miércoles, 24 de diciembre de 2008

Dos clases de adoradores en Navidad


“Después de nacer Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, he aquí llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo.... Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Les envió a Belén y les dijo:—Id e informaros bien acerca de ese niño y, tan pronto como le encontreis, informadme a mí para que también vaya yo y le adore.” (Mt.2;1-8)


Las calles, centros comerciales, oficinas, casas, se adornan con motivos navideños. Arboles, esferas, listones. Los colores blanco y rojo se ven dondequiera. Se compran y se dan regalos. Largas filas para las tiendas departamentales. Posadas, canciones de la época, brindis. Todo mundo está preparado para celebrar un mismo acontecimiento: navidad. Pero, en esas multitudes encontramos dos clases de celebrantes navideños.

EL ADORADOR FINGIDO (vv.7,8) “...tan pronto como le encontreis, informadme a mí para que también vaya yo y le adore”

Obviamente sabemos que Herodes no quería adorar verdaderamente a Jesús, porque él era el rey de Judea y temía que Jesús le quitara el reino. Lo que deseaba verdaderamente al decir que “quería adorarle”, era deshacerse de Él, porque no quería que reinara en su lugar (Mt.2;13-18).

Esta es la esencia de la falsa adoración en Navidad: pretender celebrar el nacimiento del Señor y Rey del mundo; pretender buscarle para “adorarle”, pero no desear que reine en nuestro lugar.

Conviene que nos preguntemos este día: ¿Quién reina en mi corazón? ¿Cristo o yo? ¿Cómo podemos saber si no deseamos que Jesús reine sobre nosotros? Muy fácil. Respondiendo a la pregunta: ¿Guardamos su mandamientos?

Por otro lado tenemos...

EL ADORADOR VERDADERO (vv.1,2) “...unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

La verdadera adoración está representada por los magos o sabios de oriente. Se cree que pertenecían a una casta sagrada de sacerdotes de Media, que aparentemente se ajustaban a la religión de Persia en tanto que retenían sus viejas creencias.

No se sabe mucho de estos magos (sabios). La tradición dice que eran hombres de alta posición de cerca de la antigua Babilonia. Quizás eran judíos de los que permanecieron en Babilonia después del exilio, y por eso conocían las profecías del Antiguo Testamento acerca de la venida del Mesías. Debido al exilio judío de siglos anteriores, seguramente había ejemplares del Antiguo Testamento en su tierra. O quizás eran astrólogos orientales que estudiaban manuscritos antiguos de todo el mundo. El hecho es, que estos sabios viajaron miles de kilómetros en busca de un Rey, y lo hallaron.

La verdadera adoración de estos sabios consistió en no escatimar esfuerzo en el traslado desde oriente para encontrarse y adorar a Jesús. No escatimar tiempo tampoco. ¿Cuánto tiempo debieron invertir en el traslado? ¡Meses! Traer presentes a Jesús. No venían vacías sus manos. Buscar a Jesús por lo que El era, y no por lo que podían conseguir de El.

El verdadero adorador del Rey, en esta navidad, es aquél que no ha escatimado esfuerzo alguno en servirle; quien ha dado de su tiempo al Rey. Quien no espera que Dios venga a buscarle, que se dé a conocer, que demuestre quién es y que le dé regalos. Sino que él busca a Dios, y le dá a Dios de sí. Quien no busca a Jesús por lo que puede conseguir de El, sino que le adora por lo que El es: un Rey. Quien en esta ocasión no se presenta a El con las manos vacías. Jesús es digno de lo mejor que uno puede dar. Quien busca oír su voz cada día. Quien ha perdonado a sus ofensores, y amado al perdido. Ese es el verdadero adorador en esta navidad. Puesto que eso nos ordenó el Rey que hiciéramos.

En esta noche habrá dos clases de personas que celebran navidad. Quienes no quieren que Jesús reine en sus vidas, y quienes sí lo desean como soberano en su diario vivir. ¿De qué clase soy yo? ¿Y tu?