martes, 22 de diciembre de 2015

Lecciones de Navidad


Dejando de lado, por un momento, la controversia relacionada a la fecha precisa del nacimiento de Cristo (ambas posturas, a favor y en contra del 25 de diciembre, tienen mérito. Véanse los artículos debajo del presente), considero que la iglesia es inteligente si aprovecha estos días para hablar de la Encarnación y del Evangelio. Esto, a semejanza del punto de apoyo que el apóstol Pablo encontró en los altares de los griegos en Atenas, para publicar las buenas nuevas a ellos, en vez de negarse a hacerlo debido a las divinidades paganas de los filósofos a quienes se dirigió en aquella ocasión (Hechos 17.22).

De manera que, aprovechemos esta ocasión para compartir con nuestros hermanos en la fe y amigos, las lecciones que la Navidad (Nati Vita, que quiere decir «Nacimiento que da Vida») tiene para nosotros. La Navidad nos enseña, que…



HEMOS DE ESCUCHAR A DIOS

Dios habló a los sencillos pastores por medio de ángeles y ellos escucharon (Lucas 2.9-12). La palabra «Ángelo» quiere decir mensajero. En medio de la oscuridad de la noche, resplandeció el brillo de aquellas criaturas de Dios en los cielos, para comunicar las buenas noticias que traerían gozo al pueblo.


Dios habló también a los estudiosos y pudientes sabios por medio de la estrella (Mateo 2.1-2). Ellos escucharon. Los sencillos y los poderosos, ambos necesitan de la misma manera a Dios. Y es que los cielos «cuentan la gloria de Dios» (Salmos 19.1-2). Es muy probable, no podemos asegurarlo, que el fenómeno astronómico observado por ellos, haya sido la triple alineación de los planetas Júpiter, Saturno y la tierra, que se dio unos pocos años antes del inicio de nuestra era. Fenómeno celestial que se produce únicamente cada mil años. De haber sido esto así, la particular colocación de esos astros, significó para los estudiosos el siguiente mensaje: «Un Rey nacerá en Judea». Esto los movilizó. La tradición, basándose en la cantidad de regalos, ha creído que fueron tres estos personajes, a quienes incluso ha asignado nombres basándose en escritos, fuera del Nuevo Testamento (Véase aquí el «Evangelio Armenio de la Infancia», en la cita:  V.10). Pero seguramente fue una caravana la que se trasladó a tierra de Judá, pues sólo en grupo hubieran podido enfrentar las adversidades de tal jornada, que implicaría varios cientos de kilómetros, así como meses de trayecto, y llegarían tiempo después del nacimiento. Ésto último se deduce del hecho por el cual Herodes, luego de investigar el tiempo de aparición de la estrella, ordena matar a los niños de dos años hacia abajo (Mateo 2.16).



Dios también habló a Simeón, pero a él por el Espíritu Santo (Lucas 2.25-26). Él escuchó. No tenemos la plena seguridad del medio que Dios usó para comunicarse con este anciano venerable.  Pudo haber sido una voz audible, una visión, un sueño.  Lo cierto es que la divinidad le comunicó que no moriría sin haber visto antes al Mesías prometido.

Dios usa diversos medios para hablarnos. Un milagro o señal; un mensajero (un libro, un cristiano, un problema, un vecino) o el mismo Espíritu Santo que nos ha tocado ya con su presencia. ¿Lo escucharemos hoy? Dios sigue hablando a los hombres de diversas maneras. Pero Su Revelación definitiva es en Jesucristo (Hebreos 1.1).  En su encarnación (1 Timoteo 3.16). Él nos dice que está interesado en el género humano, que nos ama. También nos dice que no podemos llegar a Él a causa de nuestra imperfección y pecados, por eso es que Él llega a nosotros en su humanidad para dar su vida en rescate nuestro.

Otra lección que la Navidad tiene para nosotros, además de que hemos de escuchar a Dios, es que...

HEMOS DE BUSCAR A DIOS

Los pastores escucharon: pero además buscaron al Rey dejando temporalmente sus rebaños, su forma de vida, y se dieron prisa para encontrarse con Jesús, Dios con nosotros (Lucas 2.15-16).



Los sabios, astrónomos (que no astrólogos), escucharon y además buscaron al Rey viniendo desde muy lejos (Mateo 2.1). Probablemente provenían de la región de Babilonia-Persia, si es que eran (como se ha creído) los descendientes de los Judíos deportados allá en el siglo sexto antes de Cristo. Sin duda que enfrentaron, además de la gran distancia entre su lugar de origen y la tierra de Judea, obstáculos de toda clase: fríos intensos, calores abrazadores, tormentas de arena, amenazas de bandidos y otros peligros. Pero ningún obstáculo los detuvo en su deseo de buscar y encontrar al Rey de los Judíos.

Simeón escuchó al Espíritu Santo y además de ello buscó  al Mesías en el templo (Lucas 2.27-28a).  Quizá día tras día, este hombre de Dios veía ir y venir a parejas con pequeños en sus brazos, hasta que un día, una fuerte intuición en su corazón le hizo acercarse a José y María, quienes traerían a Jesús en sus brazos.

No es lo mismo escuchar que buscar. Hay quien puede escuchar la palabra de Dios, incluso con deleite, y sin embargo, no buscar a Dios. Es conveniente que en estas fechas, hagamos una pequeña pausa en nuestras ocupaciones diarias, y nos apresuremos a buscar y encontrarnos con el Mesías a semejanza de los sencillos pastores, y además dejemos atrás nuestros errores y pecados (1 Corintios 6.9-11).  Que ningún obstáculo nos detenga en nuestro proceso de búsqueda de Dios, como nada detuvo a los sabios orientales al buscar a Emanuel (Mateo 1.23).  Que nos acerquemos al templo donde el pueblo de Dios se reúne y podamos aproximarnos a Jesús, el Salvador del mundo como hiciera Simeón. ¡Busquemos al Señor como lo hicieron todos estos personajes en la primera Navidad!

Una última lección de Navidad que encontramos, además de que hemos de escuchar y buscar a Dios, es esta:

HEMOS DE ADORAR A DIOS

Los ángeles adoraron proclamando la buenas nuevas, el evangelio que trae gozo al pueblo (Lucas 2.10-11). Pero también lo hicieron cantando las glorias de Dios en los cielos (Lucas 2.13-14). Los pastorcillos adoraron cantando a Dios  por lo que vieron y oyeron (Lucas 2.20). Cuando los creyentes hacemos público el mensaje del evangelio que trae perdón y salvación a la humanidad por el sacrificio de Cristo y su resurrección, estamos rindiendo un acto de adoración a Dios. Pero al cantar las glorias de Dios, también adoramos al que reina por siempre.

Los sabios de oriente adoraron entregando cosas materiales a Jesús y sus padres. Hay estudiosos que consideran que el oro obsequiado por los viajeros, bien pudo ser útil cuando la familia debió huir a Egipto, debido a las amenazas de Herodes sobre la vida del niño (Mateo 2.11). Cuando alguien aparta de sus pertenencias algo material para regalarlo para el avance de la obra de Dios en la tierra, sea ropa al desnudo; alimento al hambriento; visitación al enfermo; en suma, le brinda un servicio a alguien en apuros mediante algún bien material, está rindiendo un acto de adoración a Aquél que se interesó en los desvalidos en su estancia terrenal.

El anciano Simeón adoró a Dios profetizando lo que Aquél niño que tomó en brazos, sería y haría (Lucas 2.28-35). Es nuestro privilegio que, a semejanza de él, nosotros adoremos con los dones espirituales que Él nos ha dado para ponerlos al servicio de los demás. Dios es rico en dones (sabiduría, conocimiento, fe, hospitalidad, profecía, sanidades, etc.)  y nos ha dado variedad de ellos para que le adoremos sirviéndole, aunque de maneras distintas (1 Pedro 4.10 y 1 Corintios 12). En suma, se adora a Dios con diversas cosas y haciéndolo de diferentes maneras, pero todos hemos de adorar a Dios con lo que tengamos.



Recordemos pues las lecciones que nos trae la Navidad («Nacimiento que da vida»):  Hemos de escuchar, buscar y adorar a Dios, así como los famosos personajes navideños de los evangelios lo hicieron en la primera navidad, cuando Dios fuera manifestado en carne.

Para informar sobre cómo acercarse a Dios, oprima aquí.

Recuerden: CREER ES TAMBIÉN PENSAR.