domingo, 4 de diciembre de 2016

Virgen de Guadalupe, entre la fe y la razón

Era el sábado 12 de diciembre de 2009 por la noche. Me disponía ya a dormir cuando, inmediatamente antes de apagar el televisor, anunciaron el siguiente programa: Virgen de Guadalupe, entre la fe y la razón. Como el documental iba a ser transmitido por el Discovery Channel, me llamó la atención y me dispuse a disfrutarlo. De cualquier manera, no hubiera podido dormir por los cohetes que tronaban en la calle debido a la celebración Guadalupana.

La impresión general es que dicho canal de televisión de paga es imparcial cuando de presentar investigaciones históricas se trata. Se hizo un buen esfuerzo por presentar ambas posturas acerca del tema, aunque alguien que lo haya visto sin estudiar antes más detalladamente el asunto y ambos lados de la controversia que rodea al asunto, pudiera haberse quedado con la siguiente impresión: los que dudan de las apariciones llevan las de perder. Pero, ¿es así?

No habían transcurrido diez minutos cuando me puse de pie rápidamente, tomé la libreta así como una pluma que tengo junto a mi cama (para el momento cuando me asaltan las ideas muy temprano por la mañana, o bien ya tarde por la noche mientras oro, leo y medito). Como conozco en alguna medida el tema que se desarrollaba, pude tomar al vuelo algunos apuntes que más tarde ampliaría, una vez obtenido el video (y vuelto a analizar varias veces) en internet. Por cierto, les proporciono a continuación el mismo documental, el cual me será útil como base para los comentarios ya desarrollados que en seguida forman parte de este post. Bienvenidos. Analicemos juntos el tema y formen su opinión propia después de conocer con un poco más de detalle ambas posturas. “Creer es también pensar”.



CONTENIDO
El documental considera los siguientes subtemas, además de otros: el debate entre los aparicionistas (los que creen que la virgen se apareció a Juan Diego en 1531) y antiaparicionistas (los que sostienen que esto no sucedió); el Códice 1548 (conocido como Códice Escalada); el Nican Mopohua (la narración de las apariciones en el Tepeyac en lengua náhuatl) y la imagen estampada en la capa de Juan Diego. Así pues, en los siguientes comentarios analíticos que me permito ofrecer a su consideración, será este mismo el orden que seguiré. A medida que vaya presentando las notas, mencionaré entre paréntesis el tiempo en que dicho tema se presenta en el video del documental. Lo haré señalando el minuto y segundos aproximados de presentación de dicho asunto.




EL DEBATE
Como lo mencioné muy brevemente en la introducción, el documental gira en torno al debate entre aquellos que creen que las apariciones de la virgen a un indio llamado Juan Diego en el cerro del Tepeyac en el año de 1531, es un hecho histórico y no solamente una creencia bien intencionada, y aquellos que creen que lo anterior no aconteció. Un comentario muy breve a este mismo proceso de divergencia, se puede apreciar en el video desde su inicio y hasta el minuto 5;18 aproximadamente. Más específicamente a partir del minuto 4;50.

EL SILENCIO UNIVERSAL
El más fuerte argumento de aquellos que se oponen a la creencia en las apariciones, es el así llamado silencio universal. Por éste se entiende el hecho histórico irrefutable de que todas las personas que debieron haber mencionado, no solamente de manera breve sino abundante, el evento aparicionista, no lo hicieron. Este contundente argumento del silencio universal, fue utilizado por Juan Bautista Muñoz y más tarde también por Joaquín García Icazbalceta. El primero, historiador español y creador del Archivo General de Indias, escribió en Madrid en el año de 1794 sus Memorias sobre las apariciones y el culto de nuestra Señora de Guadalupe de México, las cuales presentó ante la Real Academia de historia de España, recibiendo su aprobación. El segundo, historiador mexicano considerado como la máxima autoridad en historia colonial mexicana del siglo XVI escribió en el año de 1883, a insistente solicitud del arzobispo de México, su Carta acerca de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México al ilustrísimo señor arzobispo de México D. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos.
Cuento entre mis libros con ambos documentos. Como también con una relación o catálogo de quince fuentes (que no autores, pues éstos son muchos más) que debieron forzosamente mencionar el evento guadalupano, sin embargo no lo hicieron. Entre ellos se cuenta fray Juan de Zumárraga, franciscano y primer obispo de México y supuesto testigo principal del suceso del Tepeyac. En ninguna de sus obras conocidas, ni siquiera en su testamento (el cual poseo también y he leído) menciona el acontecimiento (video 8:00).

Es importante mencionar que en el documental presentado por Discovery Channel, el presbítero José Luis Guerrero, promotor de la causa Juandieguina, argumenta que "no contamos con todo lo que Zumárraga escribió". Esto es correcto. Sin embargo, contamos con un gran material, sobre todo catequético, que fue redactado por el religioso pocos años después de 1531, en el que a juicio de los historiadores debió mencionarse el acontecimiento y no fue así.

Además, hay un argumento muy fuerte que se basa en el hecho de que, en su Regla Cristiana Breve, publicada por el franciscano en 1547, dice: "Ya no quiere el redentor del mundo que se hagan milagros, porque no son necesarios, pues está nuestra santa fe tan fundamentada por tantos miles de milagros como tenemos en el testamento nuevo y viejo". Esto llevó al historiador García Icazbalceta a preguntarse: "¿Cómo decía eso el que había presenciado tan gran milagro?". Zumárraga escribió también lo siguiente, lo cual parece muy extraño si es que presenció el portento de la aparición de la Virgen en la capa de Juan Diego: "No queráis, como Herodes, ver milagros y novedades por que no quedéis sin respuesta: lo que Dios pide y quiere es vidas milagrosas, cristianas, humildes, pacientes y caritativas". De esta manera el obispo niega indirectamente haber visto él mismo alguna vez el portento del Tepeyac. Por cierto, Manuel Olimón Nolasco, sacerdote católico, historiador por la Universidad Pontificia Gregoriana en Roma, quien ha fungido como profesor fundador de la Universidad Pontificia de México y ocupa otra serie de cargos en el clero de la iglesia romana, nos menciona también lo anterior respecto al primer arzobispo de México en su libro La búsqueda de Juan Diego de la editorial Plaza y Janés, en la página 169.

Hay otro documento que, al igual que el recién mencionado, sorprende ampliamente si es que las apariciones sucedieron en realidad. Se trata de la introducción que el bachiller Luis Lasso de la Vega hizo al libro del bachiller Miguel Sánchez titulado Imagen de la Virgen María madre de Dios de Guadalupe celebrada en su historia con la profecía del capítulo doce del Apocalipsis. Esta es la primera obra impresa donde se habla explícitamente de la aparición en el Tepeyac. Dicha obra fue publicada en 1648, es decir 117 años después del supuesto prodigio. Olimón Nolasco, quien aunque católico y mariano no cree en las apariciones, en su libro citado anteriormente en la página 110, menciona lo siguiente respecto a la obra de Sánchez:

La historia fue una completa sorpresa para la gente y los clérigos de la ciudad de México, como lo muestran la carta de introducción de Lasso de la Vega y el testimonio de otras personas, como Antonio de Robles. Se llegó a decir que la gente de la Ciudad de México había 'olvidado' la historia a lo largo de más de un siglo.

Icazbalceta nos dice respecto a este mismo libro:

Miguel Sánchez publicó al final de su libro, una carta elogiosa del Lic. Luis Lasso de la Vega, vicario de la ermita de Guadalupe, en la cual éste confiesa abiertamente que él y todos sus antecesores, habían sido 'unos Adanes dormidos que habían poseído esta Eva segunda sin saberlo, y a él le había cabido la suerte de ser el Adán despertado'. Lo cual en idioma común quiere decir que ni él ni todos los vicarios o capellanes de la ermita habían sabido palabra del origen milagroso de la imagen que guardaban, hasta que el padre Sánchez lo había revelado. El vicario de la capilla de Guadalupe, guardián de semejante prodigio ¿no lo sabía antes de leer la obra de Miguel Sánchez?

A este mismo respecto, fray Servando Teresa de Mier en sus Memorias, editorial Porrúa, primer tomo página 17, nos dice:
En 1648, es decir, 117 años después de la aparición, se dio a luz en México por Sánchez su primera historia, sin fundarla en documento alguno, y nació con ella la dificultad y la oposición. El capellán mismo del santuario, Lic. Lasso, escribió al autor felicitándole por la noticia, que le tomaba enteramente por sorpresa, porque hasta entonces ni él ni sus antecesores los capellanes de la ermita de Guadalupe habían sabido la Eva que allí poseían.

Preguntamos: ¿es esto posible si tan gran milagro hubiese sucedido? A todas luces vemos por lo anteriormente mencionado, que antes de 1648 (117 años después de 1531), nadie sabía absolutamente nada de la narración de las apariciones.



Ahora, entre otras fuentes que debieron haber mencionado el suceso encontramos las siguientes: El primer obispo de Tlaxcala, fray Julián Garcés, dominico contemporáneo del señor Zumárraga, quien escribió su carta al Papa Paulo III en 1537, ignoró el suceso; fray Bartolomé de las casas, dominico, segundo obispo de Chiapas, contemporáneo también a los anteriores. Tuvo éste mucho trabajo en la defensa de los indios, por lo que le habría servido mucho para su objetivo mencionar esa aparición realizada a uno de ellos. La dejó en el tintero; el obispo de Santo Domingo, don Sebastián Ramírez, quien pasó por México precisamente en 1531 como presidente de la segunda audiencia y debió referir esa señal celestial. Lo calló en sus cartas dirigidas al emperador y publicadas en 1532; el conquistador Hernán Cortés en sus cartas al emperador a partir de 1532 y hasta 1547, tampoco hace el más leve comentario al acontecimiento. Así podemos mencionar también al arzobispo Montúfar, dominico, sucesor de Zumárraga; al primer virrey don Antonio de Mendoza; al segundo virrey don Luis Velasco y a su sucesor don Martín Enríquez. Se encuentran también entre los autores que debieron mencionar la mariofanía, los obispos que asistieron a los tres concilios mexicanos; fray Toribio de Motolinía; fray Bernardino de Sahagún; el padre Torquemada y decenas más. Todos ellos callaron.

Teresa de Mier escribió: "El silencio en la historia es prueba, y si es universal, demuestra". En sus Memorias, primer tomo página 60 en adelante, dicho autor nos dice:

Bernal Díaz... de su aparición,... ni una palabra. Tampoco la hicieron los cronistas reales que los reyes nombraron de propósito para escribir la historia de Indias, aunque no omite milagros, y el maestro Gil González Dávila amontonó... menos hubiera callado la historia de Guadalupe, escribiendo la vida de Zumárraga. Y qué diremos del silencio de los indios, los más interesados en la materia, aunque escribieron en su lengua y la nuestra muchos volúmenes de historia, de que no existen pocos.

El silencio pues no sólo fue español, como menciona el padre José Luis Guerrero, partidario de las apariciones, en el video (diciendo que es un argumento racista), sino también fue indígena. Entre las fuentes que poseo respecto a este tema, tengo por ahí la obra de Xavier Noguez titulada Documentos Guadalupanos. Un estudio sobre las fuentes de información tempranas en torno a las mariofanías en el Tepeyac, de la editorial Fondo de Cultura Económica. Es un tomo de gran valor compuesto por 275 páginas, entre las cuales el autor analiza no sólo las fuentes españolas que debieron mencionar el milagro guadalupano, sino también las fuentes indígenas. Tampoco en estas últimas se encuentra relatado el acontecimiento. De manera que sí, el silencio fue universal en toda la extensión de la palabra. Por lo anterior concluimos que las menciones no solo no "fueron escasas" como dice el documental en 7:25, sino que fueron ¡inexistentes! De allí el argumento conocido como "silencio universal".

EL ARGUMENTO POSITIVO
Adicional al argumento del silencio universal o argumento negativo (como se le conoce también), los historiadores que se han dado a la tarea de analizar el caso, han desarrollado asimismo lo que se conoce como el argumento positivo. Este consiste en ciertos datos extraídos de un documento conocido como Las informaciones de 1556. En ese año era arzobispo de México Alonso de Montúfar (dominico), y el principal de los franciscanos era fray Francisco de Bustamante. En resumen y en palabras de Xavier Noguez, este documento llevaba el propósito principal, no de dar a conocer el milagro y el culto guadalupanos, sino más bien hacer referencia a una controversia presentada alrededor de la inclusión y aceptación de ideas que venían de la religión prehispánica, en la religión católica impuesta por los conquistadores.

El 6 de Septiembre de 1556, Montúfar predicó un sermón en honor a la Virgen María y la presencia de una imagen suya en el Tepeyac. Para los franciscanos esta fue una señal de aceptación de tal culto, por lo tanto se dieron prisa a protestar en contra de lo que ellos consideraban un error por parte del arzobispo. Dos días después, en la celebración de la natividad de la virgen, fray Francisco de Bustamante aprovechó el uso del púlpito que se le había asignado, para aclarar la posición franciscana. En presencia de altas autoridades civiles y religiosas españolas, el provincial declaró su oposición al culto que se estaba levantando "sin fundamento" (note usted, "sin fundamento"). Al día siguiente, Montúfar mandó levantar una información convocando a algunos testigos presenciales del sermón, con el objeto de abrirle un proceso legal-eclesiástico a Bustamante. Dicho proceso no llegó a su fin, y sabemos que Bustamante no solo no fue reprendido o corregido por nada de lo que dijo, sino que no fue removido de su cargo, e incluso fue reelecto para el mismo en 1560. Gracias a este documento publicado por primera vez en 1888, tenemos noticias muy importantes respecto al tema que estamos tratando. Noticias derivadas de testigos presenciales, lo cual hace dichos datos terminantemente fidedignos. Entre muchas cosas interesantes que pudiéramos mencionar sólo presentaré las siguientes que el franciscano pronunció en su sermón y, reitero, por ninguna de ellas fue desmentido ni procesado:

  • Bustamante afirmó que la imagen a la que se daba culto en el Tepeyac, había sido pintada por un indio de nombre Marcos, la cual no hace milagros.
  • Bustamante afirmó que se oponía al culto de imágenes, ya que la reverencia se debería dar a lo representado por las imágenes "y no a la pintura ni al palo".
  • Bustamante afirmó que a los indios se les debería enseñar primordialmente la adoración a Dios. La virgen sólo era su madre, pero no era Dios ella misma.
  • Bustamante afirmó que era un error hacer creer a los indios que la imagen hacía milagros, porque al no recibirlos, perderían toda devoción.
  • Bustamante afirmó que, debido a lo anterior, era necesario castigar (con cien azotes a quien lo hubiera dicho, y con doscientos a quien de ahí en adelante lo dijera), a quienes estaban difundiendo milagros falsos.

La referencia al "indio Marcos" (cuyo nombre ahora sabemos era Marcos Cipac de Aquino), ha sido relacionada a uno de los pintores más famosos de la escuela fundada por fray Pedro de Gante.

García Icazbalceta nos dice a este mismo respecto en su Carta..., Ediciones del Milenio, pp.33-4 inciso 30:

…fray Francisco de Bustamante, provincial de los franciscanos, que gozaba créditos de grande orador. Después de haber hablado excelentemente del asunto propio del día, hizo de pronto una pausa, y con muestras exteriores de encendido celo, comenzó a declamar contra la nueva devoción que se ha levantado sin ningún fundamento «en una ermita o casa de Nuestra Señora que han intitulado de Guadalupe», calificándola de idolátrica, y aseverando que sería mucho mejor quitarla, porque venía a destruir lo trabajado por los misioneros, quienes habían enseñado a los indios que el culto de las imágenes no paraba en ellas, sino que se dirigía a lo que representaban, y que ahora decirles que una imagen pintada por el indio Marcos hacía milagros, que sería gran confusión y deshacer lo bueno que estaba plantado, porque otras devociones que había tenían grandes principios, y que haberse levantado ésta tan sin fundamento le admiraba: que no sabía a qué efecto era aquella devoción, y que al principio debió averiguarse el autor de ella y de los milagros que se contaban, para darle cien azotes, y doscientos al que en adelante lo dijese: que allí se hacían grandes ofensas a Dios: que no sabía a dónde iban a parar las limosnas recogidas en la ermita, y que fuera mejor darlas a pobres vergonzantes o aplicarlas al hospital de las bubas, y que si aquello no se atajaba, él no volvería a predicar a indios, porque era trabajo perdido. Acusó luego al Arzobispo de haber divulgado milagros falsos de la imagen: le exhortó a que pusiera remedio en aquel desorden, pues le tocaba como juez eclesiástico; y por último dijo, que si el Arzobispo era negligente en cumplir con ese deber, ahí estaba el virrey, que como vicepatrono por Su Majestad podía y debía entender en ello.




Más adelante, en el párrafo 32, Icazbalceta en su Carta… continúa diciendo a De La Bastida y Dávalos, arzobispo, quien le pidió la investigación sobre las apariciones:

Vuestra Señoría Ilustrísima tiene a la vista el expediente original, y puede cerciorarse por sí mismo de su autenticidad, y de que en él se encuentra lo que dejo extractado. Después de leído el documento, a nadie puede quedar duda de que la Aparición de la Santísima Virgen el año de 1531 y su milagrosa pintura en la tilma de Juan Diego es una invención nacida mucho después.


Para un mayor análisis sobre Las informaciones de 1556, consulten la obra de Edmundo O'gorman Destierro de sombras, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, en el capítulo tercero, págs. 65-112.

NICAN MOPOHUA
Pasemos ahora a considerar la principal fuente de la narración del suceso del Tepeyac, el Nican Mopohua. ¿"No estoy yo aquí que soy tu madre?", es quizá una de las frases más conocidas por los mexicanos y la encontramos en ese documento precisamente. Se trata de la relación en náhuatl de las apariciones. Sin el afán de entrar en detalles aquí, sólo comentaré que en el video, a partir de 5:19 (y antes también, en 3:29), se maneja la idea por parte de los aparicionistas, que dicho documento debiera ser suficiente para probar el portento.

El asunto es que la primera publicación de la mencionada narración proviene del año 1649, es decir 118 años después de la mariofanía y nos llega por mano de Luis Lasso de la Vega. Este, como ya mencioné, un año antes redactó la introducción al libro del padre Miguel Sánchez y cándidamente confesó que tanto él como sus antecesores habían ignorado la historia de las apariciones. El lapso de más de un siglo, así como la confesión del que se conoce como el redactor del Nican, ha provocado entre los estudiosos el rechazo del mismo como una fuente confiable históricamente hablando. Por otro lado, no se sabe con certeza si Lasso de la Vega haya sido el autor, o bien don Antonio Valeriano, discípulo de fray Bernardino de Sahagún (oponente del culto guadalupano, como veremos después) en el colegio de la Santa Cruz en Tlatelolco. Yo me inclino por la primera hipótesis, en virtud de la oposición al culto guadalupano que Bernardino de Sahagún, mentor de Valeriano, tenía. Detalles más adelante.

Ahora bien, objeto de análisis por años y años, el Nican Mopohua parece ser, o bien una obra teatral o por lo menos un relato artístico apegado al molde de los cantares mexicanos propios de los indígenas, elaborado con el propósito de inculcar el catolicismo a los naturales de la nueva España. A esta disyuntiva han arribado, por ejemplo, Xavier Noguez (historiador mexicano que aparece como la contraparte del punto de vista aparicionista en el video de Discovery Channel), Stafford Poole (sacerdote católico estadounidense, historiador distinguido), Carlos Warnholtz (antiguo arcipreste de la basílica de Guadalupe, quien perdió su empleo por expresar su punto de vista respecto este tema), Guillermo Schulenburg (abad emérito de la misma basílica, y quien fuera muy señalado por mencionar gentilmente que la historia de las apariciones era una leyenda), así como Esteban Martínez de la Serna (Excanónigo Emérito de la Colegiata de Santa María de Guadalupe en 2000). Ellos publican una carta en el ya mencionado libro cuyo autor es Olimón Nolasco, y nos dicen en la página 166:

¿Se trata de una catequesis literaria respecto a la santísima virgen María para indoctrinar a los indígenas, o es acaso una representación teatral en cuatro actos, hecha con esta misma finalidad por algunos de los grandes misioneros del siglo XVI? No lo sabemos. Los testimonios que se aducen para defender la historicidad de esta bella y piadosa relación no son probatorios.


En otra carta publicada en la misma obra, en la página 178, la cual firman los personajes también antes mencionados más algunos otros, encontramos:

Autores muy serios han llegado a la conclusión de que la historia de las apariciones de nuestra Señora de Guadalupe en el Tepeyac es una bella narración catequética, escrita muy posteriormente a la fecha que se da en el texto, sin que se den las bases para afirmar un fenómeno estrictamente sobrenatural.


Richard Nebel llega a la misma conclusión en su libro Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe, editorial Fondo de Cultura Económica, en las páginas 235-247. David Brading, historiador norteamericano, respalda la conclusión de Nebel en su libro La virgen de Guadalupe, imagen y tradición de la editorial Taurus, página 532. De fray Servando Teresa de Mier, en su obra ya citada, en la página 43 tenemos lo siguiente:

La historia de Guadalupe es una comedia del indio Valeriano, forjada sobre la mitología azteca tocante a la Tonantzin, para que la ejecutaran en Santiago, donde era catedrático, los inditos colegiales que en su tiempo acostumbraban representar en su lengua, así en verso como en prosa, las farzas que llamamos autos sacramentales, muy de boga en el siglo XVI en España y en América. Y por eso hizo Valeriano a Santiago como lugar de la escena objeto de los viajes de Juan Diego, aunque natural feligres de Cuautitlán, y aunque quizás tampoco existía entonces la iglesia de Santiago.


Ni duda cabe que el Nican Mopohua es una pieza literaria considerada por muchos como muy preciosa. He tenido la oportunidad de leer su poesía. El asunto es que con sólo hacerlo detenidamente, uno cae en la cuenta de manera inmediata que un "macehual" (por encima de esclavos pero debajo de los nobles) no pudo haber utilizado lenguaje tan elevado. Además, el mismo documento está lleno de anacronismos. Permítame mencionar lo siguiente:

Parece muy improbable que el autor haya sido Antonio Valeriano escribiendo alrededor de los años de 1555-1556 (video 5:20). El mismo documental en 7:20 reconoce que la publicación del documento data del año 1649 por el licenciado Lasso de la Vega y no existen copias anteriores. Es verdad, algunos estudiosos han concluido que éste no pudo ser el autor del relato, ya que la autoría implicaba un profundo conocimiento del náhuatl (Lasso conocía, aunque no perfectamente, la lengua. Además, pudo recibir ayuda indígena). Sin embargo, tenemos un dato muy claro con respecto al maestro-tutor de Antonio Valeriano en el colegio donde era profesor, fray Bernardino de Sahagún. A este respecto, Richard Nebel en su obra ya citada, en la págs. 214 nos dice lo siguiente:

Bien sabemos que Sahagún reprobaba la integración al cristianismo de antiguos elementos religiosos mexicanos, pues temía que se formara un incontrolable sincretismo de lo cristiano y lo mexicano antiguo. Recordemos, a este respecto, aquel pasaje famoso sobre el culto a la Tonantzin en el Tepeyac, que se le lee en el apéndice del libro XI de la Historia General de las cosas de la Nueva España, y también el comentario al calendario mexicano. Tomando esto en consideración, es casi imposible que Sahagún hubiera permitido a sus estudiantes en Tlatelolco la elaboración de un documento en el que se dejan entrever fuertes reminiscencias mexicanas antiguas, como es el caso del Nican Mopohua.


Por otro lado, considere usted los siguientes comentarios basados en el texto del Nican que ofrece Miguel León-Portilla en su libro Tonantzin Guadalupe. Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el Nican Mopohua, de la editorial Fondo de Cultura Económica a partir de la página 91 (los comentarios que bordean el texto son míos):

Justo al principio de la narración, en el tercer párrafo se lee: "Entonces, en el año 1531,... había un hombrecillo... Juan Diego. Se dice que tenía su casa en Cuauhtitlán. Y en cuanto a las cosas divinas, aún todo pertenecía a Tlatelolco". El problema aquí radica en que en 1531 ya había una parroquia en Cuauhtitlán y una ermita en el Tepeyac.

Inmediatamente después, en el párrafo siguiente, el texto dice: "y era sábado, todavía muy de mañana, venía en seguimiento de las cosas divinas...". La problemática aquí se encuentra en que las ceremonias de culto no eran en sábado, sino en domingo.

Más adelante, casi al final del texto, leemos lo siguiente con respecto a la enfermedad de Juan Bernardino, tío de Juan Diego: "... quería acercarse a su casa, ir a ver a su tío Bernardino, que se hallaba muy mal cuando lo dejó, y había ido a clamar a uno de los sacerdotes, allá a Tlatelolco, para que lo confesara, lo fuera a disponer,...". El anacronismo aquí consiste en que en 1531, los sacramentos como la confesión no se administraban a los indígenas, ya que en aquella época eran considerados como seres sin alma. No fue sino hasta 1540 que se inició la administración de sacramentos a los indios. Respecto a Tlatelolco, éste fue fundado hasta el año de 1536 (es decir, cinco años después de lo que menciona el relato náhuatl).

Las anteriores son algunas de las razones que me han llevado a convencer con el paso de los años, que este poema no es un documento que narra un evento histórico, sino un relato para comunicar el credo católico a los indígenas de nuestro país. ¿Qué piensa usted?



Por cierto, la procesión y el traslado de la imagen por parte de Zumárraga y descrita en el Nican en sus párrafos finales, es contradicha por Teresa de Mier en sus Memorias, páginas 15-17. En las páginas 80-88 de la misma obra, hay más argumentos adversos a la narración en náhuatl. Sin embargo, ya no me permitiré presentar esos textos, pues no quiero extenderme mucho más en este punto. Sólo diré que en estas páginas, el ilustre regiomontano presenta lo ilógico que eran las rutas que Juan Diego siguió en el relato, como también el nombre que la Virgen mandó se le diese ("Guadalupe", que significa "río de lobos"). Esto último por la dificultad que implicaría para los indígenas el pronunciarlo, ya que su lengua carecía de las letras G y D. En fin, hay mucho más que decir sobre este tema, pero me detengo aquí.

CODICE ESCALADA
El Códice 1548 también conocido como Códice Escalada es un documento relativamente nuevo, totalmente desconocido hasta antes de 1997. Se trata de un códice colonial, de aproximadamente 13.3 por 20 cms., elaborado en piel curtida de animal. El análisis del documento revela elementos interesantes, como el que (se dice) es la firma de fray Bernardino de Sahagún. El pictograma principal del códice muestra un paisaje en el que se aprecia a un indio hincado, a los pies de un monte, frente a la imagen Guadalupana. El sol asoma a espaldas de la imagen. Por otra parte, en el extremo inferior derecho del observador, se ha identificado un glifo que (se dice) corresponde a Antonio Valeriano. (Véase el video a partir de video 9:06).



El documento, de acuerdo a la investigación del Discovery Channel, fue sometido a un estudio de "espectroscopía para determinar la composición química y física del soporte y de las tintas del que está hecho. Se utilizó además una técnica nuclear llamada pixe o de emisión de rayos x inducida. Esta técnica, que permite cuantificar de manera muy exacta los elementos que componen una muestra, se realiza por lo general al vacío. Para este estudio, los científicos mexicanos tuvieron que adecuarla, pues someter el 'Códice de 1548' al vacío, hubiese significado su destrucción".

Respecto al comentario antes mencionado, debo decir que es notorio y no debemos olvidar que la prueba científica no fue realizada como se debía, por lo tanto no hay seguridad absoluta de que los materiales y tintas provengan de mediados del siglo XVI. Por otro lado, una antropóloga que aparece en el mismo documental, reconoce también estas dificultades añadiendo además la de que los materiales supuestamente provenientes de la fecha mencionada, se siguieron utilizando a lo largo de todo el periodo del virreinato (11:43 en el video). El resultado del análisis que el experto en Bernardino de Sahagún emitió acerca de “su” firma en el Códice fue informal (según el mismo documental señala). Y no podía ser de otra manera, creo, ya que examinó el documento a partir de una copia. Si hoy día pueden falsificarse muy bien billetes que cuentan con elementos de un alto nivel de seguridad, piense en las posibilidades que presenta el documento en cuestión.

Por lo anterior, resta analizar el documento desde el punto de vista histórico en base a los elementos que componen el dibujo plasmado en la piel de animal. Aquí es donde aparecen las dificultades. Dificultades que, por supuesto, no fueron presentadas en el video del Discovery. Veamos:

El sacerdote católico y mariano Manuel Olimón, en su libro La búsqueda de Juan Diego páginas 60 y 61, nos dice lo siguiente:

En una entrevista que di a María Elena Medina y que se publicó en los diarios del grupo Reforma el 12 de diciembre de 1999, y de soslayo en mi artículo del 23 del mismo mes en El Universal, consideré a este 'Códice' como un 'palimpsesto', lo que produjo una reacción especialmente sentida del padre Escalada. Con esa palabra quise destacar la sobreposición de firmas y rasgos, sin tocar el punto, que me sigue pareciendo difícil, de aceptar la autenticidad y congruencia del documento mismo, que no había sido presentado antes de 1997.


Olimón cita a otro sacerdote de nombre Francisco Miranda, quien hace el siguiente comentario:

Se proponen fechas globales para adaptarlo, siendo que la misma letra de las adiciones es claramente posterior a la antigüedad de la pintura y debe quedar pendiente la averiguación del cuándo de las firmas de Sahagún y del sello de Valeriano.


Con relación a esta diferencia en la firma de Sahagún y de la fecha en sí que aparece en el documento (1548), el mismo video del documental lo reconoce en 12:22 en adelante. Es decir, hay sobreescritura, como lo menciona Olimón, en el documento. En otras palabras, el documento es falso. Solo piense, por favor, en esto: ¿cómo le llamaría usted a un cheque en el que tanto la fecha como la firma del titular están alteradas? Usted no puede simplemente decirle al cajero del banco: "Todo lo demás está bien, solo la fecha y firma están alterados, por favor, sírvete pagármelo."

Olimón menciona también en su libro los siguientes comentarios de un sacerdote norteamericano, historiador renombrado, Stafford Poole:

... se observa que el documento contiene un buen número de anacronismos e inconsistencias... la fecha '1548' está escrita por una mano posterior, no necesariamente del siglo XVI... el nombre-glifo para Antonio Valeriano,... indica que era juez, cargo que recibió hasta 1573...


En la página 151 del libro mencionado, el sacerdote dice: "El códice 1548 ha sido ya examinado con seriedad por expertos, y resulta una realidad terminada de construir mucho tiempo después de esa fecha".

Por otro lado sigue en pie un argumento contundente que niega que el Códice pueda tener la firma de fray Bernardino de Sahagún, porque como ya hemos mencionado anteriormente, este era completamente adverso al culto guadalupano. No es posible que él haya avalado el documento con su firma. Veamos qué pensaba el fraile respecto a este culto en su Historia General de las cosas de la Nueva España. Apéndice del libro XI. (Vea el video en el minuto 13:00 en adelante).:

Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lejas tierras. El uno de estos es aquí en México, donde está un montecillo que se llama Tepeacac y los españoles llaman Tepeaquilla, y ahora se llama Nuestra Señora de Guadalupe. En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los Dioses, que ellos la llamaban Tonantzin, que quiere decir nuestra madre. Allí hacían muchos sacrificios a honra de esta diosa, y venían a ellos de muy lejanas tierras, de más veinte leguas de todas estas comarcas de México, y traían muchas ofrendas: venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas. Era grande el concurso de gente en estos días; y todos decían «vamos a la fiesta de Tonantzin»; y ahora que está allí edificada la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, también la llaman Tonantzin, tomando ocasión de los predicadores, que a Nuestra Señora la Madre de Dios la llaman Tonantzin. De dónde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin no se sabe de cierto; pero esto sabemos de cierto, que el vocablo significa de su primera imposición a aquella Tonantzin antigua; y es cosa que se debería remediar, porque el propio nombre de la Madre de Dios, Señora nuestra, no es Tonantzin sino Dios y Nantzin. Parece esta invención satánica para paliar la idolatría debajo la equivocación de este nombre Tonantzin; y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes; la cual devoción también es sospechosa porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora y no van a ellas, y vienen de lejanas tierras a esta Tonantzin como antiguamente.

Por último debo decir que la fecha en que el Códice 1548 (ahora llamado Códice Escalada) apareció, resulta muy sospechosa (algo que Xavier Noguez reconoce en el video en 14:55). El documento aparece "de la nada". Y precisamente cuando estaba por salir a la luz la Enciclopedia Guadalupana, editada por... ¡el propio padre Xavier Escalada! Y esto, para tratar de solucionar el grave problema que el "silencio universal" representa para aquellos que creen en el milagro de las apariciones.

LA IMAGEN
Hemos llegado a la parte más polémica del tema, el análisis de la imagen. (Véase el video a partir de 15:30). En el documental, el lienzo se presenta como la prueba definitiva, evidencia irrefutable, que atestigua el milagro. Muchos son los estudios que se han hecho a la imagen. Desde el material de que está conformada, hasta los pigmentos utilizados. Se mencionan en el video, principalmente, dos de estas series de estudios, los de 1666 y los de 1723. El objeto de estos análisis era demostrar que la pintura es de carácter sobrenatural. En 17:06 del video, el padre Escalada dice que los analistas se sorprendieron puesto que no conocían pintura igual, que hecha en un lienzo sin preparación y rudo como un costal, se pudiera pintar. Según el relato guadalupano, la imagen de María se habría estampado en la tilma o ayate del indio Juan Diego, elaborado con la fibra del maguey. "Una tela mala para una pintura, de plano", dice el Pbro.José Luis Guerrero.

En 18:26 del video se nos dice que en 1981, el restaurador José Sol tuvo la encomienda de cambiar el sistema de soporte del lienzo de la virgen. Derivado de la cercanía que tuvo con la imagen, él comenta (contradiciendo al sacerdote José Luis Guerrero) que "definitivamente no es una fibra dura proveniente de plantas del tipo del maguey, pero la fibra de cáñamo es más suave, parecida al lino. La consistencia del material de la imagen nos hace indicar que es cáñamo."

En una carta dirigida al secretario de estado del Vaticano, firmada por Guillermo Schulenburg, por el Dr. Carlos Warnholtz y Esteban Martínez de la Serna , revelada en el libro La búsqueda de Juan Diego, página 161, se lee lo siguiente:

Por lo que respecta a la imagen de nuestra Señora en sí misma, que se venera en la basílica desde tiempo inmemorial, y que supuestamente es el ayate de Juan Diego hecho de fibra de maguey, ya desde el siglo XVIII se sabía perfectamente que 'el lienzo en que está pintada la santa imagen', como dice don Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, fervoroso guadalupano y aparicionista, en su escrito ‘Baluartes de México’ (1775-1779), no es de ixtle o fibra de maguey, sino de hilo de palma o algodón, siendo su tejido más tupido que el 'ayate', que es más vasto y ralo. Con motivo del trabajo de conservación, mandamos analizar nuevamente algunos de sus hilos, y encontramos que era cáñamo.


Respecto a que desde el siglo XVIII se sabe perfectamente que el material en que está pintada la imagen no es fibra de maguey sino otro material más fino (preparado para pintarse en él), leemos en la obra multicitada de Teresa de Mier en las páginas 47 en adelante lo siguiente:

Digo también que no puede sostenerse como verdadero que el lienzo de la imagen de Guadalupe sea la capa usual de Juan Diego, por tres razones: la primera, porque la capa de un indio mexicano consta precisamente de tres piernas, como todos saben y afirma Tanco, y el lienzo de nuestra Señora no tienen más que dos [...] La segunda razón para no ser verdad que el lienzo de la imagen es la capa de Juan Diego, nace de la calidad del indio, que era macehual u ordinario; y, por consiguiente, su capa o tilmatli debía ser de ixtle o hilo de maguey, especialmente reciente la conquista como antes. Esta era una etiqueta tan rigurosa entre los aztecas, que un hijo mismo del emperador de México no podía llevar la capa de otro género antes de haber ganado una batalla...La plebe mexicana, también suponiendo hasta hoy lo mismo, llama todavía al lienzo de nuestra imagen ayate, que es de tejido de maguey. Es así que está averiguado que no es tal, desde el tiempo del cura Tanco, y Bartolache ha demostrado jurídicamente con fe de escribanos y pintores que es de palma de iczotl, suave como el algodón, tan fino y bien tejido,... luego no es capa o tilma de Juan Diego. La tercera razón para probar lo mismo es que el lienzo de Nuestra Señora,... está más suave por el haz que por el envés. Es así que de la misma manera están todas las pinturas hechas en el lienzo de palma iczotl, que destinaban los indios para pinturas finas, porque dice Boturini que bruñían primero la parte que pintaban. Luego el lienzo de Nuestra Señora es un lienzo preparado a estilo de los indios para pintar en él, y no es la capa del indio Juan Diego [...]- dice Torquemada- se dieron los indios a pintar muchas imágenes que llevaban y dejaban en las iglesias, donde cada día remanecían sin saber quién las había traído.


Lo anterior parece coincidir totalmente con el dictamen del restaurador de obras de arte José Sol, que es presentado en el video y a quien cité aquí arriba. No es el lienzo el ‘ayate’ de un indio. Es un material fino, expresamente preparado para la pintura.



En cuanto a que la imagen que se venera en la basílica es obra de un pintor indígena, me permito citar que en otra carta, pero ahora dirigida al arzobispo primado de México, cardenal Norberto Rivera Carrera, fechada el 28 de enero de 2002 y firmada por el Dr. Carlos Warnholtz, leemos:

Tuve la suerte (mala o buena) de contemplar de cerca y directamente la imagen original la noche del 4 de noviembre de 1982, y desde entonces dejé de creer que se haya estampado milagrosamente en la tilma de Juan Diego (o sea, dejé de creer que 'no fue pintada por mano humana'). Pero me he cuidado muy bien, y me seguiré cuidando, de externar esto delante de la gente que pudiera sufrir ruina espiritual de alguna manera.


El 28 de mayo de 1996, el periódico La Jornada publicó una entrevista hecha al abad de la basílica Guadalupana, Guillermo Schulenburg (aquí para verla completa). Entre otras cosas que dijo en ella, les presento algunas continuación (la aclaración entre paréntesis es mía).:

Más adelante, cuando se aborda el tema del rostro y la imagen de la Virgen de Guadalupe, dice: 'Cuando llegué a abad y subí por primera vez para tener contacto con la imagen, sentí que me encontraba con algo pintado por Dios y no por mano del hombre; entonces toda mi psiquis y mi devoción me decían que estaba ante un milagro',...(ahora dice al respecto): 'Sí, indudablemente es muy bella, y si fue obra de una mano indígena, cosa en la que creo, porque pienso que fue una mano indígena, mis respetos para el indio que la pintó'.


Estimado lector, estos comentarios no provienen de ateos o agnósticos. Ni siquiera de protestantes o evangélicos (como lo soy yo). Sino de católicos, sacerdotes eruditos y además guardianes de la basílica y de la imagen que ésta hospeda, quienes estuvieron muy cerca, a cosa de centímetros, del cuadro.

La revista Proceso en su número 1343 con fecha 28 de Julio de 2002, en las páginas 17-18, publicó una entrevista cuyo título es "Un restaurador de la Guadalupana expone detalles técnicos que desmitifican a la imagen", parte de la cual reproduzco en seguida. (Para leerla completa opriman aquí).

Cuando el restaurador José Antonio Flores Gómez tuvo a la mano la imagen de la Guadalupana, en 1947, no le quedó duda: se trataba de la obra de un artista, no el producto de un milagro. Desde entonces ha guardado silencio. Ahora, en entrevista con Proceso, relata los pormenores de los trabajos de restauración que realizó a la imagen, en la que encontró descarapeladuras propias de cualquier pintura humana, lo mismo que las huellas de otros muchos retoques hechos en el curso de los siglos.


La misma revista Proceso, con fecha 25 de mayo de 2002, publicó el artículo titulado "La Guadalupana: tres imágenes en una". En dicho texto, en parte se lee (para leerla completa, opriman aquí):

De acuerdo con un estudio inédito, elaborado por un experto en arqueomicrobiología, la imagen venerada de la Virgen de Guadalupe está formada en realidad por tres figuras superpuestas, la más antigua de las cuales fue pintada por Marcos Aquino en 1556.


Tengo entre mis documentos sobre este tema, uno de tres libros del citado experto en arqueomicrobiología (estudio de la microbiología de objetos muy antiguos), Leoncio Garza-Valdes (otro estudioso católico), Tepeyac, cinco siglos de engaño de la editorial Plaza y Janés. En la página 18 se aprecia:

Soy católico y creo en mi religión. Sin embargo, no acepto que se nos engañe para manejarnos como simples títeres. El hallazgo de tres imágenes diferentes en el lienzo de cáñamo de nuestra madre santísima de Guadalupe, pinturas sobrepuestas una a la otra, y que publiqué en un libro anterior con el título de La Triple Imagen, ha sido factor de discusión y servido para que algunas personas me agredieran, aún representantes del clero, que deberían ser caritativos y comprensivos, ya que lo único que pretendía era defender la verdad y evitar que Su Santidad cometa un error que pondría en duda la infalibilidad papal. En éste reporte sólo he encontrado hostilidad y odio. No me queda otro camino que decirles que soy mexicano y que estoy dispuesto a pelear con mi vida por México, y si me acorralan y me ponen la disyuntiva entre México y el Vaticano, ¡con los ojos cerrados elijo a México! Ojalá que, en lugar de incrementarse el odio y la persecución, tuviéramos la inteligencia suficiente para madurar y ver este problema como es: fruto de un engaño iniciado entre 1648 y 1649. En esos años México fue engañado de tal forma, que aún cinco siglos después todavía estamos sufriendo sus consecuencias. Como cristiano y católico acepto la devoción a nuestra madre María santísima de Guadalupe, pero lo que no puedo aceptar es que mientan sin necesidad acerca de la manera como se inició este culto, y que se desee subir a los altares a una persona que nunca existió.


Todo lo anterior parece estar de acuerdo con lo que se presenta en el documental en 31:22, así como también con lo que ya se manejaba desde mediados del siglo XVI y que ha quedado registrado en Las informaciones de 1556. En ellas se registra el sermón de un valeroso franciscano, fray Francisco de Bustamante, en el que llama públicamente la atención del arzobispo Don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos. Fragmentos a continuación (Comentario entre paréntesis mío):

...con esta devoción nueva (nueva en 1556, 25 años después de 1531) de Nuestra Señora de Guadalupe, parecía que era ocasión de tornar a caer en lo que antes habian tenido; porque era una pintura que habia hecho Marcos, indio pintor,...


Para leer Las Informaciones de 1556 completas, opriman aquí. Para leer el párrafo que cito aquí arriba, vayan a la página15 de dicho documento.

Sólo un comentario más acerca del asunto de la pintura. Es demasiado grande para que se considere como una imagen pintada en el ayate de un indio. En la página 54 de la obra ya citada de Leoncio Garza-Valdés, leemos:

Al estudiar el lienzo de Nuestra Señora de Guadalupe de México, lo primero que llama la atención son sus dimensiones: 172.5 centímetros de alto por 109 de ancho [...] Al lienzo de cáñamo de la imagen fue cortado un segmento en el borde superior de más de 20 centímetros, pues el marco que se mandó hacer para protegerlo era más pequeño que el lienzo. Aún así la dimensión actual vertical es de 172.5 centímetros, demasiado grande para ser un ayate.


Ni duda cabe que debido a lo anterior, Vicente de Paul Andrade, sacerdote canónigo de Tepeyac en 1888 (quien imprimió por cierto Las Informaciones de 1556), llamara a Juan Diego "gigante venturoso". Sume usted 70 centímetros (30 de los hombros a la cabeza y 40 de las rodillas a la planta del pie) a los 172.5 que mide de largo la imagen Guadalupana, y tenemos a un indio Juan Diego de más de 2 metros de alto. ¿Qué piensa usted?



CONCLUSION
El sacerdote presbítero José Luis Guerrero, promotor de la causa Juandieguina y Guadalupana, nos da mucha luz con respecto a este tema. Tema que concluyo con una frase suya expresada casi al final del documental (video 43:33): "... para una devoción sólida, buena, que ha demostrado con creces ser útil para la iglesia, para el pueblo, para todo el mundo, no importaría que fuera más o menos legendaria" (Enfasis mío). Es decir, no importaría que fuera leyenda. Ahora bien, no puede ser más o menos legendaria. Es legendaria o no lo es.


Stafford Poole, historiador estadounidense y sacerdote vicentino, presentó los argumentos de la parte acusadora con un rigor que no se veía desde García Icazbalceta, y concluyó austeramente que: 'Guadalupe sigue siendo el símbolo religioso y nacional más influyente de México hoy en día. Éste simbolismo, sin embargo, carece de fundamento histórico objetivo'. (La Virgen de Guadalupe. Imagen y Tradición. David A. Brading. Editorial Taurus, 2002, p. 541).


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Recuerden: Creer es también pensar.