lo que enseña la ciencia.

En el siglo XVII Francesco Redi demostró que las larvas no se podían formar a partir de la carne descompuesta, sino que procedían de huevos de moscas que se posaban en esos desperdicios. Lazzaro Spallanzani, un monje Italiano, demostró que hirviendo adecuadamente la carne no se descomponía. Luis Pasteur (1822-1895) diseñó un experimento con el que la teoría de la generación espontánea quedó anulada totalmente. Diseñó un frasco con cuello de cisne. En él colocó caldo nutritivo y lo hirvió por varias horas. Después lo dejó a temperatura ambiente por varios días e incluso semanas sin que se observaran cambios, descomposición o fermentación. Con esto demostró que la descomposición era producida por bacterias que eran transportadas por el aire, las cuales quedaban atrapadas en el largo cuello de los frascos y nunca llegaron a tocar el caldo. Este experimento llevó a Luis Pasteur a concluir que la generación espontánea es un sueño.



Sostenemos pues, que no se puede creer en la teoría de la evolución, porque desde el inicio mismo del supuesto proceso evolutivo, la aparición de la vida, contradice leyes científicas que ya han sido comprobadas, como la ley de la Biogénesis.

En contraste la Biblia es clara cuando cita a Dios, quien es el dador de la vida, como el origen de todas las cosas:

«Él [Jesús, quien es Dios] creó la vida y la vida estaba en él, y esa vida era luz para la gente». (Juan 1:4 versión Palabra de Dios para todos. La frase entre corchetes es mía).

«Sólo Tú eres el SEÑOR. Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos con todo su ejército, la tierra y todo lo que en ella hay, los mares y todo lo que en ellos hay. Tú das vida a todos ellos y el ejército de los cielos se postra ante Ti». (Nehemías 9:6 Nueva Biblia de Los Hispanos. El énfasis en la frase es mío).


PORQUE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN VIOLA LA SEGUNDA LEY DE LA TERMODINAMICA
Si tomamos una cierta cantidad de ladrillos y los apilamos ordenadamente, al cabo de un tiempo la pila finalmente se vendrá abajo y llegará a quedar desordenada. Si tomamos un automóvil nuevo y lo ponemos en una cochera, dejándolo allí por 100 años sin usarlo, finalmente se maltrataría; no llegaría a convertirse en algo mejor. Todos podemos darnos cuenta del proceso de envejecimiento de nuestros cuerpos. Con el paso del tiempo las células de nuestros cuerpos comienzan a funcionar mal, nos envejecemos y finalmente sobreviene la muerte. Estamos conscientes de que el sol está apagándose al usar hidrógeno que ya no es renovado. Con el paso del tiempo, toda la energía del universo llegará a ser energía térmica de bajo nivel y sin orden, y el universo habrá muerto al experimentar lo que comúnmente se conoce como su muerte térmica. Todos los procesos que son dejados solos para que sigan su curso, siempre van en una dirección del orden al desorden.

La teoría de la evolución enseña que todas las cosas, todos los organismos, se están desarrollando y están cambiando de un estado sencillo a un estado más complejo. Pero los resultados de la observación científica van en un sentido contrario, como ya lo hicimos ver. Las cosas no se están ordenando, no se están desarrollando para mejorar. Al contrario, las cosas van de más a menos, de un mayor orden a un menor orden. Tienden hacia el desorden. Una de las leyes de la física, la segunda ley de la termodinámica, nos muestra que cada sistema al que se le ha permitido seguir su curso por sí solo, siempre va en esa dirección. Esta ley del universo es más conocida técnicamente hablando como la ley de la entropía, y mide la falta de energía utilizable y el nivel de desorden en un sistema.



La lógica y las pruebas científicas contradicen la idea de que las cosas van progresando para hacerse mejores como enseña la teoría de la evolución. Sostenemos pues, que no se puede creer en la teoría de la evolución, porque desde el inicio viola leyes científicas que ya han sido comprobadas, como la segunda ley de la termodinámica.

Por el contrario, la Biblia coincide con las observaciones científicas de la física, como la segunda ley de la termodinámica, cuando nos dice que los cielos y todo lo que existe se está desgastando, se está deteriorando o marchitando. Veamos:

«Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados». (Salmos 102:25,26 La Biblia de Las Américas).

Los cristianos siempre hemos creído que la creación y el hombre mismo han caído en ese estado de decaimiento debido a la entrada del pecado en el universo. Y esto curiosamente coincide con las observaciones de la ciencia. Veamos lo que dice la Biblia:

« [Dios] Al hombre le dijo: --Como… comiste del fruto del árbol del que te dije que no comieras, ahora la tierra va a estar bajo maldición por tu culpa; con duro trabajo la harás producir tu alimento durante toda tu vida. La tierra te dará espinos y cardos, y tendrás que comer plantas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste formado, pues tierra eres y en tierra te convertirás». (Génesis 3.17-19, versión Dios Habla Hoy. La palabra entre corchetes es mía).

«Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente cuando se muestren los hijos de Dios. Porque la creación no pudo alcanzar su propósito original, es decir, fue sometida a frustración, no de su propia voluntad, sino por causa de Dios que la sometió, con la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto». (Romanos 8.19-22, versión Dios Habla Hoy).

PORQUE LOS HOMBRES-SIMIO SON UN FRAUDE
Otro de los argumentos que usan aquellos que desean demostrar la teoría de la evolución es el de los «hombres-simio». A lo largo de muchos años se han presentado casos en donde aparecen simios que supuestamente fueron antepasados del hombre. Los así llamados «eslabones perdidos». Comento brevemente los más famosos y menciono por qué ahora son considerados fraudes:

El hombre de Nebraska. En 1922 Harold Cook descubrió un solo diente que fue aclamado como «el primer simio antropoide de América». Más tarde se supo que el diente pertenecía a una especie de cerdo que se había extinguido .

El hombre de Java. Este descubrimiento se hizo por Eugene Dubois entre 1891 y 1892. Todo lo que este hombre encontró fue la parte de un cráneo, tres muelas y un fémur izquierdo. Estos huesos se encontraron dispersos en un área de alrededor de 15 metros de radio y a lo largo de dos años. ¿Quién nos asegura que formaban parte del mismo esqueleto? Además, en ese mismo nivel de tierra este personaje también encontró los restos de un hombre moderno totalmente desarrollado, pero los escondió, y veinte años después fueron descubiertos y revelados ¿Cómo es posible que los supuestos huesos de un simio fueran encontrados en el mismo nivel de tierra que un hombre completamente desarrollado, si según la evolución hay una diferencia de millones de años entre el simio y el hombre? Antes de su muerte, Dubois cambió de forma de pensar y declaró que su hombre de Java no era nada más que un gran simio de una especie muy rara. Más tarde se descubrió también que las tres muelas no pertenecían al cráneo que había sido descubierto .



El «hombre-simio» que más me gusta mencionar es el siguiente. Tengo en mi poder la revista Selecciones del Reader´s Digest de fecha de septiembre de 1998. En la página 58 encontramos un artículo titulado «El fraude científico del siglo». Como subtítulo dice: «No hay duda de que el hombre de Piltdown es una falsificación, pero, ¿quién la fabricó? 80 años después, un investigador cree saberlo».

Se suponía que el hombre de Piltdown había sido un fósil de «hombre-simio». Fue descubierto en 1912 en Inglaterra por Charles Dawson. Muchos afirmaron que se trataba del «eslabón perdido». Una gran parte del mundo científico creyó esto durante casi 40 años después del descubrimiento. Pero cuando se descubrieron modernas técnicas para examinar fósiles, tuvo que pasar a retirarse. En 1953 se anunció que era un fraude. En realidad, había sido articulado con un cráneo humano y una mandíbula y dientes de un orangután. Los dientes habían sido limados y los huesos habían sido desteñidos con ciertos elementos químicos para darles apariencia de desgaste y antigüedad.

Todo lo anterior nos muestra varias cosas en las que debemos tener cuidado: cuando examinemos las ilustraciones de «hombres-simios» coloreados en los libros de texto de nuestros hijos, recordemos que gran parte de ese dibujo ha sido diseñado por la imaginación del dibujante o artista. Cuando un ser vivo como un hombre muere, todo se descompone, sólo quedan los dientes y los huesos más duros. Por ello no tenemos ni idea de qué tipo y color de cabello tenía aquella persona. No se puede saber la forma de la nariz. Tampoco saber el color de la piel ni la forma de los labios. Todas estas cosas quedan para la imaginación del dibujante. Y éste hará que el hombre primitivo parezca lo que él quiera que parezca. Recordemos esto la próxima vez que veamos dibujos del «eslabón perdido».


PORQUE EL EXPERIMENTO DE STANLEY MILLER NO CREÓ VIDA EN EL LABORATORIO
Una de las historias que aún se acostumbra mencionar en los salones de clase y los libros de texto para tratar de establecer la teoría de la evolución como un hecho, e indirectamente socava la teoría de la creación en el ánimo del creyente, es la del famoso experimento de Stanley Miller. Miller era un investigador en la universidad de Chicago, que por el año de 1953, bajo condiciones de laboratorio controladas, trató de simular la atmosfera primitiva de la tierra, con el objeto de ver si la aparición de vida en ella pudo ser espontánea a partir de un caldo «primitivo». ¿El resultado? produjo algunos aminoácidos. Los aminoácidos son componentes de las proteínas, y las proteínas forman parte de los seres vivos. Pero, ¿significa esto que se creó vida con ello? ¿Se demostró con este experimento que la teoría de la evolución es cierta? Ni por mucho. Los problemas del experimento fueron: (1) Materiales equivocados, (2) Condiciones equivocadas y (3) Resultados equivocados. Veamos.

Se eligieron el metano, amonio, hidrógeno y un poco de vapor de agua y se colocaron en la atmósfera artificial para el experimento. Los expertos ahora saben que estos gases no pudieron haber estado presentes en cantidades grandes en la atmósfera original de la tierra. El amonio se hubiera descompuesto por la luz ultravioleta y el metano se hubiera encontrado atrapado en el barro sedimentario antiguo. Además, en el experimento controlado no se incluyó el oxígeno porque éste hubiera destruido las moléculas que se estaba buscando producir. La cuestión aquí es que resulta totalmente seguro que en la atmósfera primitiva estaba presente el oxígeno. Así que se consideraron los materiales equivocados en la experimentación.

En cuanto a las condiciones equivocadas, Miller hizo descargar periódicamente una chispa sobre los elementos seleccionados para combinarlos, simulando la atmósfera de la tierra en su estado primigenio. El problema es que esa descarga eléctrica que reúne los elementos y produce aminoácidos, también los desbarata. Para evitar que el producto fuera eliminado, el aparato de Miller contaba con una especia de trampa o receptáculo diseñado con el propósito de aislar los aminoácidos producidos. Pero esto de aislar el producto del experimento para que sea preservado de condiciones adversas destructivas, no sucede en condiciones naturales ni por azar. Tiene que intervenir una inteligencia para hacerlo.



Los resultados obtenidos fueron erróneos. Lo que el científico obtuvo en el laboratorio fueron algunos aminoácidos. Se ha dicho ya que los aminoácidos son componentes de las proteínas, y las proteínas forman parte de los seres vivos. El problema con el experimento en cuestión es que se obtuvieron aminoácidos de dos clases, dextrógiros (D) y levógiros (L). Para efectos prácticos, éstos se han comparado con las manos derecha e izquierda. No obstante, los seres vivos solo usan aminoácidos de la forma L en sus células. De manera que el resultado de Miller nunca hubiera podido dar lugar a proteínas y células base para organismos vivos .

Habrá usted notado que enfaticé algunas palabras y frases en la explicación del experimento anterior, tales como eligieron, controlaron, colocado, intervenir. Con ello deseo resaltar el hecho de que el experimento en su totalidad fue manipulado de manera inteligente en, por lo menos, lo siguiente: selección de los materiales y protección del resultado. Situaciones que no hubiesen sido producto del azar en condiciones naturales, sino solo de una inteligencia que interviene en el proceso. El caso es que la teoría evolucionista deja fuera a la inteligencia de los procesos que explican la vida y sostiene que únicamente la suerte intervino en ello. Cuestión que no puede, desde luego, sustentar la experimentación de Stanley Miller.



Vamos a resumir: ¿por qué no debemos creer en la evolución? Primero, porque la teoría de la evolución viola varias leyes científicas ya comprobadas. Y esto simplemente no puede ser. No se puede violar la ley de la biogénesis que nos enseña que la vida sólo puede provenir de la vida previa y de su mismo género. Tampoco puede violarse la segunda ley de la termodinámica que nos dice que todas las cosas vivas y no vivas, cuando se dejan por sí solas, tienden al desorden, al desgaste y al deterioro. La teoría de la evolución nos dice que todas las cosas van de menos a más, del desorden al orden y esto es contrario a las leyes científicas. En segundo lugar tampoco podemos creer en la teoría de la evolución ya que se ha demostrado también que los supuestos «hombres-simios» o «eslabones perdidos» que apoyan dicha teoría, son un fraude. Por último, no hemos de creer en la evolución ya que el experimento más famoso que se usa (todavía, penosamente) para demostrar que la vida pudo originarse de manera espontánea, el de Stanley Miller, fue un ejercicio manipulado en muchos sentidos y además no produjo los resultados que demuestren su postulado principal. Esto es bien sabido ahora por el mundo científico.

POR QUÉ CREER EN LA CREACIÓN

PORQUE LA BIBLIA NOS HABLA DE UN CREADOR Y LA TEORÍA DEL BIG BANG COINCIDE CON ELLA
La teoría mas aceptada hoy día para explicar el origen del universo se llama «Big Bang», que en español significa «Gran Explosión». Hace más de 80 años, un astrónomo norteamericano de apellido Hubble se dio cuenta que el universo está expandiéndose. Es decir, que las galaxias se alejan unas de otras a grandes velocidades. Las galaxias más lejanas se separan a mayor velocidad que aquellas que están más cercanas entre sí, de manera parecida a un globo salpicado de puntitos que se llena de aire poco a poco. De esta observación, el astrónomo comprendió que si se retrocedía lo suficiente en el tiempo, tuvo que haber un principio en el cual toda la materia del universo estaba concentrada en un solo punto, en un estado de energía y densidad muy pequeño, que por alguna razón estalló (la ciencia no sabe cuál fue la razón, por cierto). Así nació la conocida teoría del origen del universo llamada «Big Bang».

No sólo esta teoría que acabo de mencionar nos da una idea de que el universo no es eterno (como muchos científicos habían creído durante mucho tiempo), sino que también las dos principales leyes de la física, las leyes de la termodinámica, nos aseguran que el universo tuvo un principio. Tuvo un principio y además se está desgastando. Estas dos grandes verdades científicas, que el universo tuvo un inicio y que además se está desgastando (como se le acaba la cuerda a un reloj), coinciden sorprendentemente con la Biblia. Y esto nos da una razón muy fuerte para creer en la creación. Esta teoría -que concuerda con el relato autoritativo de Las Escrituras-, las dos leyes que ya mencioné, así como los cálculos del científico Albert Einstein, nos han mostrado sin lugar a dudas que la materia, la energía, el espacio y el tiempo (es decir, todo) tuvieron un inicio y por tanto tuvieron que ser creados. Esto nos habla de un creador. Es sorprendente, pero la ciencia empieza a concordar con Génesis 1.1: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» .

Es más, la Biblia nos habla claramente que Dios diseñó sus planes para la humanidad y proyectó sus promesas para ella, desde antes del inicio del tiempo: «...En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del inicio de los siglos,… ». (Tito 1:2). Es decir que el tiempo tuvo un inicio.



PORQUE LA BIBLIA NOS HABLA DE UN CREADOR Y EL PRINCIPIO «ANTROPICO» COINCIDE CON ELLA
En el año de 1983, se reunieron los astrónomos y físicos más importantes del mundo en Polonia. El propósito era celebrar los cinco siglos del nacimiento de Copérnico, el padre de la astronomía moderna. De las muchas conferencias científicas que se presentaron ahí, una de ellas sería recordada mucho tiempo después. Esa conferencia fue presentada por el astrofísico y cosmólogo de la universidad de Cambridge, Brandon Carter. El científico llamó a la idea principal de su conferencia «el principio antrópico». La palabra «antrópico» viene del griego ántropos que quiere decir «hombre». En términos muy sencillos, la idea de aquella conferencia era que muchos de los valores en las fuerzas del universo, parecían tener una cosa en común. Son los valores que se necesitan si queremos tener un universo capaz de producir vida. Es decir, cientos de leyes de la física están finamente ajustadas desde el principio mismo del universo, para hacer posible la existencia del hombre. En otras palabras, el universo que habitamos parece estar cuidadosamente diseñado para el surgimiento de los seres humanos. Como si alguien inteligente lo hubiese preparado para nosotros .

Algunos de los valores de las leyes de la física que están finamente ajustados para hacer posible la vida humana son: la fuerza de gravedad, la fuerza electromagnética, la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil, la masa del electrón y la masa del protón dentro de los átomos. También la velocidad de expansión del universo, la velocidad de la luz, la distancia entre las galaxias, la composición de las moléculas del agua, etc. Sólo menciono estas pocas porque son las más sencillas de entender para aquellos que no somos expertos en la física. Pero hay cientos de variables más que están exactamente ajustadas para hacer posible la vida del ser humano.

Curiosamente los científicos del siglo veinte habían hablado siempre del «caos del universo». Hasta entonces, ellos habían pensado que la vida humana había surgido por accidente (evolución). Pero ahora, con el principio «antrópico», esos pensamientos fueron echados por la ventana. Pero lo más sorprendente es esto: la idea del universo que nos transmite la ciencia del siglo veinte con base en el principio «antrópico», se parece a la visión presentada en el libro del Génesis, que nos dice:

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra». (Génesis 1.1 RV60).

«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó;…. ». (Génesis1.27 RV60).

«Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera…». (Génesis 1.31 RV60).

«Tomó, pues, Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén,… ». (Génesis 2.15 RV60).

«Me pregunto: “¿Qué es el hombre, para que pienses en él? ¿Qué es el ser humano, para que lo tengas en cuenta?”. Pues lo hiciste poco menos que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra; lo entronizaste sobre la obra de tus manos, ¡todo lo sometiste a su dominio! Todas las ovejas,…todos los animales del campo, las aves del cielo, los peces del mar, y todo lo que surca los senderos del mar. Oh Señor, soberano nuestro, ¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra!». (Salmos 8.4-9 Biblia al Día).

La ciencia pues, a través del principio «antrópico», coincide con el relato divinamente inspirado de La Biblia. Esto nos da una prueba poderosa para creer en la creación como es descrita en La Biblia, y no en la evolución.

PORQUE LA BIBLIA NOS HABLA DE UN CREADOR Y LA TEORÍA DEL DISEÑO INTELIGENTE COINCIDE CON ELLA
El diseño inteligente (DI) se define como «una teoría que estudia la presencia de patrones en la naturaleza, los cuales puedan explicarse mejor si se atribuyen a alguna inteligencia». La idea central en esta teoría es que, la complejidad y riqueza de información que se encuentra en los seres vivos, se explica mejor como el producto de una causa inteligente que puede ser detectada, que como el producto de fuerzas ciegas y al azar de la naturaleza .

Supongan que caminan por la orilla del mar y en la arena húmeda se encuentran dibujadas varias líneas onduladas. Seguramente ustedes concluirán que esas líneas fueron trazadas casualmente por las olas que, con poca fuerza, bañan la orilla. Esas líneas onduladas tienen una especie de sencillo patrón repetitivo. Ahora figúrense que al caminar un día diferente a la orilla de la playa, encuentran en la arena húmeda la frase: «TE AMO». Si ustedes se preguntan qué causó la escritura de ese mensaje (esta información), de ninguna manera podrán concluir que fueron las olas (las fuerzas ciegas de la naturaleza, o la casualidad). ¿Por qué? Porque esa frase nos muestra información mas compleja e inteligible (que se entiende). Esta información, en ninguna manera se puede explicar por la casualidad. La información siempre tiene como origen un ser inteligente, no el azar (la suerte).



Un ejemplo más. Supongan que es un día precioso. Ustedes miran hacia el cielo y tratan de encontrar formas en las nubes. Repentinamente, uno de ustedes mira en una de ellas algo que parece tener la forma de… un conejo. Ustedes se preguntan ¿qué causó esa apariencia? Y llegarían a la conclusión de que una combinación de elementos tales como la temperatura, el viento, los gases, la altura en la atmósfera, etc. fueron los causantes, aleatoriamente (al azar, por la suerte), de esa silueta en particular. Ahora imaginen que miran al cielo y observan la frase: «FELICIDADES». Inmediatamente se preguntarían si esa frase pudo haber sido ocasionada por el azar, o bien algún piloto experimentado la escribió usando su avioneta. Por supuesto que ustedes concluirían que sólo la última alternativa es la que explica adecuadamente la frase en el aire. ¿Por qué? Porque la información sólo puede tener como origen la inteligencia, no el azar.

Los científicos no tienen problemas con deducir que hay una inteligencia detrás de la información presentada en los ejemplos anteriores, que involucran materia muerta (arena, olas, gases, etc.). La incomodidad (y temor, diría yo) se presenta cuando se busca identificar una causa inteligente detrás de la información presente en los seres vivos. Y esto porque se estaría sugiriendo la presencia de un diseñador o creador de los mismos. Esto, en clara contraposición a la teoría evolucionista que sostiene que todo cuanto existe es producto del azar y no de la inteligencia.

Ahora bien, cuando miramos hacia el núcleo de nuestras células, encontramos la molécula de ADN (ácido desoxirribonucleico). Este ácido contiene todas las instrucciones genéticas para el desarrollo de los seres vivos. Es el mapa de la vida. En él encontramos todos los datos necesarios para la producción de las células de nuestro cuerpo y las características que tendremos. Es decir, proporciona las órdenes que estimularán nuestro crecimiento, la digestión, los latidos del corazón, el pensamiento, nuestra estatura, nuestro color de piel, etc. Lo asombroso pues, acerca del ADN, es que contiene una gran cantidad de información. Un mensaje -se ha dicho-, tan grande como los 30 tomos de la enciclopedia británica, ¡pero multiplicado por cuatro! ¿Quién colocó tanta información dentro del núcleo de la célula? ¿El azar (evolución) o la inteligencia (el Dios Creador)?



Si en nuestros dos ejemplos anteriores, la frase escrita en la arena y la frase escrita en el aire, concluimos que solamente un ser inteligente pudo haberlos producido, ¿a qué conclusión llegaremos respecto de la gran cantidad y complejidad de la información en el ADN? La única conclusión lógica es que el ser que colocó la información dentro de la célula, debe ser superinteligente. Ese ser coincide con la descripción del Dios de la Biblia, el Dios del cristianismo. El Salmo 139.14-16 nos dice a este respecto:

«Te agradezco porque me hiciste de una manera maravillosa; sé muy bien que tus obras son maravillosas. Tú sabes todo de mí. Tú viste mis huesos crecer mientras mi cuerpo se formaba en el vientre de mi madre. Tú viste formarse cada parte de mi cuerpo; todo ya estaba escrito en tu libro; fueron formadas a su debido tiempo, sin faltar una sola de ellas». (Versión Palabra de Dios para todos).

Vamos a resumir: es razonable creer en la creación tal como lo enseña La Biblia, no solo porque la teoría de la evolución –su contraparte- ha sido desacreditada por la ciencia misma, sino también porque es sostenible desde el punto de vista observable hoy día. Es decir, se deduce de lo que se percibe en la naturaleza (Romanos 1.20). La teoría del Big Bang, generalmente aceptada por el mundo científico, el principio antrópico y la teoría del diseño inteligente, concuerdan con lo que el relato bíblico enseña claramente: todo cuanto existe es el resultado de la acción de Un Creador.

Al inicio de este trabajo mencioné, que la enseñanza en la teoría de la evolución no solo está presente en las grandes producciones cinematográficas, lo cual ya representa un gran riesgo, por el poder de comunicación y persuasión que tienen. También está presente en los libros de texto de nuestros hijos, cuestión más riesgosa aún, ya que este hecho lo reviste de cierta… «legitimación». A continuación me permito presentar a usted amable lector, a manera de conclusión, algunas ideas que pudieran resultar útiles a la hora de fortalecer la creencia bíblica de la creación en nuestros hijos. Pudiera esto servir como una especie de «vacuna» ante el embate de la creencia evolutiva.

En primer lugar, enseñemos a nuestros hijos acerca de la creación desde pequeños. Provoquemos también en ellos un sentido de maravilla ante la belleza de la creación. Mostrémosles además las falsedades de la evolución, antes de que se las enseñen en la escuela. Animémosles a estudiar la evidencia por sí mismos, y por último expliquemos a ellos el origen del sufrimiento y la muerte como consecuencia del pecado. Al declararles esta gran verdad bíblica, tendremos también la oportunidad de presentarles las buenas nuevas de salvación en Cristo, y el perdón que Él ofrece para nuestros pecados, así como la esperanza de redención y construcción de un mundo nuevo, en un futuro no muy lejano.

BIBLIOGRAFIA
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  • Dickson, Roger. El ocaso de los incrédulos. España: Clie, 1986.
  • Geisler, Norman y Brooks, Ron. Apologética. Colombia: Unilit, 1997.
  • Glynn, Patrick. Dios: La evidencia. México: Panorama, 2000.
  • Heinze, Thomas F. Cómo principió la vida. E.U.A.: Chick Publications, 2004.
  • McLean, G.S., Oakland Roger y McLean Larry. Evidencias de la creación. E.U.A.: DIME, 1996.
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