sábado, 22 de septiembre de 2012

Por qué creer en la creación y no en la evolución



Este tema en audio:




El día de ayer por la noche disfrutamos del capítulo 14 de la serie. Algunas de las personas con poderes especiales se encuentran en el proceso de descubrirlos. Pero también advierten que hay alguien interesado en las capacidades que poseen y quieren manipularlas para el mal. Algunos de estos individuos extraordinarios vuelan, otros se hacen invisibles. Algunos más pintan el futuro o manipulan el tiempo y el espacio. ¿Quiénes son? Los Héroes. Un grupo de personas que son herederos de un legado de mutaciones genéticas desarrolladas a través del tiempo, que los hacen beneficiarios de grandes facultades, las cuales pueden usar para salvar al mundo. Se trata de una serie televisiva de Universal Channel, ahora transmitida por un popular servicio de paga a través de la Web.

Por otro lado tenemos a Wolverine, Tormenta, Cíclope, Gambito, el profesor Charles Xavier. Todos estos son nombres por la mayoría de nosotros conocidos, puesto que crecimos leyendo sus historietas y ahora hemos visto las superproducciones millonarias en las salas de cine. Se trata de los X-Men. Seres favorecidos también por las mutaciones, la selección natural y el tiempo (los elementos que componen la ahora conocida teoría Neodarwiniana), los cuales los hacen seres súper dotados y capaces también de salvar al mundo varias veces al día.

Podría extenderme describiendo la gran cantidad de programas que plantean como un hecho la teoría de la evolución. Las Tortugas Ninja, series de los canales como Animal Planet, Discovery Channel y History Channel, por solo citar algunos ejemplos. Pero la teoría de Darwin, con las modificaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo, no se limita a las producciones cinematográficas o televisivas. También está dentro de las aulas y libros de texto de nuestros hijos. Hace algunos años, al revisar el libro de Ciencias Naturales de mi segundo hijo, me topé con la lección de biología titulada «El camino hacia la humanidad». El párrafo que más llamó mi atención decía: «La tierra que habitamos tiene millones de años de antigüedad. Al principio nuestro planeta era un gigante solitario. Luego, aparecieron los primeros habitantes que fueron microscópicos y poco a poco fueron evolucionando hasta transformarse en seres más complejos»…«a esta teoría se le llamó evolutiva»… «La teoría de la evolución, del inglés Carlos Darwin, explica que los seres humanos y los grandes simios tiene un ancestro común». Es por esto último, especialmente, que vale la pena analizar la teoría.

viernes, 21 de septiembre de 2012

«¿Quién eres tú para juzgar?»

«Hay una cosa de la que un profesor puede estar absolutamente seguro: casi todos los estudiantes que entran en la universidad creen, o dicen creer, que la verdad es relativa (...) Los estudiantes no pueden, por supuesto, defender su opinión. Es algo con lo que han sido adoctrinados.» (Allan Bloom, El cierre de la mente moderna).


No cabe duda que nos encontramos cada vez más en un mundo al revés. Cuestiones éticas que pocos años atrás serían inaceptables, ahora son consideradas «normales». Nada menos hoy día ya se permiten legalmente los abortos, los matrimonios entre personas del mismo sexo y pronto se permitirá también la adopción de niños por parejas de este tipo. Ya se está proponiendo legalizar la droga y no tardaremos en ver lo mismo respecto a la eutanasia, sin duda. Cuán a propósito aplican en este contexto, las palabras pronunciadas por el profeta Isaías en 5.20: «¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!».

El mundo moral al revés tiene su base, entiendo, en la «nueva tolerancia». No me refiero a la tolerancia como hasta hace poco la entendió mi generación, sino a la «nueva tolerancia». Para mi generación la tolerancia significaba reconocer y respetar las creencias y conductas de otros, aunque no se estuviera de acuerdo con ellas ni se compartieran. La «nueva tolerancia» para la generación presente significa, que todas las creencias y estilos de vida son iguales. Todos son verdaderos y correctos. No hay ideas ni estilos de vida incorrectos. Pero la «nueva tolerancia» va más allá. Nos fuerza (¿es tolerante?) a pensar que todas las creencias y conductas son correctas -aunque se contradigan entre sí-, y estamos por ello obligados (¿es tolerante?) a no solo darles nuestra aprobación, sino también nuestro respaldo y en última instancia hasta nuestra participación. De otra manera seremos considerados como intolerantes (¿es tolerante?).

La filosofía de la «nueva tolerancia» hizo que algunos estudiantes universitarios en la unión americana, fueran literalmente obligados a ver algunas películas pornográficas homosexuales, como parte de una de sus materias que trataba el tema de la tolerancia.

La frase «¿Quién eres tú para juzgar?» (y similares o derivadas, como por ejemplo «vive y deja vivir») es el caballo de batalla de la «nueva tolerancia», y se utiliza para acallar a las personas y evitar que pronuncien juicios morales. Es decir, con ella se busca evitar que las personas expresen su opinión cuando ven en la conducta de otros algo que no debe hacerse, con el objetivo de solicitar que se corrija.

Ahora bien, la «nueva tolerancia» tiene por cimiento al relativismo. El relativismo (o subjetivismo) moral no es otra cosa que la idea de que las personas (o sociedades) deciden lo que está bien y lo que está mal. Que lo bueno y lo malo cambian de persona a persona dependiendo de la época o del país. Después de todo «¿Quién eres tú para juzgar?», nos dicen. Por el contrario, la creencia en los absolutos morales considera que hay principios de comportamiento que son válidos para toda persona en todo tiempo y lugar.

Pero, ¿es razonable que nuestra cultura adopte el relativismo moral? Como lo hicimos hace algún tiempo en este blog con la doctrina de la reencarnación (den click en la palabra), para demostrar su falsedad y por tanto su indignidad para merecer nuestra confianza, en esta ocasión haremos lo mismo con el relativismo. Vamos a someterlo a análisis para ver si pasa la prueba. Aplicaremos el triple filtro de la verdad: el de la coherencia, el de la practicidad y el de la relevancia. Iniciemos: