martes, 19 de diciembre de 2017

Dos clases de adoradores en Navidad


“Después de nacer Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, he aquí llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo.... Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Les envió a Belén y les dijo:—Id e informaros bien acerca de ese niño y, tan pronto como le encontreis, informadme a mí para que también vaya yo y le adore.” (Mateo 2;1-8)


Las calles, centros comerciales, oficinas, casas, se adornan con motivos navideños. Arboles, esferas, listones. Los colores blanco y rojo se ven dondequiera. Se compran y se dan regalos. Largas filas para las tiendas departamentales. Posadas, canciones de la época, brindis. Todo mundo está preparado para celebrar un mismo acontecimiento: navidad. Pero, en esas multitudes encontramos dos clases de celebrantes navideños.

EL SUPUESTO ADORADOR (vv.7,8) “...tan pronto como le encontreis, informadme a mí para que también vaya yo y le adore

Obviamente sabemos que Herodes no quería adorar verdaderamente a Jesús, porque él era el rey de Judea y temía que Jesús le quitara el trono. Lo que deseaba verdaderamente al decir que “quería adorarle”, era deshacerse de Él, porque no quería que reinara en su lugar (Mateo 2;13-18).

Conocemos algunos datos acerca de este personaje por los relatos bíblicos, pero tenemos mayores detalles por el historiador judío Flavio Josefo, que delineo a continuación.



Era Judío nominal (sólo de nombre), ya que el gobernante macabeo Juan Hircano I (c. 125 a. C.) había obligado a los idumeos (de los cuales Herodes descendía) a circuncidarse. Era pues de "religión" judía, pero su forma de vida era como los romanos. Falto de escrúpulos, astuto, desconfiado, inmoral y cruel. Poseía la habilidad de su padre como diplomático y oportunista. Pese a que fue un hábil organizador, comandante militar y que la construcción quizá fue su faceta positiva más sobresaliente (mandó construir el templo de Jerusalém que estaba en pie en la  época de Jesús), creyó que sus mejores intereses se encontraban en el apoyo a Roma. Cambió con frecuencia de bando para mantenerse en el poder. Suspicaz y siempre temeroso de una conspiración, le quitó la vida a una de sus nueve esposas, Mariamme, a quien amaba, por sospechar de su infidelidad con un esclavo. Asesinó a su heredero Antípater y se deshizo violentamente de varios de sus amigos. Tal era el carácter de aquél que dijo «para que también yo vaya y le adore»; tal fue el carácter del supuesto adorador en aquella primera navidad.

¿No le parece, gentil lector, que hay una enorme similitud entre el perfil de Herodes y el de nuestra actual cultura y sociedad postmoderna, que pretende "adorar" en estas fechas? Oportunista, individualista, consumista, hedonista. Con abundancia de religión pero sólo en lo exterior, en las apariencias. Cambiando de bando con frecuencia mediante el relativismo moral y sin culpa alguna. Sin importar el precio a pagar en hogares fragmentados y amistades rotas, con el sólo objeto de obtener y mantener el poder y el placer; difuminando cada año, cada vez más, la imagen, el recuerdo y el ejemplo del Dios humanado en Cristo para nuestra redención.

Esta es la esencia de la supuesta adoración en Navidad: pretender celebrar el nacimiento del Señor y Rey del mundo; pretender buscarle para “adorarle”, pero no desear que reine en nuestro lugar.

Conviene que nos preguntemos este día: ¿Quién reina en mi corazón? ¿Cristo o yo? ¿Cómo podemos saber si no deseamos que Jesús reine sobre nosotros? Muy fácil. Respondiendo a la pregunta: ¿le tenemos por nuestro salvador y soberano? ¿guardamos su mandamientos?

Por otro lado tenemos...

EL VERDADERO ADORADOR (vv.1,2) “...unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo.

La verdadera adoración está representada por los magos o sabios de oriente. Se cree que pertenecían a una casta sagrada de sacerdotes de Media, que aparentemente se ajustaban a la religión de Persia en tanto que retenían sus viejas creencias.

No se sabe mucho de estos magos (sabios). La tradición dice que eran hombres de alta posición de cerca de la antigua Babilonia. Quizás eran judíos de los que permanecieron en Babilonia después del exilio, y por eso conocían las profecías del Antiguo Testamento acerca de la venida del Mesías. Debido al exilio judío de siglos anteriores, seguramente había ejemplares del Antiguo Testamento en su tierra. O quizá eran estudiosos de los cielos que analizaban manuscritos antiguos de todo el mundo. El hecho es, que estos sabios viajaron miles de kilómetros en busca de un Rey, y lo hallaron.

La verdadera adoración de estos sabios consistió en no escatimar esfuerzo en el traslado desde oriente extremo para encontrarse y adorar a Jesús. No escatimar tiempo tampoco. ¿Cuánto tiempo debieron invertir en el traslado? ¡Meses! Traer presentes a Jesús. No venían vacías sus manos. Buscar a Jesús por lo que El era, y no por lo que podían conseguir de El (era un pequeño niño).

El verdadero adorador del Rey, en esta navidad, es aquél que no ha escatimado esfuerzo alguno en servirle; quien ha dado de su tiempo al Rey. Quien no espera que Dios venga a buscarle, que se dé a conocer, que demuestre quién es y que le dé regalos. Sino que él busca a Dios, y le dá a Dios de sí. Quien no busca a Jesús por lo que puede conseguir de El, sino que le adora por lo que El es: un Rey. Quien en esta ocasión no se presenta a El con las manos vacías, sino principalmente con su corazón arrepentido. Jesús es digno de lo "mejor" que uno puede dar. Quien busca oír su voz cada día. Quien ha perdonado a sus ofensores, amado al perdido y servido al necesitado. Ese es el verdadero adorador en esta navidad. Puesto que eso nos ordenó el Rey que hiciéramos.

En esa noche habrá dos clases de personas que celebren navidad. Quienes no quieren que Jesús reine en sus vidas, y quienes sí lo desean como soberano en su diario vivir. ¿De qué clase soy yo? ¿Y usted?

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