El día culminante de la Semana Santa es el domingo de resurrección. ¿Tiene importancia? ¿Resucitó Jesús de entre los muertos? ¿En verdad importa si eso es verdad o no? ¿Podría alguien ser cristiano sin creer que la resurrección es verdad? ¿Podemos estar seguros de que nuestra fe en la resurrección de Jesús es un hecho que ocurrió hace alrededor de 2000 años?
Pablo, el apóstol, enseñó que si Cristo no se levantó de entre los muertos, la predicación cristiana no sirve para nada, la fe de los creyentes tampoco y el perdón de los pecados no es posible (1 Corintios 15.14 y 17). Véase también Romanos 10.9. De manera que sí importa si la resurrección ocurrió y si alguien la cree o no.
¿Es posible aplicar el método histórico para verificar si la resurrección tuvo lugar en verdad?
Uno de mis libros favoritos es El Caso de Cristo, de Lee Strobel, ex ateo, formado con una maestría en leyes por la universidad de Yale. Siendo aún un no creyente, se propuso investigar el cristianismo para seguir la evidencia a donde ésta lo llevara. El resultado de años y años de investigación es el libro mencionado.
Les comparto aquí el enlace para que puedan leer un extracto, y también a continuación el capítulo 12 del audio libro (también se puede comprar en librerías), que se titula La prueba del cuerpo desaparecido. Solo tienen que oprimir el reproductor bajo la contraportada que aparece enseguida. Juzguen ustedes, después de la lectura, si nuestra fe descansa sobre un fundamento sólido o no.
¿Puede usted imaginar a un grupo compuesto por un mormón, un judío mesiánico, un testigo de Jehová, un ateo y un cristiano evangélico desayunando juntos? ¿Puede usted imaginar el nivel de temperatura de una conversación de tal grupo, cuyo tema es la religión? Pues por difícil que pueda parecer reunir a tal conjunto de personas con opiniones religiosas tan dispares, en un tiempo fue posible. De hecho yo formé parte de dicho conjunto tan singular, representando la parte del cristianismo evangélico.
En una ocasión que tocábamos el tema de la autoridad de nuestros particulares libros sagrados (el libro de Mormón, la Torá, la traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, la Biblia versión Reina-Valera y para el ateo pues,... ninguno), se suscitó el siguiente comentario: "La historia la escriben los vencedores". Este provenía, por supuesto, de la parte atea y el sentido de dichas palabras era: ¿cómo puedes confiar en el relato o libro escrito por un grupo de personas, cuyas ideas religiosas prevalecieron por encima de las demás una vez ganada la guerra? ¿No te parecería dicho relato manipulado por la parte vencedora?
"La historia la escriben los vencedores" es una frase muy popular y se utiliza para dar a entender que, en nuestro caso, la Biblia ha sido manipulada por un grupo victorioso en el ámbito militar y por ende, en el mundo de las ideas. Pero, ¿es esto así? En el caso del cristianismo, ¿está justificada? ¿la historia la escribieron los cristianos vencedores? Pongamos a prueba esta afirmación.
El regalo más preciado que aún conservo de mi padre, es una colección de nueve tomos de Los Clásicos Grecolatinos (Platón, Virgilio, Séneca, Plutarco, Cicerón, Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio, etc.). Me fue obsequiada por allá del año 1995. Me ha sido en muchas ocasiones de mucha utilidad, ya que en sus tomos encuentro -entre otras muchas cosas- las palabras de autores no cristianos que de manera incidental mencionan a Cristo y también a los cristianos de las primeras generaciones, así como su forma de vida y costumbres.
Bien. En el tomo dedicado a los historiadores griegos, encontramos la obra titulada Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides. Dicha obra cubre veinte de los veintisiete años que duró la guerra (431 a.C. a 404 a.C.), en la cual participó dicho autor griego, como comandante de una flota ateniense en la guerra contra Esparta. La guerra fue perdida por los griegos (entre los cuales se encontraba Tucídides) contra los espartanos. El autor mencionado es considerado aún hoy día como uno de los padres de la historiografía (ciencia histórica). Respecto a dicha obra, la Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2002. (1993-2001 Microsoft Corporation), nos dice:
...es una muestra indudable del alto valor historiográfico de los escritos de su autor, hábil mezcla de conocimientos directos —no en vano, participó en la contienda— y de investigaciones analizadas a la luz de profundas comparaciones documentales. Su método, en palabras del propio Tucídides, sirve para buscar la verdad y la exactitud, con el fin de que la historia tenga utilidad, aceptando la tradición oral sólo si es comprobada y haciendo especial énfasis en el correcto uso de la observación directa de los hechos, a la que añade lo que él denomina verosimilitud de los mismos.
Si bien es cierto que Grecia perdió la guerra, Tucídides, aunque vencido, escribió la historia de dicho conflicto con un muy alto nivel de objetividad, según la opinión de historiadores modernos. Así pues, la historia no es siempre escrita por los vencedores. De manera que una de las ideas implícitas en el cliché "La historia la escriben los vencedores", queda eliminada.
Ahora veamos la implicación de si el cristianismo obtuvo la victoria militar en el tiempo de la redacción de sus escritos sagrados, el Nuevo Testamento. Me permitiré ahora citar de la misma colección de clásicos grecolatinos, una obra titulada Anales del autor Cornelio Tácito. En el libro XV párrafo 44 leemos, con referencia al incendio de Roma en el año 64 de nuestra era aproximadamente, del cual fueron acusados los cristianos para desviar las sospechas de sobre la persona del emperador Nerón:
Y así Nerón, para divertir esta voz y descargarse dio por culpados de él, y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos, a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilatos, procurador de Judea [...] fueron, pues, castigados al principio los que profesaban públicamente esta religión, y después, por indicios de aquéllos, una multitud infinita, no tanto por el delito del incendio que se les imputaba, como por haberles convencido de general aborrecimiento al género humano. Se añadió a la justicia que se hizo de estos la burla y escarnio con que se les daba la muerte. A unos vestían de pellejos de fieras, para que de esta manera los despedazasen los perros; a otros ponían en cruces; a otros echaban sobre grandes rimeros de leña, a los cuales, en faltando el día, pegaban fuego para que, ardiendo con ellos, sirviesen de luminarias en las tinieblas de la noche.
¿Le parecen los cristianos descritos en este relato -proveniente de una fuente pagana, adversa a la iglesia y por ello mismo confiable-, un grupo vencedor militarmente? Por supuesto que no. La iglesia en sus inicios, mientras los escritos del Nuevo Testamento eran redactados, era un grupo que, si bien es cierto estaba en constante crecimiento (por el poder divino, el testimonio de vidas cambiadas, y varios factores socioculturales), no tenía milicia alguna. El cristianismo, una vez identificado como un grupo independiente del judaísmo, fue una religión proscrita, prohibida, digna de muerte. No poseían armas. Por lo menos no armas de este mundo. Leamos lo que dice San Pablo al respecto en 2 Corintios 10:4-5:
Las armas que usamos no son las del mundo, sino que son poder de Dios capaz de destruir fortalezas y toda altanería que pretenda impedir que se conozca a Dios. Todo pensamiento humano lo sometemos a Cristo, para que lo obedezca a él.
Veamos ahora esta otra fuente grecolatina, pagana, adversa al cristianismo también. Esta cita a continuación, proviene de Plinio el joven, gobernador de la provincia de Bitinia bajo el emperador Trajano. Escribió alrededor del año 111 d.C. lo siguiente:
...Nunca he asistido al proceso y sentencia de ningún cristiano... ¿deben ser castigados todos sin distinción de jóvenes y ancianos? ¿Debe perdonarse al que se arrepiente? ¿O es inútil renunciar al cristianismo una vez abrazado? ¿Es el nombre sólo lo que se castiga en ellos? ¿Qué crimenes están unidos a este nombre? He aquí las reglas que he seguido en las acusaciones presentadas ante mi contra los cristianos. A los que lo han confesado, les he interrogado por segunda y tercera vez, y les he amenazado con la tortura, y a ella les he enviado si han persistido. Porque, fuera de lo que hicieran y lo que confesasen, he creído que debía castigarse su desobediencia e invencible obstinación. Otros hay dominados por la misma locura, que he reservado para enviarlos a Roma, porque son ciudadanos romanos. Se ha propagado hace poco este delito, como sucede ordinariamente, se ha presentado bajo diferentes aspectos. Me han entregado una Memoria sin nombre de autor, en la que se acusa de ser cristianas a diferentes personas que niegan serlo y haberlo sido nunca. En presencia mía y según los términos que les he dictado, han invocado a los dioses y ofrecido incienso y vino a tu imagen, que había hecho llevar expresamente con las estatuas de nuestra divinidades, y hasta han lanzado maldiciones contra Cristo, a lo que, según dicen, no es posible obligar jamás a los que son verdaderamente cristianos [...] Decían que todo su error o falta se limitaba a estos puntos: que en determinado día se reunían antes de salir el sol y cantaban sucesivamente himnos en honor de Cristo, como si fuese Dios; que se obligaban bajo juramento, no para crímenes, sino a no cometer robo ni adulterio; a no faltar a la promesa, a no negar el depósito...
Podemos deducir muchísimas cosas de los primeros cristianos a partir del texto anterior. Pero sólo reiteraré que el cristianismo era un delito, una religión prohibida por el gobierno romano. De hecho el serlo implicaba persecución, tortura y muerte de la forma más horrenda. Derivado de ello sólo pasaban a formar parte de la iglesia los que estaban verdaderamente convencidos y convertidos. Entregados en cuerpo y alma a Cristo. Por ello la iglesia gozaba de un alto grado de pureza moral, de santidad. La ética de los primeros cristianos era de lo más elevada. La mentira era un pecado. La segunda idea implícita en el cliché "La historia la escriben los vencedores" se derrumba con estos argumentos.
He presentado solamente un par de referencias paganas (Anales de Tácito y Carta XCVII de Plinio) con relación a la situación del cristianismo en el primer siglo, mientras sus escritos sagrados estaban siendo redactados e inmediatamente después de esto. Estas son evidencias externas de la vida de la iglesia. Ahora vamos a pasar a considerar algunos pasajes del Nuevo Testamento que fueron escritos durante estos periodos de persecución hacia los cristianos, tanto por la parte del pueblo judío como por la parte del gobierno romano. Esto reforzará la conclusión a la que hemos llegado:
Ustedes tuvieron compasión de los que estaban en la cárcel, y hasta con alegría se dejaron quitar lo que poseían, sabiendo que en el cielo tienen algo que es mucho mejor y que permanece para siempre. (Hebreos 10:34)
Es cierto que todos los que quieren llevar una vida piadosa en unión con Cristo Jesús sufrirán persecución; (2 Timoteo 3:12)
Queridos hermanos en Cristo, no se sorprendan de tener que afrontar problemas que ponen a prueba su confianza en Dios. Eso no es nada extraño. Al contrario, alégrense de poder sufrir como Cristo sufrió, para que también se alegren cuando Cristo regrese y muestre su gloria y su poder. Si alguien los insulta por confiar en Cristo, consideren ese insulto como una bendición de Dios. Eso significa que el maravilloso Espíritu de Dios está siempre con ustedes. Si alguno de ustedes sufre, que no sea por ser asesino, ladrón o bandido, ni por meterse en asuntos ajenos. Si alguno sufre por ser cristiano, no debe sentir vergüenza, sino darle gracias a Dios por ser cristiano. (1 Pedro 4:12-16)
La iglesia cristiana, nos dicen los historiadores, no dejó de ser perseguida tanto por la población pagana como por el gobierno romano, hasta la primera mitad del siglo cuarto de nuestra era. Para entonces, los escritos del Nuevo Testamento tenían más de doscientos años de haberse redactado y ya circulaban por todo el imperio. El Nuevo Testamento es confiable (para más evidencias de esto opriman aquí). Este nos narra el nuevo pacto que ha hecho Dios con la humanidad, el cual ha sellado con la sangre de Jesucristo. En él se nos pide arrepentirnos y confiar únicamente en los méritos de Jesús y en su sangre derramada en la Cruz para limpiarnos de todos nuestros pecados. Amable lector, le invito a que confíe y se entregue al Salvador que este documento digno de confianza nos presenta. Para saber cómo acercarse a Dios, oprima aquí.
¿Qué le parece? Después de considerar la evidencia, ¿cree usted que la frase tan difundida "La historia la escriben los vencedores" puede aplicarse a los escritos a cristianos?
“Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? »” (Mateo 16;15)
No sabemos por qué extraña razón, un premio Nobel de literatura (1950), filósofo y matemático como Bertrand Russell, se aventuró a escribir: “Es históricamente bastante dudoso si Cristo realmente existió; si es que existió no sabemos nada acerca de él”. Debido a la fuerte evidencia documental, pocos son los estudiosos serios que hoy día ponen en tela de duda la existencia de Jesús. Sin embargo los hay aún, como Russell, aunque sin elementos para defender su postura.
Bien, en esta ocasión me propongo no solo demostrar la existencia de Jesús basado en fuentes no cristianas (para que no se nos acuse de parciales), sino también demostrar que a partir de estas mismas fuentes, emerge una figura de Jesús que coincide asombrosamente con el perfil que el Nuevo Testamento nos presenta de él. Esto, por supuesto, viene a conferir autoridad a las Escrituras cristianas como documento histórico digno de confianza.
Existen alrededor de una decena de referencias al Jesús histórico y a los cristianos en documentos fuera del Nuevo Testamento (además de los aquí citados, se encuentran Luciano de Samosata, Talo, Flegonte, Mara Bar-Serapion, entre otros). Tanto escritores grecorromanos como judíos, adversos al cristianismo, escribieron acerca del Jesús que “caminó entre nosotros”. Durante la transmisión del programa de radio “En frecuencia con Jesús” en el que presentamos el tema “¿Por qué es Jesús tan especial?” (en el cual comparamos a Cristo con los más importantes líderes religiosos de todos los tiempos), me permití documentar a partir de tres fuentes grecorromanas y una judía (con las que cuento entre mis libros), la existencia de Jesús.
Opriman en el reproductor a continuación para que escuchen el extracto del programa (menos de diez minutos) en el que mencionamos estos importantes documentos del mundo antiguo:
A continuación, me permito presentarles el texto de estos documentos para su validación:
Tenemos en primer término al historiador romano Cornelio Tácito, quien escribió alrededor del año 115 d.C. y nos da un relato detallado de las cosas más importantes que ocurrieron durante su administración como gobernador de Asia. Cuando llega a la narración del año 64 de nuestra era, en que gran parte de Roma fue quemada, dice sencillamente que está de acuerdo con el punto de vista general de que el emperador Nerón fue el responsable, porque quería reconstruir una gran área en el centro de la ciudad y convertirla en su palacio. En su obra Anales capítulo XV.44 nos dice:
“Para disipar el rumor, Nerón puso como culpables a algunas personas popularmente conocidas como cristianos,... El originador del nombre, Cristo, había sido ejecutado durante el reino de Tiberio, por orden del procurador Poncio Pilato”.
Encontramos otra referencia en los escritos de un contemporáneo de Tácito, llamado Plinio el joven. Este fue otro hombre de letras enviado por el César, en el año 112 de nuestra era a gobernar en Bitinia, al norte de lo que hoy es Turquía. El escribió muchas cartas al emperador Trajano para informarle sobre sus trabajos en las provincias bajo su cargo, y también para consultarle sobre algunas cuestiones de su administración en las cuales estaba indeciso. En sus Cartas No. 97, este escritor latino nos dice lo siguiente con relación a los cristianos y a su fundador, Cristo:
“Decían que todo su error o falta se limitaba a estos puntos: que en determinado día se reunían antes de salir el sol y cantaban sucesivamente himnos en honor de Cristo, como si fuese Dios; que se obligaban bajo juramento, no para crímenes, sino a no cometer robo ni adulterio;...”
Un tercer ejemplo que podemos mencionar como fuente histórica que demuestra la existencia de Jesús proviene de otro escritor, historiador latino, llamado Suetonio quien escribiera su obra muy conocida Vida de los doce Césares hacia el año 121 de la era cristiana. El nos dice en la Vida de Claudio:
“Expulsó de Roma a los judíos, que, a instigación de un tal Cresto (Cristo), provocaban turbulencias”. (Este evento, por cierto, coincide con el registro bíblico en Los Hechos de los Apóstoles 18;2).
Por otro lado, tenemos también evidencia por parte de la nación judía. En el primer siglo de la era cristiana, un hombre llamado Flavio Josefo, quien dirigió ejércitos en la guerra contra Roma entre los años 66 y el 70 d.C. se convirtió después en historiador y escribió para tratar de eliminar la mala fama de sus compatriotas a los ojos de los romanos. En su obra llamada Antigüedades de los Judíos, Josefo nos dice:
“Y se levantó cerca de este tiempo Jesús, un hombre sabio, si en realidad se debe llamar hombre, porque hacía obras asombrosas y fue maestro de aquellos que son felices al recibir la verdad. Se ganó a muchos judíos y también a muchos griegos. Era el Cristo. En respuesta a una acusación presentada por los líderes de ellos, Pilato lo condenó a la Cruz, pero aquellos que le amaban no se dieron por vencidos. Porque apareció vivo de nuevo ante ellos al tercer día de su muerte, tal y como lo habían predicho los profetas, junto con muchas otras cosas maravillosas sobre Él”.
Una fuente más que deseo mencionar, proviene también del mundo judío. Se trata del Talmud ("instrucción" en hebreo). Este consiste en un cuerpo de leyes civiles y religiosas que incluye un comentario acerca de la ley de Moisés (los primeros cinco libros del Antiguo Testamento). En la parte de comentarios del Talmud Babilónico (escrito entre el s.III e inicios del s.VI de nuestra era), aparecen algunas porciones en donde se menciona la figura de Jesús en relación a la violación de la ley de Moisés. En dichos comentarios aparecen algunos elementos dignos de atención. Los mismos, a continuación:
“Un día (Rabí Jesúa) estaba recitando la Shema (Deuteronomio.6;4) cuando Jesús se le acercó. El Rabí hizo un gesto para recibirle, pero Jesús, entendiendo que el gesto pretendía rechazarle, puso en alto un ladrillo y lo adoró (...) Y un maestro ha dicho: «Jesús de Nazaret practicaba la magia y llevó a Israel por mal camino».” (Talmud Babilónico Sanhedrin 107b).
En otra parte de dicho documento se lee lo siguiente acerca de la figura de Jesús:
“Se enseñaba que el día antes de la Pascua Jesús (el Nazareno) fue colgado. Los cuarenta días antes de la ejecución, un pregonero anunciaba gritando: «va a ser apedreado porque ha practicado la brujería y quería que Israel pecara de apostasía. Si hay alguien que quiere decir algo en su favor, que se presente y pida misericordia por él».”
Si bien es cierto que algunos estudiosos consideran que los textos del Talmud son de escaso valor para aquellos que analizan al Jesús histórico, hay otros que piensan que de ellos pueden extraerse algunos elementos valiosos que pueden llegar a corroborarse. A este respecto M. Wilcox, en su “Jesús a la luz de su ambiente judío”, menciona:
“La literatura judía tradicional, aunque contiene pocas menciones a Jesús (y además, éstas deben usarse con suma precaución), apoyan la afirmación que hacen los evangelios de que hacía milagros y sanaba; el problema es que atribuye éstos poderes a la magia. Sí que conserva la idea de que era un maestro, y tenía discípulos..., y al menos en el período rabínico temprano aún no se sabía exactamente si se trataba de un «hereje» o de un «farsante».”
Hay otros pasajes de estas mismas fuentes que nos dicen que Jesús se proclamó Dios e incluso se señala que anunció que volvería por segunda vez (Yalkut Shimeoni 725). Sorprendentemente son los mismos enemigos judíos rabínicos de Jesús los que confirman en estos escritos (cuidadosamente considerados), las afirmaciones que hacen los evangelios de su propia conciencia de divinidad y su segunda venida.
Cabe mencionar que esta evidencia documental presentada es de gran valor debido a que sus autores no sólo no fueron cristianos, sino que fueron desfavorables al cristianismo. Y en el caso de Flavio Josefo tenemos un historiador que aunque judío, jamás fue convertido al cristianismo. De esta manera queda claramente establecida la existencia de un hombre llamado Jesús El Cristo.
Bien, ahora que hemos considerado estas importantes fuentes del mundo antiguo, quiero ir un paso más allá. Deseo compartir con ustedes el perfil acerca de la figura del Jesús histórico que emerge de estos escritores antiguos, y que han descrito dos estudiosos modernos. Uno norteamericano y el otro español. Estoy hablando del Dr. Edwin Yamauchi, profesor de historia en Miami University, Oxford Ohio, y autor de libros como “The Archaeology of the New Testament”, “Cities in Western Asia Minor” y muchos otros. También me refiero al Doctor en historia, filosofía y teología, César Vidal, autor también de muchos libros.
Del primero mencionado tenemos lo siguiente:
“Aunque no contáramos con el Nuevo Testamento u otros escritos cristianos, podríamos seguir concluyendo a partir de escritos no cristianos como los de Josefo, el Talmud, los de Tácito y de Plinio el joven, que:(1) Jesús era un maestro judío.(2) Mucha gente creía que sanaba y expulsaba demonios.(3) Los líderes religiosos judíos le odiaban.(4) Fue crucificado bajo Poncio Pilato en el reinado de Tiberio.(5) A pesar de que murió de forma vergonzosa, sus seguidores, que creían que aún estaba vivo, fueron más allá de Palestina: en el año 64 d.C. había muchos de ellos en Roma.(6) A principios del siglo II muchos tipos diferentes de gente -de la ciudad, del campo, hombres y mujeres, libres y esclavos- le adoraban como Dios.”
Del Dr. César Vidal tenemos lo siguiente:
“Resumiendo pues puede señalarse que efectivamente contamos con fuentes históricas distintas de las cristianas para conocer la vida y la enseñanza de Jesús. Todas ellas eran hostiles -a lo sumo, indiferentes-, pero, de manera muy interesante y sugestiva, corroboran la mayoría de los datos de que disponemos gracias al Nuevo Testamento y a otras fuentes cristianas. Su judaísmo, su pertenencia a la estirpe de David, su autoconciencia de mesianidad y divinidad, la realización de milagros, su influencia sobre cierto sector del pueblo judío, su afirmación de que vendría por segunda vez, su ejecución a instancias de algunas autoridades judías, pero a mano del gobernador romano Pilato, la afirmación de que había resucitado y la supervivencia de sus discípulos hasta el punto de alcanzar muy pronto la capital del imperio son tan sólo algunos de los datos que nos proporcionan -no con agrado, todo hay que decirlo- las diferentes fuentes no-cristianas. En ese sentido cabe decir, simplemente a título comparativo, que, por el número de noticias, por su cercanía en el tiempo al personaje y por la pluralidad de orígenes, Jesús es uno de los personajes de la antigüedad cuya vida y enseñanzas mejor conocemos.”
No es suficiente hacer propias las palabras de estudiosos y filósofos como Bertrand Russell acerca del tema de la historicidad de Jesús, por el solo hecho de haber sido escritas por un premio Nobel de literatura. Hace falta pensar por uno mismo y preguntarse si en realidad esas palabras tienen fundamento para ser publicadas y creídas. ¿No le parece?
Las fuentes grecorromanas y judías provenientes del primer siglo y posteriores, nos dan evidencia contundente acerca de la existencia del Cristo y de su perfil, tal y como este es descrito en las páginas del Nuevo Testamento. Como el Mesías, Dios encarnado, el sacrificio por nuestros pecados (los suyos, gentil lector, incluidos) y como aquél que vendrá pronto a darle un giro dramático a la historia mundial al restaurar todas las cosas. Pero hemos de entender que para ser partícipes de esa restauración venidera, es necesario que nos volvamos a Jesús en arrepentimiento sincero y con fe puesta únicamente en lo que Él hizo por nosotros en la cruz. Cuando derramó su sangre inmaculada por amor a nosotros y para lograr nuestro perdón.
EVIDENCIAS DE UN VIAJE Hay en estos momentos sobre mi escritorio un par de talones de boletos de avión Guadalajara-Tijuana y Tijuana-Guadalajara; uno de autobus Guadalajara-San Luis Potosí y uno más de un Taxi con el número 41063 con origen en la Terminal de Autobuses Potosina y destino a mi domicilio, con fecha 2 de Agosto. Y es que hace unas semanas, estuve junto con mi familia en aquella ciudad fronteriza durante mis vacaciones. Si alguien me escuchara relatar la ruta que seguí y los lugares que visité, y desease evidencia física que respalde la veracidad de mi relato, puede verificarla observando los documentos que acabo de mencionar. Adicional a ello puede también consultar con las personas que visité y con las que conversé en aquella ciudad. Con testigos (amigos y familiares) que me vieron, escucharon y abrazaron con aprecio, después de dos años de no vernos. Hay evidencia física y testimonial que respalda mi relato de vacaciones.
Algo parecido sucede con la arqueología. Esta ciencia, al mostrar hallazgos de objetos, herramientas, inscripciones, testimonios escritos, puede verificar la validez histórica de relatos encontrados en documentos antigüos, como la Biblia, por ejemplo.
LA CIENCIA DE INDIANA JONES ¿Quién de nosotros no ha visto por lo menos una de las películas de Indiana Jones? En lo personal las he disfrutado varias veces con mi familia. Entre los videos que tengo, cuento con “Los cazadores del arca perdida”, “Indiana Jones y la última cruzada”. También tenemos el videojuego para PC “Indiana Jones y La Tumba del Emperador”. No me gustó mucho la última historia, salida relativamente de manera reciente, “Indiana Jones y el reino de la calavera de Cristal” ya que es muy repetitiva en relación a las trampas que el arqueólogo profesor de la universidad Marshall de Connecticut, debe enfrentar. Pero bueno, uno pasa por lo menos un rato agradable viendo las peripecias y acrobacias que Harrison Ford debe ejecutar al encarnar al profesor Indy.
Es interesante ver cómo en “Los cazadores del Arca perdida”, la ciencia de la arqueología, la ciencia de Indiana Jones, ayuda a localizar ese misterioso objeto descrito ampliamente en las páginas bíblicas, el Antigüo Testamento. Es divertido observar una vez más que “los buenos” terminan triunfando sobre “los malos” (Hitler y sus secuaces), evitando así que el mal prevalezca. Y es que el héroe del filme, el estudioso de las culturas ancestrales y sus amigos, impiden que ese “reactor nuclear” (así describen en la película al “Arca de la Alianza” cuyo diseño fue dado al pueblo de Israel por Dios), sea usado con fines malvados.
Efectivamente, la arqueología es una ciencia que nos ayuda a identificar, localizar y recuperar los vestigios (como el Arca de la Alianza) que culturas antigüas han dejado como rastro y evidencia de su paso por el tiempo. Creo útiles algunas definiciones relacionadas a esta disciplina, extraídas del “Diccionario Bíblico Arqueológico” del editor Charles P. Pfeiffer, editorial Mundo Hispano, las cuales presento a continuación.
ARQUEOLOGÍA:"La arqueología es el estudio científico de los materiales remanentes que han dejado los hombres de épocas pasadas".
ARQUEOLOGIA BIBLICA:"Hay muchas ramas de la ciencia de la arqueología. La “arqueología bíblica” se interesa por la comprensión de la historia, vida, costumbres y literatura de los israelitas y los pueblos circunvecinos que influyeron en el antiguo Israel. Por lo tanto, un valioso material está disponible del antiguo Egipto, Moab, Edom, Amón, Siria, Canaán, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y el mundo romano. Cualquier descubrimiento de estas tierras que arroje luz sobre la historia, la religión, las costumbres o la literatura bíblicas entra en la esfera de la arqueología bíblica".
FUENTES DE INFORMACION:"La arqueología obtiene su información de los materiales remanentes dejados por los hombres en épocas pasadas. Hay dos categorías amplias: los documentos escritos que fueron inscritos en piedra, barro, metal, papiros, pergaminos, madera, etc., y los documentos no escritos que abarcan toda clase de remanentes—edificios de varias clases, fortificaciones, esculturas, vasos caseros, herramientas, ornamentos personales, monedas, armas, vestuario, piezas de arte, comida, huesos humanos y de animales, etcétera. Estos se encuentran en asociación con edificios que han sido parcial o totalmente cubiertos o en tumbas o fosas".
Ahora bien, ¿a qué viene todo esto? Bueno, sucede que con relación a los relatos que aparecen en los libros de la Biblia y la verificación de su fiabilidad histórica, la ciencia de Indiana Jones, la arqueología, nos es muy útil. Sí, ejemplo de ello es el caso del libro de Los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas. Como muestra, un botón.
EL NUEVO TESTAMENTO Durante los siglos XIX y XX, las escuelas críticas alemanas, negaban el valor histórico de este libro. Sin embargo, los estudiosos ingleses, entre ellos arqueólogos como Sir William Ramsay, después de comparar los relatos lucanos descritos en este libro neotestamentario versus las fuentes antigüas y los autores helenísticos conocidos, concluyeron que Lucas es fiel a todos las reglas historiográficas de la antigüedad. Gran parte de la información contenida en Los Hechos, ha sido verificada por hallazgos arqueológicos y papirológicos (proveniente de escritos en papiro). La conclusión de Ramsay fue que “Lucas es un historiador de primer rango”.
Este arqueólogo debió cambiar su postura escéptica respecto al escrito de que venimos hablando, toda vez que realizó un viaje por el Cercano Oriente y Asia, siguiendo el rastro descrito por el evangelista, solo para constatar que el escritor inspirado no se equivocó ni siquiera en una sola referencia a ciudades, provincias, islas, temporales climáticos propios y exclusivos de ciertas regiones del mundo del Nuevo Testamento, así como a nombres y títulos con los que se designaba a diversas autoridades del gobierno romano en la época en que San Pablo hizo sus viajes misioneros.
El arqueológo antes escéptico, ¡terminó convertido al cristianismo, en gran parte como resultado de su investigación arqueológica de primera mano, llevada a cabo durante 25 años! “Lucas es un historiador de primer rango; además de que sus declaraciones son verídicas, él posee un verdadero sentido histórico…En suma, este autor debe ser clasificado junto con los historiadores más grandes.” Esta fue la conclusión de Ramsay, al respecto de los registros de San Lucas. El tercer evangelista menciona treinta y dos países, cincuenta y cuatro ciudades y nueve islas sin cometer un solo error.
EL ANTIGÜO TESTAMENTO Durante mucho tiempo, los críticos de la Biblia, consideraron las historias de los patriarcas (Abraham, Isaac, Jacob y José), como simples leyendas. No obstante a partir de excavaciones realizadas entre los años 1925-1933 en dos ciudades de oriente, este punto de vista ha cambiado. Ahora estamos seguros que, efectivamente, las costumbres de los patriarcas descritas en la Biblia son verdaderas. Esta dos ciudades mencionadas son Mari y Nuzu ( o Nuzi). La primera de ellas se ubica actualmente al sureste de Siria, cerca del Río Eufrates. La segunda, Nuzu, se ubica en Irak. En ellas se descubrieron varios niveles de ocupación de varias culturas. Culturas que datan desde 4500 hasta 1300 a.C. Se encontraron alrededor de 4000 tablillas escritas en cuneiforme, que datan del s.XV a. C. aproximadamente. Estas tablillas contienen registros públicos, archivos privados y decisiones legales relativas a cuatro generaciones de pobladores que dominaron el área. Importantes datos en cuanto a la economía, política y costumbres, se encuentran en ellas. Estas dos ciudades estudiadas por los arqueólogos en los años mencionados, nos proveen de varios ejemplos que confirman la exactitud histórica de la Biblia, en cuanto a la historia del Antiguo Testamento.
¿Y QUÉ? Si Lucas es confiable en cuanto a hechos que pueden verificarse físicamente a través de la arqueología, tenemos razones poderosas para poder confiar en él respecto a cosas del espíritu que también escribió en su evangelio. Por ejemplo, él nos cuenta que Jesús dijo que sería crucificado (Lucas 24;7), y que lo sería por nuestros pecados (los suyos y los míos, amable lector). Esto lo encontramos en Lucas 22;20. También nos dice que Jesús resucitó después de pagar por nuestras culpas, y encargó a sus discípulos que prediquemos el arrepentimiento y el perdón de los pecados (Lucas 24;46-47). De manera que aprovecho la evidencia arqueológica de que aquí he tratado brevemente, para cumplir por este medio el mandato que Jesús nos dejó. Le invito a que se arrepienta de sus pecados y crea en el sacrificio que Jesús hizo por usted, para que sea perdonado y tenga vida eterna.
Este artículo será publicado la tercera semana del mes de Enero de 2009, en la columna "Agua Fresca para el Espíritu" en el semanario "Expediente Público" de la ciudad de Tijuana, B.C.
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En un artículo anterior, "La exclusividad del cristianismo", publicado en la semana del 10 al 16 de Noviembre pasado (y disponible en este blog), demostramos que la idea muy difundida pero infundada de que el cristianismo es la única religión exclusivista e intolerante, es un mito moderno. Probamos que todas las religiones, en mayor o menor grado, son también intolerantes y exclusivistas respecto de las demás. Expusimos también que dos ideas contradictorias entre sí (como dos diferentes religiones, por ejemplo), no pueden ser verdad al mismo tiempo. Por ende, la verdad es exclusivista por naturaleza. Terminamos nuestra intervención mencionando: «...o Jesús es el único camino a Dios o no lo es. Ambas posturas no pueden ser ciertas a la vez. Espero en un próximo artículo demostrar por qué es razonable tomarle la palabra a Jesús.»
Pues bien, mi intención hoy es demostrar, que creer en las palabras de Jesús es razonable. Para tal efecto me permitiré responder a tres preguntas: 1) ¿Se preservaron fielmente las palabras de Jesús? 2) ¿Qué dijo Jesús de sí mismo? 3) ¿Es verdad lo que dijo Jesús de sí mismo? Veamos.
¿SE PRESERVARON FIELMENTE LAS PALABRAS DE JESÚS?
Una de las abismales diferencias entre los registros de las palabras de Jesús y los registros de las palabras de cualquier otro líder religioso, es que las primeras fueron redactadas por testigos oculares de los hechos y en un lapso de tiempo muy corto después de los mismos.
El registro de las supuestas enseñanzas de Zoroastro -"Los Ghatas" del Avesta-, quien se cree vivió en el siglo VII a.C., no fue escrito sino hasta después del siglo III d.C. es decir, alrededor de 800 años después de la vida de su autor. Las enseñanzas y acciones de Buda (siglo VI a.C.), se escribieron también ya en la era cristiana. Más de 500 años después de haber sido pronunciadas y realizadas. ¿Quién nos asegura que son en realidad verídicas? En cambio, los registros de las palabras y hechos de Jesús, fueron redactados en un lapso de 25 a 30 años después de su ministerio terrenal y por personas que lo vieron, escucharon y palparon (Juan 1;14. 2 Pedro 1;16. 1 Juan 1;1, etc.).
Lo que brinda seguridad a nuestra creencia de que en los evangelios tenemos sustancialmente las mismas palabras que Jesús pronunció, es la llamada “prueba bibliográfica”. Esta prueba consiste en considerar el total de copias manuscritas de los evangelios, que pueden ayudarnos a reconstruir los escritos originales. En este sentido, contamos con alrededor de 25,000 copias completas y en partes del Nuevo Testamento (entre manuscritos griegos y versiones o traducciones a diversos idiomas). El número de copias escritas a mano de cualquiera de las obras de Aristóteles no es más de 5. En el caso de "La Guerra de las Galias" de Julio César, es escasamente de 8.
Otro de los aspectos de la prueba bibliográfica, es el lapso de tiempo que hay entre la escritura de la obra original y la copia escrita a mano más antigua que poseemos. En el caso de Aristóteles, quien vivió alrededor de 300 años a.C., el lapso es de 1300 años puesto que la copia manuscrita más antigua que existe en la actualidad, data del siglo XI de nuestra era. ¿Qué posibilidad tenemos de reconstruir el texto original de estos autores, a partir de estas pocas y tardías copias realizadas a mano? En el caso de los evangelios, poseemos fragmentos tan cercanos a los escritos originales con tan solo una diferencia de 30 años. No hay un ejemplo en la literatura antigua que pueda compararse con las biografías de Jesús.
Por otro lado, al someter las historias de los escritores de los evangelios a las mismas pruebas a que se someten los testigos en un tribunal, nos encontramos con que superan todas y cada una de éstas evaluaciones. Las pruebas, entre otras, según los expertos son: carácter, consistencia, corroboración, prejuicio, encubrimiento y testigo en contra.
Los evangelistas poseían autoridad moral, es decir el carácter, como para ser veraces; sus relatos de la vida de Jesús contienen las suficientes variaciones en los detalles, como para asegurarnos que no se pusieron de acuerdo para inventar sus historias. Sin embargo poseen consistencia. Es decir, concuerdan casi exactamente en los asuntos centrales. La arqueología nos proporciona corroboración de los marcos cultural y geográfico que son descritos por los evangelios, al haber descubierto inscripciones, recintos, personajes y lugares detallados en dichos relatos. Los escritores sagrados tenían absolutamente nada que ganar al mostrar a Jesús como Dios encarnado y Salvador del mundo. En cambio, tenían todo que perder al hacer tales afirmaciones en una cultura tan estrictamente monoteísta como lo era la judía. Por tanto, no tenían prejuicios para engañar. No había ganancia en ello. Lo único que obtuvieron por sus enseñanzas fueron azotes, cárcel, tortura y por fin, la muerte. Al confesarse envidiosos, conflictivos, faltos de fe en los relatos que ellos mismos redactaron, nos comunican la idea que no encubrían información valiosa a pesar de que ellos quedaran mal parados en su propia reputación. Los testigos adversos que escucharon y leyeron la enseñanza de los apóstoles, hubiesen pronto refutado las historias narradas en caso de que hubieran sido exageraciones o inexactitudes. Sin embargo, no hay absolutamente ejemplo alguno que trate de rebatir lo que ellos predicaron. Por tanto, podemos concluir que en los evangelios contamos con la enseñanza sustancialmente completa de Jesús. Sus palabras fueron preservadas con un alto grado de exactitud. No se puede decir esto de las palabras de ningún otro líder religioso, puesto que sus registros no rebasan las pruebas superadas por los evangelios.
¿QUÉ DIJO JESÚS DE SÍ MISMO?
Si bien es cierto que Jesús, sobre todo en la primera etapa de su ministerio, no se dio a conocer como el Mesías y Dios encarnado a quienes lo escuchaban Él, en buena medida, sugirió que lo era. Es entendible esta forma sutil de darse a conocer puesto que si hubiese sido más claro al respecto, no habría durado tanto tiempo con vida y por tanto no hubiese podido preparar a sus inmediatos seguidores.
En los registros evangélicos encontramos afirmaciones de Jesús que lo identifican como Dios: se iguala a Dios (Juan 10;33); se nombra Señor (Juan 13;13); se erige como juez de vivos y muertos, y recibe la misma honra que Dios (Juan 5;22-23). También perdona pecados, da vida y recibe adoración que sólo Dios podía recibir (Marcos 2;7. Juan 5;21 y Juan 20;28). Además, Jesús se nombra poseedor de los atributos que sólo la divinidad posee. Omnisciencia (Juan 21;17), omnipresencia (Mateo 28;20) y omnipotencia (Mateo 28;18). En forma muy resumida, son éstas las atribuciones que Jesús se apropia.
Jesús dijo de sí mismo que era el medio exclusivo de Salvación y único Dios verdadero, el Salvador del mundo, y sostuvo que la condición eterna de los hombres (la suya, gentil lector y la mía), depende de la aceptación o rechazo de su persona y sacrificio.
¿ES VERDAD LO QUE DIJO JESÚS DE SÍ MISMO?
Hemos demostrado que sustancialmente contamos con las enseñanzas de Jesús en un alto nivel de exactitud y también, que Jesús se iguala a Dios. Pero, al enseñar esto, ¿Jesús hablaba con la verdad?
Solo existen dos respuestas alternativas a la anterior interrogante (y sus respectivas derivaciones), un dilema. O las afirmaciones de Jesús eran verdaderas, o bien eran falsas. Si eran falsas, Jesús lo sabía o no lo sabía. Si lo sabía, no solo era un maestro mentiroso, sino que también era hipócrita (por enseñar a vivir a otros en la verdad sin hacerlo él mismo). Además su maldad era extrema, ya que dijo a los hombres que su condición eterna dependía de su fe en Él. Pero también fue un necio, ya que murió por afirmar que era Dios sin serlo.
Ahora, si sus afirmaciones eran falsas y Jesús no lo sabía, estaba sinceramente engañado en cuanto a su identidad y lo único que podemos asumir es que era un demente. Creo que ninguna de estas alternativas –mentiroso o demente- se ajusta a lo que sabemos de Jesús. Él no solo enseñó, sino que también vivió en el más alto nivel de moralidad, y su carácter y palabras nos dicen que era una persona mentalmente sana (compare el “Sermón del Monte” con lo mejor de los consejos psicológicos).
Convencido estoy que la única alternativa lógica a este dilema, es que lo que dijo Jesús acerca de su identidad es verdadero. Él es Dios, Salvador, Señor y Rey y reclama para sí nuestro arrepentimiento, fe y lealtad. Se presentará al final de los tiempos también como Juez. Es pues razonable tomarle la palabra a Jesús. ¿Querrás tu hacerlo?