Una conocida actriz hace no mucho tiempo, declaraba en un reportaje: “Yo soy católica, pero creo en la reencarnación. Ya averigüé que ésta es mi tercera vida. Primero fui una princesa egipcia. Luego, una matrona del Imperio Romano. Y ahora me reencarné en actriz”.
Una encuesta realizada en la Argentina por la empresa Gallup reveló que el 33% de los encuestados cree en ella. En Europa, el 40% de la población se adhiere gustoso a esa creencia. Y en el Brasil, nada menos que el 70% de sus habitantes son reencarnacionistas. Por su parte, el 34% de los católicos, el 29% de los protestantes, y el 20% de los no creyentes, hoy en día la profesan.
Según otra encuesta realizada hace algún tiempo, pero en los Estados Unidos, casi uno de cada cuatro norteamericanos cree en la reencarnación. Es decir, el 23%. Este número aumenta a 30% en los estudiantes universitarios cuyas edades oscilan entre 18 y 24 años. Lo sorprendente de esos datos es que nueve de cada diez norteamericanos, dicen ser cristianos. El 21% de los protestantes, y el 25% de los católicos estadounidenses, se llevan bien con la creencia en la reencarnación. Esta creencia es una moda. Es más, es muy posible que usted que está leyendo estas líneas, crea en ella.
Aquí la grabación del tema, y enseguida el desarrollo del mismo en este post:
Qué quiere decir eso
La reencarnación significa simplemente: volver a aparecer en carne. Este palabra deriva de otra:
En cierta ocasión, me encontraba hablando de Cristo con mis compañeros de labores durante un descanso. Una de las personas que se encontraban cerca, con cierta molestia, me interrumpió diciendo: -«¿Por qué Cristo y Cristo? ¿Por qué no Buda, por ejemplo, si enseñaron lo mismo?»-. «Qué interesante comentario». -Le respondí–. «¿Podrías por favor compartirnos algunas de las principales enseñanzas de Buda, para compararlas con las de Cristo y confirmar así lo que nos dices?»-. Quien me arrojó la pregunta hizo un silencio prolongado, se encogió de hombros y se fue.
¿Que Buda, Mahoma, Confucio, Krishna o cualquier otro líder religioso y Jesús, fueron iguales? ¿Que enseñaron lo mismo? Esa es una idea muy difundida, pero infundada. Eso solo puede decirse desconociendo totalmente lo que cada uno de ellos enseñaron. Estoy completamente seguro que si a ellos mismos les dijéramos que sus enseñanzas son iguales a las del resto, con toda seguridad nos reprobarían.
Bienvenidos. ¿Por qué es Jesús tan especial respecto a otros líderes religiosos? Acompánenme a responder esta pregunta. Opriman el reproductor a continuación para que puedan escuchar el tema: "Por qué es Jesús tan especial”. Es la grabación del programa de radio En frecuencia con Jesús, transmitido en vivo aquí en San Luis Potosí. En él compartimos cuatro grandes diferencias (abismales diferencias), entre Jesús y algunos de los líderes religiosos mas prominentes del mundo. Después de escuchar, no podrán decir ya más que enseñaron lo mismo.
Si desean tener en formato PDF el artículo que fue publicado en el periódico "Expediente Público" en la columna "Agua Fresca para el Espíritu", pulsen aquí.
Ahora, si desean escuchar en mp3 otro programa de radio en el que Jesús es comparado con otros grandes pensadores de todos los tiempos, presionen aquí:
Supernova, cometa, conjunción de planetas, nave extraterrestre, Venus, meteorito. Opciones, alternativas de explicación hay muchas. Libros se han escrito para explicarla. La estrella de Belén, ¿qué era? (Mateo 2.1-12).
Bien, aquí comparto con ustedes una porción del video Descubriendo la verdad sobre Jesús, el cual estoy procesando para que puedan pronto disfrutarlo completo (dura 90 minutos) próximamente. En esta fracción del video, creyentes que se desenvuelven en el campo de la astronomía (no astrología, que no es lo mismo), nos presentan una posible (no definitiva) explicación del fenómeno celestial que pudo ser la señal para movilizar a unos sabios estudiosos de las estrellas, posiblemente provenientes de la zona de Persia-Babilonia, para encontrarse con el Mesías de poco tiempo de nacido y adorarle. Conocedores, al parecer, de las antiguas profecías mesiánicas (Miqueas 5.1-2) por haber circulado el Antiguo Testamento por aquellas zonas de donde provenían, los "magos" o sabios (quizá judíos descendientes de los antiguos cautivos del 597 a.C. descritos en 2 Reyes 24.12ss), se movilizaron durante meses para tener un encuentro con El Cristo y ofrecerle sus valiosos presentes.
No hay duda. Hubo un fenómeno celeste excepcional señalado por Dios (cualquiera que haya sido. El concepto de estrella 'aster' en el siglo I de nuestra era, abarcaba también los planetas 'astron'), observado desde la zona de Babilonia por estudiosos de las profecías. Tal fenómeno hizo que no escatimaran su esfuerzo, tiempo y recursos para rendir adoración al Dios hecho carne.
Que podamos imitar a aquellos sabios al no escatimar nuestro esfuerzo, tiempo y recursos para encontrarnos pronto con Jesús, y no con manos vacías, sino con algo en ellas, alguna buena obra, no que pretenda comprar la salvación (cosa imposible), sino que muestre que le tenemos gratitud por ser nuestro Salvador y Señor (Efesios 2.8-10). Si usted aún no le tiene por tal, le invitamos a que lo haga pronto. Oprima aquí para información que le puede ayudar.
En seguida, audio breve, que contiene una muy interesante explicación por César Vidal, teólogo, historiador, filósofo y abogado cristiano. Opriman en el reproductor a continuación:
«Fue un hombre famoso en su tiempo en todo Oriente, promulgó la paz entre los hombres, tuvo un gran número de seguidores, realizó milagros inexplicables desde la razón, luchó contra los poderosos que oprimían al pueblo, curó enfermos y devolvió la vida a los muertos. Finalmente, fue juzgado por un tribunal romano y nada se sabe de su cadáver. El protagonista de estos hechos podría perfectamente ser Jesucristo, base fundamental de algunas de las religiones más importantes del planeta. Sin embargo, la persona que se corresponde a lo anteriormente citado es Apolonio de Tiana, un misterioso personaje cuya vida es tan apasionante como desconocida es su figura en la actualidad.»
Así inicia el relato en una página web de esoterismo y continúa presentando una breve biografía de Apolonio. Termina mencionando que este filósofo es el otro Jesucristo. Otro sitio web, en la famosa red social Facebook, presenta un breve artículo el cual termina etiquetando a este personaje como el verdadero Jesucristo. Pero, si aplicamos los criterios de historicidad a las fuentes documentales sobre Apolonio, ¿resisten el análisis crítico? Veamos.
Hola, bienvenidos. Comparto con ustedes el tema que fue presentado por Arturo Delgado el pasado Lunes 20 de Diciembre en el programa En Frecuencia con Jesús.
Opriman el reproductor a continuación para escucharlo en mp3:
Aún recuerdo cuando joven, quizá adolescente, mi padre me dio a leer un grueso tomo de fina pasta de color rojo, con vivas ilustraciones de Gustavo Doré en sus páginas. Era La Divina Comedia, de Dante Alighieri. No sólo él, sino otros poetas como John Bunyan (con su El Progreso del Peregrino) y por supuesto, el Maestro por excelencia, Jesús, han usado con éxito el camino como una metáfora de la vida.
Pues bien, el Lunes 6 de Diciembre tuve el gran gusto de conocer a Efraín Sánchez, profesor de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien compartió con la audiencia de En Frecuencia con Jesús el tema La Jornada, en el cual utilizó una vez más de manera grata, como metáfora de la vida, al camino. Estuve muy gustoso de escuchar el tema y colaborar en la conducción del programa de esa noche.
Para poder escuchar La Jornada, opriman el reproductor a continuación:
Hola. Este jueves 15 del presente tuvimos nuevamente el privilegio de participar en el programa de radio "En frecuencia con Jesús". Esta vez presentando uno de los temas que creo debe quedar claro a la hora de presentar el evangelio ante nuestros amigos y/o familiares. Esperamos haber contribuido con esta presentación. Deseando les sea útil al compartir La Palabra con aquellos a quienes desean hacer bien.
Sin mayor comentario,
Enrique.
(Opriman el reproductor a continuación para escuchar el mp3):
Sí, ese es el título de la revista Conozca Más del mes de Abril, «Parábolas para creyentes, ateos y agnósticos». Y ya desde la introducción, el autor del artículo central de la revista pasa a comparar a Jesús con alguien que, curiosamente, nunca usó parábolas para comunicar sus enseñanzas, sino más bien se valió del aforismo y la mayéutica, Sócrates. Nos dice un párrafo del artículo: «Todos estos aspectos lo conectan (a Jesús), desde una perspectiva contemporánea, con el filósofo griego Sócrates, quien cuatro siglos antes de él desarrolló un esfuerzo semejante -aunque desprovisto de contenido religioso-y sufrió una condena igual de arbitraria». (Bueno, el esfuerzo pedagógico de Sócrates sí tenía como móvil lo religioso, pero lo dejo para después).
Acostumbro comprar de vez en vez algunas revistas con temas como telecomunicaciones y sistemas, análisis histórico, arqueología. También, naturalmente, me interesan algunas que tratan el tema religioso. Pero sobre todo en época de semana santa me gusta comprar estas últimas, ya que los editores procuran elevar las ventas con portadas y títulos que aluden a Jesús. Y aunque tengo el número de Abril de CM desde entonces, por haberme concentrado en otros temas, no había podido poner por escrito esta idea que me vino a la mente desde que leí el artículo y comparto hoy con ustedes.
Algunas de mis amistades se han empeñado a lo largo de los años en comparar a Jesús con algunos maestros antiguos importantes. Desde su punto de vista, Jesús no es más que otro gran sabio que supo presentar su enseñanza de manera atractiva para las grandes multitudes. Pero no más. Libros como el titulado «Los Grandes Iniciados» de Eduardo Schure, con el que más o menos me familiaricé desde mi adolescencia, son muestra de esta ya antigua tendencia. Incluso alguien ha dicho que Él no fue el único que comunicó su doctrina a través de parábolas.
Si bien es cierto que ya antes publicamos en otra parte de este blog una comparación entre Jesús y algunos otros grandes líderes religiosos de la historia, incluído Sócrates (opriman aquí), en la que considero que quedó claramente demostrado que no hay parecido alguno, en esta ocasión quiero centrarme en dos aspectos de las parábolas de Cristo. Dos aspectos que lo hacen totalmente diferente a cualquier otro personaje que haya enseñado valiéndose de esta figura del lenguaje.
SU AUTORIDAD Es verdad, Jesús no fue el único sabio en utilizar la figura de la parábola en su enseñanza. Hay registros que nos indican que algunos otros rabinos la utilizaron en buena cantidad. Sin embargo, hay una gran diferencia que marca distancia entre estos y Jesús. El lugar que Él dio a su propia persona en dichas narraciones. Notémoslo en el siguiente par de ejemplos:
Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores que le paguen el fruto a su tiempo. Jesús les dijo: leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, ¿Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre ESTA piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. (Mateo 21:33-45).
En esta parábola el dueño de la viña es Dios, la viña es el pueblo de Israel y los labradores o cuidadores de la viña son los maestros religiosos, incluídos los fariseos (vea el verso 45). El hijo del dueño de la viña (la piedra en la que se cimenta la construcción del Reino divino y está siendo desechada) es Jesús (vea los versos 37 y 42). Jesús se presenta en ésta parábola como el Hijo de Dios, el dueño de Israel, que será sacrificado por instigación de los guardianes religiosos. Y por decisión del propietario, el Reino de Dios les será quitado y será dado a otras personas que lleven fruto, puesto que ellos no lo hicieron. Es clara la autoridad que Jesús se adjudica a Sí mismo como el representante, el Hijo de Dios en la tierra, en base a cuyo trato la divinidad determina retirar de los labradores el Reino de Dios.
Cualquiera, pues, que ME oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. (Mateo 7:24-29).
Lo que es nuevo, sorprendente y exclusivo en la forma en la que Jesús muestra las parábolas, es la manera en que se presentaba a Sí mismo en ellas. Se presenta como el punto de referencia, como la autoridad sobre la que se construye el Reino de Dios y funciona la vida toda de sus oyentes y seguidores. «Cualquiera que ME oye estas palabras». No conozco enseñanza de maestro alguno que haya utilizado parábolas en sus enseñanzas poniéndose a sí mismo como punto de referencia autoritativo, pero sobre todo, con carácter divino.
Más allá del hecho de que las parábolas sean un elemento muy importante para demostrar la historicidad de la figura y enseñanza de Jesús -en base a los elementos semíticos contenidos en ellas que corresponden a la forma en que los rabinos del primer siglo de la era cristiana enseñaban-, apreciamos que contienen este elemento que, no obstante lo anterior, muestran al nazareno con una autoridad que pertenece solo a Dios. Nadie, nadie enseñó de esa manera. Estimados amigos, en Jesús tenemos a Dios buscándonos con el ánimo de encontrarnos y salvarnos (oprima y lea las tres parábolas de Lucas 15 y considérese especialmente el verso 2). Pero es del todo necesario que nos volvamos a Dios con verdadero arrepentimiento (léanse los versos 7, 10 y 20-24). ¿Querrá usted hacerlo?
Hola, bienvenidos. Hoy presentamos la tercera parte de la serie «Católicos y protestantes, ¿Cuál es la diferencia?». Esta serie busca dar respuesta a dicha pregunta, realizada recientemente por algunos compañeros de trabajo y un tiempo atrás por un buen amigo y compañero de estudios.
Una vez habiendo establecido que la principal diferencia entre ambos sistemas de creencias es la cuestión de la autoridad (véanse la primera y segunda partes), avanzamos en el análisis comparativo de ambos credos. Una de las principales creencias del catolicismo, es aquella que dice que Jesús estableció a Pedro el apóstol como jefe del resto de los apóstoles (instituyendo así el Papado) y haciéndolo la piedra sobre la que se levanta la iglesia. En el presente material presentamos un análisis detallado, aunque breve, acerca del pasaje bíblico Mateo 16.18 y se realiza un estudio cronológico e histórico del ministerio del apóstol Pedro, para esclarecer si fue obispo de obispos desde Roma durante 25 años. Le invitamos a que llegue a sus propias conclusiones después de pensar en el asunto por usted mismo.
«Imagine que se encuentra en la sala de emergencias de un hospital y que está gravemente enfermo. El médico le explica que la enfermedad es mortal en el 100% de los casos si no se administra un antídoto específico, y agrega que el tratamiento con el antídoto es 100% efectivo y asegura una inmediata recuperación.
Al presentar los hechos de este modo, el médico deja en claro que sus preferencias (de usted, no del médico) no cuentan en absoluto ni están en discusión. No importa cuánto le agrade o le desagraden las inyecciones o las píldoras correctas; esta enfermedad requiere una cura específica que debe administrarse de una manera específica. Si no sigue el tratamiento correcto, morirá.
Dado el tipo de enfermedad y el tratamiento requerido, un error en el diagnóstico puede ser fatal. A ningún paciente que está sufriendo un infarto le gustaría ser atendido por un médico convencido de que necesita un yeso en la pierna. Es necesario aplicar el tratamiento correcto sin importar cuán desagradable, incómodo, doloroso, o incluso ofensivo pueda resultar. No existe la posibilidad de ... elegir el tratamiento que más le gusta. Hay una sola cura, y punto. El paciente debe tomar conciencia de que la opción es aceptar el tratamiento o enfrentar las consecuencias».
Cuando se trata de diagnosticar el mal del ser humano y de recetar la medicina, muchas personas creen que se puede dar el diagnóstico que más nos guste personalmente, así como recetar el tratamiento que más nos agrade o que otros elijan por nosotros. Estoy hablando del tema religioso. Hay varios criterios (diagnósticos) que las personas usan para «recetarse» (decidir) el remedio (la religión). Entre varios otros se encuentran el criterio de «la mayoría» (no creo que la mayoría esté equivocada de religión); el criterio de «la herencia» (esta es la fe que me herederon mis padres y con ella me quedo); y el de «la permanencia» (siempre se ha creído así). Pero considero que, tanto en materia de salud y mucho más, en materia de religión (pues involucra cuestiones eternas), el diagnóstico importa y el antídoto aún más.
Hoy comparto con ustedes una reflexión sobre el criterio de «la herencia». Más adelante compartiré sobre los criterios de «la mayoría» y de «la permanencia», a la hora de elegir su religión.
EL CRITERIO DE «LA HERENCIA» Este significa que el buscador de la verdad religiosa piensa de la siguiente manera: «Esta es la fe que han tenido mis antepasados y que me han inculcado, por tanto debe ser la verdadera». Veamos.
Esos hábitos y creencias antiguos cuyo origen pocos pueden recordar, y frecuentemente se aceptan sin cuestionar o sin siquiera pensar en ellos, constituyen las tradiciones religiosas. «¿Por qué desafiar dichas creencias y hábitos?», parece ser el razonamiento. Este es el punto de vista más común que la gente utiliza para «seleccionar su fe». Aunque de ninguna manera puede a este proceso llamársele «elegir», ya que se nace y crece con dichas creencias. Se aceptan de manera pasiva, pues nunca han sido examinadas de manera crítica. Por lo general, cuando a las personas que sostienen alguna creencia de manera «tradicional» o «hereditaria» se les pregunta por qué creen lo que creen, no saben dar razón de su fe (1 Pedro 3.15). O responden dando una razón del tipo «Así hemos creído siempre en nuestra familia», o bien con un sencillo «Porque sí». Si hemos de ser sinceros, no puede llamarse a dichas doctrinas, sus «propias creencias».
Si usted no ha analizado por sí mismo las creencias que sostiene, entonces está confiando en que alguien entre sus antepasados haya examinado «la fe» (en lugar suyo) y haya llegado a la conclusión de que es la correcta. La fe adecuada en cuanto a si hay un Dios, qué carácter tiene, cómo relacionarse con Él, cómo vivir para agradarle, si hay un «más allá» y cómo asegurar una buena estancia en él, etc. ¿No le parece un gran riesgo depender de otra persona para su propia seguridad religiosa y eterna? Seamos honestos con nosotros mismos, hemos sido muy ágiles para aceptar como verdad indiscutible lo que nuestros antepasados nos han inculcado (¿o debería decir…impuesto?).
Bajo el criterio anterior, si usted hubiese nacido en la India sería hindú por herencia no por convencimiento propio (ya que sus padres serían hindúes casi seguramente). Por tanto, usted creería que es verdad la doctrina de la reencarnación (opuesta totalmente a la doctrina de la resurrección, por ejemplo), también creería que hay cientos o miles de dioses y que debe pagar su «karma» sin ayuda de nadie. Pero si usted compara su fe actual con la fe de un hindú, se dará cuenta que son totalmente distintas -a menos que usted también sea hindú, por supuesto- y que ambas no pueden ser verdad al mismo tiempo. Por tanto, o usted está equivocado o los hindúes lo están. En el último análisis: sus padres estuvieron equivocados o los padres de nuestro hipotético amigo hindú lo estuvieron. ¿Y..si ambos lo estuvieron? ¿Cabe esa posibilidad? Si somos francos deberemos responder que sí. Y así es también con las distintas religiones que existen, sea usted Mormón, Testigo de Jehová, Católico o, incluso, ateo.
Cuando alguien le hace pensar en que existe la posibilidad de que en materia de religión pueda estar equivocado, puede reaccionar con agresividad y molestia: «¡Arrogante! ¡¿quién eres tú para decirme que es posible que me haya equivocado de religión!?». O incluso puede tratar de ignorar o evitar de ahí en adelante a esa persona. O puede detenerse a pensar por un instante: «¿Existe la posibilidad de que esté equivocado? ¿en verdad estoy completamente seguro de tener la religión correcta? ¿sobre qué base estoy seguro? ¿he examinado mi creencia por mí mismo o es solo que la he aceptado pasivamente sin pensarlo?». ¿Cómo le gustaría visualizarse a sí mismo? ¿Cómo alguien que busca la verdad o como alguien que apoya una creencia heredada sin haber pensado en ella? ¿No le gustaría tener la seguridad de haber investigado su fe y haberla también aceptado sobre una base sólida de reflexión?
El hecho de que alguna creeencia haya sido enseñada por nuestros padres o antepasados de la manera más sincera y con la mejor de las voluntades, no lo hace verdad. Ejemplo de esto podría ser... la creencia de nuestros antepasados en «la tierra plana». Estamos de acuerdo en que en un tiempo la mayoría de las personas, si es que no todas, creyeron que la tierra era plana y así lo enseñaron de generación tras generación. Los historiadores no estan de acuerdo, es cierto, en la fecha en que algunos estrafalarios por ahí empezaron a pensar que la tierra era redonda. Algunos dicen que la redondez de nuestro planeta fue descubierta antes de la era cristiana. Algunos otros dicen que esto fue descubierto ya bien entrada la edad media. Pero todos están de acuerdo en que hubo un tiempo en que se creyó por la totalidad de las personas, que el mundo era plano y se creyó en ello porque «Así nos lo enseñaron nuestros padres». Y sin embargo, estaban equivocados.
Cuando se es niño, se acepta la autoridad de nuestros mayores, especialmente de nuestros padres (Éxodo 20.12), aunque no todo lo que nuestros padres dijeron e hicieron es correcto, (¿o sí?) 1 Pedro 1.18-19. Es parte del crecimiento y la madurez pensar por uno mismo, reflexionar y decidir. Recuerde: el diagnóstico y el antídoto adecuados para nuestra necesidad, no dependen de nuestras preferencias ni de las preferencias de otros en nuestro lugar. La verdad del diagnóstico y de la cura están ahí, esperando ser descubiertos por nosotros tras haber reflexionado en el asunto. Le invitamos a que visite algunos de los diversos temas que ofrece el cristianismo evangélico en las diferentes páginas del presente blog al navegar en el «Archivo del blog» o en los diversos temas de «Etiquetas» y a través de otros muchos medios que hay en internet, de los que recomendamos algunos en las «Páginas de interés».
Hola, bienvenidos. Casi todos recordamos la ocasión en que Jesús transformó agua en vino. Aunque no tengamos en mente todos los detalles de este primera manifestación pública del Señor, por lo menos eso sí recordamos. Jesús ha sido invitado a una fiesta de bodas. Esto nos dice, entre otras cosas, que es inteligente invitarle también en los momentos de alegría y no solo cuando nos encontramos en apuros. Por regla general la gente cree que el invitar a Jesús es solo para aquellos que tienen problemas con alguna adicción y poseen una personalidad que la sociedad consideraría..."mala", pero que eso no es cosa para las personas "bien". Aquellas que no padecen el ser parte de un hogar disfuncional, ni experimentan escasez económica, etc. Pero nó. El tener a Jesús en nuestra vida como un invitado especial, es también para esas personas que se consideran "bien".
Pronto la pareja de recién casados de nuestra historia, se enfrenta a un problema que los convertiría en motivo de broma durante un buen tiempo (según las costumbres de la época del Nuevo Testamento). El vino para los comensales se había terminado. Afortunadamente Jesús, el invitado especial, se encontraba ahí para brindar ayuda a este matrimonio en aprietos.
Bien, de este pasaje del evangelio de Juan partimos para presentar el mensaje "Jesús, el invitado especial" este pasado Viernes 17 de Noviembre en el programa de radio "En frecuencia con Jesús". Les invito para que opriman el reproductor a continuación, y escuchen la grabación del mismo en mp3:
Ayer por la mañana disfrutamos mi hijo mayor y yo de un capítulo del popular programa en Discovery Channel "Mythbusters". En español, "Cazadores de mitos". Fue muy interesante ver cómo en este episodio los protagonistas sometieron a prueba el mito de escapes de la cárcel con sogas de diversos materiales. De manera que analizaron la resistencia de largas cuerdas, de 40 metros cada una, elaboradas con sábanas, cabello humano (por aquello de la historia de Rapunzel) y... ¡papel higiénico!
Otro de los mitos que fue sometido a prueba en el programa, fue aquel que disfrutamos en una de las películas de Indiana Jones, "La última cruzada". Cuando Indy y su padre escapan en una bimoto de sus captores y son perseguidos por un grupo de nazis en motocicletas, el arqueólogo inserta un barrote de madera en los rayos de la rueda delantera de uno de sus perseguidores. Esto ocasiona, según la película, que la moto así agredida, de varias vueltas en el aire deshaciéndose el arqueólogo del amenazante enemigo.
Bueno, después de deslizarse por las paredes de un edificio de una prisión con 40 metros de altura, probando cada vez la cuerda de sábanas, cabellos y papel higiénico, el equipo de producción de "Cazadores de mitos" demostró que, sorprendentemente, cada uno de estos materiales resisten la prueba (si no me lo creen, busquen el capítulo por allí en Internet o en la página de Discovery).
El mito que no pasó la prueba, es decir que resultó ser falso, es el de la moto nazi que da varias vueltas en el aire si es atascada por la barra de madera incrustada en su rueda delantera. Después de varios intentos en condiciones controladas en una carretera solitaria, varios artefactos previamente diseñados y un buen número de cámaras estratégicamente colocadas para tal efecto, vez tras vez el experimento falló. La motocicleta derrapa, el conductor pierde el equilibrio y sencillamente el vehículo se desploma. Pero sin dar vueltas en el aire.
Estos "Cazadores de mitos" utilizan laboratorios, bombas de aire comprimido, cámaras, rotores, y una buena cantidad de cálculos matemáticos y físicos para someter a prueba las historias que circulan por allí y que la gente de manera general acepta. El propósito del programa es mostrar de una manera divertida cómo algunas de estas historias comúnmente aceptadas por el gran público, resultan ser o bien verdaderas, o falsas.
Bien. Hay otra clase de "Cazadores de mitos". Pero éstos investigadores no usan laboratorios con herramientas como martillos, cables, poleas, bombas de presión, arneses, motocicletas. Sino que utilizan lápices, papel, escritorios, sillas, inscripciones, testigos históricos, libros, documentos muy antiguos, etc. Estos son cazadores de mitos históricos.
Hoy me propongo compartir con ustedes el análisis de tres mitos comúnmente aceptados en nuestra comunidad. Narraciones que, cuando fueron sometidas a las pruebas de los criterios históricos, resultaron ser falsas. Al considerar estos tres mitos les voy a pedir que tomen en cuenta lo siguiente: el hecho de que alguna historia haya sido enseñada por nuestros padres o antepasados de la manera más sincera y con la mejor de las voluntades, no lo hace verdad. Asimismo, el hecho de que una historia haya sido durante mucho tiempo creida por la mayoría o todas las personas, tampoco la hace verdad. Ejemplo de estas dos consideraciones podrían ser las creencias de nuestros antepasados en "la tierra plana", o el "éter como conductor de la luz" o el "universo eterno".
MITOS DESACREDITADOS Estamos de acuerdo en que en un tiempo la mayoría de las personas, si es que no todas, creyeron que la tierra era plana. Los historiadores discrepan, es cierto, en la fecha en que algunos estrafalarios por ahí dieron en pensar que la tierra era redonda. Algunos dicen que la redondez de nuestro planeta fue descubierta antes de la era cristiana. Algunos otros dicen que esto fue descubierto ya bien entrada la edad media. Pero todos están de acuerdo en que hubo un tiempo en que se creyó por la totalidad de las personas, que el mundo era plano (click aquí).
Con relación al mito del éter como conductor de la luz, hubo una época en que también fue aceptado por todo el mundo, y aquí va incluida la comunidad científica. No parecía posible que las ondas de luz viajaran en el vacío. Así que debía estar propagándose a través de una (hipotética) sustancia material, el éter. Sin entrar en muchos detalles, un par de científicos (Michelson y Morley) pusieron a prueba esta creencia generalmente aceptada, dando como resultado que era falsa. (Click aquí).
Respecto a la creencia de que el universo es eterno, tenemos a Sir Fred Hoyle, destacado físico, el cual –entre otros- estaba convencido que el universo no tenía un principio, sino que siempre existió tal y como lo conocemos hoy. Bien, esta creencia fue totalmente refutada por la teoría del "Big Bang" o "gran explosión" y el descubrimiento de la radiación de fondo por varios científicos (click aquí). El resultado fue el conocimiento que ahora tenemos, de que el universo tuvo un origen. De allí se desprende que todo lo que existe tiene un "originador" lo cual apoya, debo decir, la creencia cristiana en el Dios de la Biblia.
Recordemos pues lo siguiente, el hecho de que una creencia sea sostenida por la mayoría o la totalidad de las personas, e incluso sea defendida por nuestros padres, antepasados o científicos bien acreditados, no lo hace necesariamente verdad. De manera que les invito a que estemos abiertos al análisis histórico.
LOS NIÑOS HEROES
Acabamos de ser testigos de la euforia patriótica en nuestro país que desencadenó el mes de septiembre. Este mes es muy especial para México ya que en él se recuerda la independencia de nuestra nación, así como algunas otras historias de tinte nacionalista. Entre estas historias se encuentra la de "Los Niños Héroes".
No pudimos menos que sonreír con ternura cuando mi hijo menor de cuatro años regresó del kinder hace un par de semanas. Con ojos bien abiertos, alta voz, brincos y mucha mímica, nos narró el valiente gesto que Juan Escutia tuvo al arrojarse al vacío después de arroparse con la bandera mexicana, evitando así que nuestro símbolo nacional cayera en manos de los invasores extranjeros.
Aunque hace ya algún tiempo había leído por ahí que tal historia tiene más de leyenda que de verdad, adquirí en estos días la revista Relatos e Historias en México (click aquí), cuyo cuerpo directivo y editorial está conformado por un buen número de estudiosos con maestrías y doctorados en historia, antropología y periodismo. En su número del mes de Septiembre leemos como título "Los Niños Héroes, una historia mal contada". En la página 44, el historiador y escritor Alejandro Rosas, (quien por cierto, escribe para la revista Letras Libres, opriman aquí para algunos de sus artículos), quien se ha dedicado a la divulgación histórica desde hace más de dos décadas, nos aclara por qué considera la historia de "Los Niños Héroes" una que ha sido mal contada. Entre otras cosas nos dice:
"En aras de la construcción del altar a la patria -a donde el sistema político mexicano del siglo XX llevó a sus héroes para legitimarse en el poder-, muchas se exageraron, otras se distorsionaron y no pocas fueron inventadas. El término "niños héroes" se convirtió en un sinónimo de amor a la patria y pureza cívica, revestido de cierto romanticismo cursi que terminó por empañar la reconstrucción objetiva del acontecimiento".
A lo largo del artículo, el señor Rosas utiliza las palabras mito y leyenda para describir la narración tan bien conocida de todos nosotros. El continúa diciéndonos:
"Escutia no murió por un salto ni envuelto en una bandera, cayó abatido a tiros junto con Francisco Márquez y Fernando Montes de Oca cuando intentaban replegarse hacia el jardín botánico. La bandera mexicana fue capturada por los estadounidenses y fue devuelta a México hasta el sexenio de José López Portillo".
¿Las razones para contar la historia de manera diferente? Políticas, por supuesto (no podían faltar). "... El gobierno decidió recurrir a la historia.", "El sistema político mexicano manipuló la historia ..." , nos dice el autor. El historiador termina el artículo diciéndonos que "Su desmitificación supone la reconstrucción paulatina del hecho,...".
Otra de las creencias muy difundidas y creidas en nuestro querido país, es aquella que tiene que ver con nuestra independencia. Es muy manejada la idea de que el movimiento independentista fue uno solo (de los mexicanos contra los españoles) y con el único objetivo de liberar a los indígenas que estaban siendo explotados por los conquistadores europeos. Bueno, al parecer no fue tal como nos lo han enseñado desde antaño en nuestros libros oficiales de texto. Las evidencias históricas parecen indicar que el movimiento de independencia se llevó a cabo en por lo menos dos etapas o tiempos. Uno de ellos fue en 1810 y el otro en 1821, once años después. El primero de ellos no llegó a su culminación sino que fue apagado por las armas. El segundo, más que perseguir la liberación de los indígenas oprimidos, tenía por objeto liberarse de España ya que esta, debido a la presión del liberalismo, estaría pronto exigiendo a sus delegados en la Nueva España, que promovieran ideas de libertades y condiciones más igualitarias en la sociedad. Para los ricos españoles y algunos criollos que eran ya hacendados, amos y señores en tierras mexicanas, tales ideales liberalistas no convenían a sus intereses. Por tanto, ya no les era beneficioso depender de la corona española puesto que perseguían el objetivo de mantener sus privilegios y riquezas en el Nuevo Mundo, y no tanto liberar a los indígenas sus esclavos, como nos lo han hecho creer en la educación primaria y secundaria.
Los rebeldes al gobierno de España en 1810, criollos (hijos de padres españoles pero nacidos en tierras mexicanas), perseguían libertad, tolerancia, justicia social, y una mejor repartición del poder y de los privilegios que hasta entonces, sólo los españoles poseían. El movimiento separatista de 1821 (presentado por nuestra historia oficial como héroes independentistas) buscaba separarse de la corona española para conservar una sociedad jerarquizada, con clases sociales muy marcadas e intolerante. Nada que ver con lo que se nos ha enseñado clásicamente.
"Fueron los antiguos enemigos de Hidalgo, Morelos y también de Guerrero, quienes de pronto comenzaron a defender la causa independentista. Sobre todo porque ya no les convenía tener relación de dependencia con el gobierno liberal español... ciertos criollos mexicanos, se cerraron a los aires de modernidad y pretendieron seguir con el antiguo estilo de vida, donde ellos estaban muy bien colocados como los incuestionables amos en todos los órdenes... La idea principal, que debe quedar muy clara, es que no es lo mismo el movimiento insurgente de Hidalgo y Morelos que aquel que consumó la independencia y cuyo protagonista fue Iturbide".
Más adelante continúa:
"La independencia era la manera de asegurarse de que si allá en España el monarca había aceptado limitaciones en el poder, ellos, los españoles y ciertos criollos mexicanos, acá no las aceptarían. Optaron pues por separarse políticamente de España. Tuvieron la habilidad de presentar la causa como justa y progresista, por ello tuvieron adeptos".
Los argumentos que llevan a tal conclusión están bien descritos en el capítulo dos del libro ya mencionado. Para tener acceso al texto completo, opriman aquí.
LAS APARICIONES GUADALUPANAS
Llegamos ahora al tratamiento del mito más creído por los mexicanos. Uno que es bebido con la leche materna. Espero que usted, amable lector, haya reflexionado sobre las dos advertencias que hice al inicio de esta entrada del blog: "El hecho de que alguna historia haya sido enseñada por nuestros padres o antepasados de la manera más sincera y con la mejor de las voluntades, no lo hace verdad. Asimismo, el hecho de que una historia haya sido durante mucho tiempo creida por la mayoría o todas las personas, tampoco la hace verdad". Y aquí es donde estas dos advertencias son fundamentales para tratar el tema que sigue.
Leí en algún lugar: "Amo a Platón pero prefiero la verdad" (click aquí). Esta frase se adjudica a Aristóteles, el más famoso de los alumnos del filósofo Platón. Es cierto, se conocen algunas variantes de ésta frase, pero el sentido es el siguiente: amo y respeto a mis maestros antepasados, incluídos mis propios padres. Pero es preferible seguir la verdad. La sabiduría de Salomón, expresada en nuestra Biblia, nos enseña lo siguiente en el libro de Proverbios 27;6: "Más digno de confianza es el amigo que hiere que el enemigo que besa". Permítame pues, paciente lector, ser por esta ocasión al tratar este tema, un amigo que hiere con la verdad y no un enemigo que besa con la mentira.
También la Biblia, a la vez que nos manda (no invita, ordena) que honremos a nuestros padres, nos enseña claramente que no debemos sacrificar nuestra fidelidad a Dios en el altar de la obediencia a ellos. Está primero Dios. "Si prefieren a su padre o a su madre más que a mí, o si prefieren a sus hijos o a sus hijas más que a mí, no merecen ser míos". (Mateo 10:37). La palabra de Dios nos da un ejemplo muy claro de esto en la historia de Gedeón. Gedeón fue uno de los muchos jueces (líderes militares) que el pueblo de Israel tuvo. Cuando le tocó el turno de liderar al pueblo de Dios, El Señor le pidió que en primer lugar fuese y derribase un altar que...¡su propio padre había levantado -contra la voluntad divina- a Moloc, una divinidad pagana! Leemos esto en (haga click sobre la cita) Jueces 6;25 . Y aunque este líder israelita lo hizo con temor y a escondidas, (oprima aquí para leer la historia completa) tuvo que obedecer a Dios aunque esto se opusiera a su padre en materia de religión. Así que, amigos, en este tema que hoy nos ocupa y en muchos otros, si deseamos ser verdaderamente fieles a Dios, en algunas ocasiones será necesario oponernos a nuestros antepasados, aunque con el mayor de los respetos.
Nací católico. Fui mariano. Mientras cursaba el primer año en la universidad, escuché a dos de mis profesores favoritos, el de psicología y el de antropología, referirse a las apariciones guadalupanas como un mito. Si bien es cierto que ello me molestó mucho, no pude sino quedarme callado ya que no tenía elementos para refutarles. Pasado un año aproximadamente después de este incidente, y habiendo ya escuchado el evangelio puro y sencillo tal y como lo predicaron los apóstoles, ahora por boca de mi profesor de estadísticas, experimenté una transformación espiritual profunda. Recibí a Cristo como mi Salvador y Señor. Empecé a leer la Biblia con creciente avidez. De esa etapa de mi vida conservo un buen número de textos bíblicos que a la fecha conozco de memoria. Estaba saturado de textos bíblicos. Y, como escribí en otra parte en este blog, no es que me hubieran venido a hablar mal de la virgen, sino que mas bien me intrigó e inquietó la ausencia de pasajes del Nuevo Testamento que le den importancia a la figura mariana. Mas bien las pocas referencias (alrededor de quince) que tratan de María, distan mucho de enseñarnos lo que la iglesia popular ha enseñado acerca de ella a lo largo de los siglos. El texto bíblico abunda (no solo en los evangelios sino también en las cartas apostólicas y en los sermones del libro de los Hechos de Los Apóstoles) en referencias a Jesús y su obra salvadora. Jesús es la figura central de la Salvación de la humanidad y no María como enseña el catolicismo. No hay absolutamente ninguna enseñanza ni práctica cúltica dirigida a esta figura femenina. La gran interrogante que me surgió de la lectura bíblica fue: ¿Por qué no se le rinde ningún tipo de culto o siquiera reconocimiento especial a María en todo el Nuevo Testamento, cuyo límite es el año 90 d.C. (que fue la fecha aproximada de escritura del libro de Apocalipsis, el último del Nuevo Testamento)? Más tarde, al investigar detalladamente, me daría cuenta que los primeros intentos de trato especial a la madre de Jesús aparecerían en el siglo...segundo! Esto es, cerca de 100 años después de la muerte del último apóstol. Las referencias iniciales a María en este sentido especial provienen del Protoevangelio de Santiago, un evangelio apócrifo (click aquí para leerlo). Los evangelios apócrifos y gnósticos son rechazados, por cierto, por la iglesia católica (click aquí). Como referencia, la novela "El código Da Vinci" está basada en algunos de ellos.
Derivado de lo anterior, me dediqué de manera especial -puedo decir que hace por lo menos dieciocho años, dos después de mi conversión-, a estudiar todo lo relacionado con mi anterior religión y especialmente con la figura mariana. De ahí el interés también en el tema tan cimentado en México sobre las apariciones de María en el cerro del Tepeyac en 1531. Fue en ese proceso de estudio en el que he podido hacer mías las palabras del erudito en historia colonial mexicana del siglo XVI, Don Joaquín García Icazbalceta, que escribiera en 1883: "En mi juventud creí, como todos los mexicanos, en la verdad del milagro: no recuerdo de dónde me vinieron las dudas, y para quitármelas acudí a las apologías: éstas convirtieron mis dudas en seguridad de la falsedad del hecho. Y no he sido el único...".
Joaquín García Icazbalceta no ha sido el único cazador de mitos (católico y mariano, que conste) que ha dudado y a partir de ahí demostrado que la historia es falsa. Antes que él, estuvo Juan Bautista Muñoz ("Memoria sobre las apariciones y el culto de Nuestra Señora de Guadalupe de México" escrito en 1794) y después de él han venido muchos más, de los cuales a la mayoría he leído y a otros consultado: Fray Servando Teresa de Mier con sus "Memorias"; Jacques Layafe con su "Quetzalcóatl y Guadalupe"; Edmundo O' Gorman con su "Destierro de sombras"; Xavier Noguez con su "Documentos Guadalupanos"; David A. Brading con su "La virgen de Guadalupe"; Richard Nebel con su "Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe" y "Ecos de la Quinta del Olvido" de Eduardo Sánchez Camacho (exobispo católico de Tamaulipas, cesado por no creer en las apariciones). También, además de los anteriores, cuento con los libros: "Tonantzin Guadalupe" de Miguel León Portilla; "Tepeyac. Cinco siglos de engaño" de Leoncio A. Garza-Valdés (en el que se comenta su análisis científico a la pintura y se publican documentos tan importantes como el testamento de Fray Juan de Zumárraga, entre otros) y con relación a la historicidad de Juan Diego "La búsqueda de Juan Diego" de Manuel Olimón Nolasco. Quiero hacer constar que todos estos libros mencionados han sido leídos y consultados por su servidor, pues afortunadamente cuento con ellos. Aunque algunos fueron muy difíciles de obtener, por razones obvias. Me he abstenido de enlistar a los autores protestantes, así que todos los antedichos son católicos y marianos (sacerdotes incluso), aunque algunos de ellos después de un gran conflicto interno (y después público) concluyeron que la historia es una leyenda piadosa.
El análisis de los argumentos presentados por los autores mencionados con anterioridad, ha llevado a escritores contemporáneos como Héctor Aguilar Camín (Revista Nexos) y a Carlos Marín ("Tercer Grado" en Televisa) a redactar artículos que han aparecido en revistas de circulación nacional. Para ver algunos opriman en los títulos a continuación:
Les invito a que opriman también en el reproductor a continuación para que escuchen en mp3 la presentación que del tema hicimos en el programa de radio "Diálogos de Vida Abundante". Esta presentación fue primordialmente basada en la "Carta acerca del origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe", de García Icazbalceta. Cuento con esta carta en dos tomos de distintas editoriales, la cual he transcrito para que puedan leerla. Esta investigación y la descripción de la ocasión en que fue producida después de un exhaustivo análisis histórico, aparecen detallados a continuación en PDF. Solo opriman aquí.
García Icazbalceta en su "Carta..", añadió a las palabras que ya antes cité las siguientes: "Por eso juzgo que es cosa muy delicada seguir defendiendo la historia". Alguien pudiera decir: "Pero, no hay problema en el hecho de que la gente crea en un mito como el de las apariciones marianas. Lo importante es que se tenga fe. Dios debe complacerse en eso." Permítame estar en desacuerdo con usted. A semejanza de Icazbalceta, creo que "es cosa muy delicada seguir defendiendo la historia" ya que en la enseñanza católico-romana María no solo ha sido puesta al nivel de Jesús, sino que ha sido exaltada sobre la figura de éste. Para el católico promedio María es "Nuestra Abogada", "Mediadora", "Esposa de Dios", "Corredentora", entre otras cosas. Sin embargo los apóstoles y primeros cristianos jamás la consideraron así. Más bien muchos de esos títulos le pertenecieron (y pertenecen por derecho propio a Nuestro Señor Jesucristo): "Nuestro abogado" (1 Juan 2;1), "Único mediador" (1 Timoteo 2;5), "Redentor" (Tito 2;14). La "Esposa de Dios" es la iglesia, esto es, la congregación de aquellos que aunque fuimos pecadores, hemos sido perdonados por la sangre de Cristo derramada en la cruz: 2 Corintios 11;2 y Apocalipsis 19;7. No es María.
Así pues, el mito fomenta el hecho de desviar la mirada de Jesús, quien es el único camino a Dios. No hay quien pueda salvarnos aparte de Él, como nos dejó dicho el mismo Cristo (Juan 14;6) y después San Pedro el apóstol (Hechos 4;11-12).
Con toda seguridad puedo decir que Dios no se complace en un culto así tampoco, puesto que él no acepta mezclas en su adoración, aunque dichas mezclas lleven el propósito o intención de "honrarle". La Biblia nos señala este principio en la historia del becerro de oro construído por Aarón, hermano de Moisés, al pie del Monte Sinaí. Hacer imágenes para usarlas en el culto, estaba terminantemente prohibido. El becerro de oro fue hecho con el propósito de "honrar a Dios", pero Dios no lo aceptó. (Vea la historia completa oprimiendo la cita bíblica Exodo 32;1-10, especialmente lea los versículos 5 y 10).
Le invito amable lector a que dé oídos no a leyendas religiosas que han sido desacreditadas por los "cazadores de mitos", sino solo a lo que los apóstoles enseñaron. No importa si esos mitos son creídos por una gran mayoría y sean enseñados por nuestros respetados (aunque a veces equivocados) padres (1 Pedro 1;18-19). Recuerde que no es eso lo que los hace verdad.
En el Nuevo Testamento encontramos el mandato de arrepentirnos (Hechos 17;30) y tener fe en Cristo (y no en nuestros propios méritos: Hechos 16;30-33) para ser salvos. La demostración pública de este arrepentimiento y confianza es el ser bautizados en el nombre de Jesucristo (Hechos 2;38). Cuando hacemos esto, hemos de tener la plena confianza de que Jesús no nos desechará, como enseñan algunos que promueven la necesidad de "una mediadora" y "corredentora". Sino que habrá de recibirnos con los brazos abiertos (Juan 6;37) y nos dará, por su poder, un nuevo corazón que haga las veces de trono del bendito Salvador.
En una futura entrada del blog estaré poniendo a su disposición varios artículos relacionados a este mismo tema. Por el momento recuerden:
En el capítulo 17 del libro de los Hechos de los Apóstoles, encontramos distintos sermones predicados por un mismo evangelista, San Pablo. Es interesante analizar y reflexionar, aunque brevemente, sobre la forma en que el apóstol a los gentiles presenta el mensaje de Cristo en estas distintas oportunidades. Conviene que conversemos con el pasaje bíblico como lo haríamos con un amigo. Haciendole preguntas: ¿en dónde?, ¿a quiénes?, ¿cómo?, ¿basado en qué?, ¿qué resultados hubo?
Veamos el primer mensaje. Este aparece a partir del versículo uno. Pablo se encuentra en la ciudad de Tesalónica, la cual contaba con una sinagoga, lugar de reunión cultual de los judíos, así como también de gentiles que simpatizaban con la religión judía. El predicador se encuentra en el recinto judío de culto. Tanto sus compatriotas como aquellos asistentes que simpatizaban con la religión judaica, iban ahí a escuchar la recitación y lectura del Antiguo Testamento, como también a elevar oraciones y escuchar cánticos al Dios único. Había pues una audiencia afable (por lo menos al principio), bien dispuesta a escuchar a un rabino plenamente entrenado en la exposición de las Sagradas Escrituras del antiguo pacto. Es por esto que Pablo toma como partida, y basa la exposición de su mensaje, en los rollos de La Ley, Los Profetas y Los Salmos (la triple división en que el pueblo judío conocía las escrituras antiguas). Esto lo encontramos en el versículo tres.
Ahora bien. San Pablo utiliza estos pasajes escriturales para interpretarlos de manera cristocéntrica, como también podemos advertir en el versículo tres. Como resultado observamos que algunos (entiendase judíos) creyeron, "griegos piadosos" en gran número y también muchas mujeres nobles. En suma, un predicador cristiano presenta su mensaje en la sinagoga, ante una audiencia afable y dispuesta que tiene un buen nivel de confianza en las escrituras veterotestamentarias como autoritativas. Lo hace "discutiendo", "declarando y exponiendo" dichas escrituras con una interpretación cristiana, y tiene como resultado muchas conversiones.
En la predicación en Berea (vv.10-12) prácticamente el evangelista encuentra el mismo escenario y circunstancias que en la ciudad de Tesalónica. Ingresa en la sinagoga (v.10), se encuentra con una audiencia judía en su mayoría (v.10), que está todavía más dispuesta que la audiencia Tesalonicense. Este auditorio, después de escuchar al predicador, filtra todo su mensaje a través del análisis escritural (v.11b). ¡Excelente actitud! ¿Resultado? Muchos convertidos, entre los cuales se encontraban mujeres griegas de distinción así como también muchos hombres (entiendase griegos simpatizantes de la religión judía, que se encontraban en el proceso de conversión al judaísmo). Un panorama prácticamente idéntico al encontrado en Tesalónica.
En el primer sermón en Atenas (v.7a), podemos asumir en base a los dos ejemplos anteriores, que Pablo encuentra el mismo ambiente y auditorio que en los dos anteriores. Sabemos que la estrategia evangelística Paulina en cada ciudad visitada, era tomar como primer peldaño del establecimiento de una misión, o bien como trampolín, la visita y presentación del evangelio en la sinagoga judía. En ella, como hemos visto, encontraba una audiencia inicialmente afable y receptiva ante la predicación escritural presentada por un fariseo como él. Una vez que los oyentes escuchaban la aplicación de las escrituras del antiguo testamento con un carácter cristocéntrico y se definían a favor o en contra de ella, Saulo encaraba grandes problemas, violencia física, el rechazo y la expulsión de aquel centro de culto judío (vv.5-10). Sin embargo, con la audiencia que había aceptado la predicación cristiana y se había convertido, el evangelista pasaba a hospedarse en casas o algunos otros recintos particulares, en los cuales trabajaba para la edificación y crecimiento de las iglesias nacientes (Hechos 19;9).
Ahora pasemos al análisis de los siguientes sermones evangelísticos (vv.7b-31). Aquí es donde se pone más que interesante el asunto, por la diferencia de circunstancias en las cuales el mismo predicador tiene que publicar algunos de sus siguientes mensajes.
San Pablo se encuentra ahora en Atenas, Grecia. Dicha ciudad había visto mejores tiempos anteriormente. En la fecha en que Pablo se encuentra ahí (inicialmente no era su propósito predicar, sólo esperar a sus compañeros de ministerio), Atenas era una de las ciudades más pobres del Imperio Romano. Había poca población, aunque conservaba algo de su antigua gloria. Famosa por sus templos a las divinidades paganas, lo era más por sus escritores y filósofos (Sócrates, Platón, Aristófanes, Eurípides y otros).
En Atenas pues, la sinagoga judía no fue el único foro en el que Pablo predicó. El no se limitó en su preocupación evangelística sólo a aquellos que tenían actitud favorable a las sagradas escrituras del antiguo testamento. Como buen cristiano y honrando su ministerio a los gentiles, su espíritu se enardece al ver la ciudad entregada a la idolatría y derrama su corazón también por aquellos que no le han escuchado en la sinagoga. El no se limita a enternecerse y preocuparse por una sola clase de oyentes. Le interesan también las almas eternas de los demás, aquellos que tienen una actitud muy distinta a la audiencia dispuesta y amable que encontró en los primeros días de predicación en la sinagoga. Sabe que el mensaje del evangelio debe llegar a todo el mundo, a todas las naciones, a todas las personas, de todos los trasfondos culturales, como lo dejó dicho nuestro Señor en "La Gran Comisión". Por cuanto todos somos pecadores, todos necesitamos desesperadamente escuchar las buenas nuevas. Y los filósofos Estoicos y Epicureos (v.18), entre otros, que encuentra en la plaza (no ya en el templo, ni en el púlpito de las sinagoga, sino en la plaza, en el "ir y venir" de la vida diaria), también son pecadores necesitados de la redención en Cristo, la cual es presentada por el evangelio. De manera que Pablo se hace presente con su predicación también ante esta tan distinta audiencia en tan diferente lugar.
No tiene ahora Pablo ante sí una audiencia dispuesta, sino una audiencia adversa, una audiencia hostil (v.18). No es una que tenga por lo menos un poco de fe en las escrituras del antiguo testamento como la palabra del Dios único. No. Se encuentra ante oyentes de un tipo muy diferente a aquellos con los que se topó dentro de las sinagogas. Es "la crema y nata" de los pensadores de aquella ciudad. Pero aunque sabios y "cultos", también son pecadores paganos, y necesitados de redención. Por ellos Cristo murió también y asi se los hace saber al predicarles "el evangelio de Jesús, y de la resurrección" (v.18). ¡Qué maravillosa preocupación la de Pablo! La Biblia en Lenguaje Sencillo nos dice que él, de su misma pluma escribió para otra congregación:
"Tengo que anunciar esta buena noticia a todo el mundo, no importa que sepan mucho o no sepan nada, ni que sean humildes o importantes. Por eso tengo tantos deseos de ir a Roma. La buena noticia es poderosa..." (Romanos 1:14)
Pablo reacciona de manera distinta en la segunda parte de su mensaje. Y digo segunda parte, ya que tuvo que retomar lo que inició en la plaza, cuando es trasladado al Areópago desde el lugar público en donde lo principió. La colina de Ares (Areópago) era el sitio donde se reunía el tribunal de la ciudad. Al parecer, lo que había en aquella audiencia era una especie de curiosidad irrespetuosa, más que un deseo de analizar judicialmente al mensajero (v.19).
En el segundo sermón ante los filósofos, vemos que el hombre de Tarso utiliza una base distinta y un procedimiento diferente para dirigirse a estos oyentes, aunque persiguiendo el mismo resultado, la conversión de las almas.
Hace algunos años vi una película titulada "Pedro y Pablo" que era estelarizada por Anthony Hopkins en el papel de San Pablo. Cuando llega a la escena de la predicación en el Areópago, vemos a un apóstol iracundo gritando mientras señala a los altares griegos: "¡Idolos, ídolos!". Pero no es eso lo que dice la escritura. En primer término Pablo inicia su sermón con unas palabras de elogio a sus oyentes (vv.22-23). El historiador Justo L. González nos dice que esta forma de introducir el sermón se llamaba en aquellos tiempos "captatio benevolentiae". No ataca en este momento a sus ídolos, sino que se acerca a sus oyentes diciéndoles que son "muy religiosos". Aunque enseguida de manera sutil les hace saber que ellos, aunque se creen muy sabios, adoran (tienen un altar también) al "Dios no conocido". Es decir, ignoran algo.
Aunque no abre ante su auditorio un rollo del Antiguo Testamento como seguramente lo hizo en las sinagogas, no deja por ello de citar de manera no textual a Isaías 42;5 en el versículo 24.
Enseguida cita en su predicación a... ¡un poeta y a dos filósofos grecorromanos! En la frase sermonaria: "Porque en él vivimos, y nos movemos y somos", cita a Epiménides de Creta . Y en la sentencia: "Porque linaje suyo somos" cita a los filósofos estoicos (recordemos que le predicaba a la escuela estoica) Cleantes y Arato. No faltan incluso comentaristas que han visto en este discurso, referencias al décimo libro de "La República" de Platón, en la que este pensador griego menciona al gran Arquitecto del universo "que hace todas las cosas que nacen del suelo y da vida a todos los seres vivientes".
¿Que dónde aprendería Pablo poesía y filosofía grecolatina? No lo sabemos con certeza. Pero en lo personal no creo (y en esto coincido con John Pollock, uno de los biógrafos de Pablo), que lo haya hecho mientras era un fariseo más que celoso de la ley mosaica (Filipenses 3;4-6) y un aplicado discípulo a los pies de uno de los mas famosos rabinos de Jerusalén, Gamaliel (Hechos 22;3). Esto para él hubiese sido en esa época una pérdida de tiempo, si es que no una especie de blasfemia. Es más que posible y probable que lo haya hecho siendo ya cristiano, durante los años (tres, en una primera instancia y alrededor de diez en una segunda, en los que casi nada se sabe de Pablo) en que, poco después de convertido regresó a Tarso, su ciudad natal, y transitó por varios lugares de Arabia antes de presentarse a los apóstoles de manera "oficial" (Hechos 9;18-30 y Gálatas 1;15-2;1).
Y es que Tarso, la ciudad en que el apóstol a los gentiles nació, era una Ciudad principal de Cilicia, la parte sudeste de Asia Menor. El Imperio Romano comenzó a penetrar en Cilicia en el 104 a.C. y cuando la convirtieron en provincia romana, Tarso fue la capital (64–63 a.C.). De este tiempo data la ciudadanía romana de los judíos residentes allí. Un filósofo de nombre Estrabo, cerca del año 19 a.C., habla del entusiasmo de sus habitantes por la filosofía. Así era Tarso cuando Pablo nació: una fusión de influencias orientales y grecorromanas. Se considera que esta ciudad universitaria, amante del estudio, tuvo que ejercer una fuerte influencia sobre aquel a quien Dios designó como su mensajero al mundo no judío. Considero que ese conocimiento que Pablo obtuvo, era una parte de las herramientas que, como predicador al mundo gentil, le habrían de ser de utilidad en ocasiones como esta, ante audiencias del tipo aquí descritas.
Es muy interesante además notar, que si bien es cierto que San Pablo utilizó muchas veces su testimonio al predicar, al menos en esta ocasión no fue así. Y es que los filósofos ante quienes hablaba, representaban los guardianes de la ética en Atenas. Para los Estoicos “lo bueno” era vivir de acuerdo con la razón y no dejarse vencer por las pasiones. Para algunos Epicureos lo importante era huir de todo aquello que provocaba tensión. De ahí que a veces acostumbraban negarse a placeres que les causaran alguna adicción.
Por lo anterior, es probable que el apóstol estuviera ante gente a la que nuestra sociedad hoy consideraría “buena” (aunque nosotros sabemos que solo Dios es bueno). Así que cabe la posibilidad que Pablo no incluyera en este mensaje su testimonio, considerando que sería más útil incluir temas de la propia cultural de sus oyentes, para después presentar el evangelio de Cristo.
Pero no se limita el mensajero evangélico a citar la filosofía y poesía a su auditorio, sino que apuntala su sermón con los temas que todo mensaje cristiano debe tener en su parte central: el arrepentimiento, el juicio de Dios por el pecado y la resurrección del Cristo crucificado (vv.30-31). ¿El resultado? Una audiencia dividida, como cuando predicaba en la sinagoga. Con burlas y desprecio como en la sinagoga(v.32), pero con conversiones también (v.34). Uno de los miembros del tribunal que lo escuchó, Dionisio (quien según la tradición llegó a ser el primer pastor de iglesia Ateniense), y además de él Dámaris y algunos otros se entregaron a Cristo. Este es el sublime propósito que debe perseguir toda presentación del evangelio, independientemente del lugar y del tipo de audiencia: almas para Cristo. Y en este caso así fue también. Quienes juzgan que estos números son pocos para hablar de conversiones, bien harían en revisar Hechos 8;26-39, relato en el que encontramos al Espíritu dirigiendo a Felipe a evangelizar y bautizar a un solo hombre.
De todo lo anterior yo aprendo lo siguiente: tenemos ante nosotros como cristianos, la comisión de compartir el evangelio ante varios tipos de audiencias. Un tipo la encontramos en nuestros templos, en los hogares, en los grupos de estudio bíblico semanales. Ahí tenemos oyentes afables, dispuestos, abiertos, receptivos a nuestro mensaje. Son personas sencillas, benditas sean, que ya poseen por lo menos un nivel básico de fe y confianza en la Biblia como la palabra de Dios. Ante ellas hemos de comunicarnos con solo la Biblia en la mano, ya que no tendremos necesidad de algo más. Bueno, quizá alguna anécdota o historia útiles para ilustrar y darle vida e interés al mensaje bíblico que expongamos. Pero ante ellos no hay mayor necesidad de acudir a argumentos ajenos a la Biblia. Solo a la bendita palabra de Dios. Ellos representan a los tesalonicenses, bereanos y atenienses de la sinagoga judía.
Pero también tenemos otra clase o clases de audiencia. Aquellas compuestas por esa gran cantidad de personas que hayamos "en la plaza", en el diario ir y venir de la vida pública. En el "Areópago" también, quizá. Amigos, vecinos, compañeros de trabajo, condiscípulos, transeúntes, compañeros de asiento en el transporte público, en el avión que viajamos, jefes de departamento, gerentes y directivos de empresas, universitarios, profesores de nuestros hijos, etc. Todos ellos también están profundamente necesitados del evangelio. También por ellos Cristo sufrió, murió y resucitó. Para redimirlos y hacerlos partícipes de su presencia eternamente. No podemos sencillamente ignorarlos o limitarnos a compartir el mensaje salvador a aquellos que nos escuchan en los templos, en los púlpitos, en las células de estudio bíblico con una actitud amable y abierta. Tenemos que extendernos, ir más allá, salir a "la plaza", al "Areópago" si es necesario y tratar de publicar las buenas nuevas a todo el mundo, como lo ordenó Cristo. Aunque a veces tengamos que encontrarnos con personas curiosas e irrespetuosas, que carecen de la más mínima confianza en la Biblia como palabra de Dios, a semejanza de aquellos filósofos atenienses de la colina de Marte, ante quienes Pablo también predicó.
Se nos preguntó en alguna ocasión, en medio de una conversación en la oficina, respecto a la fe : "¿De veras crees en el infierno?". A raíz de ello surgió el tema publicado también aquí en el blog: "El infierno,...¿existe o no?".
Un buen amigo mío en la ciudad de Tijuana, que ha viajado a la India, me dice que Jesús es uno mas de los muchos "Grandes Iniciados", pero que no es el Dios encarnado y Salvador del mundo. Derivado de ello surgió el tema: "¿Por qué es Jesús tan especial?".
Hace algunos meses me encontré al revisar el libro de primaria de uno de mis hijos, la frase "... el hombre y el mono tuvieron un antepasado común, de acuerdo a lo que enseña la teoría de la evolución de Darwin". A raíz de ello surgió el tema: "¿Por qué creer en la creación y no en la evolución?", y le prestamos durante varias semanas a la maestra de mi hijo, un libro que habla del fraude de la teoría de la evolución y que termina con un claro mensaje evangelístico.
En una ocasión mientras teníamos una charla con tema religioso en un descanso en el trabajo, un ingeniero nos preguntó con tono desafiante: "¿Y por qué Cristo, Cristo y solo Cristo? ¿Por qué no Buda, Buda, Buda, por ejemplo?". Bueno, en base a ello (en parte), surgió: "¿El loto o la cruz?".
Hace algún tiempo, en el foro general de la iglesia a la que pertenezco, un joven preparatoriano solicitaba apoyo con cierta preocupación:
"La verdad yo tengo la fe en que Dios sí existe, pero resulta que mis compañeros de la preparatoria me cuestionan por eso y me gustaría demostrarles que Dios sí existe y que gobierna mi corazon. Por favor, si pueden ayudarme se los agradezco mucho. Dios los bendiga".
Por toda respuesta, un forista le contestó: "¡Qué pregunta!". Claramente nuestro buen amigo consideró que esa era respuesta mas que suficiente para que nuestro hermano que solicitaba ayuda, presentara su fe ante sus amigos de clase en la preparatoria. ¿Podemos imaginar a nuestro hermano charlando con sus condiscípulos y presentándoles el "¡Qué pregunta!" como su respuesta? ¿De qué manera estaría pues atendiendo a 1 Pedro 3;15? A raíz de esta situación, colaboramos en el foro con el tema: “Dios…¿existe o no?”, el cual ha sido publicado también en este blog.
En otras circunstancias en la oficina nos preguntaron: "¿No es arrogante decir, considerando el inmenso tamaño del universo, que somos especiales? ¿Que solo los humanos existimos en tan grande cosmos? Yo creo que debe haber otras civilizaciones, muchas, allá afuera en el universo". Y un dia distinto, meses antes, un gerente me había comentado: "Ni siquiera estamos seguros de que Cristo haya existido". De ahí surgieron los temas: "¿No estamos solos?" y "¿Existe la figura de Cristo en documentos no bíblicos?", respectivamente.
Creo que este tipo de situaciones y preguntas representan para nosotros los cristianos, oportunidades excelentes para hablar del evangelio. Presentar en "La Plaza" y "El Areópago", ya que no "en la sinagoga", a Cristo como Salvador y Señor del universo. No debemos desperdiciarlas.
Hace cosa de un año, una sobrina que estudia la universidad aquí en San Luis Potosí se hospedó en nuestra casa durante un semestre. Durante ese tiempo leyó la novela El Código Da Vinci. Naturalmente surgieron los comentarios. Ello me llevó a publicar “¿Estaba Jesús relacionado sentimentalmente con María Magdalena?”. En esa entrada del blog hago disponible un ensayo que tuvimos oportunidad de escribir en 2005 titulado Breve réplica al Código Da Vinci. Estas líneas fueran escritas como resultado de un desafío que me hizo uno de los supervisores de la empresa donde trabajé. El y muchos otros habían leído la novela, y esta persona -sabiendo que soy cristiano y que también la había leído- me retó a dar respuesta a los provocativos temas que supuestamente demuestran la falsedad mi fe. Bueno, semanas después le presentamos la respuesta que quedó en las páginas ya mencionadas.
Los expertos en evangelización nos dicen que los creyentes, "a mayor tiempo de convertidos, menor contacto con los inconversos". Y esto es plenamente verdad. Si lo ponemos en duda, no hace falta más que mirarnos a nosotros mismos. ¿Cuántos amigos no cristianos tenemos? ¿Cuánto tiempo pasamos con aquellos familiares que no son creyentes? Mientras más años de cristianos tenemos, más alejados estamos de aquellos que ocupan de Cristo. De esta manera, ¿cómo esperamos alcanzarlos para El Reino de los Cielos?
No podemos responder a la pregunta que nuestros conocidos inconversos nos hacen: "¿Por qué eres cristiano?" o "¿por qué crees que la Biblia es la palabra de Dios y que Cristo es el único camino a la salvación?" con un simple: "Oh, porque tengo fe". Esa es la misma respuesta que el mormón tiene para la pregunta: "¿por qué eres mormón?" o "¿por qué crees que el libro de mormón es la palabra de Dios?": "Oh, porque tengo fe". Es la misma respuesta que el partidario de la Nueva Era tiene para las preguntas: "¿por qué practicas esa creencia?" o "¿por qué crees que Cristo es uno más de los iluminados al igual que Buda o Pitágoras y que no murió por nuestros pecados, sino que fue solamente un gran maestro y es sólo un buen ejemplo a seguir?": "Oh, porque tengo fe". Entonces, en este caso ¿cuál de todos estos "creyentes" tiene la razón, si todos tienen fe en que su creencia es la verdadera, aunque todos creen de manera totalmente distinta?
Ante estos "Estoicos y Epicúreos" que nos topamos en "La plaza pública" o el "Areópago" (la escuela, la oficina, la universidad de nuestros hijos o los puestos gerenciales de nuestros trabajos, no en el templo), estamos obligados a responder con algo más que "Oh, porque tengo fe". La escritura misma nos responsabiliza de lo siguiente:
"...sino santifiquen a Cristo como Señor en sus corazones, estando siempre preparados para presentar defensa (apología) ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con mansedumbre y reverencia,..." (1 Pedro 3:15)
Obviamente el mensaje cristiano debe presentarse ante esta audiencia diferente, de manera distinta (puesto que no estamos en el templo ni ante unos oyentes con fe). Tomando, si es posible, como base o punto de partida (a semejanza de Pablo) algunos elementos de la creencia y cultura de aquellos que nos preguntan: "¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?" (Hechos 17;19). Pero el variar la forma no implica necesariamente variar el fondo o contenido del mensaje. Si bien es cierto que Pablo usó a los poetas y filósofos grecorromanos en su mensaje ante los pensadores de Atenas, no por ello sacrificó el mensaje del Cristo crucificado y su resurrección, así como también el tema del arrepentimiento y el juicio final. No se trata únicamente de encontrar los puntos de contacto o coincidencia entre "los filósofos" que nos preguntan la razón de la esperanza que hay en nosotros, sino también de predicar con valor lo mismo que Pablo predicó en la colina de Marte: el Cristo crucificado, resucitado y futuro juez nuestro en caso de que no nos arrepintamos. Hemos de llevar cualquier tipo de mensaje a culminar en estos elementos, o de otra manera no estamos evangelizando en absoluto. Lo único que estaríamos haciendo es filosofar. Y no somos llamados a ello, sino a predicar el evangelio.
Hemos de ir a las cárceles, a los hospitales, a los centros de rehabilitación, a las zonas rurales, a los barrios bajos, a los templos, a las casas a predicar a la gente sencilla y nada complicada que no duda que la Biblia es la palabra de Dios. Pero hemos también de presentar el evangelio si es posible, en las aulas, las oficinas, las empresas y ante quien sea, del nivel cultural y económico que fuere, aunque no crea aún en la Biblia y Cristo, ya que...
"...por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen". (1 Timoteo 4:10).
Como dijo alguien que sabía mucho de estos asuntos: "Cuando de evangelizar se trata, el mejor método es usar todos los métodos".