domingo, 24 de enero de 2010

¿La historia la escriben los vencedores?


¿Puede usted imaginar a un grupo compuesto por un mormón, un judío mesiánico, un testigo de Jehová, un ateo y un cristiano evangélico desayunando juntos? ¿Puede usted imaginar el nivel de temperatura de una conversación de tal grupo, cuyo tema es la religión? Pues por difícil que pueda parecer reunir a tal conjunto de personas con opiniones religiosas tan dispares, en un tiempo fue posible. De hecho yo formé parte de dicho conjunto tan singular, representando la parte del cristianismo evangélico.

En una ocasión que tocábamos el tema de la autoridad de nuestros particulares libros sagrados (el libro de Mormón, la Torá, la traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, la Biblia versión Reina-Valera y para el ateo pues,... ninguno), se suscitó el siguiente comentario: "La historia la escriben los vencedores". Este provenía, por supuesto, de la parte atea y el sentido de dichas palabras era: ¿cómo puedes confiar en el relato o libro escrito por un grupo de personas, cuyas ideas religiosas prevalecieron por encima de las demás una vez ganada la guerra? ¿No te parecería dicho relato manipulado por la parte vencedora?

"La historia la escriben los vencedores" es una frase muy popular y se utiliza para dar a entender que, en nuestro caso, la Biblia ha sido manipulada por un grupo victorioso en el ámbito militar y por ende, en el mundo de las ideas. Pero, ¿es esto así? En el caso del cristianismo, ¿está justificada? ¿la historia la escribieron los cristianos vencedores? Pongamos a prueba esta afirmación.

El regalo más preciado que aún conservo de mi padre, es una colección de nueve tomos de Los Clásicos Grecolatinos (Platón, Virgilio, Séneca, Plutarco, Cicerón, Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio, etc.). Me fue obsequiada por allá del año 1995. Me ha sido en muchas ocasiones de mucha utilidad, ya que en sus tomos encuentro -entre otras muchas cosas- las palabras de autores no cristianos que de manera incidental mencionan a Cristo y también a los cristianos de las primeras generaciones, así como su forma de vida y costumbres.



Bien. En el tomo dedicado a los historiadores griegos, encontramos la obra titulada Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides. Dicha obra cubre veinte de los veintisiete años que duró la guerra (431 a.C. a 404 a.C.), en la cual participó dicho autor griego, como comandante de una flota ateniense en la guerra contra Esparta. La guerra fue perdida por los griegos (entre los cuales se encontraba Tucídides) contra los espartanos. El autor mencionado es considerado aún hoy día como uno de los padres de la historiografía (ciencia histórica). Respecto a dicha obra, la Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2002. (1993-2001 Microsoft Corporation), nos dice:

...es una muestra indudable del alto valor historiográfico de los escritos de su autor, hábil mezcla de conocimientos directos —no en vano, participó en la contienda— y de investigaciones analizadas a la luz de profundas comparaciones documentales. Su método, en palabras del propio Tucídides, sirve para buscar la verdad y la exactitud, con el fin de que la historia tenga utilidad, aceptando la tradición oral sólo si es comprobada y haciendo especial énfasis en el correcto uso de la observación directa de los hechos, a la que añade lo que él denomina verosimilitud de los mismos.



Si bien es cierto que Grecia perdió la guerra, Tucídides, aunque vencido, escribió la historia de dicho conflicto con un muy alto nivel de objetividad, según la opinión de historiadores modernos. Así pues, la historia no es siempre escrita por los vencedores. De manera que una de las ideas implícitas en el cliché "La historia la escriben los vencedores", queda eliminada.

Ahora veamos la implicación de si el cristianismo obtuvo la victoria militar en el tiempo de la redacción de sus escritos sagrados, el Nuevo Testamento. Me permitiré ahora citar de la misma colección de clásicos grecolatinos, una obra titulada Anales del autor Cornelio Tácito. En el libro XV párrafo 44 leemos, con referencia al incendio de Roma en el año 64 de nuestra era aproximadamente, del cual fueron acusados los cristianos para desviar las sospechas de sobre la persona del emperador Nerón:

Y así Nerón, para divertir esta voz y descargarse dio por culpados de él, y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos, a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilatos, procurador de Judea [...] fueron, pues, castigados al principio los que profesaban públicamente esta religión, y después, por indicios de aquéllos, una multitud infinita, no tanto por el delito del incendio que se les imputaba, como por haberles convencido de general aborrecimiento al género humano. Se añadió a la justicia que se hizo de estos la burla y escarnio con que se les daba la muerte. A unos vestían de pellejos de fieras, para que de esta manera los despedazasen los perros; a otros ponían en cruces; a otros echaban sobre grandes rimeros de leña, a los cuales, en faltando el día, pegaban fuego para que, ardiendo con ellos, sirviesen de luminarias en las tinieblas de la noche.


¿Le parecen los cristianos descritos en este relato -proveniente de una fuente pagana, adversa a la iglesia y por ello mismo confiable-, un grupo vencedor militarmente? Por supuesto que no. La iglesia en sus inicios, mientras los escritos del Nuevo Testamento eran redactados, era un grupo que, si bien es cierto estaba en constante crecimiento (por el poder divino, el testimonio de vidas cambiadas, y varios factores socioculturales), no tenía milicia alguna. El cristianismo, una vez identificado como un grupo independiente del judaísmo, fue una religión proscrita, prohibida, digna de muerte. No poseían armas. Por lo menos no armas de este mundo. Leamos lo que dice San Pablo al respecto en 2 Corintios 10:4-5:

Las armas que usamos no son las del mundo, sino que son poder de Dios capaz de destruir fortalezas y toda altanería que pretenda impedir que se conozca a Dios. Todo pensamiento humano lo sometemos a Cristo, para que lo obedezca a él.


Veamos ahora esta otra fuente grecolatina, pagana, adversa al cristianismo también. Esta cita a continuación, proviene de Plinio el joven, gobernador de la provincia de Bitinia bajo el emperador Trajano. Escribió alrededor del año 111 d.C. lo siguiente:


...Nunca he asistido al proceso y sentencia de ningún cristiano... ¿deben ser castigados todos sin distinción de jóvenes y ancianos? ¿Debe perdonarse al que se arrepiente? ¿O es inútil renunciar al cristianismo una vez abrazado? ¿Es el nombre sólo lo que se castiga en ellos? ¿Qué crimenes están unidos a este nombre? He aquí las reglas que he seguido en las acusaciones presentadas ante mi contra los cristianos. A los que lo han confesado, les he interrogado por segunda y tercera vez, y les he amenazado con la tortura, y a ella les he enviado si han persistido. Porque, fuera de lo que hicieran y lo que confesasen, he creído que debía castigarse su desobediencia e invencible obstinación. Otros hay dominados por la misma locura, que he reservado para enviarlos a Roma, porque son ciudadanos romanos. Se ha propagado hace poco este delito, como sucede ordinariamente, se ha presentado bajo diferentes aspectos. Me han entregado una Memoria sin nombre de autor, en la que se acusa de ser cristianas a diferentes personas que niegan serlo y haberlo sido nunca. En presencia mía y según los términos que les he dictado, han invocado a los dioses y ofrecido incienso y vino a tu imagen, que había hecho llevar expresamente con las estatuas de nuestra divinidades, y hasta han lanzado maldiciones contra Cristo, a lo que, según dicen, no es posible obligar jamás a los que son verdaderamente cristianos [...] Decían que todo su error o falta se limitaba a estos puntos: que en determinado día se reunían antes de salir el sol y cantaban sucesivamente himnos en honor de Cristo, como si fuese Dios; que se obligaban bajo juramento, no para crímenes, sino a no cometer robo ni adulterio; a no faltar a la promesa, a no negar el depósito...


Podemos deducir muchísimas cosas de los primeros cristianos a partir del texto anterior. Pero sólo reiteraré que el cristianismo era un delito, una religión prohibida por el gobierno romano. De hecho el serlo implicaba persecución, tortura y muerte de la forma más horrenda. Derivado de ello sólo pasaban a formar parte de la iglesia los que estaban verdaderamente convencidos y convertidos. Entregados en cuerpo y alma a Cristo. Por ello la iglesia gozaba de un alto grado de pureza moral, de santidad. La ética de los primeros cristianos era de lo más elevada. La mentira era un pecado. La segunda idea implícita en el cliché "La historia la escriben los vencedores" se derrumba con estos argumentos.



He presentado solamente un par de referencias paganas (Anales de Tácito y Carta XCVII de Plinio) con relación a la situación del cristianismo en el primer siglo, mientras sus escritos sagrados estaban siendo redactados e inmediatamente después de esto. Estas son evidencias externas de la vida de la iglesia. Ahora vamos a pasar a considerar algunos pasajes del Nuevo Testamento que fueron escritos durante estos periodos de persecución hacia los cristianos, tanto por la parte del pueblo judío como por la parte del gobierno romano. Esto reforzará la conclusión a la que hemos llegado:

Ustedes tuvieron compasión de los que estaban en la cárcel, y hasta con alegría se dejaron quitar lo que poseían, sabiendo que en el cielo tienen algo que es mucho mejor y que permanece para siempre. (Hebreos 10:34)



Es cierto que todos los que quieren llevar una vida piadosa en unión con Cristo Jesús sufrirán persecución; (2 Timoteo 3:12)



Queridos hermanos en Cristo, no se sorprendan de tener que afrontar problemas que ponen a prueba su confianza en Dios. Eso no es nada extraño. Al contrario, alégrense de poder sufrir como Cristo sufrió, para que también se alegren cuando Cristo regrese y muestre su gloria y su poder. Si alguien los insulta por confiar en Cristo, consideren ese insulto como una bendición de Dios. Eso significa que el maravilloso Espíritu de Dios está siempre con ustedes. Si alguno de ustedes sufre, que no sea por ser asesino, ladrón o bandido, ni por meterse en asuntos ajenos. Si alguno sufre por ser cristiano, no debe sentir vergüenza, sino darle gracias a Dios por ser cristiano. (1 Pedro 4:12-16)




La iglesia cristiana, nos dicen los historiadores, no dejó de ser perseguida tanto por la población pagana como por el gobierno romano, hasta la primera mitad del siglo cuarto de nuestra era. Para entonces, los escritos del Nuevo Testamento tenían más de doscientos años de haberse redactado y ya circulaban por todo el imperio. El Nuevo Testamento es confiable (para más evidencias de esto opriman aquí). Este nos narra el nuevo pacto que ha hecho Dios con la humanidad, el cual ha sellado con la sangre de Jesucristo. En él se nos pide arrepentirnos y confiar únicamente en los méritos de Jesús y en su sangre derramada en la Cruz para limpiarnos de todos nuestros pecados. Amable lector, le invito a que confíe y se entregue al Salvador que este documento digno de confianza nos presenta. Para saber cómo acercarse a Dios, oprima aquí.

¿Qué le parece? Después de considerar la evidencia, ¿cree usted que la frase tan difundida "La historia la escriben los vencedores" puede aplicarse a los escritos a cristianos?

Recuerden: Creer es también pensar.

sábado, 9 de enero de 2010

Sobre los milagros



"Con frecuencia, la gente nos pregunta hoy en día si sería posible un cristianismo desprovisto...o 'liberado' de sus elementos milagrosos,...A mi modo de ver, la única religión del mundo...que no admite esa posibilidad es el cristianismo". C.S. Lewis (ex ateo).

Hace algunas semanas salí con mis hijos varones a un centro de diversiones ubicado en una popular plaza comercial aquí en la ciudad. Mientras los niños brincaban en un inflable enorme con forma de avión militar, y debido a que no podía entrar a hacer lo mismo con ellos, me entretuve jugando billar. La mesa estaba colocada frente al inflable donde mis hijos se divertían, así que tuve la oportunidad de, a la vez que los cuidaba, recordar las habilidades practicadas en mis tiempos de secundaria y preparatoria (mientras el resto de mis condiscípulos tomaba clases en la escuela). Mientras golpeaba una bola y otra para tratar de hacerlas entrar en las buchacas, decidí elaborar este post acerca de los milagros. "Pero, -pensarán ustedes-, ¿qué tiene que ver el billar con los milagros?". Lo veremos más adelante.

Soy cristiano. Creo en los milagros. Los he visto, experimentado. Quizá no con tanta frecuencia como desearía, pero a través de dos décadas me he topado de vez en vez con lo portentoso. Nada menos, hace unos pocos domingos, en una parte de nuestra reunión masiva hicimos oración a favor de los enfermos. Al terminar el evento pudimos ver a un pequeñito caminar -es verdad, de la mano de su madre- con regular seguridad. Este niño de aproximadamente unos cuatro años de edad, hasta antes de esa oración no se levantaba de su carreola debido a una enfermedad que le debilitaba y encorvaba las piernas. Minutos después, lo vimos flexionarlas rítmicamente al compás de los cantos de gratitud dirigidos a Dios por el grupo musical.

Me llama la atención el relato del evangelio de Juan respecto a Tomás, el apóstol. Cuando Jesús resucita, se aparece a todos los discípulos excepto a él. Cuando Tomás se reúne con sus compañeros, éstos le dan testimonio acerca del milagro, de la resurrección de Jesús. Sin embargo, nos dice el Nuevo Testamento, no recibe el testimonio de sus compañeros sino que solicita evidencia... ¿cómo podemos llamarla? ¿empírica? El caso es que el escéptico expresa: "...Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer." (Juan 20:25). Es sorprendente ver que Jesús, si bien es cierto que le llama la atención, accede a brindarle al dubitativo apóstol las evidencias que solicitaba.

Cuando leemos los diversos relatos de la resurrección en los distintos evangelios, notamos que la gran mayoría de los discípulos fueron escépticos en primera instancia al testimonio de otros - aunque estos otros hayan sido amigos muy cercanos y confiables- acerca de este gran milagro de Nuestro Señor. Hubo necesidad de apariciones personales del Jesús resucitado, para confirmar las narraciones testimoniales. El evangelio de Marcos 16;10-11 nos dice: "Ella [María Magdalena] fue y avisó a los que habían andado con Jesús, que estaban tristes y llorando. Estos, al oír que Jesús vivía y que ella lo había visto, no lo creyeron". (Corchetes y énfasis añadidos).

No sé cómo habríamos reaccionado usted y yo de haber estado en el lugar de estos discípulos que anduvieron con Jesús, escucharon de El la profecía acerca de Su resurrección y además escucharon el testimonio de labios de María Magdalena y no creyeron. Quizá usted estaría en una altura espiritual más elevada que ellos y no habría necesitado de evidencia adicional. Sencillamente le hubiese creído a María y a otros. Respecto mí, creo, hubiese actuado igual que ellos. En el versículo 13 del mismo capítulo que estoy citando, leemos: "Estos [los hombres dudosos del versículo 11, una vez que Jesús les hubo aparecido] fueron y avisaron a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron". (Corchetes añadidos).

No publico este post para aquellos que hubiesen creído sólo por el testimonio. Lo dedico a aquellos que cual Tomás y algunos otros, requieren de evidencia adicional a la información testimonial. San Juan apóstol escribió: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida...eso les anunciamos". (1 Juan 1:1-3). Me hago eco pues hoy nuevamente, de las palabras de C.S. Lewis: "No pretendo atenuar el caráter milagroso de los milagros,...procuro dar respuesta a quienes los consideran arbitrarios, teatrales, indignos de Dios o violaciones sin sentido del orden natural".



Para nuestros amigos e invitados que sólo requieren del testimonio - bienaventurados ellos, de acuerdo a Jesús en Juan 20;29- proporciono en un post futuro una grabación acerca de este precioso tema de los milagros.

Bien. Respecto a este asunto surgen varias preguntas. Por ejemplo, ¿qué es un milagro? Filósofos como Baruc Spinoza, David Hume y Anthony Flew, han definido el milagro como una violación de las leyes naturales. Pero, ¿es esta una definición correcta? También surge la pregunta de si los milagros contradicen la ciencia o pueden demostrarse científicamente (hay personas que creen que si algo no puede ser demostrado científicamente, no es cierto. Me pregunto si pueden demostrar científicamente la existencia de Benito Juárez o Miguel Hidalgo, por ejemplo). Otras interrogantes relacionadas con el tema son, si los cristianos contamos con buenas razones para creer en los milagros y qué significado tienen éstos en la creencia cristiana.

Con objeto de procurar responder a estas preguntas, pongo a disposición de ustedes la siguiente entrevista en audio, en mp3 (en ella explico la relación con el billar).



Recuerden: "Creer es también pensar".

lunes, 28 de diciembre de 2009

Año nuevo, vida nueva


Hola, bienvenidos. Hoy por la mañana mientras me preparaba para ir al trabajo, estaba viendo la sección dirigida por Nicolás Alvarado Primero Cultura en el noticiario Primero Noticias. En ella nos invitaba a ver una de tres películas (o todas) que, en su opinión, bien pudieran inspirar nuestros propósitos y metas que para el año nuevo estemos ya diseñando. Estas son: Una historia violenta (2005), de David Cronenberg (New Line); Seconds (1966), de John Frankenheimer (Paramount); El día de la marmota (1993), de Harold Ramis (Sony).

Una de las cintas narra, nos decía Nicolás, la historia de un gatillero que deseando cambiar de vida cambia su nombre, lugar de residencia y profesión. Procura dedicarse de ahí en adelante a atender un negocio de comida. Sin embargo, su pasado lo persigue en la figura de un antiguo enemigo que le busca hasta encontrarle y le obliga a desplegar nuevamente sus habilidades homicidas, para sorpresa de todos sus clientes en el pequeño restaurante de su propiedad.

El segundo filme narra la historia de otro hombre que desea también cambiar de modo de vivir. Pero él no solo cambia su nombre, residencia y profesión. Cambia también de rostro.

La tercera película nos presenta la historia de un hombre que a diario vuelve a vivir la historia del día de ayer. Vez tras vez, este hombre se despierta viviendo nuevamente el día anterior y por supuesto, sabe ya qué evento sigue a cada cual en el transcurso de las horas. Resulta interesante ver, decía Nicolás, cómo este individuo primero se aprovecha para benificio personal del "conocimiento" que tiene sobre el decurso del día. Pero después considera la posibilidad de usarlo para tratar de enmendar sus errores.

Bien. El fin de un año e inicio de otro siempre nos inspiran al análisis y a los buenos propósitos. Es casi seguro que ustedes que leen estas líneas, ya hayan estado meditando en los aciertos y fallos que tuvieron en este año que termina; en aquellas cosas que pudieron (pudimos) hacer de una mejor manera.

¿Qué necesitamos para cumplir los buenos propósitos para este año que se avecina; para hacer mejor las cosas esta vez? ¿necesitamos acaso un nuevo nombre? ¿quizá una nueva ciudad donde vivir, o bien un nuevo rostro o un mismo día que se repita interminablemente hasta que logremos realizar de una mejor forma las cosas? No lo creo. Considero que lo que requerimos es...un nuevo corazón. Si nos mudáramos de ciudad, cambiáramos de nombre y profesión, o si fuera posible, gozáramos de un renovado mismo día cada vez, estoy seguro que, tarde o temprano, haríamos las cosas igual que como las hemos hecho en el pasado. ¿Por qué tanto pesimismo (dirán)? Bueno, es que si modificamos todas esas cosas, pero no cambiamos nuestras inclinaciones más profundas, nuestra forma de pensar, de sentir; nuestros objetivos y prioridades, nuestras metas y visiones; nuestra (en una palabra) personalidad toda, repetiremos a fin de cuentas los mismos fallos. Se requiere, creo, un cambio más profundo que uno de rostro (o apariencia), profesión o domicilio para hacer las cosas mejor esta vez. Se requiere un cambio de corazón. Un corazón nuevo. Una nueva personalidad. Una nueva vida, vida de lo alto.

Pero, ¿es posible? Sí, es posible. Es precisamente de eso de lo que se trata el cristianismo. De un cambio tan grande realizado por el poder de Dios, por el encuentro de nuestro espíritu con el Espíritu divino, que se considera a la persona transformada de tal manera por el amor y perdón celestiales como "una nueva criatura" en Cristo (2 Corintios 5;17-19).

Les invito respetuosamente a escuchar el mensaje en mp3: "La necesidad de un nuevo corazón", esperando les sea útil para este nuevo año. Solo opriman en el reproductor a continuación.



"Creer es también pensar".

Con aprecio, Enrique.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Qué es ser cristiano


-Hola hitleriano, ¿cómo estás?
-¿Perdón? ¿cómo dices?
-Ho-la hi-tle-ria-no, ¿có-mo es-tás?
-¿Hitleriano, dices?
-Sí, hitleriano. Dime una cosa...
-¿Qué cosa?
-¿Crees en Hitler?
-¿Que si creo en Hitler?
-¡Sí, eso mismo! ¿Crees en Hitler?
-Si te refieres a que conozco o sé que hubo un hombre llamado Adolfo Hitler, político alemán de origen austriaco, uno de los dictadores más poderosos del siglo XX y que llevó a Alemania, entre otros países a la segunda guerra mundial, entonces la respuesta es...sí.
-¿Lo ves? Entonces puedo llamarte hitleriano.
-¡Un momento! me parece que si lo que quieres decir por hitleriano es que comparto la visión del mundo que Hitler tuvo, es decir, que solo hay una raza superior que debe dominar a las demás y que gente que él consideraba "inferior" como la judía, debiera ser exterminada, entonces...¡nada tengo que ver con Hitler! Ni pienso como Hitler, ni tengo sus ideales, ni comparto sus métodos., ni...¡nada de nada! Por lo tanto, no me llames así. ¡Y menos delante de mis amigos Jacob ben Yeshua e Isaac ben Salomón, por favor!

Tan absurdo como pudiera a usted parecerle el diálogo anterior y el uso que en él se hace del adjetivo hitleriano, no debiera sorprenderle que algo similar suceda hoy día, pero no con el adjetivo hitleriano, sino con el adjetivo cristiano. Hay personas que se consideran cristianas por el sencillo hecho de que saben o conocen que en el siglo I hubo un hombre llamado Jesús, nacido en Belén aproximadamente en el año 8 antes de nuestra era, a quien se le aplicó el título Cristo (ungido), y es considerado por la tercera parte de la población mundial como Dios encarnado. O bien se consideran cristianas por no ser, digamos, musulmanes, budistas o hinduistas. Sin embargo, de la misma manera que es absurdo llamarle hitleriano a alguien por el sencillo hecho de conocer ciertos datos históricos sobre Hitler, debiera ser absurdo llamarle cristiano a alguien que conoce unos cuantos datos históricos sobre Jesucristo. Si el sentido común nos dice que no debe llamársele hitleriana a una persona que no comparte ni los ideales, ni la filosofía, ni las metas, ni la forma de vida o conducta de Hitler, ¿cómo pues puede llamársele cristiano a alguien que no comparte ni los ideales, ni la filosofía, ni las metas, ni la forma de vida o conducta de Jesucristo?

A muchos de los que me hacen favor de leer estas líneas les sorprendería saber que San Pablo enseñó que los cristianos (los que son de Cristo) han renunciado a conductas tales como la inmoralidad sexual, el ocultismo, la violencia, la embriaguez, entre otras muchas cosas.

Por favor, considere las palabras del apóstol:

Todo el mundo conoce la conducta de los que obedecen a sus malos deseos: No son fieles en el matrimonio, tienen relaciones sexuales prohibidas, muchos vicios y malos pensamientos. Adoran a dioses falsos, practican la brujería y odian a los demás. Se pelean unos con otros, son celosos y se enojan por todo. Son egoístas, discuten y causan divisiones. Son envidiosos, y hasta matan; se emborrachan, y en sus fiestas hacen locuras y muchas cosas malas. Les advierto, como ya lo había hecho antes, que los que hacen esto no formarán parte del reino de Dios. (Gálatas 5:19-21)

Pero enseguida dice de los cristianos:

Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. (Gálatas 5:24)
Además, en consonancia con Cristo, San Pablo enseñó que los cristianos (los que están unidos a Cristo) han experimentado un cambio tan radical en su conducta, propósitos, sentimientos, carácter, que son considerados nuevas criaturas:
Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo.
(2 Corintios 5:17)
Veamos ahora lo que dijo Jesús a este respecto de ser una nueva persona:
No te extrañes de que te diga: 'Todos tienen que nacer de nuevo.' (Juan 3:7)
¿Va usted notando que el significado de la palabra cristiano es muy distinto del que popularmente se le ha dado?

¿Qué es ser cristiano? Esa es la pregunta que procuramos responder en el programa de radio "Vida abundante" hace algún tiempo. ¿Por qué no nos acompaña a escucharlo, oprimiendo a continuación el reproductor mp3? Nadie más apropiado que Jesús mismo y sus apóstoles, discípulos inmediatos, para decirnos qué es ser cristiano.

¿Está usted seguro de ser cristiano? ¿Por qué?



Este tema, en video breve también:



Recuerden: "Creer es también pensar".

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Jesús, el invitado especial


Hola, bienvenidos. Casi todos recordamos la ocasión en que Jesús transformó agua en vino. Aunque no tengamos en mente todos los detalles de este primera manifestación pública del Señor, por lo menos eso sí recordamos. Jesús ha sido invitado a una fiesta de bodas. Esto nos dice, entre otras cosas, que es inteligente invitarle también en los momentos de alegría y no solo cuando nos encontramos en apuros. Por regla general la gente cree que el invitar a Jesús es solo para aquellos que tienen problemas con alguna adicción y poseen una personalidad que la sociedad consideraría..."mala", pero que eso no es cosa para las personas "bien". Aquellas que no padecen el ser parte de un hogar disfuncional, ni experimentan escasez económica, etc. Pero nó. El tener a Jesús en nuestra vida como un invitado especial, es también para esas personas que se consideran "bien".

Pronto la pareja de recién casados de nuestra historia, se enfrenta a un problema que los convertiría en motivo de broma durante un buen tiempo (según las costumbres de la época del Nuevo Testamento). El vino para los comensales se había terminado. Afortunadamente Jesús, el invitado especial, se encontraba ahí para brindar ayuda a este matrimonio en aprietos.

Bien, de este pasaje del evangelio de Juan partimos para presentar el mensaje "Jesús, el invitado especial" este pasado Viernes 17 de Noviembre en el programa de radio "En frecuencia con Jesús". Les invito para que opriman el reproductor a continuación, y escuchen la grabación del mismo en mp3:




Recuerden: "Creer es también pensar".

domingo, 4 de octubre de 2009

Cazadores de mitos


Ayer por la mañana disfrutamos mi hijo mayor y yo de un capítulo del popular programa en Discovery Channel "Mythbusters". En español, "Cazadores de mitos". Fue muy interesante ver cómo en este episodio los protagonistas sometieron a prueba el mito de escapes de la cárcel con sogas de diversos materiales. De manera que analizaron la resistencia de largas cuerdas, de 40 metros cada una, elaboradas con sábanas, cabello humano (por aquello de la historia de Rapunzel) y... ¡papel higiénico!

Otro de los mitos que fue sometido a prueba en el programa, fue aquel que disfrutamos en una de las películas de Indiana Jones, "La última cruzada". Cuando Indy y su padre escapan en una bimoto de sus captores y son perseguidos por un grupo de nazis en motocicletas, el arqueólogo inserta un barrote de madera en los rayos de la rueda delantera de uno de sus perseguidores. Esto ocasiona, según la película, que la moto así agredida, de varias vueltas en el aire deshaciéndose el arqueólogo del amenazante enemigo.

Bueno, después de deslizarse por las paredes de un edificio de una prisión con 40 metros de altura, probando cada vez la cuerda de sábanas, cabellos y papel higiénico, el equipo de producción de "Cazadores de mitos" demostró que, sorprendentemente, cada uno de estos materiales resisten la prueba (si no me lo creen, busquen el capítulo por allí en Internet o en la página de Discovery).

El mito que no pasó la prueba, es decir que resultó ser falso, es el de la moto nazi que da varias vueltas en el aire si es atascada por la barra de madera incrustada en su rueda delantera. Después de varios intentos en condiciones controladas en una carretera solitaria, varios artefactos previamente diseñados y un buen número de cámaras estratégicamente colocadas para tal efecto, vez tras vez el experimento falló. La motocicleta derrapa, el conductor pierde el equilibrio y sencillamente el vehículo se desploma. Pero sin dar vueltas en el aire.

Estos "Cazadores de mitos" utilizan laboratorios, bombas de aire comprimido, cámaras, rotores, y una buena cantidad de cálculos matemáticos y físicos para someter a prueba las historias que circulan por allí y que la gente de manera general acepta. El propósito del programa es mostrar de una manera divertida cómo algunas de estas historias comúnmente aceptadas por el gran público, resultan ser o bien verdaderas, o falsas.

Bien. Hay otra clase de "Cazadores de mitos". Pero éstos investigadores no usan laboratorios con herramientas como martillos, cables, poleas, bombas de presión, arneses, motocicletas. Sino que utilizan lápices, papel, escritorios, sillas, inscripciones, testigos históricos, libros, documentos muy antiguos, etc. Estos son cazadores de mitos históricos.

Hoy me propongo compartir con ustedes el análisis de tres mitos comúnmente aceptados en nuestra comunidad. Narraciones que, cuando fueron sometidas a las pruebas de los criterios históricos, resultaron ser falsas. Al considerar estos tres mitos les voy a pedir que tomen en cuenta lo siguiente: el hecho de que alguna historia haya sido enseñada por nuestros padres o antepasados de la manera más sincera y con la mejor de las voluntades, no lo hace verdad. Asimismo, el hecho de que una historia haya sido durante mucho tiempo creida por la mayoría o todas las personas, tampoco la hace verdad. Ejemplo de estas dos consideraciones podrían ser las creencias de nuestros antepasados en "la tierra plana", o el "éter como conductor de la luz" o el "universo eterno".

MITOS DESACREDITADOS
Estamos de acuerdo en que en un tiempo la mayoría de las personas, si es que no todas, creyeron que la tierra era plana. Los historiadores discrepan, es cierto, en la fecha en que algunos estrafalarios por ahí dieron en pensar que la tierra era redonda. Algunos dicen que la redondez de nuestro planeta fue descubierta antes de la era cristiana. Algunos otros dicen que esto fue descubierto ya bien entrada la edad media. Pero todos están de acuerdo en que hubo un tiempo en que se creyó por la totalidad de las personas, que el mundo era plano (click aquí).

Con relación al mito del éter como conductor de la luz, hubo una época en que también fue aceptado por todo el mundo, y aquí va incluida la comunidad científica. No parecía posible que las ondas de luz viajaran en el vacío. Así que debía estar propagándose a través de una (hipotética) sustancia material, el éter. Sin entrar en muchos detalles, un par de científicos (Michelson y Morley) pusieron a prueba esta creencia generalmente aceptada, dando como resultado que era falsa. (Click aquí).

Respecto a la creencia de que el universo es eterno, tenemos a Sir Fred Hoyle, destacado físico, el cual –entre otros- estaba convencido que el universo no tenía un principio, sino que siempre existió tal y como lo conocemos hoy. Bien, esta creencia fue totalmente refutada por la teoría del "Big Bang" o "gran explosión" y el descubrimiento de la radiación de fondo por varios científicos (click aquí). El resultado fue el conocimiento que ahora tenemos, de que el universo tuvo un origen. De allí se desprende que todo lo que existe tiene un "originador" lo cual apoya, debo decir, la creencia cristiana en el Dios de la Biblia.

Recordemos pues lo siguiente, el hecho de que una creencia sea sostenida por la mayoría o la totalidad de las personas, e incluso sea defendida por nuestros padres, antepasados o científicos bien acreditados, no lo hace necesariamente verdad. De manera que les invito a que estemos abiertos al análisis histórico.

LOS NIÑOS HEROES

Acabamos de ser testigos de la euforia patriótica en nuestro país que desencadenó el mes de septiembre. Este mes es muy especial para México ya que en él se recuerda la independencia de nuestra nación, así como algunas otras historias de tinte nacionalista. Entre estas historias se encuentra la de "Los Niños Héroes".

No pudimos menos que sonreír con ternura cuando mi hijo menor de cuatro años regresó del kinder hace un par de semanas. Con ojos bien abiertos, alta voz, brincos y mucha mímica, nos narró el valiente gesto que Juan Escutia tuvo al arrojarse al vacío después de arroparse con la bandera mexicana, evitando así que nuestro símbolo nacional cayera en manos de los invasores extranjeros.

Aunque hace ya algún tiempo había leído por ahí que tal historia tiene más de leyenda que de verdad, adquirí en estos días la revista Relatos e Historias en México (click aquí), cuyo cuerpo directivo y editorial está conformado por un buen número de estudiosos con maestrías y doctorados en historia, antropología y periodismo. En su número del mes de Septiembre leemos como título "Los Niños Héroes, una historia mal contada". En la página 44, el historiador y escritor Alejandro Rosas, (quien por cierto, escribe para la revista Letras Libres, opriman aquí para algunos de sus artículos), quien se ha dedicado a la divulgación histórica desde hace más de dos décadas, nos aclara por qué considera la historia de "Los Niños Héroes" una que ha sido mal contada. Entre otras cosas nos dice:

"En aras de la construcción del altar a la patria -a donde el sistema político mexicano del siglo XX llevó a sus héroes para legitimarse en el poder-, muchas se exageraron, otras se distorsionaron y no pocas fueron inventadas. El término "niños héroes" se convirtió en un sinónimo de amor a la patria y pureza cívica, revestido de cierto romanticismo cursi que terminó por empañar la reconstrucción objetiva del acontecimiento".

A lo largo del artículo, el señor Rosas utiliza las palabras mito y leyenda para describir la narración tan bien conocida de todos nosotros. El continúa diciéndonos:

"Escutia no murió por un salto ni envuelto en una bandera, cayó abatido a tiros junto con Francisco Márquez y Fernando Montes de Oca cuando intentaban replegarse hacia el jardín botánico. La bandera mexicana fue capturada por los estadounidenses y fue devuelta a México hasta el sexenio de José López Portillo".

¿Las razones para contar la historia de manera diferente? Políticas, por supuesto (no podían faltar). "... El gobierno decidió recurrir a la historia.", "El sistema político mexicano manipuló la historia ..." , nos dice el autor. El historiador termina el artículo diciéndonos que "Su desmitificación supone la reconstrucción paulatina del hecho,...".

Para disfrutar el artículo completo opriman aquí.

LA INDEPENDENCIA DE MEXICO

Otra de las creencias muy difundidas y creidas en nuestro querido país, es aquella que tiene que ver con nuestra independencia. Es muy manejada la idea de que el movimiento independentista fue uno solo (de los mexicanos contra los españoles) y con el único objetivo de liberar a los indígenas que estaban siendo explotados por los conquistadores europeos. Bueno, al parecer no fue tal como nos lo han enseñado desde antaño en nuestros libros oficiales de texto. Las evidencias históricas parecen indicar que el movimiento de independencia se llevó a cabo en por lo menos dos etapas o tiempos. Uno de ellos fue en 1810 y el otro en 1821, once años después. El primero de ellos no llegó a su culminación sino que fue apagado por las armas. El segundo, más que perseguir la liberación de los indígenas oprimidos, tenía por objeto liberarse de España ya que esta, debido a la presión del liberalismo, estaría pronto exigiendo a sus delegados en la Nueva España, que promovieran ideas de libertades y condiciones más igualitarias en la sociedad. Para los ricos españoles y algunos criollos que eran ya hacendados, amos y señores en tierras mexicanas, tales ideales liberalistas no convenían a sus intereses. Por tanto, ya no les era beneficioso depender de la corona española puesto que perseguían el objetivo de mantener sus privilegios y riquezas en el Nuevo Mundo, y no tanto liberar a los indígenas sus esclavos, como nos lo han hecho creer en la educación primaria y secundaria.

Los rebeldes al gobierno de España en 1810, criollos (hijos de padres españoles pero nacidos en tierras mexicanas), perseguían libertad, tolerancia, justicia social, y una mejor repartición del poder y de los privilegios que hasta entonces, sólo los españoles poseían. El movimiento separatista de 1821 (presentado por nuestra historia oficial como héroes independentistas) buscaba separarse de la corona española para conservar una sociedad jerarquizada, con clases sociales muy marcadas e intolerante. Nada que ver con lo que se nos ha enseñado clásicamente.

Mauro Rodríguez en su libro "Los 10 engaños al pueblo de México" nos dice, entre otras cosas:

"Fueron los antiguos enemigos de Hidalgo, Morelos y también de Guerrero, quienes de pronto comenzaron a defender la causa independentista. Sobre todo porque ya no les convenía tener relación de dependencia con el gobierno liberal español... ciertos criollos mexicanos, se cerraron a los aires de modernidad y pretendieron seguir con el antiguo estilo de vida, donde ellos estaban muy bien colocados como los incuestionables amos en todos los órdenes... La idea principal, que debe quedar muy clara, es que no es lo mismo el movimiento insurgente de Hidalgo y Morelos que aquel que consumó la independencia y cuyo protagonista fue Iturbide".

Más adelante continúa:

"La independencia era la manera de asegurarse de que si allá en España el monarca había aceptado limitaciones en el poder, ellos, los españoles y ciertos criollos mexicanos, acá no las aceptarían. Optaron pues por separarse políticamente de España. Tuvieron la habilidad de presentar la causa como justa y progresista, por ello tuvieron adeptos".

Los argumentos que llevan a tal conclusión están bien descritos en el capítulo dos del libro ya mencionado. Para tener acceso al texto completo, opriman aquí.

LAS APARICIONES GUADALUPANAS

Llegamos ahora al tratamiento del mito más creído por los mexicanos. Uno que es bebido con la leche materna. Espero que usted, amable lector, haya reflexionado sobre las dos advertencias que hice al inicio de esta entrada del blog: "El hecho de que alguna historia haya sido enseñada por nuestros padres o antepasados de la manera más sincera y con la mejor de las voluntades, no lo hace verdad. Asimismo, el hecho de que una historia haya sido durante mucho tiempo creida por la mayoría o todas las personas, tampoco la hace verdad". Y aquí es donde estas dos advertencias son fundamentales para tratar el tema que sigue.

Leí en algún lugar: "Amo a Platón pero prefiero la verdad" (click aquí). Esta frase se adjudica a Aristóteles, el más famoso de los alumnos del filósofo Platón. Es cierto, se conocen algunas variantes de ésta frase, pero el sentido es el siguiente: amo y respeto a mis maestros antepasados, incluídos mis propios padres. Pero es preferible seguir la verdad. La sabiduría de Salomón, expresada en nuestra Biblia, nos enseña lo siguiente en el libro de Proverbios 27;6: "Más digno de confianza es el amigo que hiere que el enemigo que besa". Permítame pues, paciente lector, ser por esta ocasión al tratar este tema, un amigo que hiere con la verdad y no un enemigo que besa con la mentira.

También la Biblia, a la vez que nos manda (no invita, ordena) que honremos a nuestros padres, nos enseña claramente que no debemos sacrificar nuestra fidelidad a Dios en el altar de la obediencia a ellos. Está primero Dios. "Si prefieren a su padre o a su madre más que a mí, o si prefieren a sus hijos o a sus hijas más que a mí, no merecen ser míos". (Mateo 10:37). La palabra de Dios nos da un ejemplo muy claro de esto en la historia de Gedeón. Gedeón fue uno de los muchos jueces (líderes militares) que el pueblo de Israel tuvo. Cuando le tocó el turno de liderar al pueblo de Dios, El Señor le pidió que en primer lugar fuese y derribase un altar que...¡su propio padre había levantado -contra la voluntad divina- a Moloc, una divinidad pagana! Leemos esto en (haga click sobre la cita) Jueces 6;25 . Y aunque este líder israelita lo hizo con temor y a escondidas, (oprima aquí para leer la historia completa) tuvo que obedecer a Dios aunque esto se opusiera a su padre en materia de religión. Así que, amigos, en este tema que hoy nos ocupa y en muchos otros, si deseamos ser verdaderamente fieles a Dios, en algunas ocasiones será necesario oponernos a nuestros antepasados, aunque con el mayor de los respetos.

Nací católico. Fui mariano. Mientras cursaba el primer año en la universidad, escuché a dos de mis profesores favoritos, el de psicología y el de antropología, referirse a las apariciones guadalupanas como un mito. Si bien es cierto que ello me molestó mucho, no pude sino quedarme callado ya que no tenía elementos para refutarles. Pasado un año aproximadamente después de este incidente, y habiendo ya escuchado el evangelio puro y sencillo tal y como lo predicaron los apóstoles, ahora por boca de mi profesor de estadísticas, experimenté una transformación espiritual profunda. Recibí a Cristo como mi Salvador y Señor. Empecé a leer la Biblia con creciente avidez. De esa etapa de mi vida conservo un buen número de textos bíblicos que a la fecha conozco de memoria. Estaba saturado de textos bíblicos. Y, como escribí en otra parte en este blog, no es que me hubieran venido a hablar mal de la virgen, sino que mas bien me intrigó e inquietó la ausencia de pasajes del Nuevo Testamento que le den importancia a la figura mariana. Mas bien las pocas referencias (alrededor de quince) que tratan de María, distan mucho de enseñarnos lo que la iglesia popular ha enseñado acerca de ella a lo largo de los siglos. El texto bíblico abunda (no solo en los evangelios sino también en las cartas apostólicas y en los sermones del libro de los Hechos de Los Apóstoles) en referencias a Jesús y su obra salvadora. Jesús es la figura central de la Salvación de la humanidad y no María como enseña el catolicismo. No hay absolutamente ninguna enseñanza ni práctica cúltica dirigida a esta figura femenina. La gran interrogante que me surgió de la lectura bíblica fue: ¿Por qué no se le rinde ningún tipo de culto o siquiera reconocimiento especial a María en todo el Nuevo Testamento, cuyo límite es el año 90 d.C. (que fue la fecha aproximada de escritura del libro de Apocalipsis, el último del Nuevo Testamento)? Más tarde, al investigar detalladamente, me daría cuenta que los primeros intentos de trato especial a la madre de Jesús aparecerían en el siglo...segundo! Esto es, cerca de 100 años después de la muerte del último apóstol. Las referencias iniciales a María en este sentido especial provienen del Protoevangelio de Santiago, un evangelio apócrifo (click aquí para leerlo). Los evangelios apócrifos y gnósticos son rechazados, por cierto, por la iglesia católica (click aquí). Como referencia, la novela "El código Da Vinci" está basada en algunos de ellos.

Derivado de lo anterior, me dediqué de manera especial -puedo decir que hace por lo menos dieciocho años, dos después de mi conversión-, a estudiar todo lo relacionado con mi anterior religión y especialmente con la figura mariana. De ahí el interés también en el tema tan cimentado en México sobre las apariciones de María en el cerro del Tepeyac en 1531. Fue en ese proceso de estudio en el que he podido hacer mías las palabras del erudito en historia colonial mexicana del siglo XVI, Don Joaquín García Icazbalceta, que escribiera en 1883: "En mi juventud creí, como todos los mexicanos, en la verdad del milagro: no recuerdo de dónde me vinieron las dudas, y para quitármelas acudí a las apologías: éstas convirtieron mis dudas en seguridad de la falsedad del hecho. Y no he sido el único...".

Joaquín García Icazbalceta no ha sido el único cazador de mitos (católico y mariano, que conste) que ha dudado y a partir de ahí demostrado que la historia es falsa. Antes que él, estuvo Juan Bautista Muñoz ("Memoria sobre las apariciones y el culto de Nuestra Señora de Guadalupe de México" escrito en 1794) y después de él han venido muchos más, de los cuales a la mayoría he leído y a otros consultado: Fray Servando Teresa de Mier con sus "Memorias"; Jacques Layafe con su "Quetzalcóatl y Guadalupe"; Edmundo O' Gorman con su "Destierro de sombras"; Xavier Noguez con su "Documentos Guadalupanos"; David A. Brading con su "La virgen de Guadalupe"; Richard Nebel con su "Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe" y "Ecos de la Quinta del Olvido" de Eduardo Sánchez Camacho (exobispo católico de Tamaulipas, cesado por no creer en las apariciones). También, además de los anteriores, cuento con los libros: "Tonantzin Guadalupe" de Miguel León Portilla; "Tepeyac. Cinco siglos de engaño" de Leoncio A. Garza-Valdés (en el que se comenta su análisis científico a la pintura y se publican documentos tan importantes como el testamento de Fray Juan de Zumárraga, entre otros) y con relación a la historicidad de Juan Diego "La búsqueda de Juan Diego" de Manuel Olimón Nolasco. Quiero hacer constar que todos estos libros mencionados han sido leídos y consultados por su servidor, pues afortunadamente cuento con ellos. Aunque algunos fueron muy difíciles de obtener, por razones obvias. Me he abstenido de enlistar a los autores protestantes, así que todos los antedichos son católicos y marianos (sacerdotes incluso), aunque algunos de ellos después de un gran conflicto interno (y después público) concluyeron que la historia es una leyenda piadosa.

El análisis de los argumentos presentados por los autores mencionados con anterioridad, ha llevado a escritores contemporáneos como Héctor Aguilar Camín (Revista Nexos) y a Carlos Marín ("Tercer Grado" en Televisa) a redactar artículos que han aparecido en revistas de circulación nacional. Para ver algunos opriman en los títulos a continuación:


Les invito a que opriman también en el reproductor a continuación para que escuchen en mp3 la presentación que del tema hicimos en el programa de radio "Diálogos de Vida Abundante". Esta presentación fue primordialmente basada en la "Carta acerca del origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe", de García Icazbalceta. Cuento con esta carta en dos tomos de distintas editoriales, la cual he transcrito para que puedan leerla. Esta investigación y la descripción de la ocasión en que fue producida después de un exhaustivo análisis histórico, aparecen detallados a continuación en PDF. Solo opriman aquí.



García Icazbalceta en su "Carta..", añadió a las palabras que ya antes cité las siguientes: "Por eso juzgo que es cosa muy delicada seguir defendiendo la historia". Alguien pudiera decir: "Pero, no hay problema en el hecho de que la gente crea en un mito como el de las apariciones marianas. Lo importante es que se tenga fe. Dios debe complacerse en eso." Permítame estar en desacuerdo con usted. A semejanza de Icazbalceta, creo que "es cosa muy delicada seguir defendiendo la historia" ya que en la enseñanza católico-romana María no solo ha sido puesta al nivel de Jesús, sino que ha sido exaltada sobre la figura de éste. Para el católico promedio María es "Nuestra Abogada", "Mediadora", "Esposa de Dios", "Corredentora", entre otras cosas. Sin embargo los apóstoles y primeros cristianos jamás la consideraron así. Más bien muchos de esos títulos le pertenecieron (y pertenecen por derecho propio a Nuestro Señor Jesucristo): "Nuestro abogado" (1 Juan 2;1), "Único mediador" (1 Timoteo 2;5), "Redentor" (Tito 2;14). La "Esposa de Dios" es la iglesia, esto es, la congregación de aquellos que aunque fuimos pecadores, hemos sido perdonados por la sangre de Cristo derramada en la cruz: 2 Corintios 11;2 y Apocalipsis 19;7. No es María.

Así pues, el mito fomenta el hecho de desviar la mirada de Jesús, quien es el único camino a Dios. No hay quien pueda salvarnos aparte de Él, como nos dejó dicho el mismo Cristo (Juan 14;6) y después San Pedro el apóstol (Hechos 4;11-12).

Con toda seguridad puedo decir que Dios no se complace en un culto así tampoco, puesto que él no acepta mezclas en su adoración, aunque dichas mezclas lleven el propósito o intención de "honrarle". La Biblia nos señala este principio en la historia del becerro de oro construído por Aarón, hermano de Moisés, al pie del Monte Sinaí. Hacer imágenes para usarlas en el culto, estaba terminantemente prohibido. El becerro de oro fue hecho con el propósito de "honrar a Dios", pero Dios no lo aceptó. (Vea la historia completa oprimiendo la cita bíblica Exodo 32;1-10, especialmente lea los versículos 5 y 10).

Le invito amable lector a que dé oídos no a leyendas religiosas que han sido desacreditadas por los "cazadores de mitos", sino solo a lo que los apóstoles enseñaron. No importa si esos mitos son creídos por una gran mayoría y sean enseñados por nuestros respetados (aunque a veces equivocados) padres (1 Pedro 1;18-19). Recuerde que no es eso lo que los hace verdad.

En el Nuevo Testamento encontramos el mandato de arrepentirnos (Hechos 17;30) y tener fe en Cristo (y no en nuestros propios méritos: Hechos 16;30-33) para ser salvos. La demostración pública de este arrepentimiento y confianza es el ser bautizados en el nombre de Jesucristo (Hechos 2;38). Cuando hacemos esto, hemos de tener la plena confianza de que Jesús no nos desechará, como enseñan algunos que promueven la necesidad de "una mediadora" y "corredentora". Sino que habrá de recibirnos con los brazos abiertos (Juan 6;37) y nos dará, por su poder, un nuevo corazón que haga las veces de trono del bendito Salvador.

En una futura entrada del blog estaré poniendo a su disposición varios artículos relacionados a este mismo tema. Por el momento recuerden:

"Creer es también pensar".

Saludos.

domingo, 20 de septiembre de 2009

La palabra del Reino



Hola. Bienvenidos. Comparto con ustedes el tema que recientemente presentamos en el programa de radio "En frecuencia con Jesús", este pasado Viernes 11 de Septiembre. Tuvo como asunto "La palabra del Reino". Nos basamos en la muy conocida Parábola del sembrador que predicó Jesús y que quedó registrada en el evangelio según Mateo capítulo 13;1-9 y que después fuera explicada por el mismo Cristo en Mateo 13;18-23 y Lucas 8;11-15.

En el mensaje encontramos cuatro reacciones ante la palabra del Reino, representadas por cuatro tipos de corazones (o terrenos): el corazón cerrado, el superficial, el distraído y por último el corazón sensible. Conviene que nos preguntemos: ¿qué tipo de corazón tengo? ¿y...usted? Investiguémoslo. Opriman en el reproductor a continuación:



Recuerden: "Creer es también pensar".

Saludos.